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  • Día 857: Milei, advertencias constantes y la fábula de Pedro y el lobo

    Día 857: Milei, advertencias constantes y la fábula de Pedro y el lobo

    Hay algo de fábula en la narrativa económica de Javier Milei. Como en el cuento de Pedro y el Lobo, donde el pastorcito alerta una y otra vez hasta perder credibilidad, el Presidente anuncia de forma constante una inminente caída de la inflación que nunca llega a concretarse. Cada pronóstico de “ahora sí” se desvanece frente al siguiente dato que contradice la expectativa, erosionando no solo la credibilidad del mensaje, sino también la paciencia de quienes esperan un alivio que siempre parece demorarse.

    Existe además otra advertencia que comienza a perder efecto: la idea de que, si el plan de Milei falla, “vuelve el cuco del kirchnerismo”. Durante meses esa amenaza funcionó como ancla política y emocional, capaz de sostener apoyos aun en medio del ajuste. Pero a medida que los resultados económicos no llegan con la velocidad prometida, ese recurso se va desinflando. El temor deja de bastar cuando la experiencia cotidiana —precios que no bajan, crisis industrial, consumo estancado, morosidad récord— pesa más que la amenaza futura.

    Como en la fábula, no es que el riesgo haya desaparecido; es que la repetición constante lo vacía de sentido: cuando todo es advertencia, nada termina siendo urgente.

    La inflación de marzo (3,4%), la más alta del último año, consolida una senda ascendente que se mantiene desde junio de 2025 —antes de la guerra en Irán y del aumento del petróleo— y pone de manifiesto la falta de consenso entre el Gobierno y los economistas sobre su evolución: mientras Javier Milei proyecta que comenzará con cero desde agosto, los privados descartan que baje del 2% mensual en 2026.

    Milei atribuye el aumento sostenido de la inflación desde mayo pasado a la desestabilización de su Gobierno que, según él, promueve el kirchnerismo para incrementar el riesgo de su regreso. En ese planteo invierte causa y efecto: el riesgo de regreso de lo que él llama kirchnerismo es, en realidad, consecuencia del alza de precios y de la recesión que genera su plan económico, no su origen.

    El desvío respecto de las metas oficiales es notable: el presupuesto de Luis Caputo preveía una inflación anual del 10,1% para todo el 2026, pero en apenas tres meses ya se acumuló un 9,4%, lo que hace más creíble la estimación del Fondo Monetario Internacional, que era del 30,4%, similar a la de 2025.

    Al mismo tiempo, el organismo recortó su previsión de crecimiento para 2026 (del 4% al 3,5%), lo que implicaría una desaceleración respecto del 4,4% registrado en 2025, luego de dos años previos de caída económica.

    Recordemos lo que prometía Milei hace algunos meses: “Para agosto de 2026 la inflación va a empezar con cero” (dic. 2025). La realidad resultó bastante distinta y, en su último discurso en la American Chamber of Commerce (AmCham), dijo: “El dato no me gustó y me repugna“. Es llamativo el uso de adjetivos para expresar su rechazo a la inflación, como si sus sentimientos pudieran alterar la realidad económica del país.

    El Presidente explicó el 3,4% de marzo, además de los embates políticos del año pasado según su relato, por factores estacionales, la guerra en Irán y el aumento de la carne. Más adelante, con tono más enfático, descartó cambios en su programa económico y volvió a pedir paciencia.

    Y, como en el cuento de Pedro y el Lobo, volvió a prometer que la inflación se va a derrumbar en los próximos meses: “Lo bueno de este dato es para tomar conciencia de que la inflación se va a derrumbar”.

    La inflación para abril se pronostica en 2,5% y recién para el último trimestre del año podría volver a ubicarse cerca de 1%. Por ahora el patrón que observamos es una “U”: tras una baja inicial, la inflación volvió a repuntar.

    El encuentro con empresarios dejó a la vista la “doble velocidad” de la economía argentina: el sector energético exhibe fuerte optimismo, mientras la industria muestra cautela y estancamiento.

    Por un lado, las petroleras destacaron el potencial de Vaca Muerta como motor exportador y celebraron los avances del RIGI, proyectando inversiones millonarias y un papel clave en gas licuado. En esa línea Luis Caputo mencionó iniciativas de inversión. En contrapartida, la industria local advierte sobre caída de la actividad y capacidad ociosa, pese a algunas mejoras financieras.

