Una nueva encuesta de la consultora Zuban Córdoba, realizada entre el 1 y el 3 de abril sobre 2200 casos en todo el país, revela que el 60,7% de los argentinos no votaría hoy por la reelección del presidente Javier Milei; apenas el 29,4% lo haría y un 10% aún no tiene una postura definida, en un contexto marcado por la crisis económica y los cuestionamientos sobre la gestión.
Según el informe, la negativa alcanza al 60,7%, frente a un 29,4% de respaldo y un 9,9% de indecisos. Asimismo, un 60,6% de los encuestados se manifestó en desacuerdo con la idea de que Milei tenga un segundo mandato. Para el 47% de los consultados que no votarían nuevamente al presidente, la “mala gestión económica” es la razón excluyente; dentro de ese grupo, un 24,7% no lo volvería a respaldar por sus “promesas incumplidas”.
Por primera vez, los casos de corrupción adquieren un peso específico determinante, siendo la principal razón de rechazo para el 21,5% de los encuestados. Según el informe, las controversias sobre contrataciones y designaciones han comenzado a perforar la credibilidad del oficialismo más allá de su núcleo duro.
El estudio advierte que este rechazo se explica por la mala gestión económica, señalada por el 47% de los encuestados. El estudio aclara que un 33,9% de quienes lo apoyaron en la segunda vuelta de 2023 declaran haber reducido o retirado su apoyo.
En cambio, el 47% lo respalda por confianza en su liderazgo y un 21,6% lo hace por una cuestión reactiva, asociada al miedo o rechazo a la alternativa peronista. Solo un 19,9% sostiene que su respaldo aumentó en este período.
Finalmente, el 62,4% de los encuestados coincide en que Argentina necesita un “candidato nuevo” que no esté vinculado a ninguno de los partidos actuales.
El Gobierno atraviesa un momento crítico. Las denuncias de corrupción y las conductas éticamente cuestionables hacen ruido, pero el malestar más profundo nace de la economía cotidiana. Entre tensiones internas, defensas fallidas y manifestaciones que evidencian desconexión con la vida real, la gestión se muestra cada vez más paralizada y cuestionada.
Quienes están saturados de información política suelen suponer que la ciudadanía puede recitar los detalles de los casos de corrupción o de las situaciones dudosas que involucran al oficialismo —el caso $Libra, las propiedades de Manuel Adorni o cuántos funcionarios accedieron a hipotecas en el Banco Nación—. La mayoría no sigue esos expedientes con precisión. Lo que percibe son conductas inapropiadas en el poder, en un contexto de deterioro económico que obliga a ajustar hábitos de compra, endeudarse o resignar consumo. En ese marco, el acceso de funcionarios a hipotecas en condiciones ventajosas funciona como un símbolo irritante. No importa si el hecho encaja o no en un tipo penal; importa que contradice la lógica de quienes padecen un ajuste mientras ven a dirigentes ligados al poder obtener créditos inaccesibles para el resto. “Si no llego a fin de mes cómo puedo pensar en comprarme una propiedad. “La sanción pública a Adorni responde al mismo sentimiento.
Las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, en su entrevista con Luis Majul ilustran esa distancia respecto del sentido común. Al afirmar que alienta a sus funcionarios a endeudarse porque eso beneficia al país, o que Argentina debería avanzar hacia un sistema hipotecario similar al estadounidense, donde el impago es un problema de los bancos, parte de un diagnóstico equivocado: describe un problema que no existe y omite el que sí afecta a la mayoría.
Los datos de opinión pública muestran con claridad las dificultades actuales de la población. En nuestro estudio nacional de marzo, solo el 27% de los hogares declaró llegar a fin de mes sin problemas. El resto recurre a estrategias defensivas: 50% dejó de comprar productos necesarios, 23% se endeudó con tarjeta, 22% pidió dinero prestado y 14% debió usar ahorros. No se trata de hipotecas impagas, sino de endeudamiento para subsistir.
La desagregación por nivel socioeconómico confirma que el ministro expresa la lógica de los sectores más altos de la sociedad. Entre los más empobrecidos, 55% cambió hábitos, 36% pidió dinero prestado y 26% usó la tarjeta para financiar gastos básicos. En la clase media baja, la mitad modificó hábitos de compra, 21% pidió dinero prestado y otro tanto se endeudó con la tarjeta. Incluso en la clase media típica, 50% cambió hábitos, 24% tomó deuda vía tarjeta de crédito y 15% necesita que le presten dinero para cubrir gastos corrientes. El endeudamiento dejó de ser una herramienta de inversión familiar y se convirtió en un mecanismo para compensar ingresos deteriorados.
En los barrios populares del Conurbano, la falta de ingresos y la necesidad de crédito abren espacio a prestamistas informales que operan con tasas usurarias. En algunos casos se señala que estructuras vinculadas al narcotráfico ocupan el vacío dejado por el Estado y se convierten en referencia financiera para sectores sin acceso al crédito formal.
Milei afronta ahora el riesgo de la desilusión. Como muestran la mayoría de las encuestas, un sector de sus votantes comienza a preguntarse si el esfuerzo del ajuste vale la pena. Su triunfo se apoyó en un enojo profundo con la dirigencia anterior: cuando el encierro por el covid-19 y el temor a la muerte fueron burlados por una fiesta de cumpleaños. Si la situación económica no mejora y los gestos de privilegio se acumulan, ese enojo puede reorientarse y volverle como un bumerán.
—Usted fue el arquitecto del plan de dolarización que probablemente permitió a Javier Milei llegar a la presidencia, pero el Gobierno optó luego por fortalecer el peso. ¿Qué cambió entre aquel Milei candidato, y luego electo presidente, para abandonar la idea de la dolarización?
—Es una excelente pregunta. En realidad habría que hacérsela más a Milei que a mí. No hablé del tema con él, por lo que no puedo ofrecer una respuesta concreta y no quiero especular.
—¿Cómo hubiera sido? Por lo menos, cuéntenos como usted lo hubiera llevado adelante en ese diciembre de 2023.
