Sudáfrica vivió este martes una nueva jornada de violencia xenófoba cuando miles de manifestantes anti inmigrantes marcharon por las principales ciudades del país, dejando al menos 4 muertos y saqueos generalizados.
Las movilizaciones fueron convocadas por el movimiento cívico March and March para conmemorar el vencimiento de un plazo que el grupo había fijado unilateralmente para que todos los inmigrantes indocumentados abandonaran el territorio. Semanas de agitación habían provocado ya la huida o deportación de más de 25.000 extranjeros antes de que llegara la fecha.
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La organización exige deportaciones masivas, controles fronterizos más rigurosos y una aplicación más estricta de la legislación migratoria. Su líder, Jacinta Ngobese-Zuma, anunció en Durban que las movilizaciones continuarán con marchas semanales durante los próximos seis meses.
“Solicitamos que nuestros recursos nacionales se utilicen para expulsar a los inmigrantes ilegales de este país. ¡De edificio en edificio, deben irse!”, declaró ante sus seguidores.
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En Thembisa, suburbio al norte de Johannesburgo, manifestantes arrojaron piedras a la policía y a presuntos inmigrantes, y se escucharon disparos esporádicos cerca del distrito financiero central. En Benoni, al este de la misma ciudad, la policía desplegó vehículos tácticos y abrió fuego tras verse amenazada por unos 500 manifestantes.
En Soweto, grupos de manifestantes saquearon viviendas precarias de extranjeros, según la emisora nacional SABC. En Pietermaritzburg, cerca de Durban, los efectivos desplegados utilizaron balas de goma para dispersar las marchas. La provincia de KwaZulu-Natal registró 10 detenidos por saqueo e irrupción en domicilios.
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El temor a la violencia había desencadenado una salida de extranjeros semanas antes del vencimiento. Nigeria, Ghana y Uganda organizaron operaciones de repatriación para sus ciudadanos, mientras que miles de personas procedentes de Malaui y Mozambique aguardaban en centros habilitados por el gobierno su traslado. El temor alcanzó también a residentes con documentación en regla, que optaron por el retorno voluntario.
En Durban, alrededor de 100 ciudadanos congoleños dormían en las calles tras ser expulsados por propietarios que temían daños en sus edificios durante las marchas. Varios arrendadores habían desalojado ilegalmente a inquilinos extranjeros en los días previos.
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El presidente Cyril Ramaphosa rechazó los ataques en un comunicado del lunes, aunque al mismo tiempo anunció controles migratorios más estrictos. “Las profundas preocupaciones de los sudafricanos sobre la inmigración ilegal son reales y merecen ser escuchadas”, señaló, “pero el derecho a protestar no autoriza a amenazar ni intimidar a otros, ni a cometer actos de vandalismo o violencia”.
Desde marzo, las autoridades han abierto 103 casos penales contra grupos de autodefensa xenófobos, según el subcomisionado nacional Tebello Mosikili. Miles de agentes fueron desplegados en todo el país y el ejército se mantuvo en estado de alerta.
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Con 64 millones de habitantes, el país alberga unos 3 millones de inmigrantes, el 4% de la población total. Un tercio de los sudafricanos está sin trabajo y la economía atraviesa dificultades estructurales, aunque los científicos sociales desmienten que los migrantes sean responsables del desempleo o la delincuencia.
La agitación se produce a meses de las elecciones locales del 6 de noviembre, en las que el Congreso Nacional Africano (ANC) enfrenta pérdidas considerables. Se ha acusado a políticos de distintos sectores de sumar su voz a la retórica antimigrante para ganar votos.
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Sudáfrica ya registró brotes similares en 2008 y 2015, cuando decenas de personas perdieron la vida. A finales de abril, el secretario general de la ONU, António Guterres, expresó su preocupación por los ataques en curso.
(Con información de DPA y Reuters)
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