De qué manera la vida digital transforma los ingresos de los silvers en distintas regiones de China

Un estudio publicado en la revista Sustainability encontró que un mayor uso de internet se asocia con ingresos más altos entre los adultos mayores de China. Ese efecto es más intenso entre residentes rurales, mujeres mayores y personas del oeste del país, un resultado que vincula la inclusión tecnológica con la sostenibilidad económica.

La investigación analizó una muestra de 3.127 personas de 55 años o más de la Encuesta Social General de China 2023, según el artículo de Yi Fu, Wanting Xu y Weizhen Hu de la Escuela de Negocios de la Universidad Central del Sur. El trabajo identificó cuatro vías por las que el uso de internet se asocia con mayores ingresos: empleo no agrícola, capital material, capital social y capital humano.

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En la estimación principal, un aumento de una unidad en la frecuencia de uso de internet se asoció con un incremento aproximado del 5,2% en el ingreso personal anual, según el estudio. Los autores señalaron que el resultado se mantuvo tras pruebas de robustez y también después de aplicar un método de variables instrumentales para corregir posibles problemas de causalidad inversa.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas de China, la población de 65 años o más alcanzó 200,56 millones, equivalentes al 14,2% del total, mientras que el Centro de Información de la Red de Internet de China situó la 45% la penetración de internet entre personas de 60 años o más, dos cambios simultáneos que el estudio toma como contexto.

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El efecto positivo del uso de internet se mantuvo tras los controles estadísticos

El estudio usó como variable dependiente el ingreso personal anual de los mayores de 55 años, medido en unidades de 10 mil yuanes, y como variable central la frecuencia de uso de internet en una escala de uno a cinco, desde “nunca” hasta “a diario”. Los modelos incorporaron controles demográficos, familiares y regionales, además de efectos fijos provinciales.

Imagen dividida conceptualmente: izquierda, adultos mayores asiáticos en café con laptops y teléfonos; derecha, agricultores asiáticos en arrozal con smartphones. Gráfico de barras ascendentes.

La muestra tenía una edad promedio de 68,18 años y un promedio de 7,46 años de escolaridad, según Sustainability. El 56,8% residía en zonas rurales, el 64,5% convivía con su cónyuge, el 12,8% era miembro del Partido Comunista y el 66,1% declaró ser propietario de una vivienda.

Los resultados de base mostraron una asociación positiva y estadísticamente relevante entre vida digital e ingreso en todas las especificaciones presentadas. También encontraron que más años de educación, pertenecer al Partido Comunista y una mejor salud autopercibida se vinculaban con mayores ingresos, mientras que la edad y el hecho de ser mujer se asociaban con menores niveles de ingreso.

Para afrontar la posibilidad de que las personas con más dinero usen más internet, los autores emplearon como variable instrumental la tasa de penetración provincial de internet de 2016. Según el estudio, la primera etapa arrojó un estadístico F de 239,89, por encima del umbral habitual para descartar un instrumento débil, y la segunda etapa mantuvo un efecto positivo y relevante de la vida digital sobre el ingreso.

Las pruebas de robustez siguieron tres caminos: reemplazar la variable de ingreso por su logaritmo, sustituir la variable principal por la penetración provincial de internet y añadir un control por el impacto de la pandemia en los ingresos del hogar. En los tres casos, el signo y la relevancia del resultado central se conservaron, según los autores.

El empleo fue el mecanismo más fuerte y el beneficio creció en zonas rurales y del oeste

La parte más detallada del trabajo se concentró en los mecanismos. En capital humano, el uso de internet aumentó la frecuencia de aprendizaje con un coeficiente de 0,098, y esa variable de aprendizaje se asoció a su vez con mayores ingresos, lo que sugiere que la formación continua explica parte del efecto.

En capital social, la vida digital elevó la frecuencia de interacción social con un coeficiente de 0,060, aunque el vínculo de ese capital social con el ingreso fue más débil y solo marginalmente significativo, según Sustainability. En capital material, el uso de internet mostró una asociación positiva con la propiedad de vivienda y esta, a su vez, con mayores ingresos, aunque con una mediación limitada.

El empleo no agrícola fue el canal más fuerte: la probabilidad de realizarlo aumentó con la vida digital y ese tipo de empleo se asoció con un incremento del ingreso con un coeficiente de 1,898, de acuerdo con el estudio.

Ese mecanismo es relevante porque solo el 9,5% de los encuestados realizaba trabajo no agrícola, mientras que la frecuencia media de aprendizaje era 1,759 en una escala de uno a cinco y la frecuencia media de interacción social era 2,564. El estudio interpretó que la tecnología funciona como una vía para activar recursos ya existentes entre los adultos mayores, en lugar de crear una fuente completamente nueva de capital.

El análisis por subgrupos mostró diferencias. Entre los residentes rurales, la asociación entre vida digital e ingreso fue positiva y significativa al 5%, mientras que en las zonas urbanas el efecto fue positivo, pero no significativo.

Por regiones, el efecto apareció en el este, el centro y el oeste de China, aunque fue más fuerte en el oeste, según los coeficientes comparados por los autores. Por género, la asociación fue significativa entre las mujeres mayores, pero no entre los hombres.

Los autores sostuvieron que ese patrón indica una función compensatoria de la inclusión digital. En esa lectura, los mayores beneficios se concentran en grupos que parten de desventajas previas: habitantes rurales, residentes de regiones menos desarrolladas y mujeres mayores.

Grupo de adultos mayores asiáticos sentados alrededor de una mesa de madera en un entorno rural chino, una mujer usa un smartphone y un hombre una tablet.

El estudio vincula la inclusión digital con los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La investigación enmarca esos resultados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, organismo internacional, en particular el ODS 8 sobre trabajo decente y crecimiento económico y el ODS 10 sobre reducción de desigualdades. Según el artículo, la inclusión digital puede ayudar a transformar “capital dormido” de las personas mayores, como habilidades, redes sociales o propiedad de vivienda, en recursos productivos.

El trabajo también menciona implicancias para políticas públicas. Entre ellas, propone priorizar capacitación digital dirigida a adultos mayores, diseño de plataformas adaptadas a la edad, expansión del acceso asequible a internet y una mejor integración entre herramientas digitales y sistemas de protección social.

Los autores advirtieron varias limitaciones. Señalaron que los datos son transversales y no permiten una inferencia causal fuerte, que la vida digital fue medida con un solo indicador de frecuencia de uso de internet, que algunas variables mediadoras fueron captadas mediante aproximaciones y que el análisis se limita a China, por lo que su generalización a otros contextos debe hacerse con cautela.

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