—Para empezar, el plan que teníamos era gradual; no pensábamos en una dolarización inmediata. La población suele asociar la palabra “dolarización” con realidades muy distintas entre sí. Es un término genérico: como un sándwich, que puede ser de jamón y queso o de milanesa.
—Hay diferentes formas de dolarizar.
—En Ecuador no fue igual que en El Salvador; en El Salvador no fue igual que en Panamá. Y nada que ver con lo que pasó en Zimbabwe o con la adopción del euro por parte de varios países de la Unión Europea. La dolarización, en su esencia, es la adopción de una moneda extranjera como moneda de curso legal, es decir la sustitución de la moneda local por otra extranjera. Por eso el término genera confusión: existe una dolarización de jure y otra, que ya vivimos, de facto. Si uno mira las estadísticas del Indec, los argentinos tienen lo que se llama en moneda y depósito 257 mil millones de dólares. Si sumamos todos los depósitos privados en el sistema bancario argentino, hoy suman 75 mil millones de dólares, y la circulación monetaria es del orden de 18 mil millones de dólares. En conjunto, la cantidad de dólares efectiva que manejan los argentinos es varias veces la de pesos en circulación —cinco o seis veces, por dar una idea—, lo que muestra que la gente eligió al dólar como moneda, aunque no siempre esté dentro del sistema financiero formal. Esos dólares muchas veces están fuera del país, en cajas fuertes, debajo del colchón o en otro tipo de resguardos, y no integrados a la actividad productiva y comercial del país.
Lo que proponíamos era un esquema similar al de El Salvador: un sistema financiero operando íntegramente en dólares, mientras que el peso mantendría existencia para transacciones en efectivo durante un período de transición. La implementación requería varias acciones coordinadas —incluyendo conversaciones con el gobierno de Estados Unidos, con el Fondo Monetario Internacional, etc.— y todo ello quedó explicitado en un documento de trabajo de la Ucema con el proyecto de ley y las cuestiones legales desarrolladas; es material de dominio público para quien quiera revisar los detalles. Cada país tiene sus particularidades y no existe una receta única: había que estudiar lo que funcionó en otras experiencias, adaptarlo a la realidad argentina e integrar el dólar a los flujos económicos de forma abierta y conectada al mundo.
—Usted habrá leído seguramente que Milei recientemente, en un reportaje en Bloomberg, dijo que su estrategia consistía en tomar activos del Banco Central contra el Gobierno, para que luego esos títulos pasaran al mercado con la situación de hacernos de dólares para vender esos títulos. Pero dijo el Presidente: “Es probable que si hubiéramos hecho esta operación a los precios de mercado en aquel momento, creo que estaban a 16, 18, lo que hoy está a 50 y pico, la política hubiera dicho que había una estafa y nos hubiera acusado de algún negocio turbio y nos hubiera mandado a la cárcel”. ¿Es distinto lo que él plantea de lo que usted planteaba?
—Sí. De hecho, le advertí al Presidente justamente eso que él menciona. Nuestra propuesta no tenía nada que ver con la operación a la que alude. Lo que queríamos evitar era malvender activos o títulos públicos que, por el solo anuncio de una reforma, podían revalorizarse; no tenía sentido venderlos a precios bajos. Cuando se manejaron valores de ese orden —20 centavos entonces, y hoy varias veces más—, nuestra alternativa buscaba una ingeniería financiera más compleja, que demandaba cierto apoyo internacional y que hubiese creado para el mercado argentino un activo seguro, un título estructurado con garantías que permitiera al sistema financiero operar con menor riesgo. Si se quiere una analogía, la idea se parecía a la de los bonos Brady de la reestructuración de fines de los 80 y principios de los 90, aunque no era idéntica. Esa vía no prosperó, y quiero dejar claro que la propuesta de mi equipo no proponía malvender activos. Cuando el Presidente habló de “vendamos”, yo le dije: “No, este no es el camino, no nos conviene”.
LA DOLARIZACIÓN EN ARGENTINA. “La dolarización que nosotros vivimos, sin que el presidente Milei o ningún presidente la decida, es la dolarización que hemos hecho los argentinos. Esa es una dolarización de facto”. (FOTO MARCELO DUBINI)
—¿Es correcto decir que también se buscaba un apoyo de fondos del interior dispuestos a desembolsar alrededor de 30 mil millones de dólares dentro de su plan?
—No. Milei mencionó varias propuestas distintas para dolarizar; una de ellas tenía que ver con lo que usted trae, pero la que estaba en mi equipo era otra y no requería esa suma. Yo no estaba al tanto de todas las propuestas, solo de la que mi equipo venía trabajando.
—Le preguntaba porque más allá de que no era su propuesta, los 30 mil de alguna manera resuenan con los 20 mil de Bessent y lo escuché a usted en una exposición reciente decir que a lo mejor se podría haber dolarizado cuando vino Bessent a la Argentina. Me gustaría entonces, aunque sea contrafáctico, que nos contara cómo hubiera sido en el otoño del año pasado.
—La supuesta necesidad de dólares está sobredimensionada. Los países que han dolarizado no necesariamente lo hicieron con abundantes reservas en el Banco Central; el caso más citado es Ecuador, que dolarizó con el Fondo Monetario en contra y estando en default de su deuda externa, tras una crisis bancaria. Las magnitudes y las circunstancias varían, pero hay algo clave: los argentinos ya tienen muchos dólares. Es importante entender que la mayor parte del dinero que circula lo crea el sector privado a través del sistema financiero, no el Gobierno. Para poner números concretos: la circulación monetaria en términos de dólares son 18 mil millones, mientras que el M3 ronda los 120 mil millones de dólares. La diferencia la explica el multiplicador del sistema financiero, que expande créditos y depósitos. Técnicamente, la deuda directa del Gobierno en moneda relevante para este debate son esos 18 mil millones equivalentes; el resto son obligaciones del sistema bancario, es decir, depósitos.
