Estados Unidos mantiene dos portaaviones en el golfo Pérsico mientras negocia con Irán el acuerdo nuclear definitivoWashington despliega músculo militar en Oriente Próximo como palanca de presión, al tiempo que las partes articulan la arquitectura diplomática que deberá sellar en 60 días el fin de la guerra y el futuro del programa atómico iraní

El Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó este martes que dos portaaviones siguen operando en Medio Oriente con sus dotaciones en estado de alerta, una presencia que Washington mantiene de forma deliberada mientras avanzan las negociaciones con Irán para alcanzar un acuerdo definitivo que ponga fin a la guerra iniciada el 28 de febrero y resuelva el contencioso nuclear.

El presidente Donald Trump precisó ese mismo día que había ordenado que el estrecho de Ormuz “permanezca abierto, sin un bloqueo naval”, pero dejó claro que la flota no se retirará. “Todos los buques permanecerán en sus puestos por si fuera necesario volver a poner en pie el bloqueo, lo que en estos momentos parece altamente improbable”, escribió en sus redes sociales. La combinación de gestos diplomáticos y músculo militar sintetiza la estrategia de presión que Washington ha aplicado desde el inicio del conflicto.

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La presencia naval estadounidense en la zona no es nueva. A principios de febrero, antes del estallido de la guerra, Estados Unidos ya había enviado un segundo portaaviones —el USS Gerald R. Ford— al Mediterráneo oriental para reforzar su posición negociadora frente a Teherán. En el peor momento del conflicto, llegaron a operar tres portaaviones de forma simultánea en Medio Oriente, algo que no ocurría desde 2003, según confirmó el propio CENTCOM. La reducción a dos unidades refleja la distensión relativa que siguió al Memorando de Islamabad, firmado digitalmente el 17 de junio por Trump y el presidente iraní, Masud Pezeshkian.

El USS Gerald R. Ford atraca en el Muelle 11 de la Estación Naval Norfolk en Norfolk, Virginia, el sábado 16 de mayo de 2026, tras un despliegue de 11 meses
(Kendall Warner/The Virginian-Pilot vía AP)

Ese acuerdo marco estableció un alto el fuego de 60 días, la reapertura del estrecho de Ormuz y el inicio de negociaciones técnicas destinadas a cerrar un pacto permanente. El documento comprometió a Estados Unidos a confirmar la retirada de sus fuerzas de las proximidades de Irán en un plazo de 30 días tras la firma del acuerdo final, condicionada ésta a que Teherán cumpla los términos pactados. Los mediadores, Qatar y Pakistán, declararon “exitosa” la primera ronda de conversaciones técnicas celebrada en el complejo suizo de Bürgenstock.

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Esta semana, las partes dieron forma concreta a la arquitectura diplomática que deberá sostener el proceso. El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, anunció que las conversaciones técnicas en Suiza concluyeron con la creación de cuatro grupos de trabajo, centrados en el levantamiento de sanciones, el programa nuclear, la reconstrucción económica y el seguimiento de los acuerdos. La siguiente fase quedó bajo supervisión de un comité de alto nivel integrado por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, el presidente del parlamento iraní, el ministro de Exteriores de Teherán y los primeros ministros de Qatar y Pakistán.

Las fricciones, sin embargo, no han desaparecido. Trump afirmó que Irán había aceptado someterse a inspecciones nucleares de largo alcance, algo que Teherán no ha confirmado públicamente. El portavoz del ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, respondió a las declaraciones de Vance sobre el uso de activos descongelados con un mensaje contundente: “Irán es el único país que decide qué hacer con esos activos”. La disputa apunta a una de las tensiones de fondo del proceso: Washington quiere control sobre el destino de los miles de millones de dólares iraníes que podrían liberarse, mientras Teherán defiende su soberanía económica.

Imagen de archivo de buques en el estrecho de Ormuz, vistos desde Musandam, Omán. 18 junio 2026
REUTERS/Stringer

El telón de fondo del proceso negociador es una guerra que dejó secuelas profundas. El cierre del estrecho, que en condiciones normales canaliza cerca del 25% del comercio marítimo mundial de petróleo y el 20% del gas natural licuado, redujo el tránsito en más de un 90% en su peor momento. El precio del crudo Brent alcanzó los 126 dólares por barril. Unos 2.000 buques quedaron varados dentro del golfo Pérsico, con más de 23.000 marineros de 87 países atrapados durante semanas. La Agencia Internacional de la Energía calificó el bloqueo como la mayor disrupción de suministro en la historia del mercado petrolero. Desde la firma del Memorando, el tráfico ha ido recuperándose: el lunes se registraron 39 cruces a través del estrecho, aún lejos de los 100 diarios previos al conflicto.

El reto nuclear sigue siendo el núcleo duro de la negociación. Irán conserva 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza —un paso técnico por debajo del umbral de armamento—, según el Organismo Internacional de Energía Atómica. Tres de sus principales instalaciones nucleares fueron gravemente dañadas por los bombardeos estadounidenses, pero el organismo no ha podido acceder a esos emplazamientos para verificarlo. La discusión sobre el nivel de enriquecimiento permitido, el destino del material ya enriquecido y el papel de los inspectores internacionales definirá, en última instancia, si el plazo de 60 días conduce a un pacto duradero o se convierte en una nueva parálisis.

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