Rolf Mützenich, dirigente del SPD alemán: “América Latina es imprescindible para configurar un nuevo orden mundial”

Hay una raza de político europeo que está en retirada y de la que Rolf Mützenich es probablemente uno de los últimos exponentes en activo. Tiene 66 años, un doctorado en Relaciones Internacionales, una especialización académica en control de armamentos y desarme nuclear, y la costumbre, hoy casi disidente, de responder a las preguntas con frases largas, con incisos, con citas históricas y con una sintaxis que se permite el lujo de la complejidad. Diputado del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) desde 2002, presidió el grupo parlamentario socialdemócrata en el Bundestag entre 2019 y 2025, los años más turbulentos de la coalición tripartita de Olaf Scholz, de la invasión rusa a Ucrania y del primer rearme europeo desde la Guerra Fría. A los eslóganes del marketing político prefiere los argumentos. A las consignas, los matices. Y a las certezas, una forma muy alemana de melancolía ilustrada.

Su visita a Buenos Aires, invitado por la Fundación Friedrich Ebert (FES), coincidió con un panel sobre la Argentina, el desorden internacional y la incertidumbre que se celebró en un centro cultural del centro porteño. Allí, Mützenich pronunció la frase que terminó funcionando como subtexto de su paso por Buenos Aires: “Podremos darnos por satisfechos si conseguimos sobrevivir juntos a los próximos veinte o treinta años”. Antes había comparado el momento actual con los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, esta vez agravados —dijo— por la combinación de armas nucleares, crisis climática y una pobreza global que el siglo XXI no ha conseguido erradicar. El diagnostico colorea cada una de sus respuestas.

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Mützenich durante el panel "Argentina en el des-orden internacional", organizado en Buenos Aires por la Fundación Friedrich Ebert, afín al SPD alemán. Allí dijo: "Podremos darnos por satisfechos si sobrevivimos a los próximos 20 o 30 años" (Foto: Fundación Friedrich Ebert)

La entrevista con Infobae se desarrolló en la previa del panel, con la asistencia de una intérprete de alemán. Mützenich, de trato afable y un punto irónico, fue desgranando sin prisa una agenda que él mismo no se preocupa por ordenar en titulares: el avance de la ultraderecha; los errores de la socialdemocracia en los ’90; la negociación entre Washington y Moscú sobre Ucrania; el rearme alemán impulsado por el canciller democristiano Friedrich Merz; la guerra contra Irán. Y, sobre todo, de la posibilidad —para él, urgente— de que América Latina y Europa coordinen una respuesta común frente a la rivalidad entre grandes potencias.

—¿Cómo se mira hoy a América Latina desde Berlín? ¿Tiene margen para construir autonomía o es un tablero secundario en la pugna entre Estados Unidos, China y Rusia?

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—Puedo darle solamente mi visión personal, pero estoy seguro de que hablo en nombre de muchos si digo que América Latina es imprescindible para configurar un nuevo orden mundial. No lo digo por amabilidad: estoy convencido de que en esta reorganización del orden internacional es necesario que se junten regiones y países que puedan ejercer un contrapeso frente a las grandes potencias. América Latina tiene una sensibilidad particular sobre cómo sustraerse a largo plazo a los poderes extranjeros. Es una región marcada por un largo colonialismo y, a la vez, por la liberación de esas dependencias coloniales. En los años sesenta, durante la crisis de Cuba y después, mostró un intento de desarrollarse de manera más independiente de las grandes potencias. El Tratado de Tlatelolco, sobre la zona libre de armas nucleares, es para mí un ejemplo muy importante de esa autonomía. Hoy vemos cuánta presión recibe América Latina por parte de Trump y de la reactivación de la Doctrina Monroe. Europa también está bajo un intento de determinación externa. Por eso espero que el acuerdo con el Mercosur contribuya a una cooperación más intensa, no solo económica, sino también política y social.


Firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, en Asunción, el 17 de enero de 2026. Mützenich espera que el pacto impulse "una cooperación más intensa" entre ambas regiones (REUTERS/Cesar Olmedo)

—Trump presiona a América Latina sobre todo con el tema migratorio y a Europa con los aranceles. ¿En qué puntos puede haber espacio para una agenda compartida frente a este problema común?

—En primer lugar, en el intento de desarrollarnos de manera más autónoma frente a las grandes potencias. Y lo digo concretamente: no se trata solo de autonomía frente a Trump o Estados Unidos; también tenemos que volvernos más independientes de China. Y tenemos que serlo a la hora de construir una agenda común para que las crisis del orden internacional no sigan creciendo. En concreto, también tenemos que impedir nuevas guerras. Eso puede lograrse mediante la cooperación económica, pero me daría mucha alegría que pudiéramos intercambiar ideas sobre el papel del Estado en el desarrollo de las sociedades: la justicia educativa, la seguridad social y, al mismo tiempo, la limitación del capital, o por lo menos su obligación de dialogar de igual a igual con el factor trabajo. Eso implica concretamente el fortalecimiento de los sindicatos.

