A poco más de dos semanas para que concluya junio y con ello el primer semestre de 2026, el complejo agroexportador se encamina a realizar un aporte clave para la economía argentina. Las estimaciones privadas indican que el ingreso de divisas del sector este mes podría rondar los US$3000 millones, un 12% más que en mayo último, y cerrar los primeros seis meses del año cerca de los US$14.000 millones. Aunque esta cifra se ubicaría más de un 13% por debajo de la registrada en igual período de 2025, los especialistas coincidieron en que el panorama para el resto del año es más alentador. La explicación está vinculada a una cosecha récord cercana a los 170 millones de toneladas de granos y a un mayor saldo exportable, que podría impulsar el ingreso total de divisas del agro hasta los US$37.000 millones, entre 3000 y 5000 millones de dólares más que el ciclo pasado. El récord de divisas, en medio de buenos precios internacionales, fue en 2022 con US$40.438.170.941.
Según explicó Lorena D’Angelo, analista de mercados granarios de AZ-Group, se espera que en junio la agroexportación ingrese divisas por “US$3000 millones y eso acumularía US$13.350 millones en el primer semestre, un 13,5% menos que el 2025”.

La especialista señaló que la comparación interanual está influida por factores extraordinarios ocurridos el año pasado. “Hay que recordar que el año pasado se anticipó el ingreso de divisas con la suspensión de los Derechos de Exportación (DEX) para el agro en septiembre pasado y eso permitió que muchos exportadores liquidaran anticipadamente divisas y principalmente también el pago de los derechos de exportación”, afirmó a LA NACION.
Ese adelantamiento de operaciones generó una base de comparación elevada que hoy condiciona las estadísticas acumuladas. Sin embargo, D’Angelo consideró que el desempeño del sector durante la segunda mitad del año permitirá recuperar terreno. “Este año se espera un crecimiento en la liquidación de divisas, principalmente por el volumen de exportaciones que tiene el potencial de la cosecha nacional”, sostuvo.
La analista destacó que la campaña 2025/2026 podría transformarse en una de las más importantes de la historia argentina. “Con una producción récord de casi 170 millones de toneladas muestra que tiene un volumen exportable mayor y las proyecciones de ingreso de divisas están en el orden de los US$37.000 millones que, comparado con el año pasado, podría mostrar un incremento entre US$3000 y US$5000 millones solamente del agro”, indicó.
El dato adquiere una relevancia especial en un contexto en el que otros sectores también comenzaron a ganar protagonismo como generadores de dólares para el país. “Los últimos datos oficiales muestran que las exportaciones de todo lo que es energético, gas, petróleo y minería en este primer cuatrimestre ingresó un volumen similar que las exportaciones agrícolas”, observó D’Angelo.
La estacionalidad propia del negocio agrícola también juega a favor de una aceleración de los ingresos durante las próximas semanas. Junio y julio suelen concentrar buena parte de las ventas y liquidaciones derivadas de la cosecha gruesa. “Ahora, nuevamente en junio y julio, las proyecciones son de ponerse a tiro de lo que viene habitualmente, ya que la estacionalidad de esta época es muy fuerte para el ingreso de divisas del sector agrícola con la cosecha gruesa principalmente”, explicó.
D’Angelo incluso proyectó un segundo semestre más dinámico desde el punto de vista físico. “El segundo semestre en materia de volumen de exportaciones debería ser mayor que el primero”, afirmó.
Desde otra mirada, Javier Preciado Patiño, director de RIA Consultores, estimó que el complejo sojero continuará siendo el principal sostén de la generación de dólares durante lo que resta del año. “Sin la expectativa de un nuevo dólar soja, a diferencia de los años pasados, el complejo soja tendría que tener una mayor dominancia de la exportación de subproductos, harina y aceite y una menor de poroto”, señaló.

Según explicó, la industria aceitera aporta una mayor estabilidad a los flujos de exportación a lo largo de los meses. Para el consultor, el primer semestre cerrará en línea con las proyecciones actuales. “Este semestre estaremos terminando en unos US$14.000 millones y un ingreso anual de US$27.000 millones”, indicó con más cautela. No obstante, advirtió que el comportamiento del maíz será determinante para definir el resultado final del año. “Podríamos estar en 45 millones de toneladas que representan alrededor de US$9000 millones”, afirmó al referirse al potencial saldo exportable del cereal.
En este escenario, el ingreso de la cosecha tardía aparece como un factor clave. “La expectativa es que va a entrar el maíz tardío y entonces va a volver a repuntar”, explicó. Si esa recuperación se concreta durante la segunda mitad del año, el aporte de divisas podría superar las estimaciones más conservadoras y fortalecer aún más el resultado global del sector.
En esa línea, Dante Romano, profesor e investigador de la Universidad Austral y gerente de Research de MaxAgro, atribuyó parte de la lentitud observada durante el primer semestre a cuestiones productivas. “Fue un año que vino muy lento por atrasos en la recolección de soja, por condiciones de lluvias. La cosecha fue casi un mes más tarde que lo normal”, señaló.

A ello se sumó una actitud más cautelosa de los productores a la hora de comercializar granos. “Los productores estuvieron algo lentos a la hora de vender; recién en el último mes se activaron las ventas del lado del productor”, indicó. Esa demora impactó directamente sobre el flujo de negocios e hizo que la industria y los exportadores tengan menos cantidad de mercadería para hacer sus negocios: “Por eso cuando se observa el ingreso de divisas del agro está un poco demorado”.
Sin embargo, Romano consideró que los fundamentos de la campaña siguen siendo positivos. “En términos de volumen y de precio es un año muy bueno que va a terminar compensando y probablemente con un corrimiento de un mes más adelante de lo normal se vaya cumpliendo”, afirmó. El especialista agregó que el ingreso de la cosecha tardía de maíz permitirá sostener la actividad exportadora durante las próximas semanas, aunque advirtió que las lluvias podrían volver a ralentizar el ritmo de cosecha.

Por su parte, Guillermo García, consultor de mercado de granos, descartó por el momento la necesidad del Gobierno de medidas extraordinarias para estimular la liquidación de divisas. “En principio no hay una situación como la del año pasado que ameritó llevar DEX [retenciones] a cero en septiembre de 2025 y que Ciara [la cámara de la industria aceitera] aportara US$7000 millones”, señaló. A su entender, el contexto macroeconómico actual presenta mejores condiciones. “Por lo que dicen los economistas tendríamos una situación en lo que hace a divisas controlada e incluso mejor”, afirmó.
Acuerdo EE.UU.-Irán
El contexto internacional también influye en las perspectivas del agro. Según D’Angelo, las señales de distensión entre Estados Unidos e Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz ya están presionando a la baja los precios de los commodities. Destacó que el aceite de soja, uno de los principales productos de exportación de la Argentina, es el que más siente ese impacto tras haber liderado las subas durante el conflicto.
Preciado Patiño señaló que la tensión en Medio Oriente también impactó en mercados vinculados al agro. Explicó que la caída de la demanda de urea llevó a una baja de su precio hasta niveles cercanos a los previos al conflicto, mientras que el trigo retrocedió de US$235 a US$210 por tonelada, reflejando el reacomodamiento de los mercados tras la distensión geopolítica.
Para Romano, sin embargo, la crisis en Medio Oriente tuvo un efecto limitado sobre la mayoría de los granos. El aceite de soja fue el producto más influenciado por el conflicto, aunque destacó que también incidieron otros factores, como las políticas de biocombustibles estadounidenses, el clima y la demanda china.

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