    Los empresarios reclaman mayor acceso al crédito, reducción de costos y reformas estructurales —especialmente fiscales— para reactivar la producción. Señalan que la estabilidad macroeconómica es apenas el punto de partida y que el verdadero desafío es convertirla en un desarrollo sostenido con previsibilidad.

    Esa “doble velocidad” también revela los límites del programa económico en su conjunto. Mientras el Gobierno apuesta a que el dinamismo de los sectores exportadores termine traccionando al resto, los datos de inflación, actividad y consumo muestran que ese derrame todavía no llega.

    Es en ese desfase entre promesas de estabilización rápida y resultados más lentos y desiguales donde tiene sentido comparar el plan actual con otros intentos históricos de desinflación en la Argentina.

    En este gráfico se muestran los primeros 24 meses de distintos planes de estabilización argentinos: la convertibilidad, el plan posterior a la crisis de diciembre de 2001 y el Plan Austral. Aclaramos que, sumando los primeros tres meses del 2026, la inflación acumulada según el INDEC es 293% desde que asumió el Gobierno, aunque podría ser mayor si se consideran las discusiones sobre el método de medición.

    El gráfico permite apreciar mes a mes el comportamiento de precios en cada plan y dónde las pendientes se vuelven más pronunciadas. En términos comparativos, la inflación acumulada hasta ahora es significativamente mayor que en planes que fueron exitosos en sus comienzos, como la convertibilidad o la etapa inicial post-2001. Incluso el Plan Austral mostró mejores resultados en sus primeros meses, aunque luego fracasó.

    A partir del mes 21, con la inflación en ascenso, el proceso se encamina hacia una hiperinflación.

    Hasta ahora, el programa actual no ha sido el más efectivo para desinflar.

    Algunos economistas señalan que, a diferencia de 1989 o 2001 —cuando Argentina atravesó crisis extremas o hiperinflaciones— en 2023 no se llegó a aquel colapso, lo que reduce el margen para un “rebote” fuerte, ya que la economía no venía de una contracción tan profunda.

    La convertibilidad tardó en consolidarse, mientras que el Plan Austral y el esquema de Lavagna mostraron debilidades después de algunos años. El dilema central del esquema actual es si acelerar la baja de la inflación mediante un tipo de cambio contenido o priorizar la acumulación de reservas, optando por esta última vía aun si implica tolerar más inflación en el corto plazo.

    Donde más resonancias se perciben es con el Plan de Convertibilidad: con un dólar que, aunque no esté formalmente fijo, se comporta de hecho como tal dentro de las bandas de Luis Caputo y gracias al apoyo externo de Estados Unidos. Una “convertibilidad abreviada”, donde la estabilidad macro se construye sobre un tipo de cambio contenido.

    La diferencia esencial con los 90 es el punto de partida. Aquella convertibilidad arrancó con expansión, consumo y dólares provenientes de privatizaciones y endeudamiento. Hoy no existe ese impulso: el crecimiento potencial se concentra en sectores como energía y minería, lejos del consumo masivo y con escaso derrame inmediato. Habrá que ver si el equilibrio fiscal y las apuestas por las exportaciones energéticas —con Vaca Muerta como emblema— aseguran un flujo de divisas más estable.

    En paralelo, el respaldo externo nunca fue tan explícito, algo que evoca las “relaciones carnales” de los 90. Recientemente, Scott Bessent volvió a apoyar el plan de Milei. Incluso militantes libertarios compartieron un video con una modificación: vistieron a Bessent con la remera y gorra de la militancia libertaria.

    Dijo: “El FMI está dispuesto a decir que esta vez es diferente en Argentina. Están acumulando reservas todos los días y más de 10 millones de personas han salido de la pobreza bajo el gobierno del presidente Milei. Es muy interesante ver que los pobres fueron quienes votaron a Milei”.

    La similitud más incómoda con los 90 es un dólar barato que calma la inflación en el corto plazo pero erosiona la competitividad. En los 90 ese equilibrio duró años antes de quebrarse y desembocar en la crisis de 2001. Hoy todo parece más acelerado: menos margen político, más ansiedad social y un desgaste que llega antes. A diferencia del ciclo de Carlos Menem —que comenzó con euforia y terminó en crisis— este modelo arrancó con ajuste inmediato. La apuesta es inversa: sufrir primero y esperar que el alivio llegue después.

