
El PRO salteño votó el domingo y el resultado derivó en una pelea que excedió por lejos los límites de la provincia. María Eugenia “Cocó” Varela González ganó la presidencia del partido en Salta con el respaldo de Fernando De Andreis, secretario general del PRO y el dirigente que con mayor fidelidad expresa el pensamiento político de Mauricio Macri. Su rival, Rolando Carrizo, llegó a la interna con el apoyo de Patricia Bullrich y el acompañamiento de Horacio Rodríguez Larreta. Perdió. Y lo que vino después fue más significativo que el resultado mismo.
Apenas se conoció el escrutinio, De Andreis salió a marcar el territorio, sin eufemismos y con destinatarios precisos. Pero antes de los tuits habían sido los audios.
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Antes del domingo, dos mensajes de voz habían circulado entre los afiliados salteños y terminaron por definir el tono de lo que vendría. Larreta eligió un registro personal. “Rolando, querido, sé que sos un gran laburante con todo un gran equipo que has armado ahí de muchos años de laburo. Te deseo la mejor de las suertes y estoy seguro que la gente te va a acompañar. Suerte el domingo. Abrazo grande”, le dijo al candidato. Un gesto de afecto, sin pedido de voto explícito.
El mensaje de Bullrich fue de otra naturaleza. “Hola, soy Patricia Bullrich. Sé que van a estar en unas elecciones este domingo y conozco mucho a Rolando Carrizo. Quiero que reciba mi saludo, mi apoyo”, arrancó la presidenta del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. Y fue más lejos: “Creo que Rolando nos garantiza un cambio importante, una coalición entre todos los sectores liberales, republicanos, para que podamos hacer la Argentina grande otra vez. Vamos, Rolando, con toda la fuerza.”
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El pedido de voto fue explícito. Bullrich no solo acompañó: intervino. Y el macrismo lo tomó como una afrenta.
Conocidos los resultados, De Andreis disparó. “Con el resultado queda al descubierto el patético intento de intervención de @PatoBullrich y @horaciorlarreta en la provincia, al apoyar a uno de los dos candidatos”, escribió en X. La palabra “patético” no fue casual: es el término que el macrismo duro reserva para lo que considera una intromisión ilegítima de quienes ya no pertenecen al espacio.
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La andanada no terminó ahí. “Los dos, con su interna, antes de irse del PRO, fueron los grandes responsables de la destrucción de vínculos en el partido que ahora estamos reconstruyendo. Los dos perdieron. Un paso más para dejar atrás ese pasado”, sentenció el secretario general. El mensaje tenía una lógica narrativa precisa: el PRO que hoy conduce Macri es el que sobrevivió a la gestión de quienes lo llevaron a la derrota de 2023, y el proceso de reconstrucción no admite interferencias de quienes ya se fueron.
Horas después, en un segundo posteo, De Andreis volvió sobre sus palabras, no para moderar el tono, sino para afinar la puntería y concentrar la crítica más dura sobre Bullrich. “De manera equivocada, comparé la participación de Horacio en la elección de Salta al mismo nivel que la de Patricia. No son iguales. Horacio reconoció el trabajo de uno de los candidatos. Patricia, en cambio, dio un paso más y directamente pidió el voto para uno de los competidores”, escribió.
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El cierre fue el concepto político que resume la posición del macrismo frente a ambos: “Todos tienen derecho a irse del partido. Lo que no es válido es seguir jugando desde afuera e intentar incidir por intereses personales.”
La distinción era importante y tenía consecuencias: Larreta cometió una imprudencia; Bullrich, en la mirada del macrismo, cruzó una línea. El secretario general del PRO se tomó el trabajo de separar los casos, pero la conclusión política fue la misma para los dos: perdieron, y la derrota los dejó más expuestos que antes.
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Lo que ocurrió en Salta el domingo no fue un hecho aislado. Fue la expresión más reciente de una fractura que lleva años abriéndose y que el ciclo electoral de 2025 no hizo más que profundizar. Desde que Bullrich abandonó el PRO para encabezar el bloque de La Libertad Avanza en el Senado, y desde que Larreta dejó el partido para construir un proyecto propio con el que busca volver al gobierno porteño, diferenciándose tanto de Macri como de Milei, la relación de ambos con la estructura macrista entró en un deterioro que ya no admite disimulo.

El partido que Macri reconstruye bajo la conducción de Fernando De Andreis tiene una narrativa definida: el PRO es el espacio que sobrevivió a quienes lo condujeron hacia la derrota y que hoy busca reposicionarse con identidad propia dentro del ecosistema de la derecha argentina. En ese relato, Bullrich y Larreta no son aliados incómodos ni socios en pausa. Son, en la mirada del macrismo duro, el pasado que hay que dejar atrás.
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Salta fue, este domingo, la ocasión para decirlo en voz alta. Y De Andreis no la desaprovechó.

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