Los sistemas financieros operan con reserva fraccionaria —una reserva que puede ser del orden del 10%, 15% o 20% de los depósitos— y funcionan habitualmente bajo esa regla sin que ello conduzca al colapso. Por eso la idea de que una dolarización necesariamente provocaría una corrida bancaria es, en mi opinión, un error. Si uno fija paridades por debajo del valor de mercado, claro que se genera demanda excedente de dólares y eso puede provocar tensiones; por eso insistí hasta el cansancio en que cualquier esquema de dolarización debía reflejar los valores de mercado. Si la paridad refleja el equilibrio de oferta y demanda, no hay motivo para una corrida generalizada.
Hay experiencias que ilustran esto: en Ecuador, cuando se estableció el plazo para canjear sucres por dólares, existía un riesgo real de que, pasado el límite, esos sucres valieran cero, lo que incentivó el canje; aun así, un tercio de los sucres no se presentó al 30 de junio y el gobierno tuvo que extender el plazo. Ese episodio desmiente el fantasma de que la gente saldría masivamente a vaciar los bancos por el solo anuncio de la dolarización. Hoy, por ejemplo, hay alrededor de 40 mil millones de dólares en los bancos; esa cifra no se traduce automáticamente en una corrida porque la economía necesita liquidez transaccional para pagar sueldos, impuestos y proveedores: si alguien retirara esos fondos y los enviara al exterior, necesitaría traerlos de vuelta para sostener la actividad.
—Siguiendo el planteo, tendrían que ser el encaje.
—En la Argentina los encajes de los depositantes son relativamente altos. El Banco Central posee hoy 14 mil millones de dólares en reservas netas según los cálculos de varios analistas, y del total de depósitos en dólares —alrededor de 38 o 39 mil millones— aproximadamente 15 mil millones están comprometidos en préstamos. Por eso, pese a que parezca que no existe respaldo completo de esos depósitos, la gente no actúa como pronosticaban los apocalípticos de noviembre de 2023. Mi idea era, en todo caso, disponer de una “vitirina” y de un martillo por si alguien intentaba provocar deliberadamente una corrida; pero eso no significa que la dolarización sea inviable. En El Salvador, el proceso que propuse tomó dos años y se hizo siempre a valores de mercado. Si se respeta el precio que fija la interacción entre oferta y demanda, no hay por qué alimentar el fantasma de la corrida.
—¿Existe todavía una ventana económica para dolarizar?
—Por supuesto. La ventana siempre estuvo abierta. El Gobierno eligió otro camino, pero la dolarización sigue siendo posible si se adapta a las circunstancias concretas. Por ejemplo, la relación con Estados Unidos hoy es mucho mejor que la que teníamos en noviembre de 2023; entonces algunas condiciones que eran inciertas en ese momento hoy ya no lo son.
—Hoy sería más fácil que en noviembre de 2023
—Mucho más fácil. Además, a la administración estadounidense actual le interesa la dolarización en el marco de su Programa de Integración de las Américas y por razones económicas: con sus déficits fiscales, a Estados Unidos le conviene una mayor demanda global por dólares. Desde una mirada geopolítica y económica, a EE. UU. le resulta conveniente que más países adopten el dólar.
—Usted sostuvo también que la viabilidad de una dolarización depende mucho más de la solidez fiscal que de las reservas del Banco Central, ¿puede ser que eso también haya contagiado a la actual administración económica respecto a que no son necesarias reservas?
—Son dos cuestiones distintas. El debate sobre si un régimen de tipo de cambio fijo o la dolarización permiten sostener déficits fiscales se ha discutido ampliamente. La evidencia muestra que algunos países han tenido flexibilidad fiscal bajo regímenes de tipo de cambio fijo; hay muchas variables en juego y resulta difícil hacer predicciones precisas. No buscaría una relación directa entre esa afirmación mía y la política actual del Gobierno: no tengo contactos con ellos, no hablo con el equipo económico y no ejerzo ninguna injerencia sobre sus decisiones.
—Usted pasó varios años como investigador asociado al Center for Strategic and International Studies de Washington, ¿cuánto la cuestión geopolítica es determinante para facilitar o dificultar un proceso de dolarización?
—Es muy importante. A fines de los 90, en Estados Unidos se discutió seriamente la dolarización para las Américas: hubo un proyecto en el Senado impulsado por el senador de Florida Connie Mack que proponía compensar a países por el señoreaje perdido si adoptaban el dólar. La discusión se interrumpió con la crisis argentina y quedó en suspenso hasta tiempos recientes, cuando volvió a cobrar fuerza en parte por Milei y otras circunstancias. La geopolítica juega: la decisión debe tomarse en función de las necesidades nacionales, no de intereses externos, pero coincidir con una visión favorable de Estados Unidos puede facilitar procesos y acuerdos internacionales.
—A ver si interpreto. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, afirmó que la dolarización que elimine una moneda argentina sería inconstitucional. ¿Su proyecto no eliminaría la moneda de Argentina?
—No necesariamente. Creo que Rosatti se equivoca en su interpretación; él conoce mucho de derecho, pero menos de las distintas formas de dolarización. Como ya dije, “dolarización” es un concepto amplio. La Argentina circuló en la segunda mitad del siglo XIX con múltiples monedas extranjeras que tenían curso legal; se podían pagar impuestos con ellas y eso nunca se consideró inconstitucional. La palabra “moneda nacional” no aparece en el texto constitucional originario. Alberdi, en su proyecto de Constitución, no contempló la figura del Banco Central como emisor exclusivo. Por eso afirmar de plano la inconstitucionalidad me parece una lectura anacrónica y poco ajustada a la práctica histórica. En un artículo en mi blog respondí con mayor extensión a la opinión de Rosatti; en esencia, creo que hablamos de cosas distintas.
—Curso legal.
—La Constitución no define expresamente el concepto de “curso legal” ni establece que deba existir una única moneda nacional. Entre 1852 y 1900 circularon en la Argentina monedas bolivianas, peruanas, españolas, etc., con curso legal fijado por ley y paridades establecidas, sin que eso fuera cuestionado como inconstitucional. Nuestra Constitución es la de 1853 con reformas; no hay en ella una prohibición tajante a esquemas distintos de moneda.