    Algunos economistas plantean la hipótesis de que un ciclo breve de dólar barato podría evitar los desajustes acumulativos que destruyeron a la convertibilidad y abrir la puerta a una salida ordenada, sin una crisis terminal. Si el equilibrio fiscal y la desaceleración inflacionaria se consolidan como pilares, el próximo gobierno podría introducir flexibilidad cambiaria sin dinamitar todo el esquema, en una transición más madura.

    El espejo más cercano para pensar ese escenario es el Plan Real de Brasil, aplicado tras una hiperinflación crónica —superior al 2000% anual— y cinco planes fallidos entre 1980 y 1993.

    En 1994, bajo Fernando Henrique Cardoso, se lanzó el real, anclado al dólar mediante una banda cambiaria estrecha. El resultado inicial fue contundente: en pocos meses se estabilizaron precios, mejoró el poder adquisitivo y se recuperó la confianza, lo que impulsó su elección presidencial ese mismo año.

    Sin embargo, como en todo régimen de tipo de cambio contenido, los problemas aparecieron pronto. El dólar barato impulsó consumo e importaciones, pero deterioró la competitividad industrial. Brasil sostenía un déficit fiscal cercano al 2,5% del PBI y mantenía el esquema mediante endeudamiento externo y entrada de capitales. Era una convertibilidad más flexible que la argentina, pero igualmente dependiente de la confianza internacional.

    El punto de quiebre llegó al cuarto año, con las crisis de Asia (1997) y Rusia (1998), que provocaron una salida masiva de capitales de los emergentes. Brasil perdió reservas rápidamente, solicitó un rescate del Fondo Monetario Internacional por más de 40.000 millones de dólares y, finalmente, en 1999 abandonó la banda cambiaria. El real se devaluó más de un 40% en pocos días. Aun así, el país evitó el colapso: mantuvo la estabilidad institucional, el sistema financiero resistió y el impacto social fue acotado.

    La clave fue la reacción: en lugar de sostener un esquema agotado, Brasil viró hacia un régimen de metas de inflación, superávit fiscal primario y flotación cambiaria administrada. Esa decisión permitió retomar el crecimiento rápidamente y dejó un legado duradero: disciplina fiscal, un Banco Central más independiente y estabilidad macro sostenida por décadas. La enseñanza es clara: la estabilidad puede sobrevivir a una devaluación si se corrige a tiempo, antes de que el sistema colapse.

    Porque lo que quedó claro en AmCham es que la lógica del Gobierno no parece ser la de corregir, sino la de redoblar la apuesta.

    Caputo, sin embargo, afirmó que estamos ante la mejor época para la economía argentina vivida en décadas.

    La escena se repite: anuncio, expectativa, desmentida y nueva promesa. Como en Pedro y el Lobo, la insistencia erosiona el impacto del mensaje. Cada vez que se anuncia una caída inminente de la inflación o un despegue económico que no se concreta, la palabra presidencial pierde peso. No porque el objetivo sea erróneo, sino porque la reiteración sin resultados visibles mina la confianza. Ese desgaste ya se refleja en la opinión pública: distintos sondeos muestran que este es el peor momento de Javier Milei desde que asumió, con niveles de desaprobación que en algunos casos superan el 60% e incluso alcanzan el 65%.

    Y en ese desgaste se juega algo más profundo que una discusión técnica: la credibilidad. Cuando la realidad contradice sistemáticamente el relato, ya no alcanza con prometer queahora sí”. El riesgo es que, cuando los datos finalmente mejoren, el público ya no esté dispuesto a creerlo. Como en la fábula, el problema no es solo el lobo: es haber gritado tantas veces que, cuando llegue, nadie reaccione. En ese escenario, la caída en la imagen no es solo un número político: es la consecuencia directa de una narrativa que pierde eficacia.

    Esa lógica de advertencia constante y promesa diferida encuentra un punto de quiebre cuando el mensaje deja de ser persuasión y pasa a ser condicionamiento. Ya no se trata solo de anticipar quelo peor ya pasó” o que “lo mejor está por venir”, sino de plantear un escenario binario en el que el apoyo político se presenta como requisito para que la mejora ocurra. Es en ese desplazamiento donde la narrativa abandona la explicación económica y se convierte, casi, en una advertencia final, en un clima social cada vez más impaciente y menos dispuesto a conceder tiempo.

    Si no nos acompañan, nos volvemos a casa”. La frase, más cercana a un ultimátum que a una estrategia, revela una dificultad inquietante: administrar la tensión entre convicción ideológica y pragmatismo.

