Anne Applebaum: “Algunos en Moscú se están preparando para que la guerra termine”El conflicto dejó de ser una línea de combate y pasó a una zona letal vigilada desde el aire, un cambio que golpea la retaguardia rusa, altera la lectura internacional y abre escenarios de cese del fuego

La guerra de Ucrania entró en una fase en la que Rusia ya no logra convertir su superioridad material en avances sostenidos, mientras Kyiv exhibe una adaptación tecnológica que alteró el campo de batalla y cambió la lectura internacional del conflicto. La tesis que recorre las declaraciones y datos relevados por The Atlantic es que el frente dejó de ser una línea para convertirse en una zona letal vigilada por drones, y que esa transformación limita la ofensiva rusa, golpea su retaguardia y abre incluso la posibilidad de un alto el fuego sobre la posición actual.

De acuerdo a Anne Applebaum -autora del artículo e investigadora sénior en el Instituto SNF Agora de la Universidad Johns Hopkins y en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados-, “hay señales de que algunos en Moscú, al menos, se están preparando para que la guerra termine”. La secuencia del plan, de acuerdo a documentos filtrados, sería así: “Declarar la victoria, presentar al ejército ruso como ‘el más preparado para el combate en el mundo’, retratar pequeñas ganancias territoriales como un gran éxito, afirmar que Europa sufrió un enorme golpe económico del que no se recuperará, y que Ucrania pronto se desmoronará”.

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Sin embargo, nada de eso refleja lo que en verdad ocurre. El dato más concreto de ese cambio está en la dimensión de las pérdidas: desde comienzos de la primavera boreal, cuando Rusia inició su ofensiva anual, ha perdido más territorio del que ganó, y Ucrania afirma que está matando o hiriendo a miles de soldados rusos por mes, quizá hasta 30.000. El objetivo declarado por los ucranianos, según el reporte, es sacar del campo de batalla a más efectivos de los que Moscú puede reclutar para reemplazarlos.

La novedad no reside solo en el daño sobre las tropas. Según el análisis de Applebaum, la infraestructura petrolera y gasífera rusa también quedó más expuesta por la merma de sus propias defensas aéreas, y los ataques ucranianos de largo alcance redujeron al menos 20% la capacidad de refinación de Rusia. Ese deterioro se combina con escasez de combustible en Crimea y con dificultades logísticas para abastecer a las fuerzas rusas en el este y el sur.

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El diagnóstico central del texto se resume en una frase atribuida al analista de defensa ucraniano Andriy Zagorodnyuk: el sistema de drones, monitores, navegación con inteligencia artificial, robots probados en combate y soldados conectados entre sí constituye una “conciencia situacional en red”. Esa arquitectura, más que un arma aislada, explica por qué la percepción externa de la guerra empezó a moverse.

El frente, una franja de exclusión de 20 millas

En un campo a las afueras de Kyiv, una camioneta camuflada entre árboles funcionaba como base móvil para interceptar drones. Dentro había un escritorio largo, dos sillas de oficina, dos computadoras portátiles y pantallas adicionales; desde allí, soldados distinguían aves de aparatos rusos y guiaban pequeños interceptores hacia sus blancos.

La aparente sencillez de las imágenes en pantalla oculta una red de radares, sensores acústicos y otras herramientas producidas por cientos de empresas tecnológicas ucranianas. El dato que resalta el artículo es que casi ninguna de esas compañías existía hace cuatro años, y que muchas nacieron de una sociedad civil alfabetizada digitalmente cuyos integrantes dejaron profesiones como finanzas, arquitectura o política para volcarse a la defensa.

Esa capacidad industrial y de ajuste permanente se alimenta de información enviada por los propios soldados. Uno de los directivos del sector, recién llegado del frente, explicó que le resulta útil ver cómo usan sus productos los militares y de qué manera pueden mejorarse.

El efecto militar de esa red aparece en tierra. El texto sostiene que la línea del frente ya no opera como una línea clásica, sino como una amplia zona vedada de unas 20 millas de ancho, donde casi todo queda visible para los drones. En ese espacio, cualquier camión, tanque o infante ruso que intenta avanzar puede ser identificado de inmediato y atacado con facilidad.

Una debilidad rusa que Putin no admite

La guerra aérea mantiene un doble movimiento. Rusia todavía puede lanzar drones y misiles contra ciudades ucranianas y destruir infraestructura civil, como ocurrió otra vez esa misma semana, pero lo hace en un contexto en el que Ucrania intercepta ahora la mayoría de los drones, aunque no dispone de defensa suficiente frente a misiles balísticos.

El presidente Volodímir Zelensky advirtió sobre ese límite con una comparación destinada a medir la escasez de recursos: durante los primeros tres días del conflicto entre Estados Unidos e Irán se usaron más sistemas Patriot que en toda la guerra entre Rusia y Ucrania. La referencia apunta a la dependencia ucraniana de munición para esas baterías, aún provista sobre todo por Washington, pese a la creación de un fondo europeo para comprarlas.

