El corredor marítimo frente a las costas de Omán, la única alternativa operativa al canal central del Estrecho de Ormuz —sembrado de minas desde el inicio del conflicto—, quedó prácticamente bloqueado el fin de semana tras dos ataques a buques en tres días que pusieron a prueba la frágil tregua entre Estados Unidos e Irán. El tráfico cayó desde las cifras récord registradas a mediados de semana hasta un goteo de tránsitos escoltados por la Marina estadounidense, según datos de las firmas de seguimiento marítimo Kpler y AXSMarine.
El sábado, un buque fue atacado mientras cruzaba el estrecho, dos días después de que otro fuera alcanzado el jueves frente a la costa de Dahit, en Omán. En respuesta a ese primer ataque, la Organización Marítima Internacional (OMI) suspendió la operación de evacuación de más de 11.000 marineros que permanecían varados en el Golfo Pérsico desde el inicio de las hostilidades el 28 de febrero. El secretario general del organismo, Arsenio Domínguez, anunció que los trabajos no se reanudarían hasta obtener garantías de seguridad suficientes para las tripulaciones involucradas.
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Solo cuatro petroleros y un portacontenedores utilizaron el corredor omaní para entrar al Golfo el domingo, todos bajo escolta naval estadounidense, informó la firma de análisis HFI Research. Ningún buque lo empleó para salir ese mismo día, según Kpler. El lunes, hasta las 15.00 GMT, apenas uno había entrado y otro salido por esa ruta. En contraste, seis buques de carga utilizaron las rutas aprobadas por Irán, que discurren por aguas iraníes al norte de la isla de Larak.
Las cifras globales de tránsitos cayeron de manera pronunciada. AXSMarine registró 36 cruces el sábado y 19 el domingo, frente a los 70 contabilizados el miércoles por Kpler —la mayor cifra desde el inicio de la crisis—. Después de los ataques del jueves y el sábado, 44 embarcaciones desactivaron sus transpondedores AIS en la zona del Golfo, según AXSMarine, aunque el analista de la firma Mihail Todorov advirtió a AFP que la interferencia masiva de señales en la región dificultaba atribuir con certeza cada caso a los incidentes recientes.
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El contexto en que se producen estos hechos es de extrema fragilidad diplomática. El 17 de junio, el presidente Donald Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian firmaron un memorándum de entendimiento para poner fin al conflicto desatado el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una campaña de bombardeos contra Irán. Teherán respondió cerrando el Estrecho de Ormuz, por el que circula habitualmente alrededor del 20% del petróleo y el gas natural licuado que se transporta por mar en el mundo. El acuerdo incluía la reapertura del estrecho sin cobro de tasas durante al menos 60 días, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense y el inicio de negociaciones nucleares.
Sin embargo, el acuerdo chocó de inmediato con el escollo de las rutas. Irán rechazó el corredor alternativo propuesto por Omán y la OMI —que bordea la costa omaní y esquiva las aguas bajo control directo de Teherán— por considerarlo establecido sin coordinación previa. La Autoridad del Estrecho de Ormuz del Golfo Pérsico, agencia creada por Irán para gestionar el tráfico en el estrecho, advirtió que el tránsito fuera de sus rutas autorizadas no tendría garantía de paso seguro. El domingo, Irán reiteró esa advertencia públicamente.
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Washington y Teherán acordaron detener sus ataques tras el intercambio del fin de semana, pero el tráfico siguió restringido. La firma Windward describió el perfil del tráfico actual como similar al del periodo de mayor bloqueo: barcos con sus sistemas de identificación apagados, muchos de ellos vinculados a Irán. En paralelo, el flujo saliente del Golfo se redujo más que el entrante, revirtiendo la tendencia de la semana anterior, cuando los esfuerzos se centraban en sacar embarcaciones varadas.
El lunes, Irán celebró su primera reunión con Omán para abordar la gestión del estrecho, en una señal de que la disputa sobre las rutas podría encauzarse por la vía diplomática. Sin embargo, Washington advirtió que no aceptará ninguna tasa de tránsito sobre lo que considera una vía marítima internacional. La pugna sobre quién controla el paso por Ormuz, más que los ataques en sí, define el horizonte inmediato del conflicto: sin un acuerdo sobre rutas, la reapertura efectiva del estrecho seguirá siendo una promesa incumplida.
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