    La pregunta no es si el plan económico puede ajustarse, sino si el propio Milei está dispuesto a hacerlo sin interpretar cada corrección como una derrota personal. Porque, a diferencia de un economista en un paper, un presidente no puede “irse a casa” cuando la realidad no acompaña: tiene que hacer lo mejor que puede por el bien de todos.

    Producción de texto e imágenes: Facundo Maceira

    MV

  • Gabriel Caamaño advirtió que el crecimiento no llega al empleo formal: como si hubiera dos Argentinas conviviendo

    Gabriel Caamaño advirtió que el crecimiento no llega al empleo formal: como si hubiera dos Argentinas conviviendo

    Gabriel Caamaño advierte que el crecimiento económico de Argentina no se traduce en empleo formal, según un análisis de Infobae

    En una entrevista con el equipo de Infobae al Regreso, el economista Gabriel Caamaño afirmó que la economía argentina atraviesa un momento en el que el crecimiento del producto no logra reflejarse en la creación de empleo formal. El especialista señaló que la reforma laboral aprobada recientemente constituye una “condición necesaria” para mejorar la relación entre la actividad económica y los puestos registrados, pero advirtió que por sí sola no alcanza para revertir la tendencia.

    Durante el intercambio con Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos, Matías Barbería y Gustavo Lazzari, Caamaño sostuvo: “Tenés un cambio de la estructura económica en Argentina y eso genera mucha heterogeneidad. Hay sectores que se ven beneficiados y otros perjudicados. Muchos de los que corren detrás son más intensivos en mano de obra”. Acentuó que la rigidez del mercado laboral y la escasa flexibilidad han afectado la generación de empleo: “Al empleo le cuesta, el Gobierno hizo la reforma laboral ahora en febrero, pero en los dos primeros años no. Seguíamos con un mercado laboral bastante rígido, caro, con una regulación anacrónica”.

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    La economía crece sin trasladar ese impulso al empleo formal

    El economista describió cómo la dinámica por sectores fracciona el impacto del crecimiento: “Es como si tuvieras dos Argentinas al mismo tiempo conviviendo. Los sectores dinámicos intentan arrastrar a los que se quedan atrás, pero no siempre lo logran”. Señaló que, aunque la economía dio señales de reactivación en el segundo semestre de 2024, “se perdió ese impulso entre el segundo y tercer trimestre del año pasado”, atribuyendo esa pérdida a disputas políticas y a decisiones que generaron volatilidad en las tasas de interés y el tipo de cambio.

    Matías Barbería, del staff del programa, aportó datos sobre la creación de empleo en rubros clave: “Petróleo y gas mostró un crecimiento del 1,8% en empleo el año pasado, según datos de la Secretaría de Riesgo del Trabajo. Neuquén es de las pocas provincias con números positivos, impulsada por Vaca Muerta, pero en Comodoro Rivadavia se cierran pozos convencionales y eso resta puestos”.

    Sobre la intermediación financiera, Barbería indicó que “el cierre de sucursales y la digitalización están destruyendo empleo. El año pasado hubo 5.059 puestos menos registrados”. En minería, la debilidad en la construcción arrastró la pérdida de “ocho mil puestos de trabajo, porque la producción de cal y cemento depende de una actividad que está en el subsuelo”.

    Caamaño reiteró que “la reforma laboral te puede afectar la elasticidad empleo/PIB, pero no te va a hacer crecer el empleo por sí misma. Es una condición necesaria. Te puede mejorar la traducción del crecimiento del producto en empleo formal, pero no lo crea per se”. Subrayó además que, sin un aumento del empleo formal, “el sistema previsional argentino es insustentable”.

    Expectativas, política y el costo social del ajuste

    El economista afirmó que mantener la expectativa social es clave durante los procesos de ajuste: “Mientras la gente crea que todo este sacrificio tiene sentido porque vamos a estar mejor, esto es sostenible”. Para Caamaño, la erosión de la confianza se acelera cuando “el Gobierno se pasa de mambo con los datos o el relato”, lo que genera una desalineación que alimenta la frustración social.

    En ese sentido, criticó los excesos retóricos oficiales: “No necesitás que Milei diga que este proceso iba a ser más exitoso que la convertibilidad. Las condiciones iniciales son totalmente diferentes. Ahora el mismo Gobierno lo reconoce”. Relató que la presión electoral y el bajo peso parlamentario llevaron al oficialismo a sobreactuar las expectativas: “Cuando llegamos a la elección de octubre, mucho de ese relato ya se había desgranado, la inflación había rebotado y el tipo de cambio ajustado. La gente no votó por ese discurso, votó porque el que estaba enfrente era objetivamente peor”.

