El martes 30 de junio de 2026, Finlandia realizó la última llamada a través de una línea fija analógica, marcando el cierre de un ciclo que se extendió por casi 150 años. El evento, registrado en Helsinki, simboliza el fin de una era en la que la red de cobre fue el pilar de las telecomunicaciones nacionales y el paso definitivo hacia la digitalización.
Según reportaron las agencias de noticias Euronews y AFP, el momento final estuvo protagonizado por Jarkko Saarimaki, jefe de la agencia nacional de comunicaciones y transporte Traficom, quien atendió la última llamada realizada por Topi Manner, director ejecutivo de Elisa, el principal operador de telecomunicaciones del país. La conversación, desarrollada en un tono nostálgico y distendido, sirvió para recordar anécdotas personales y reflexionar sobre el futuro tecnológico.
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El fin de una tecnología centenaria
La red de telefonía fija de Finlandia comenzó su operación en la década de 1880. Durante generaciones, los cables de cobre permitieron la comunicación entre hogares, empresas e instituciones, transportando la voz como una señal eléctrica analógica. Este sistema, aunque fiable, presentaba limitaciones en la cantidad de datos que podía transmitir.
El portal de noticias señaló que la transición hacia tecnologías digitales responde a la necesidad de conexiones más rápidas y estables. Los cables de fibra óptica, que ahora predominan en el país, utilizan hebras de vidrio para transportar información mediante pulsos de luz, lo que permite no solo llamadas telefónicas de alta calidad, sino también acceso a internet de alta velocidad y otros servicios digitales.
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Una llamada simbólica: despedida y mirada al futuro
La llamada entre Manner y Saarimaki marcó el cierre oficial del servicio analógico de Elisa. Ambos intercambiaron recuerdos sobre la importancia del teléfono fijo en sus vidas. Manner evocó su adolescencia en Londres durante los años ochenta, cuando establecía una comunicación semanal con su familia en Finlandia a una hora pactada, un hábito común antes de la expansión de la telefonía móvil.
Durante la conversación, los protagonistas debatieron sobre la evolución de las tecnologías móviles y el impacto que estas han tenido en el día a día de los ciudadanos finlandeses. La despedida incluyó un “kuulemiin”, término finés que puede traducirse como “hablamos luego”, resaltando el carácter personal y social que definió el uso del teléfono fijo durante más de un siglo.
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Euronews detalló que Elisa fue el último gran operador en mantener una red de cobre en Finlandia. Al anunciar la decisión de desconexión en enero, la empresa precisó que quedaban apenas “unos pocos miles” de contratos exclusivos de telefonía fija, y que hacía años que no se ofrecían nuevos. La mayoría de los usuarios ya había migrado a servicios móviles o de fibra óptica.
Un proceso global y las excepciones locales

El país nórdico se suma así a la lista de países europeos, como Estonia, Países Bajos, Noruega y España, que ya desmantelaron sus redes de telefonía fija analógica. El avance de la digitalización y la instalación de fibra óptica transformaron el panorama mundial de las comunicaciones, reduciendo la dependencia de las infraestructuras tradicionales basadas en cobre.
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Según la radiotelevisión pública Yle, desde ahora solo algunos operadores locales seguirán ofreciendo líneas fijas en el país, destinadas a un reducido grupo de usuarios que requieren el servicio para llamadas locales. Se estima que ese segmento representa actualmente solo un pequeño porcentaje del total de clientes de telecomunicaciones en el país.
El país, cuna de la pionera Nokia, consolidó su liderazgo en la adopción de tecnologías móviles. El cambio también responde a una tendencia global en la que la conectividad y la velocidad tomaron protagonismo, relegando a la infraestructura analógica a un papel testimonial en la historia de las comunicaciones.
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El informe señala que el cierre de la telefonía fija analógica en Finlandia ilustra el ritmo acelerado de transformación tecnológica que caracteriza a las sociedades contemporáneas. La última llamada, más allá de su valor simbólico, representa el inicio de una nueva etapa en la que las conexiones digitales serán la norma.

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