Las fuerzas armadas de Taiwán llevarán a cabo un ejercicio de preparación para el combate de cinco días de duración, según informó el domingo el Ministerio de Defensa Nacional en un comunicado. La maniobra, que se extenderá hasta el viernes, forma parte de los planes anuales de entrenamiento en operaciones conjuntas y responde a una reorientación estratégica que busca sustituir los simulacros preestablecidos por ejercicios que reproduzcan con mayor fidelidad las condiciones reales de un conflicto armado.
El ministerio describió el objetivo central como lograr que “las unidades de todos los niveles se familiaricen con las prácticas de combate y el entorno del campo de batalla durante la fase de despliegue de preparación”. El ejercicio se desarrollará con “tropas reales, en terreno real, en tiempo real, utilizando equipo real y mediante una ejecución real”, según precisó el comunicado, con énfasis en el mando y control de operaciones conjuntas, el apoyo logístico y la preparación del campo de batalla.
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Entre los escenarios incorporados al entrenamiento figura uno particularmente revelador: el momento en que China convierte de manera repentina uno de sus ejercicios de rutina alrededor de la isla en un ataque real. Esta hipótesis refleja la transformación cualitativa que ha experimentado la presión militar china sobre Taiwán en la última década, y subraya la preocupación de Taipéi por reducir el tiempo de reacción de sus tropas ante un escenario de escalada sin advertencia previa.
El anuncio se produjo el mismo día en que el ministerio informó de una nueva incursión aérea de gran magnitud. Veintiún aeronaves militares chinas operaron en los cielos próximos a la isla, entre ellas cazas J-16, aviones de alerta temprana y control aerotransportado KJ-500 y aviones cisterna Y-20. Diecinueve penetraron en el espacio aéreo al suroeste de Taiwán y en el Pacífico occidental para realizar, según Beijing, “entrenamientos de larga distancia sobre mar abierto”. El ejército taiwanés desplegó sus propias fuerzas para “responder de manera adecuada”, según la formulación habitual del ministerio. El Ministerio de Defensa chino no respondió a las solicitudes de comentarios.
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Taiwán, que China reclama como territorio propio pese al rechazo del gobierno de Taipéi, convive desde hace años con la presencia cotidiana de aeronaves y buques del Ejército Popular de Liberación en su entorno inmediato. Beijing utiliza estas operaciones como instrumento de presión para forzar a la isla a aceptar su soberanía. La frecuencia e intensidad de las incursiones se agudizó con los ejercicios “Misión Justicia 2025”, realizados en diciembre pasado, que constituyeron las maniobras chinas más extensas registradas en torno a la isla e incluyeron simulaciones de bloqueo de puertos, ataques de precisión y el primer despliegue operativo del buque de asalto anfibio Tipo 075.
La respuesta de Taipéi ha sido acelerar su modernización militar con el respaldo de Washington. A principios de junio, las fuerzas armadas dispararon en el estrecho de Taiwán sistemas de cohetes HIMARS —el mismo armamento que Ucrania ha empleado en su guerra contra Rusia— en una demostración pública de capacidad ofensiva. En julio de 2025, los ejercicios anuales Han Kuang, de diez días de duración y alcance histórico, desplegaron por primera vez ante el público esos cohetes y los tanques M1A2T Abrams adquiridos a Estados Unidos, con 22.000 reservistas movilizados. El ejercicio de esta semana es de menor escala, pero obedece a la misma lógica: en un estrecho donde los márgenes de advertencia se han comprimido, la capacidad de transitar sin fricción de la paz al combate ya no admite demoras.
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