    Reservas, tipo de cambio y salida del cepo: el desafío de 2026

    Consultado sobre la acumulación de reservas y la política cambiaria, Caamaño fue claro: “Comprar no es acumular. Para acumular tenés que comprar y que quede. Si comprás y pagás, va a costar acumular”. Advirtió que si el peso se aprecia en exceso y luego ocurre un shock externo, “no vas a tener cómo sostenerlo”, lo que obligaría a depender de la asistencia internacional.

    El economista recomendó avanzar en la flexibilización de restricciones: “No hay mejor momento para terminar de salir del cepo. Si tengo que comprar demasiado rápido para que no se aprecie, largá restricciones. Eso ayudaría a que baje el riesgo país más rápido y permitiría volver al mercado antes, en un contexto internacional convulsionado”. Resaltó que las limitaciones cambiarias a empresas y personas continúan siendo un obstáculo.

    El cierre de empresas fue otro tema tratado: “La mayoría de los casos que conozco son cierres desordenados. El empresario muchas veces termina trabajando para sostener la empresa y no dejarle un problema a la siguiente generación”. Para Caamaño, la prioridad es reducir el costo social: “El proceso va a doler. El tema es minimizar el dolor que se puede llegar a producir”.

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  • Julián Moreno en “QR!”: “La empresa que cierra no se abre más” y reclamó medidas urgentes para pymes

    Julián Moreno en “QR!”: “La empresa que cierra no se abre más” y reclamó medidas urgentes para pymes

    En el programa QR!”, de Canal E, el presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), Julián Moreno, alertó sobre la crítica situación que atraviesan las pymes en Argentina y lanzó una contundente sentencia: “La empresa que cierra no se abre más”.

    El dirigente participó de una charla con el conductor Pablo Caruso y el economista Guido Bambini, en la que evaluó el impacto del modelo económico vigente sobre el entramado productivo. Allí sostuvo que la crisis empuja a las pequeñas y medianas empresas a reorganizarse y a buscar respuestas en el Congreso, ante la inexistencia de un diálogo fluido con el Poder Ejecutivo.

    “Logramos una convocatoria interesante en el Congreso para contar la realidad. Entendemos que del Ejecutivo no hay mucho para reclamar”, explicó. Según detalló, la intención es promover medidas paliativas que permitan mantener a las empresas en actividad, como alivios impositivos, revisión de tarifas y condiciones más favorables frente a las deudas fiscales.

    Moreno fue categórico al describir el escenario: “Venimos perdiendo miles de empresas por año. Y cuando una cierra, no vuelve a abrir”, insistió. En ese sentido, advirtió que la situación puede agravarse si no se aplican políticas de contención a corto plazo.

    El dirigente también cuestionó el rumbo económico y aseguró que los sectores que hoy crecen, como el petróleo o la minería, no generan un impacto real en las pymes. “Son actividades que emplean a una porción muy chica de trabajadores y no traccionan al resto de la economía”, explicó.

    Al mismo tiempo, señaló que la pérdida del poder adquisitivo y las restricciones en las paritarias golpean directamente al mercado interno: “Las pymes vivimos del consumo. Si el ingreso de la gente cae, la torta se achica y nos afecta a todos”.

    Otro punto crítico fue la apertura de importaciones. Moreno denunció que la competencia externa está golpeando con fuerza a la industria local: “Hay una apertura indiscriminada que está destruyendo la producción nacional”, afirmó.

    Finalmente, planteó la posibilidad de una mayor articulación entre empresarios y trabajadores frente a la crisis. Según dijo, podría consolidarse un frente común para defender el empleo y el mercado interno: “Esto se va a profundizar. Hoy somos cientos, pero en unos meses pueden ser miles los que salgan a reclamar”.

    LB

  • Economía en clave K, inflación y riesgo país: Miguel Kiguel advierte sobre reservas bajas y dualidad sectorial

    Economía en clave K, inflación y riesgo país: Miguel Kiguel advierte sobre reservas bajas y dualidad sectorial

    Miguel Kiguel, director ejecutivo de EconViews, aseguró durante el panel “La macro que viene” en el 21.° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas del IAEF que la economía argentina atraviesa tensiones persistentes en el riesgo país y una marcada dualidad entre sectores. Ante un auditorio de empresarios y referentes del sector, ambos especialistas plantearon diagnósticos sobre la situación actual y las posibles líneas de política económica.