—Milei gobierna aquí, la AfD lidera las encuestas en Alemania, Trump volvió a la Casa Blanca. ¿Qué hizo mal la socialdemocracia para llegar hasta acá, y qué puede hacer ahora para revertirlo?

—Hay que tener en cuenta que existen tendencias generales, pero también desarrollos específicos de cada país. La Argentina tiene seguramente sus propios desafíos, igual que Alemania. Las corrientes progresistas, tanto en América Latina como en Europa, pueden encontrar puntos de contacto para defenderse frente a figuras como Milei, Trump o Viktor Orbán en Hungría. Por un lado, el Estado democrático, que se controla a sí mismo a través de los parlamentos y de la participación; al mismo tiempo, el Estado social, que no mira de dónde vienen las personas ni de qué familias, sino que intenta crear condiciones igualitarias para todos. Y hay un segundo aspecto. Trump, Milei y otros —tal vez lo digo de manera un poco exagerada— necesitan el caos, necesitan la inseguridad en la sociedad para imponer su propia agenda. Nosotros, en cambio, necesitamos reglas, y en particular un Estado de derecho social, orientado al individuo social. Ese sería el segundo gran vínculo entre una parte de América Latina y una parte de Europa: los partidos progresistas.

Donald Trump recibe a Javier Milei en la Casa Blanca, el 14 de octubre de 2025. Para Mützenich, ambos "necesitan el caos y la inseguridad en la sociedad para imponer su propia agenda" (REUTERS/Jonathan Ernst)

—Pero hay una autocrítica pendiente dentro de la socialdemocracia, ¿no? En los noventa, varios gobiernos progresistas —Blair, Schröder, D’Alema— aplicaron agendas neoliberales que erosionaron el Estado de bienestar.

—Esa es la gran miseria. Uno de los motivos por los cuales se fue erosionando la confianza en los partidos progresistas fue, en efecto, la idea de que existía una “tercera vía”. Se hizo muy popular con Blair en el Reino Unido, pero no era una alternativa entre capitalismo y socialismo: era más bien intentar imponer algunas reglas al capitalismo. Y ese fue uno de los grandes errores de los partidos socialdemócratas, sobre todo en Europa. Lo que no entendimos suficientemente fue que, con el fin de la Guerra Fría, no estábamos ante el fin de la historia ni ante la imposición de la democracia a escala mundial, sino ante la imposición del capitalismo a escala mundial en distintas variantes: el estadounidense, el chino, el de países de Medio Oriente que se orientaron a una economía de renta sobre la base de las materias primas. Esa fue una de las grandes apreciaciones erróneas de una parte del movimiento socialdemócrata europeo. Por eso privatizamos parte del bienestar público. Y por eso pienso que sería bueno que nos pusiéramos de acuerdo en que el bienestar público debe estar garantizado por un Estado social.

—El PSOE sufre el ascenso de Vox, el SPD tuvo el peor resultado de su historia, el PD italiano lleva años en la oposición, el laborismo británico acaba de perder elecciones regionales. ¿Cómo sale la socialdemocracia europea de este pozo?

—Esa es la gran pregunta y, en última instancia, la gran miseria de los partidos progresistas: tener que reencontrarse una y otra vez a la altura del tiempo. Hoy hay un giro generalizado hacia la derecha a escala mundial, y eso supone un desafío y una pérdida de peso de los partidos socialdemócratas. Pero eso no significa rendirse, sino no aceptar que estos partidos lleven a los países al borde de catástrofes sociales, económicas y, a veces, al borde de la guerra. Los mayores tenemos que dar a los más jóvenes la oportunidad de decidir por sí mismos y de asumir responsabilidades. Pero eso no significa que confíe en cualquiera solo porque sea joven. Depende de lo que quiera.

El primer ministro británico Keir Starmer sale del 10 de Downing Street, en febrero de 2026. El laborismo atraviesa su peor momento desde la victoria de 2024 y crece la presión para forzar su salida (REUTERS/Toby Melville)

—Hace un año usted firmó un manifiesto por la paz pidiendo desescalada en Ucrania. Eso le valió críticas. Hoy Trump negocia directamente con Vladimir Putin y se habla incluso de Schröder como posible mediador. ¿Cómo lee ese giro?

—En su momento hice una observación que entonces se interpretó en mi contra; hoy quizás ya no tanto. Planteé en el Bundestag la pregunta de si no era tan importante hablar de cómo se conduce una guerra como hablar de cómo se la termina políticamente. Nunca puse en duda que Ucrania, en virtud de su derecho a la autodefensa, debe defenderse de la agresión rusa. Pero ya entonces estaba convencido de que, junto al apoyo militar, financiero y económico a Ucrania, debíamos crear simultáneamente oportunidades para la diplomacia. Hoy me siento un poco confirmado cuando veo que el Alto Representante de la Unión Europea, António Costa, prepara conversaciones con Putin. Me habría gustado que ocurriera antes; eso quizás nos habría ahorrado algunos encuentros incómodos con Trump.

