Se espera que el ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca y su partido centrista decidan quién encabezará el próximo gobierno del país escandinavo, después de que las elecciones parlamentarias del martes concluyeran sin una mayoría clara para ningún partido o bloque.
La primera ministra de centroizquierda, Mette Frederiksen, podría ser reelegida para un tercer mandato pese a los resultados decepcionantes. Sin embargo, tendrá que negociar un acuerdo con el influyente ministro de Asuntos Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, si pretende liderar una nueva coalición.
La campaña giró en torno a asuntos cotidianos y no a la crisis desatada por las ambiciones del presidente estadounidense Donald Trump respecto a Groenlandia.
El gobierno saliente presentó su dimisión el miércoles. Los dirigentes de cada partido debatieron sus posiciones en una mesa redonda y se espera que luego se reúnan con el rey danés Federico X para analizar el futuro del país.
El parlamento unicameral danés, el Folketing, se elige por un mandato de cuatro años. De sus escaños, 175 los ocupan legisladores daneses, mientras que dos corresponden a representantes de Groenlandia, un territorio escasamente poblado, y otros dos a las Islas Feroe, el otro territorio semiautónomo del reino.
En un país de 6 millones de habitantes, más de 4,3 millones estaban habilitados para votar. Casi el 84% del electorado acudió a las urnas.
Los resultados oficiales indicaron que los socialdemócratas de centroizquierda de Frederiksen perdieron terreno respecto a las elecciones de 2022, al igual que sus dos socios en el gobierno saliente.
Ningún partido obtuvo la mayoría en el parlamento, algo que ya se anticipaba. El sistema de representación proporcional en Dinamarca suele dar lugar a gobiernos de coalición, normalmente conformados por varios partidos del «bloque rojo» de izquierda o del «bloque azul» de derecha, tras semanas de negociaciones.
El gobierno saliente de Frederiksen fue el primero en décadas en tender puentes entre izquierda y derecha, y ella dijo estar dispuesta a continuar como primera ministra por un tercer mandato. Su partido, los socialdemócratas, siguió siendo el más grande con una ventaja amplia, pero el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen —el rival de centroderecha mejor posicionado frente a Frederiksen— dejó claro que ni él ni su partido liberal tienen intención de volver a gobernar con los socialdemócratas.
Aun así, el experto electoral danés Rune Stubager considera que Frederiksen seguirá en el cargo como primera ministra.
“Si se formará una nueva coalición centrista o un gobierno basado principalmente en los votos del bloque rojo, eso dependerá de las negociaciones”, dijo el miércoles Stubager, codirector del Estudio Nacional de Elecciones de Dinamarca.
Frederiksen, de 48 años, es conocida por su firme apoyo a Ucrania en su defensa frente a la invasión rusa y por su enfoque restrictivo hacia la migración, manteniéndose en la línea tradicional de la política danesa.
Dado que ni el bloque de izquierda ni el de derecha alcanzaron la mayoría, Løkke Rasmussen se ha erigido como el árbitro de la situación. Su partido centrista, el Partido Moderado, con 14 diputados en el parlamento de 179 escaños, está en condiciones de decidir si Frederiksen puede afrontar un tercer mandato al frente de este país miembro de la Unión Europea y la OTAN. Se requieren 90 escaños para la mayoría.
Løkke Rasmussen hizo un llamado a sus rivales de izquierda y derecha para que flexibilicen algunas de las posturas mantenidas durante la campaña y “vinieran a jugar con nosotros”.
Ninguno de los bloques puede formar una mayoría sin el apoyo de los Moderados, lo que convierte a ese partido en el verdadero vencedor de las elecciones. Stubager aseguró que podrán exigir concesiones en las promesas electorales de cada fuerza para lograr su objetivo: un gobierno de centro.
“Por lo que veo, no es posible formar un gobierno si todos estos obstáculos siguen vigentes”, afirmó Stubager. “Así que alguien tendrá que incumplir una promesa para que pueda haber un gobierno”.
Parte del éxito de los Moderados se atribuye a Trump y a Groenlandia, explicó Stubager. A fines del año pasado, el partido registraba malos números en las encuestas, pero luego recibió un fuerte impulso gracias a Løkke Rasmussen, el ministro de Asuntos Exteriores del gobierno, por su trabajo diplomático para apaciguar las tensiones con Estados Unidos, incluido un viaje a Washington que acaparó titulares.
“Donald Trump le brindó a Lars Løkke la oportunidad de actuar, y a ojos de la mayoría de los daneses, su actuación fue buena”, sostuvo.
Frederiksen también había contado con el factor Groenlandia. Sus propias encuestas a comienzos de año mostraban un aumento de apoyo, lo que la llevó a convocar elecciones en febrero, varios meses antes de lo previsto. Al parecer, confiaba en que su imagen de firmeza durante la crisis le ayudaría a obtener votos.
La decisión de adelantar las elecciones no fue necesariamente un error de cálculo, dado que el respaldo a los socialdemócratas era menor antes de que la crisis empeorara.
En enero, Frederiksen advirtió que una anexión estadounidense de Groenlandia equivaldría al fin de la OTAN. Pero la crisis se ha calmado, al menos por ahora.
Trump retrocedió en su amenaza de imponer aranceles a Dinamarca y otros países europeos que se oponían a que Estados Unidos tomara el control de la vasta isla ártica, y Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia iniciaron conversaciones técnicas sobre un acuerdo de seguridad en el Ártico. Las conversaciones continúan.
(con información de AP)