    En primer lugar, Kiguel señaló que la Argentina se encuentra en una etapa de transición tras “dos años que implicaron un cambio importante y en la dirección correcta en donde va el país”. Añadió que el reto principal es consolidar el programa económico frente a variables que muestran fragilidad, entre ellas el riesgo país, las reservas internacionales, la inflación y la desigual dinámica de los distintos sectores productivos.

    El ejecutivo de EconViews destacó que el riesgo país argentino ronda los 600 puntos, un nivel relevante comparado con los 400 puntos que suelen considerarse umbral de alto riesgo. “No hay una explicación sencilla; son un conjunto de factores”, afirmó, y remarcó que la deuda pública como porcentaje del PBI no es elevada, lo que torna más inquietante esa situación. “¿Un país solvente por qué enfrenta este problema? Uno podría decir la historia, pero Ecuador no es la madre Teresa. Algo está pasando”, expresó.

    Al analizar la visión de los inversores internacionales, subrayó que las reservas persistentemente bajas siguen siendo motivo de preocupación a pesar de que el Banco Central empezó a comprar. “Nuestras reservas siguen flacas a pesar de que el Banco Central está empezando a comprar. ¿Y por qué son importantes las reservas argentinas más que en otros países? Porque nuestra deuda es casi toda en dólares; esa es la diferencia, por ejemplo, con Brasil y Uruguay, que tienen un mercado en moneda local dinámico. Nosotros estamos en la situación inversa: mucha deuda en dólares y poca en pesos, a pesar de que esto está cambiando, pero lleva tiempo”, explicó.

    En ese sentido calificó ese desequilibrio como el talón de Aquiles de la economía local. “A pesar de todo, tenemos mucha deuda en moneda extranjera y, para la tranquilidad del mercado, necesitamos más reservas”, afirmó. A la vez planteó que el proceso de recomposición de reservas ya empezó, aunque la velocidad y la oportunidad para volver a los mercados de capitales son objeto de debate. “Uno puede argumentar que se puede haber ido más rápido, se podría haber emitido deuda en el mercado de capitales, discutible si habría sido una buena decisión o no, la oportunidad estuvo, no la aprovechamos en ese momento”, precisó.

    Otro eje del análisis fue la evolución de la inflación. Kiguel observó que los precios retomaron impulso después de un período prolongado sin descensos: “de repente empezó a subir, cuando tuvimos ocho meses seguidos sin que la inflación baje y en casi todos subieron”. Reconoció que hay varias hipótesis sobre las causas, sin una respuesta concluyente. “Puede ser que esa inflación de 1,5% fuera un golpe de suerte. Se acuerdan que en marzo y abril había muchas dudas sobre si se iba a depreciar la moneda o no, mucha presión sobre los dólares paralelos, el Central estaba complicado, el tipo de cambio parecía que iba a subir; probablemente los precios se anticiparon y tuvimos más inflación en marzo y abril que en los otros dos meses”, relató.

    Al considerar la tendencia de los precios, indicó que entre octubre de 2024 y la fecha se registró una inflación promedio de 2,4 por ciento. Señaló que el registro reciente de 2,9% no refleja necesariamente la tendencia de fondo, sino que está influido por choques temporales y factores estacionales. “Antes era demasiado bueno, ahora demasiado malo. Pero para bajarla de ese 2,4% va a hacer falta pensar en un plan de política antiinflacionaria que está y no está”, enfatizó.

    Kiguel también se refirió a la tasa de interés, que calificó de “muy volátil”. Recordó subas y bajas significativas en meses previos, con una relativa estabilización en días recientes, y comparó la TAMAR con una inflación cercana al 3% en los últimos meses, lo que implica una tasa real negativa y sugiere que la tasa no se está utilizando como la herramienta principal para contener la inflación. “No está claro cuál es el régimen monetario, a lo largo del tiempo ha ido cambiando: fue el tipo de cambio al principio, la tasa de interés para frenar la inflación y el tipo de cambio en el periodo preelectoral y ahora está medio mezclado”, describió.