—Usted mencionaba la geopolítica y el contexto de fines de los 90 en que no solo la Argentina tenía convertibilidad. Brasil, la mayor economía latinoamericana, tenía una forma de convertibilidad con el Plan Real. En un contexto como usted decía, donde Estados Unidos miraba a América y que dejó de mirarla. ¿Por qué en Brasil se pudo salir de la paridad 1 a 1 con el dólar, que con sus diferencias podía tener alguna sensación de semidolarización, y en la Argentina no, y qué diferencia a los políticos brasileños que por lo menos hasta esa época eran tan o más irresponsables que los argentinos respecto del gasto público?
—Yo no lo atribuiría tanto al gasto público como al respeto por la ley. Una característica central de la Argentina es la anomia institucional: el Estado, cuya función es hacer cumplir la ley, suele ser el principal violador de la ley de forma impune. Un ejemplo elocuente fue la ley de intangibilidad de los depósitos aprobada en agosto de 2001 y que, pocos meses después, fue vulnerada con la pesificación asimétrica y las medidas de 2002 que implicaron la confiscación de ahorros. Ese quiebre del contrato tuvo efectos devastadores. Brasil no tuvo exactamente ese tipo de rompimiento institucional. Por eso la historia cuenta: si uno arma un modelo para explicar la prima de riesgo país con variables macroeconómicas, la historia previa de cada país pesa mucho; la trayectoria importa más que un solo indicador puntual.
—Usted recordará que era 1,40, que era el objetivo de aquella.
—40%.
—En Brasil fue mayor todavía porque fue a 1,85 y sin embargo resistió y luego llegó a 4.
—No fue una devaluación del 85% de una sola vez; hubo movimientos escalonados, pero lo central es que no se destruyeron contratos como ocurrió aquí. Ese tipo de decisiones —confiscatorias o que rompen las reglas del juego— es lo que deja secuelas profundas y explica por qué la Argentina no logró repetir la trayectoria de otros países.
—Permítame hacerle otro contrafáctico. El país logra hacer lo de Brasil, que distintos partidos de distinto signo mantengan un ordenamiento macroeconómico y respeto por las normas. Pasen 20 o 25 años y eso se instale y cambie la cultura. En ese punto, ¿es mejor tener una moneda como tiene Brasil y en ese caso la comparación a los 25 años sería mejor eso que la dolarización? ¿La dolarización es una ventaja en el corto plazo y una limitación a largo plazo?
—La dolarización es una ventaja si se plantea como libertad monetaria y no como imposición. No se trata de imponer el dólar, sino de reconocer la realidad de la dolarización de facto y permitir que la gente elija la moneda con la que quiere operar. John Stuart Mill ya criticaba la idea de la moneda como un símbolo nacional impositivo. Si estuviera en un país con estabilidad monetaria comprobada, no estaría proponiendo dolarizar; la dolarización es una respuesta a un problema concreto: en la Argentina llevamos décadas sin una moneda estable. Para nosotros la prioridad es permitir que la gente pueda elegir libremente su unidad de cuenta y que los instrumentos monetarios no dependan exclusivamente del Estado.
—Estaba planteando un contrafáctico simplemente como un análisis teórico. Si el problema no existiese, sería mejor tener moneda o adoptar la moneda de Estados Unidos. Y usted mismo me está dando la respuesta diciendo que está en contra incluso de que los Estados Unidos tenga el dólar.
—Exacto. Y recuerde que cuando existía el patrón oro, la moneda era el oro.
—¿Podríamos decir que la moneda es una cuestión geopolítica, y que por eso Europa tiene el euro, China tiene el renminbi y Estados Unidos el dólar?
—No tenemos que aspirar a un Estado utópico. Si estuviera en un país con estabilidad monetaria, donde los empresarios pueden estimar la rentabilidad de sus proyectos con relativa seguridad, no hablaría de dolarización. Pero la Argentina no es ese caso: desde la creación del Banco Nacional en 1826, han pasado 200 años de historia monetaria y en alrededor del 75% de ese tiempo hemos tenido episodios de depreciación. Esa trayectoria explica por qué estamos donde estamos hoy.
—Ahora usted pone el caso de Rivadavia, y lo escuché en una reciente conferencia suya, hablar de Ecuador, diciendo que Correa pudo hacer de todo menos traer la inflación. Ahora, desde el punto de vista de la irresponsabilidad fiscal de los políticos, podría ser lo mismo, porque pueden endeudarse, ¿no? El caso de Rivadavia.
—Pueden endeudarse y pueden hacer default. Correa, por ejemplo, hizo un default en 2008 que no era estrictamente necesario, y Ecuador también defaulteó en 2020 en circunstancias diferentes a las nuestras. Incluso administraciones subnacionales con dólar han incumplido. La ventaja de la dolarización es separar lo fiscal de lo monetario: una mala moneda mezcla ambos problemas y genera los incentivos perversos que conocemos. Aquí, diariamente la gente chequea el valor del dólar; esa realidad habla por sí misma.
—Hablemos entonces del sistema cambiario monetario del gobierno actual. Dejemos el revisionismo de lo que pasó. Cuénteme su propia visión de la economía argentina hoy.
—El Gobierno está haciendo un esfuerzo importante por desmantelar el esquema proteccionista y corporativista que ha predominado durante décadas, y en líneas generales apoyo las medidas de desregulación. No obstante, existen intereses muy poderosos que buscan preservar el statu quo. Además, el calendario electoral —con plazos cortos que obligan a gobernar y a hacer campaña alternadamente— complica la implementación y la maduración de reformas profundas: muchas transformaciones requieren tiempo para mostrar resultados, y la única reforma que se siente de inmediato es la monetaria. Por eso la estabilidad monetaria es la madre de todas las reformas: sin ella es muy difícil que la inversión privada retorne en términos sostenidos. La incertidumbre sobre el tipo de cambio futuro desalienta la inversión y fomenta la búsqueda de rentas mediante privilegios, protecciones o exenciones. El Gobierno está en el rumbo correcto en términos generales, aunque bajar una inflación mensual de 25%-30% a 3% es relativamente más fácil que pasar de 3% a 0,5% mensual; queda mucho por hacer.