Del otro lado, el reporte afirma que Moscú también se está quedando sin defensa aérea. Esa pérdida de cobertura permitió a los drones de largo alcance ucranianos atacar con más regularidad la infraestructura energética rusa, con explosiones visibles y con un impacto directo sobre la refinación. El artículo añade que casi todas las grandes refinerías del centro de Rusia frenaron o redujeron su producción, y que algunas fueron golpeadas más de una vez.

Expertos policiales trabajan en el lugar de un edificio de apartamentos destruido por un ataque con drones rusos, en medio del ataque de Rusia contra Ucrania, en Zaporiyia, Ucrania, el 4 de junio de 2026 (Reuters)

A la vez, una nueva generación de drones ucranianos con un alcance de 100 millas puede alcanzar depósitos de armas, centros logísticos y cadenas de suministro detrás de la línea de combate en territorios ocupados por Rusia. Aunque esos golpes sean menos visibles que los ejecutados dentro de Rusia, ya generaron faltantes de combustible en la península de Crimea.

El Kremlin enfrenta una brecha entre su propaganda y lo que ven los rusos

Durante los últimos cuatro años, el Kremlin ha repetido constantemente al público ruso que la guerra va bien, que Ucrania no es un país real y que la victoria es segura”, explica Applebaum.

La dimensión psicológica de la guerra también aparece tensionada por los ataques. Durante cuatro años, el Kremlin le dijo a la sociedad rusa que la guerra marchaba bien, que Ucrania no era un país real y que la victoria estaba asegurada, pero ese relato choca con episodios como el recorte del desfile militar anual en Moscú por temor a drones ucranianos, según consignó The Atlantic.

El actual jefe de la oficina presidencial ucraniana y exresponsable de inteligencia militar Kyrylo Budanov describió esa fractura: “No pueden entender por qué tienen que seguir luchando y por qué ahora los golpean, porque les dijeron que iban a ganar y que Ucrania no es nada”. La frase apunta a una tensión interna: la experiencia visible de la guerra ya no encaja con la versión oficial.

Ese desajuste, de acuerdo con el reporte, también se vio en San Petersburgo, cuando columnas de humo negro se elevaron sobre una refinería atacada por drones ucranianos en la jornada inaugural del foro económico anual del Kremlin. La escena colocó la guerra dentro de espacios que el poder ruso suele usar como vidriera de normalidad.

Budanov agregó otro indicio sobre la preparación política del Kremlin. A partir de una serie de diapositivas filtradas de la oficina de Sergei Kiryenko, ex primer ministro ruso y alto funcionario de la administración de Vladimir Putin, el artículo describe un plan para vender internamente el final de la guerra: declarar la victoria, presentar al ejército ruso como “el más preparado para el combate del mundo”, convertir pequeñas ganancias territoriales en un éxito enorme y sostener que Europa sufrió un golpe económico del que no se recuperará.

Budanov sostuvo que las negociaciones iniciadas por la administración de Donald Trump podrían desembocar en un cese del fuego sobre la línea actual del frente tan pronto como este año. “Y después empezaremos a resolver los otros problemas que tenemos”, dijo al mismo medio.

La propuesta política más directa llegó después, cuando Zelensky envió una carta a Putin para plantear exactamente eso: un alto el fuego inmediato acompañado de negociaciones cara a cara entre ambos líderes. Según el texto, Putin desestimó en público la posibilidad y afirmó que no veía “ningún sentido” en una reunión.

Esa negativa no elimina otros escenarios. El reporte enumera que Rusia todavía puede intensificar los bombardeos contra ciudades ucranianas, intentar destruir la red eléctrica, recurrir a una movilización masiva o incluso ampliar el conflicto con un ataque contra un país de la OTAN para poner a prueba la disposición de Estados Unidos a defender a sus aliados.

Un general letón citado por The Atlantic advirtió esa semana que, aunque los drones rusos no puedan darle la victoria a Moscú en Ucrania, sí conservan ventajas frente a defensas de la OTAN que aún no se adaptaron a una tecnología que cambia con rapidez. Esa observación amplía el alcance del caso ucraniano: lo que ocurre en el frente también opera como ensayo de las guerras futuras.

El escenario que el artículo considera más plausible, incluso sin acuerdo formal, es una nueva situación de hecho. Si la franja transparente del frente hoy mide 20 millas, podría ampliarse a 30 o 40 a medida que mejore la tecnología de drones, hasta parecerse a una zona desmilitarizada patrullada de manera regular por sistemas no tripulados.

A partir de allí, esa franja podría consolidarse como una frontera temporal, no reconocida por ninguna de las partes, pero igualmente difícil de mover o de cruzar. El texto de Applebaum concluye que ese resultado no equivaldría a una victoria plena para Ucrania, aunque sí supondría una derrota de gran magnitud para Putin, porque su objetivo central de borrar a Ucrania del mapa no se cumpliría.

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