
En cuestión de pocas horas, dos lanzamientos de nuevos vehículos permitieron conocer de primera mano la mirada de las dos compañías automotrices que agrupan el 40% del total de ventas de autos 0 km en Argentina: Stellantis y Toyota. El grupo industrial italo-francés con sus seis marcas sumó 64.800 patentamientos entre enero y mayo, y la marca japonesa los restantes 31.700, para llegar a 96.500 autos sobre un total registrado de 232.815 unidades en lo que va de 2026.
Esos números son los que miran ellos, líderes de la industria, que en diciembre pasado e incluso en enero de este año pensaban que entrarían al segundo semestre con más de 320.000 autos, pero el paso de los meses dejó una foto distinta. Las ventas cayeron un 10% casi inexplicablemente, porque el dólar está estable, la inflación controlada (aunque más alta de lo esperado en el primer trimestre) y la oferta es tal que los precios no solo no subieron, sino que en muchos casos bajaron.
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Quizás ahí esté “la punta del ovillo” o la explicación de lo inexplicable del resultado. La oferta, los precios y el mensaje.
Algunos días atrás, otro de los líderes de la industria automotriz argentina, Martin Galdeano, presidente de Ford, dijo que las “bajas de precio que no sean orgánicas no le hacen bien al mercado, porque sin una baja de impuestos que las justifique, envían el mensaje equivocado a los usuarios”, que podrían interpretar que “si uno bajó, los otros van a bajar también”.
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Martín Zuppi, CEO de la filial argentina de Stellantis habló con los medios este jueves y dijo que si bien esperaban estar mejor “si el año termina con una baja del 5% no es algo preocupante. Es un mercado estable de todos modos”.
La visión de Toyota
Apenas 24 horas más tarde, Gustavo Salinas, presidente de Toyota Argentina, también abordó el tema, pero lo hizo con un enfoque un poco más amplio, sacando la mirada del dato de las ventas únicamente y poniéndolo en contexto del escenario en el que ocurre.
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“Si uno mira las condiciones del mercado y de la economía argentina, y uno las analiza objetivamente, nosotros seguimos creyendo que el mercado debería estar más tendiendo a las 700.000 unidades que a las 600.000”, fue la primera reflexión que hizo, rompiendo la lógica de otros analistas del sector.
Sin embargo, esa frase no puede sacarse de contexto, porque a continuación vino un desarrollo interesante de la misma, con un desenlace más cercano a lo que se puede ver en la calle.
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“Argentina, después de muchísimos años, está teniendo superávit fiscal, está teniendo superávit comercial, está teniendo una deuda totalmente manejable, está teniendo récord histórico de exportaciones de producción más de 100.000 millones de dólares para este año. Estamos empezando a visualizar ahora un descenso en la inflación y por ende un descenso de tasa de interés que debería empezar a reactivar el crédito. Entonces, si uno mira condiciones objetivas, teóricamente objetivas, el mercado debería estar mucho más alto de lo que está ocurriendo”, dijo el empresario que lidera la marca que más autos produce en Argentina.
Es ahí donde la realidad se choca de frente con la teoría, al menos en números y resultados, y desencadena un escenario opuesto al que todas esas variables deberían conformar.
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Un mayo inexplicable
“Si uno mira el resultado del mes de mayo es racionalmente inexplicable por qué ha sido tan bajo, pero yo creo que es, a la vez, emocionalmente explicable por todas estas novedades que están ocurriendo en el mercado de productos que van ingresando, de precios que se van reacomodando, de clientes que tienen muchísimas más opciones y que van pensando qué es lo que les conviene comprar”, señaló.

El desarrollo de la idea tomó forma entonces y se alineó con la caída de ventas del 10% en el acumulado de los primeros cinco meses del año y el impacto que tendrá en la cifra final de 2026.
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“Por supuesto que con los volúmenes que se han perdido durante los últimos meses, es muy difícil ahora que el mercado llegue a las 700.000. El volumen anualizado, o en el ritmo anualizado, deberíamos llegar a las 650.000 incluso durante este año, pero considerando lo que ya se perdió, si por lo menos se llega a las 610.000 unidades, igual que el año pasado, sería algo que podríamos esperar”, finalizó.
Escenario de coyuntura
Según la mirada de Salinas, el resultado del año sería una cuestión más relacionada con lo coyuntural y no una tendencia negativa preocupante para el sector automotor, no solo de los fabricantes sino también de los importadores, porque la caída de ventas es general y el reparto del mismo volumen de unidades que el año pasado entre más marcas, afectará a todos por igual con una menor cuota de mercado disponible para cada uno.
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“Venimos de una economía que creció 4% el año pasado, 2,5% a 3% este año, la expectativa de que crezca 3% el año que viene. Si uno mira todos los datos duros el mercado automotriz tiene que crecer. Ahora, yo creo que con toda esta ebullición de ofertas de nuevos modelos hay una actitud de esperar para el cliente y ver cuál es su conveniencia. También puede estar la duda de si con el tipo de cambio actual me conviene comprar hoy o esperar, si los $1.400 por dólar son sostenibles o no”, remarcó.
En ese escenario, la oferta por ganar ventas es muy variada y el factor precios, descuentos y bonificaciones termina siendo clave, aunque al mismo tiempo creando confusión en lo clientes.
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“Los márgenes de rentabilidad claramente no son los de antes y es lógico que así ocurra. Pero, así como en momentos de escasez, cuidábamos mucho que el concesionario no aplicara sobreprecios al cliente, tampoco es sano o sostenible que un concesionario venda a pérdida, por debajo de su costo permanentemente, porque uno más uno es dos y uno menos dos es menos uno. Se funde”, concluyó.

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