—Permítame ponerlo en estos términos. Aquella idea de que el orden de los factores sí altera el producto. Por ejemplo, hay una discusión sobre que el Gobierno se equivocó al poner bandas. Así opina Arriazu por ejemplo, y que debería ir a dólar fijo. Hay quienes consideran que el Gobierno se equivocó e hizo mala praxis con un objetivo electoralista al liberar el cepo para las personas físicas y no a las jurídicas, alentando a que las personas compren mayor cantidad de dólares de lo que normalmente hubieran comprado. Le pido su evaluación técnica.
—Desde afuera siempre es más fácil opinar. Yo tengo mi posición y la he expresado públicamente: habría hecho otras cosas. Pero en el terreno técnico uno trabaja con probabilidades, no certezas. El equipo económico consideró —y considera— que el esquema de bandas puede funcionar; hay personas técnicamente sólidas y con capacidad allí. Yo prefiero darles la oportunidad de demostrar si su enfoque es acertado o no. Tengo una opinión distinta, pero respeto el marco democrático y la libertad de expresión en la discusión pública.
EL DIAGNÓSTICO MONETARIO. “Para poner los números concretos, hoy por hoy, la circulación monetaria son, en dólares equivalentes, 18 mil millones de dólares. Pero el M3 son 120 mil millones de dólares”. (FOTO MARCELO DUBINI)
—¿Qué haría?
—Hubiera dolarizado, sin duda.
—Ahora, inclusive.
—Incluso hoy, sin duda, aunque no tengo la bola de cristal. Se trata de evaluar probabilidades: hay escenarios donde este esquema puede funcionar, y la pregunta es qué probabilidad uno asigna a esos escenarios. Mis recomendaciones se basan en el estudio de la historia argentina y en la convicción de que la moneda es un elemento central para la estabilidad de largo plazo.
—¿Con qué la compara?
—Creo que el problema argentino es sistémico. Existen distintos modelos de capitalismo en el mundo; el nuestro es una mezcla que heredó rasgos corporativistas desde la época de Perón en 1945 y que condiciona la forma en que manejamos la economía. El intento más serio de reforma fue el de Menem en los 90 y lo que más contribuyó a su éxito fue la reforma monetaria. Milei intenta hoy algo parecido: abrir la economía e integrarla al mundo. Hay sectores que se benefician del proteccionismo y que resistirán los cambios; la cuestión es cómo reducir el costo de transición hacia una economía más abierta, teniendo en cuenta además el calendario electoral que obliga a gestos de corto plazo.
—Quería ir al caso de Brasil, a ver si le parece plausible esta idea, que es un gobierno de un partido aún mucho más a la izquierda del peronismo, que era el Partido de los Trabajadores, que incluso tiene en su escudo reminiscencias soviéticas, colocó al frente del Banco Central cuando asumió a una persona, podríamos decir de una concepción ortodoxa, que el equivalente en la Argentina sería el día que el peronismo pueda colocar al frente del Banco Central a una persona que transmita continuidad, ¿la dolarización no sería necesaria en ese caso?
—La anomia institucional es la otra cara de la inconsistencia temporal de la política económica. Los países tratan de resolver esto estableciendo reglas: por ejemplo, impedir la expansión monetaria para financiar déficit. Pero si las reglas se violan cuando conviene —y en la Argentina eso ha ocurrido repetidamente— la independencia formal de instituciones como el Banco Central se diluye en la práctica. Tenemos una carta orgánica del Banco Central que, aunque otorgó cierta autonomía, no ha bastado para garantizar independencia real; distintos estudios que puntúan las cartas orgánicas de bancos centrales sitúan la nuestra más cerca de un 50-60 sobre 100 en términos relativos, y de facto estamos en una situación de dependencia. Eso es anomia institucional: no respetamos nuestras propias reglas.
—Permítame hacerle otro contrafáctico. El país logra hacer lo de Brasil, que distintos partidos de distinto signo mantengan un ordenamiento macroeconómico y respeto por las normas. Pasen 20 o 25 años y eso se instale y cambie la cultura. En ese punto, ¿es mejor tener una moneda como tiene Brasil y en ese caso la comparación a los 25 años sería mejor eso que la dolarización? ¿La dolarización es una ventaja en el corto plazo y una limitación a largo plazo?
—La dolarización es una ventaja si se entiende como libertad monetaria y no como una imposición desde el Estado. Personalmente prefiero un sistema donde las personas puedan elegir su moneda. Si la Argentina llegara a consolidar durante décadas un marco institucional y macroeconómico confiable, probablemente la decisión de mantener una moneda propia sería totalmente sensata. Pero dada nuestra historia y la incapacidad recurrente de sostener reglas por largos periodos, la dolarización ofrece mayor probabilidad de estabilidad en horizontes de largo plazo.
—Sumo argumentos. En Brasil, la dictadura era dictablanda, se mantuvieron las elecciones para gobernadores e intendentes. En Brasil no se estatizaron los medios de comunicación. O sea, en Brasil, aun en la dictadura, se mantuvieron determinadas reglas.
—No soy el más indicado para hacer una comparación histórica detallada entre ambos países, pero sin duda esas diferencias institucionales que usted menciona influyen. No es casualidad que países como Chile o Perú hayan llegado donde están: es causalidad de décadas de políticas consistentes. Nosotros no hemos sido capaces de sostener ese camino; hay elementos institucionales y políticos que nos anquilosan y que dificultan replicar esas trayectorias.
El lunes 12 de agosto de 2015 quedó marcado en la memoria como “el día de la mayor pérdida de valor de la historia argentina”. Las acciones de las empresas nacionales se desplomaron más del 60% en Wall Street; en el Merval retrocedieron un 33% en términos reales y el peso se devaluó un 23% frente al dólar. Ese recuerdo se reactivó tras la derrota de LLA en las elecciones bonaerenses de septiembre pasado, y solo fue contenido por el anuncio del Tesoro norteamericano de un préstamo de 20 mil millones de dólares y por la promesa de “lo que fuera necesario” (whatever it takes).