    Economía en clave K

    Sobre la actividad, sostuvo que el desempeño es dispar entre sectores. “Hay una sensación térmica en muchos sectores de que la economía no arranca y en otros que anda bárbaro. Es una economía en K, no por los Kirchner, sino porque hay una parte que sube y otra que baja”, afirmó. Explicó la idea de una economía dual: “Tenemos energía, agro, minería, servicios financieros, economía del conocimiento pum para arriba y después tenemos otros sectores como construcciones, industria, consumo masivo, salario y empleos que la están llevando como pueden. La tendencia es muy buena, pero estamos en un pozo, necesitamos empujar para que la economía empiece a andar un poco más”.

    En ese contexto propuso que el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) podría servir como herramienta para impulsar el crecimiento. “Hay algo que en la Argentina podría ayudar y no se está usando, que es el FGS, una forma de empujar esta economía es empezar a inyectarle más fuerza. ¿Qué tiene el FGS? Fondeo a largo plazo, es una de las pocas instituciones que puede dar préstamos a largo plazo”, argumentó.

    En relación con los vencimientos de deuda, remarcó que, si bien los montos son relevantes, el país dispone de los recursos necesarios siempre que mantenga un rumbo favorable. Subrayó la acumulación de reservas como eje clave para la estabilidad financiera y valoró la posibilidad de profundizar el mercado local para ofrecer alternativas a quienes hoy solo pueden colocar sus dólares en plazos fijos. “Me gustó la idea de seguir usando el mercado local donde hay dólares que a la gente se le hace difícil colocar más allá de ir a un banco a un plazo fijo. A medida que pase el tiempo, la gente se va a tranquilizar en ese sentido”, opinó.

    Ambos referentes coincidieron en la necesidad de instrumentos de política económica que fortalezcan el mercado doméstico, gestionen la volatilidad inflacionaria y recuperen la confianza de agentes e inversores, en un escenario donde algunos sectores muestran señales de recuperación mientras otros permanecen rezagados.

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  • En dos años se duplicó la proporción de depósitos privados que financia préstamos a empresas y familias

    En dos años se duplicó la proporción de depósitos privados que financia préstamos a empresas y familias

    La decisión del gobierno de Javier Milei de ordenar las finanzas públicas y recapitalizar el Banco Central de la República Argentina, mediante la eliminación de los pasivos remunerados -depósitos privados en los bancos absorbidos mediante instrumentos de regulación monetaria, como las Letras del BCRA (Lebac), Letras de liquidez (Leliq) y operaciones de pase con garantía de títulos públicos-, obligó a las entidades financieras a centrarse en su función primaria: otorgar crédito, principalmente a empresas e individuos.

    Ese giro comenzó de forma moderada en el segundo semestre de 2024, cuando el Ministerio de Economía y el Banco Central coordinaron la transferencia de los pasivos remunerados, creados para financiar desequilibrios de la Administración Central, que habían alcanzado un máximo equivalente a USD 64.105 millones en el último mes de gobierno de Alberto Fernández y se extinguieron en julio de 2024.

    A partir de ese momento, las estadísticas del BCRA registran un crecimiento sostenido de la proporción de los depósitos privados respecto del total del crédito a empresas y familias. Pasó del 48,2% heredado en el segmento de pesos (equivalente a USD 84.438 millones en noviembre de 2023, al tipo de cambio atrasado de entonces), cayó a un mínimo de 41,1% en enero de 2024 (luego del sinceramiento cambiario que redujo los depósitos equivalentes en dólares a 46.576 millones) y alcanzó 68,6% al cabo del primer año de gestión y 87,1% en el segundo año. En febrero de 2026 se ubicó en 86,2% sobre un total de imposiciones en moneda nacional equivalente a USD 74.997 millones.

    El crédito a empresas y familias pasó de 48,2% de los depósitos en pesos en noviembre de 2023 a 86,2% en febrero de 2026; y en dólares de 26,3% a 52,1% de esas imposiciones en esos meses

    En la franja de dólares también se observó un cambio en el destino de los fondos que las entidades bancarias recibieron de sus clientes. El total de préstamos, principalmente a empresas generadoras de divisas en forma directa (exportadoras) y en menor medida a las que producen insumos cuyo destino principal es la fabricación de productos para exportación, pasó de 26,3% en noviembre de 2023 (USD 3.747 millones) y un mínimo de 22,4% en enero de 2024 (USD 3.547 millones) a un máximo de 56,2% en septiembre de 2025 -previo a las elecciones legislativas- (USD 18.329 millones).

