Malkins Bank: el campo de golf que nació sobre un vertedero industrial y esconde una crisis ambiental en Reino UnidoBajo el césped de Cheshire conviven cianuro, PCB y posibles residuos radiactivos con tirolesas y castillos inflables, mientras los vecinos esperan respuestas y el espacio sigue abierto

Un campo de golf de 18 hoyos se extiende sobre una franja de terreno en Malkins Bank, a las afueras de Sandbach, en el condado de Cheshire, Reino Unido. Lo que pocos conocían es que bajo ese césped yacen miles de barriles con residuos químicos, procedentes de décadas de actividad industrial y vertidos indiscriminados. El lugar, que hoy se utiliza también como zona de juegos infantiles, fue clasificado oficialmente como contaminado por las autoridades locales.

De acuerdo con un informe publicado por el diario británico The Guardian, la contaminación de Malkins Bank se remonta al menos al siglo XIX, cuando la zona funcionaba como salina y, más tarde, como planta de productos químicos.

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El campo de golf, propiedad del ayuntamiento desde 1980, se asienta sobre un antiguo vertedero que recibió desechos industriales, bidones con sustancias peligrosas y, según registros, incluso residuos radiactivos durante la segunda mitad del siglo XX.

La historia industrial y los vertidos

Campo de golf con green verde, bandera blanca, múltiples bolas de golf, bunker de arena, charco de agua y edificaciones con árboles al fondo

La zona cuenta con una larga tradición industrial. Desde mediados del siglo XIX, la extracción de salmuera y la producción de álcalis marcaron el paisaje y la economía local. Durante la Primera Guerra Mundial, el lugar habría producido nitrato de amonio para bombas y, luego, se empleó para el llenado de municiones. A partir de 1950, se utilizó como vertedero, y en la década de 1960 comenzaron los vertidos sin control, según documentos obtenidos por The Guardian.

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Un registro de 1968 recogido por el medio detalla que, solo en marzo de ese año, se depositaron más de 1.000 toneladas de residuos, incluidos cal, desechos de curtiduría y bidones con sustancias no especificadas, provenientes de empresas como ICI, Shell y Purle Group. Esta última figura en informes por haber vertido bifenilos policlorados (PCB), compuestos cancerígenos de alta persistencia. Los vecinos recuerdan vertidos nocturnos y protestas por olores intensos.

“La compañía ICI venía a medianoche y se deshacía de todos los bidones de ácido”, relató Dave Parry, antiguo empleado local, en declaraciones recogidas por el portal de noticias británico.

Las autoridades cerraron el vertedero tras años de litigios, pero solo lograron recuperar una fracción mínima de los costes legales y de rehabilitación. Los informes oficiales describían el terreno como un “montón de miles de bidones que contienen diversas sustancias tóxicas mezcladas con lodo salino”. También se reportó la presencia de cianuro de sodio y existía preocupación por el riesgo de hundimientos debido a la red de cavernas de sal bajo el sitio.

La difusión de archivos internos permitió a los residentes conocer que los desechos pueden seguir siendo peligrosos durante al menos un siglo y reactivó denuncias por olores (Malkins Bank Golf Club)

Una anotación de archivo de 1984 incluso recoge la sospecha de vertidos radiactivos, aunque estudios posteriores concluyeron que no existía riesgo adicional para las personas.

La gestión oficial: campo de golf y riesgos ambientales

Tras la clausura del vertedero, el ayuntamiento rehabilitó el terreno durante cuatro años y, en 1980, inauguró el campo de golf. Según The Guardian, trabajadores del proyecto debían detenerse a lavarse los ojos por los vapores que desprendía el suelo. Durante tres décadas, se registraron malos olores y escapes de lixiviados que dañaban el césped. Análisis oficiales detectaron metales pesados, benceno y tolueno en niveles que habitualmente exigen limpieza, y en 2011 el consejo de Cheshire East declaró el lugar contaminado al comprobar que la polución se extendía por las aguas subterráneas.

El coste de una remediación integral ascendía a 1.300 millones de libras (aproximadamente USD 1.716), cifra considerada inviable por el ayuntamiento, que optó por mantener el uso recreativo al considerar bajo el riesgo para la salud humana. “El ayuntamiento ha llevado a cabo una investigación detallada y una gestión continua del antiguo vertedero de Malkins Bank, que ha funcionado como campo de golf durante varias décadas”, indicó un portavoz.

En 2022, lluvias intensas provocaron la salida de sustancias malolientes a la superficie, matando el césped y afectando árboles. Un informe de la empresa Obsidian Environmental responsabilizó a la falta de sellado y a un drenaje insuficiente. Desde entonces, el consejo tramita mejoras en el drenaje y mantiene la supervisión del lugar.

Reacciones vecinales y consecuencias actuales

Campo de práctica de golf verde con banderas blancas, un edificio de madera, un hombre con chaleco, un sendero y una bandera británica

La filtración de documentos pertenecientes a la exconcejala de la zona Vera Platt permitió a los residentes comprender la magnitud del problema. “Es una catástrofe anunciada”, sostuvo Graham Warner, vecino afectado, al constatar la presencia de polvo de óxido en su sótano y tuberías anaranjadas que desembocan en arroyos cercanos. “Es como una gran sopa química bajo el césped”, declaró Karen Mason, esposa de un exjugador local, en entrevista con The Guardian. Los documentos revelan que los residuos podrían permanecer tóxicos durante al menos 100 años.

El arrendatario del campo entre 2011 y 2025, Tony Minshall, afirmó que nunca fue informado oficialmente de la declaración de terreno contaminado. “No es apto para nadie, y mucho menos para jugar al golf”, lamentó. Tras las inundaciones de 2022 y la caída de clientes, su empresa entró en liquidación y el impacto personal fue severo.

Según el Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (Defra), existen cerca de 100 campos de golf sobre antiguos vertederos en Inglaterra y Gales. Para los residentes de Malkins Bank, la revelación de los documentos supone un recordatorio permanente de los riesgos ocultos bajo el césped y la responsabilidad pendiente de las autoridades y empresas implicadas. Actualmente, el campo continúa operativo y ofrece actividades infantiles como tirolesa y castillos inflables.

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