Las posibilidades de que, en agosto del año próximo, Estados Unidos repita un salvataje semejante son inciertas; en cambio, es más probable que se reactiven los mismos temores de los mercados financieros ante el mero riesgo de una eventual derrota del Gobierno. Si la alternancia es la base de todo sistema democrático, el problema central de la economía argentina es la inconsistencia intertemporal de sus políticas macroeconómicas básicas.
El anuncio del “salariazo” de Menem en su campaña dinamitó la ya muy fragilizada economía de Alfonsín. De la Rúa, para suceder a Menem, tuvo que prometer la continuidad de la Convertibilidad. Kirchner, para ganar por primera vez en 2003, anunció que mantendría al entonces ministro de Economía Roberto Lavagna. El regreso de Cristina Kirchner como candidata a vicepresidente provocó la citada hecatombe que sufrió Macri el lunes 12 de agosto tras su derrota en las PASO. Y el anuncio de campaña de Milei sobre la dolarización de la economía potenció la aceleración inflacionaria del gobierno de Alberto Fernández. De cara a 2027, ni siquiera hace falta una profecía autocumplida: parte de la renovación de la deuda en pesos del gobierno de Milei se fijó con vencimiento previo al cambio de gobierno, justamente para cubrirse de ese riesgo.
Lo que Milei llama “efecto kuka” atraviesa las cuatro décadas de nuestra recuperación democrática y, en realidad, consiste en un empeoramiento asociado al cambio de gobierno, salvo cuando el candidato de la oposición se compromete a garantizar la continuidad de los aciertos económicos de su competidor o cuando la reelección del oficialismo resulta segura.
¿Qué hacer entonces? Hay dos opciones: colaboración o aniquilamiento.
Aniquilamiento. El gobierno de Milei apuesta a asociar al candidato peronista al caos económico para generar temor entre los votantes, que podrían optar por no elegirlo ante el riesgo de convertirse en víctimas de un descalabro económico; ese voto por miedo fue con el que el Gobierno logró imponerse en las elecciones de octubre pasado.
Paralelamente, un candidato kirchnerista podría considerar que le conviene que LLA instale la idea del “cuco kuka”, un fantasma peronista desestabilizador: así Milei se estaría disparando un tiro en el pie, porque las consecuencias del caos económico las sufriría antes de las elecciones el propio gobierno de LLA, facilitando y no dificultando el ascenso de la oposición frente a un oficialismo cuya economía ya está en caos y cuyos votantes no tienen nada que perder.
Alentar la polarización mediante escenarios apocalípticos para cosechar adhesiones es un arma de doble filo: funciona en el presente, pero es una bomba de tiempo segura para estallar en el futuro.
Colaboración. Un ideal, probablemente utópico, sería que los candidatos con posibilidades reales firmaran un compromiso para mantener ciertos lineamientos macroeconómicos básicos: una suerte de Pacto de La Moncloa concentrado en un puñado de compromisos económicos; o, como hicieron en Israel en los años 80 con éxito, que todos los partidos acordaran medidas para ordenar la economía y erradicar la inflación.
Otra alternativa sería que, antes de las PASO en 2027, oficialismo y oposición votaran por unanimidad un presidente del Banco Central que, con acuerdo del Senado (el último así designado fue hace más de una década), pudiera atravesar el mandato del presidente electo más allá del partido que ganase, garantizando estabilidad e independencia frente al Poder Ejecutivo.
La colaboración cobra sentido cuando ambos sectores en pugna descubren que la aniquilación del oponente equivale a la propia autodestrucción: la disuasión nuclear mutua que inhibió durante décadas el uso de armas atómicas entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética.
Mañana PERFIL publica un extenso reportaje al economista Emilio Ocampo, director del Centro de Estudios de Historia Económica de la Universidad del CEMA y autor, entre otros libros, de Dolarización: una solución para la Argentina y Argentina dolarizada. Para Ocampo, la única “vacuna” contra la volatilidad monetaria ante cada cambio de gobierno es que no dispongamos de moneda propia, y lo expone con argumentos que merecen ser analizados.
En su visión predomina más el historiador que el economista: proyecta lo que en el mundo anglosajón se denomina “dependencia de la trayectoria” (path dependency), esa idea de “lo que ha sido será” que llevó a Zaratustra, según Nietzsche, a asumir la dificultad de torcer el rumbo de un destino cimentado por el pasado.
Los antecedentes de la economía argentina, desde Alfonsín hasta la fecha, son una evidencia de esa “dependencia de la trayectoria”; sin embargo, el Brasil de poco más de veinte años atrás mostró pruebas comparables y logró romper con la aparente inevitabilidad de la repetición.
Allí la clave fue que un presidente como Lula —siendo un líder sindical combativo y representante de un partido más a la izquierda que el peronismo— supo romper con “el pasado me condena” y puso al frente del Banco Central a un economista opositor, diputado del partido de Fernando Cardoso, expresidente mundial del Banco de Boston con sede en Estados Unidos, Henrique Meirelles.
Algo similar sucedió con la Concertación de centroizquierda en Chile tras la salida de la dictadura, que mantuvo las bases macroeconómicas legadas por Pinochet. Y en Uruguay, donde el Frente Amplio llevó a la presidencia a un exguerrillero como Pepe Mujica, éste ofreció a su rival en la interna, el economista conservador Danilo Astori, sumarse como vicepresidente de su gobierno.
Siguiendo esos ejemplos, el candidato del peronismo podría anticipar la designación de un presidente del Banco Central y/o de un ministro de Economía que otorguen tranquilidad a los mercados.
En cualquiera de los casos, el síndrome de agosto de 2019 plantea un desafío para nuestro sistema político.