—Merz hizo aprobar un plan de defensa de cientos de miles de millones de euros, mientras se discute recortar prestaciones sociales. El SPD acompañó. ¿No es justamente eso lo que va a alimentar más descontento?

—Sin duda. Pero al mismo tiempo tengo que ver que el último resultado electoral no permitía otra opción que la de una socialdemocracia que gobierne con los conservadores, porque era la única opción democrática. Precisamente por eso tuve algunos roces con compañeros de partido, al señalar que, si tenemos que afrontar costos tan altos de defensa, eso irá en perjuicio de las familias, de los trabajadores y de los grupos socialmente desfavorecidos, como las personas mayores o las personas con discapacidad. No estoy en contra del armamento en principio, si conduce a la defensa. Pero tengo mis dudas cuando incluso en mi propio partido se sostiene que Alemania debería tener el ejército más fuerte de Europa: me pregunto qué puede significar eso en el futuro para nuestros vecinos, sobre todo si en algún momento un partido como la AfD llega también a gobernar. La única salida que veo es que, si construimos una defensa más fuerte, esto se haga en el marco de una integración europea, porque esa es la única garantía de que ninguna nación europea pueda comportarse otra vez como hegemón.

Merz, hoy canciller, y Mützenich, entonces jefe del bloque del SPD, en el Bundestag en abril de 2024. Hoy el SPD cogobierna con la CDU y Mützenich cuestiona la línea de Merz (REUTERS/Liesa Johannssen)

Es que sin capacidad militar propia, no hay autonomía estratégica europea posible.

—No sé si el concepto adecuado es el de poder militar o más bien el de una alianza defensiva, capaz de protegerse frente a la agresión, pero que no ejerza al mismo tiempo agresión. Eso sería para mí el mejor modelo para Europa.

—Usted dijo que los bombardeos contra Irán violan el derecho internacional, y criticó al canciller Merz por respaldarlos. ¿Qué deberían hacer Alemania y Europa frente a esta crisis?

—No hay ninguna duda de que el régimen actual en Irán es un régimen que tampoco yo acepto políticamente, ni en materia de derechos humanos, ni en la cuestión de la corrupción, ni en la del buen manejo económico, ni en la de la buena vecindad. Estuve suficientes veces en Irán personalmente como para expresar mi rechazo a determinados políticos. Pero esta guerra no resuelve nada. Lo que omitimos hacer, cuando se firmó el acuerdo nuclear bajo Barack Obama, fue seguir trabajando en medidas de construcción de confianza en la región y exigir a los propios países de la región que contribuyeran a esa confianza. Es un buen ejemplo de los problemas de la política internacional en general. Cuando se alcanza algo, no se puede dejar de avanzar: cada paso es solo un paso intermedio hacia las siguientes medidas. Si se hubiera logrado, así como existe en América Latina, una zona libre de armas nucleares en Oriente Próximo y Medio, acordada entre los propios países, habríamos dado un paso más en el sostenimiento del acuerdo con Irán.

Quién es Rolf Mützenich

Mützenich, entonces jefe del bloque del SPD, en una sesión del Bundestag en enero de 2025. Dejaría el cargo el mes siguiente, tras la peor derrota electoral del partido en su historia (REUTERS/Liesa Johannssen)
  • Nacido en Colonia el 25 de junio de 1959. Politólogo, doctor por la Universidad de Bremen (1991). Afiliado al SPD desde 1975.
  • Diputado en el Bundestag desde 2002 por Colonia.
  • Presidente del bloque parlamentario del SPD entre junio de 2019 y febrero de 2025, cargo más alto del partido en el Parlamento. Lo dejó tras la derrota electoral del SPD.
  • Es miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Bundestag.
  • Pertenece a la Parlamentarische Linke, el ala izquierda histórica del partido, en la tradición de Willy Brandt y la Ostpolitik.
  • Especialista en política exterior, control de armamentos, relaciones transatlánticas y Medio Oriente. Fue durante años portavoz de desarme del grupo parlamentario.
  • En 2020 pidió la retirada de las armas nucleares estadounidenses de territorio alemán.
  • En marzo de 2024 propuso desde el Bundestag “congelar y terminar” la guerra en Ucrania, en pleno debate por los misiles Taurus. Fue acusado por la oposición y por sectores del propio SPD de socavar la posición alemana como aliado de Kiev.
  • En junio de 2025 firmó, junto a Ralf Stegner y Peter Brandt —hijo de Willy Brandt—, el Manifiesto por la Paz, que reclamaba desescalada con Rusia y oposición al estacionamiento de misiles estadounidenses de mediano alcance en Alemania.
  • En marzo de 2026 calificó la posición del canciller Friedrich Merz frente a la guerra contra Irán como violatoria del derecho internacional.

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