    En febrero retrocedió a 52,1% de los depósitos -aunque comenzó a recuperarse tras haber descendido a 50,1% en diciembre-, pero en monto alcanzó el máximo desde la salida de la convertibilidad en 2001, con USD 19.850 millones.

    Cambios en la operatoria bancaria

    El retiro del Tesoro como principal receptor de los depósitos bancarios, ya sea de forma compulsiva -como los aumentos de los encajes (inmovilización de fondos captados de clientes)- o de manera voluntaria ofreciendo altas tasas con certeza de pago por vencimiento y renovación a muy corto plazo, generó cambios tanto en la composición de los depósitos como en los préstamos del sector privado.

    Del total de las colocaciones, las constituidas en pesos equivalentes en dólares pasaron de representar un máximo de 85,6% del total ($ y USD) en noviembre de 2023 a un mínimo de 65,6% en octubre de 2025 y 66,3% en febrero último.

    El retiro del Tesoro como principal receptor de los depósitos bancarios, ya sea de forma compulsiva -como los aumentos de los encajes- o voluntaria potenció la actividad financiera con la actividad privada

    Por el contrario, la franja en moneda extranjera elevó su participación de 14,4% a 33,7% -tocando un máximo de 34,4% en octubre-, en línea con los objetivos oficiales de fomentar la dolarización en el sistema bancario mediante la captación de los “dólares en el colchón”, primero a través del blanqueo (2024) y últimamente con la reglamentación de la Ley de Presunción de Inocencia Fiscal.

    El nuevo escenario macroeconómico, con un plan de estabilización de precios que permitió que la inflación, que en diciembre registraba 25,5% mensual y 211,4% anual -tras el sinceramiento cambiario, la suba de tarifas y la flexibilización de precios aún regulados-, se redujera a menos de 3% mensual y 33% anual, respectivamente, en la actualidad, provocó que los depósitos destinados a transacciones corrientes de empresas y familias perdieran representatividad sobre el total, en tanto ganaron espacio los vinculados al ahorro (plazos fijos a tasa de interés y ajustables por inflación, en dólares).

    Empresas e individuos salen del cortoplacismo y colocan sus excedentes a más de 30 días en el sistema bancario

    Las imposiciones de tipo transaccional pasaron de representar 45,3% al fin del gobierno anterior a 28,9% actualmente. Disminuyeron en 27 meses de presidencia de Milei, de un equivalente agregado de USD 44.736 millones a USD 32.634 millones (27,1%). Sin embargo, si se toma como referencia diciembre de 2023 -posdevaluación-, aumentaron 9 por ciento.

    Los depósitos para ahorro se incrementaron de 54,7% a 71,1% del total, alcanzando USD 80.435 millones. Crecieron 49,1% con el nuevo gobierno y 125,3% respecto del primer mes de gestión.

    Las variaciones relativas fueron menos marcadas en cuanto al destino del crédito bancario. La proporción de los préstamos totales a empresas en pesos y dólares (dentro del segmento de pesos se consideran los adelantos en cuenta corriente, descuentos de documentos y líneas especiales para el sector productivo -“otros” en la estadística del Banco Central- y el total en moneda extranjera) pasó de 50,9% en noviembre de 2023 y 52,8% en diciembre de ese año a 54,4% en la actualidad. Mientras tanto, los dirigidos a individuos descendieron de 49,1% a 45,6 por ciento.

    En monto equivalente en dólares, ambos segmentos crecieron entre extremos: 103,2% y 76,7%, respectivamente, a USD 45.935 millones y USD 38.573 millones.

    Rezago regional y desafíos a futuro

    A pesar de estos movimientos, el sistema financiero local se mantiene muy rezagado en términos internacionales, con depósitos privados totales ($ y USD) equivalentes a 16% del PBI y préstamos por menos de 12% del PBI, mientras que en la región se ubican en torno de 75% en Chile y Brasil; 57% Paraguay; 55% Ecuador; 46% Perú; 40% Colombia; 35% Bolivia; 31% Uruguay; y 27% México, de acuerdo con los últimos datos del Banco Mundial para 2024.

    Gabriel Martino, empresario y ex CEO del Banco HSBC, afirmó en Infobae en Vivo que el desafío de los bancos es reconvertirse. “Los bancos ganan plata dando créditos”, recordó, y subrayó que para que el sistema vuelva a funcionar se necesitan tasas de interés en pesos que sean “levemente reales positivas” -superiores a la inflación- y una baja volatilidad que genere confianza a largo plazo.

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