En medio de la escalada bélica en Medio Oriente, el presidente Javier Milei anunció este jueves que viajará a Israel entre el 19 y el 22 de abril para participar de los actos por el Día de la Independencia. A la ceremonia también fue invitado el mandatario de Estados Unidos, Donald Trump.
El jefe de Estado ratificó su participación en el encendido de antorchas previsto para el 21 de abril mediante un retuit de una publicación de la Agencia Judía de Noticias (AJN), que confirmó su presencia en ese acto tradicional.
Javier Milei confirmó que viajará a Israel para participar del acto oficial por el Día de la Independencia israelí
No obstante, la concreción del viaje está supeditada a la evolución del conflicto bélico que enfrentan Estados Unidos e Israel con Irán. En caso de realizarse, se tratará de la tercera visita oficial de Milei a ese país desde el inicio de su mandato.
Si bien faltan varias semanas para la fecha prevista, fuentes oficiales argentinas estimaron que para entonces el escenario regional podría mostrar una disminución de la conflictividad.
Voceros diplomáticos señalaron a Infobae que, hasta el momento, el Gobierno argentino no pidió refuerzos de seguridad ni modificó la agenda original, por lo que el itinerario se mantendría sin alteraciones.
El arribo de Milei está previsto para el 20 de abril, mientras que las celebraciones comenzarán la noche siguiente. En ese marco, el Presidente podría participar del encendido de una de las antorchas conmemorativas.
“Acá celebran el Día de la Independencia, Yom Ha’atzmaut, con una ceremonia nacional donde prenden antorchas y se elige, por alguna razón u otra, a héroes o personas sobresalientes de la sociedad. Cada año, en total, se prenden doce antorchas. Esta sería la primera vez que el primer ministro Netanyahu invita a un presidente de otro país a prender una antorcha”, explicó el embajador argentino en Israel, Axel Wahnish, en diálogo con Radio Rivadavia.
El vínculo de Javier Milei con Benjamín Netanyahu, clave en la política exterior argentina
Javier Milei conoció personalmente al primer ministro Benjamín Netanyahu a comienzos de febrero de 2024, cuando incluyó a Israel en su primera gira internacional tras asumir la Presidencia.
En ese viaje, Milei mantuvo encuentros formales con las principales autoridades del Estado israelí. Además, visitó el kibutz Nir Oz, una de las localidades afectadas por el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, se emocionó en el Muro de los Lamentos y luego participó de una celebración en ese mismo sitio con una canción inspirada en la resistencia del pueblo judío.
El presidente Javier Milei en el Muro de los Lamentos durante su visita a Israel en junio de 2025
Asimismo, al arribar al Aeropuerto Internacional Ben Gurión, en Tel Aviv, el Presidente informó su decisión de trasladar la Embajada argentina desde esa ciudad hacia Jerusalén, en una señal de fuerte impacto geopolítico.
A pesar de que algunos medios israelíes dan por hecho que Milei aprovechará esta nueva visita para inaugurar la sede diplomática en esa ciudad, fuentes oficiales de ese país aclararon a la Agencia AJN que esa posibilidad “aún no está confirmada”.
Hasta ahora, sólo Estados Unidos —por decisión de Donald Trump—, Guatemala, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea, Paraguay y Fiyi adoptaron esa medida, que implica reconocer a esa ciudad, históricamente disputada, como capital de Israel.
Irán y la sucesión de Ali Khamenei
El nuevo viaje de Javier Milei se inscribe en un escenario de alta tensión, tras la muerte del ayatolá Ali Khamenei, quien fue eliminado en un operativo militar conjunto impulsado por las administraciones de Trump y Netanyahu.
Durante esa acción, el búnker en el que se encontraba el líder iraní fue destruido mediante un proyectil Blue Sparrow, un misil experimental israelí con capacidad de recorrer cerca de dos mil kilómetros, salir de la atmósfera terrestre y luego descender para impactar en su objetivo.
Semanas después, la Asamblea de Expertos del régimen iraní designó a Mojtaba Khamenei como sucesor en la conducción del país.
Por su parte, recientemente Donald Trump dejó abierta la posibilidad de que Estados Unidos despliegue tropas en Irán con el objetivo de controlar las reservas de uranio enriquecido, e incluso calificó esa eventual medida como “fantástica”.
El Gobierno nacional anunció este miércoles un paquete de reformas que remitirá al Congreso; las iniciativas buscan modificar la ley de expropiaciones, agilizar los desalojos y permitir la venta de tierras rurales a extranjeros.
El encargado de comunicar las medidas fue el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, durante una conferencia de prensa en la Casa Rosada. Allí, además, rechazó cuestionamientos sobre su situación patrimonial y aseguró: “No tengo nada que esconder”.
Según explicó, los proyectos integran una agenda más amplia orientada a fortalecer la seguridad jurídica, atraer inversiones y disminuir la intervención del Estado en la economía.
Cambios en expropiaciones y propiedad privada
Uno de los ejes centrales del paquete es reformar el régimen de expropiaciones: el Gobierno propone limitar su aplicación a casos excepcionales y aumentar las compensaciones económicas para los propietarios afectados.
Desde el oficialismo afirman que la incertidumbre sobre la propiedad privada desalentó inversiones durante años y perjudicó el desarrollo económico.
Desalojos más rápidos contra ocupaciones
Otro de los proyectos pretende acelerar los procesos de desalojo, estableciendo mecanismos más ágiles para recuperar inmuebles ocupados y reduciendo los plazos respecto de la normativa vigente.
La intención oficial es acortar los tiempos judiciales y garantizar la restitución de las propiedades en pocos días, con el objetivo de desalentar las ocupaciones ilegales.
Venta de tierras a extranjeros
El paquete también propone reformar la ley de tierras rurales para suprimir las restricciones a la compra por parte de extranjeros.
El Gobierno sostiene que esta medida permitirá atraer capital internacional en sectores estratégicos como energía, minería y agroindustria, donde se requieren grandes extensiones de terreno para desarrollar proyectos.
Fondos para defensa y gasto militar
En defensa, el Ejecutivo propone destinar un porcentaje de los ingresos de privatizaciones a la compra de equipamiento militar y bienes de capital.
