
El optimismo de los trabajadores argentinos respecto del futuro de sus sectores no está distribuido de manera uniforme. Según el informe Workmonitor 2026 de Randstad, hay rubros que generan una confianza notablemente alta entre quienes los integran, mientras que otros concentran las miradas más escépticas.
La fotografía que emerge del relevamiento —realizado sobre 752 trabajadores en el país— permite identificar con precisión quiénes confían en el porvenir de su actividad y quiénes no. En concreto, el 60% de los trabajadores argentinos se muestra optimista respecto de las perspectivas del sector en que trabaja. Pero ese promedio oculta diferencias significativas entre rubros, con una brecha de 45 puntos porcentuales entre el sector más optimista y el más pesimista.
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Energía y Minería lidera el ranking con el 88% de sus trabajadores confiando en el futuro de la actividad, un nivel que prácticamente no tiene comparación con el resto de los sectores relevados. La expansión del sector en los últimos años, traccionada en buena medida por el desarrollo de Vaca Muerta y la creciente actividad minera en distintas provincias del país, se refleja en la percepción de quienes trabajan en él.
Le siguen “Logística y Transporte” y el rubro de “Consumo Masivo”, ambos con el 73%. Luego aparece el Agro, con un nivel de optimismo del 70%. Los cuatro superan ampliamente la media general y configuran el grupo de mayor optimismo del informe.
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En un segundo escalón, con niveles de confianza por encima del promedio aunque más moderados, aparecen Educación (64%), Retail (63%), Industria Manufacturera (63%) y el sector Automotriz y Autopartista (63%). Servicios Financieros e Ingeniería comparten el 62%, mientras que Cuidado de la Salud y Laboratorios se ubican exactamente en la media, con el 60%.
Los sectores con mayor escepticismo
En el otro extremo del espectro, los trabajadores de Defensa son los menos optimistas: sólo el 43% confía en las perspectivas de su sector. Gobierno y Sector Público no está lejos, con el 46% —menos de la mitad de los trabajadores del Estado confía en el rumbo de su actividad—, seguido de Servicios Profesionales, donde el pesimismo alcanza al 52% de los encuestados. Hotelería y Turismo cierra la zona baja del ranking con el 55%, apenas por debajo de la media general.
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Servicios de TI y Telecomunicaciones, con el 59%, y Construcción, con el 58%, también quedan por debajo del promedio, aunque por márgenes más estrechos.
La adaptación al cambio tecnológico, una deuda pendiente
Más allá del optimismo sectorial, el informe también indaga en cómo perciben los trabajadores la capacidad de sus empleadores y sus sectores para adaptarse a la transformación en curso. Los resultados muestran que esa confianza es considerablemente más baja que el optimismo general.
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El 49% de los trabajadores argentinos afirma confiar en que su empleador se está adaptando adecuadamente a los cambios que atraviesa su sector. Y solo el 39% considera que el rubro en el que trabaja está mejor preparado que otros para afrontar el escenario de transformación tecnológica actual. Ese dato marca una tensión relevante: los trabajadores pueden ser optimistas sobre el futuro de su actividad y, al mismo tiempo, dudar de que sus organizaciones estén a la altura de los cambios que ese futuro exige.

Andrea Avila, CEO de Randstad para Argentina, Chile, México y Uruguay, señaló al respecto que “más allá del contexto macroeconómico, los trabajadores mantienen en general una mirada mayormente positiva sobre la evolución a futuro de las industrias en las que se desempeñan, marcando que aún con la incertidumbre que genera el avance de la digitalización y la IA, predomina la confianza en las capacidades individuales y en la adaptación de las organizaciones frente a la transformación que están atravesando la gran mayoría de industrias y mercados verticales”.
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Sin embargo, los números del propio informe matizan ese optimismo: apenas cuatro de cada diez trabajadores creen que su sector está genuinamente mejor posicionado que otros para enfrentar la transformación tecnológica. La brecha entre la percepción general sobre el futuro del sector y la confianza concreta en la preparación tecnológica sugiere que el optimismo convive con una cuota importante de incertidumbre sobre cómo se transitará ese camino.

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