La iniciativa busca reforzar las capacidades del área sin incrementar el gasto público corriente.
Revisión de pensiones por discapacidad
Otro punto clave es la revisión del sistema de pensiones por discapacidad: el Gobierno plantea endurecer los criterios de acceso y controlar posibles irregularidades para asegurar que los beneficios lleguen a quienes los necesitan.
Concesión de Chapadmalal
El paquete incluye además la intención de concesionar por un largo período el histórico complejo turístico de Chapadmalal.
La propuesta apunta a atraer inversión privada para modernizar el predio, reducir costos estatales y potenciar su aprovechamiento turístico.
Designación de jueces
Por último, el Gobierno confirmó que remitirá al Senado decenas de pliegos para cubrir cargos en la Justicia, en un intento por avanzar en la normalización del funcionamiento judicial.
Durante el feriado en conmemoración por el Día de la Memoria, el presidente Javier Milei decidió permanecer en Olivos y dedicó parte de la jornada a responder críticas y comentarios en redes sociales. Entre sus réplicas, el mandatario admitió que hubo “contratiempos” en la búsqueda de reducir la inflación.
“Han habido contratiempos pero eso no hará que abandonemos la lucha con las herramientas del manual de la libertad”, sostuvo el libertario a través de X en respuesta a un usuario que le preguntó si se esperaba inflación 0% para agosto y una proyección anual de entre 15% y 17% para 2026.
Si bien en las últimas semanas el mandatario había reiterado la meta de que la inflación llegara al 0% en agosto, o al menos que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) “comience con cero”, en las últimas horas reconoció “contratiempos” que dificultarían alcanzar una de las metas centrales de la administración libertaria.
Los “contratiempos” que ponen en duda el objetivo
Las declaraciones de Milei implican la posibilidad de que no se cumpla una de las metas consignadas en el Presupuesto, que proyectaba que 2026 cerraría con una inflación de 18,1%, aunque aclaró que para 2027 se espera un número “más bajo” que el actual. De todos modos, se descarta que el IPC comience con cero en agosto o septiembre de este año como se había señalado anteriormente.
La publicación del mandatario generó reacciones encontradas: hubo quienes valoraron la sinceridad y el esfuerzo del Gobierno y quienes le recordaron el impacto de la suba de precios en la vida cotidiana. En ese marco, el funcionario sostuvo que la tendencia es favorable pese a que el problema aún no está resuelto.
Parte del debate se originó cuando el presidente libertario difundió un gráfico en el que comparó la evolución de la inflación interanual durante su gestión con la de gobiernos anteriores y aseguró que, “salvo el actual gobierno, todos los restantes dejaron una mayor inflación que la recibida”.
“Esto no significa que el problema de la inflación esté terminado, pero está claro que vamos por el buen camino“, aclaró el mandatario, quien recordó que entre enero y febrero de 2026 la inflación acumuló un 5,9%, en referencia a la desaceleración de la suba de precios.
En sus mensajes, el jefe de Estado admitió que “todavía hay mucho para ajustar” y ratificó que el Gobierno seguirá con la política de recorte del gasto estatal. “Nunca dije que la tarea haya terminado. Dije que somos los únicos que la estamos bajando desde el nivel heredado”, enfatizó.
“Los indicadores, de a poco, están mejorando”, insistió Milei en materia económica y advirtió que “no es fácil arreglar 100 años de decadencia”. En ese sentido, afirmó que en lo económico “no lo podría haber hecho mejor” y aseguró que, según sus cálculos, el consumo “está en máximos históricos”.
El mandatario también rechazó la intervención estatal en la microeconomía y, para respaldar su postura de mantener al Estado al margen de la gestión económica, preguntó: “¿Sabías que pretender meter al Estado en la ‘micro’ es pedir corrupción y desigualdad ante la ley?”.
Aunque el presidente se mostró activo en redes sociales durante el 24 de marzo, mientras se desarrollaban diversos actos y movilizaciones por el 50⁰ aniversario del último golpe cívico-militar en Argentina, en sus mensajes solo hizo una referencia al Día de la Memoria en la que ponderó al expresidente Raúl Alfonsín, ubicándolo por sobre Néstor Kirchner.
Tras reunirse con el presidente Javier Milei, el ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques confirmó en su cuenta oficial de X que el Gobierno nacional redactará un nuevo Código Penal.
El funcionario detalló: “Acabo de tener una reunión de trabajo con el Presidente Javier Milei en la que hemos decidido avanzar en la redacción de un nuevo Código Penal a la altura de los desafíos actuales. A su vez, en la transición hacia el momento en que tengamos el nuevo Código Penal, trabajaremos junto al Congreso de la Nación en el endurecimiento de penas, la armonización de las mismas y en la incorporación de nuevos delitos tales como: delitos migratorios, estafas piramidales, viuda negra, salideras y entraderas, motochorro, daño animal, armas en las cárceles, picadas y centralidad sobre las víctimas”, detalló el funcionario.
Luego agregó: “También impulsaremos el agravamiento de la pena para: Casos de incumplimiento de deberes alimentarios; Trapitos; Grooming y abuso sexual infantil”.
Según Noticias Argentinas, la reforma del Código Penal contempla más de 900 artículos, lo que dotaría a los magistrados de mayores herramientas y, en teoría, reduciría las posibles “arbitrariedades” al analizar cada causa.
Cuando asumió su cargo, el pasado 5 de marzo, Mahiques escribió en su cuenta de X que “Argentina necesita una Justicia independiente de las disputas políticas, imparcial en sus decisiones, ágil en sus tiempos y moderna en sus herramientas; una institución que proteja a las víctimas, que no confunda garantías con impunidad y que reafirme, sin excepciones, que la ley se cumple para todos por igual”.
La asunción de Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro de Justicia
El pasado 5 de marzo, el exfiscal general de la Ciudad de Buenos Aires Juan Bautista Mahiques reemplazó a Mariano Cúneo Libarona como nuevo ministro de Justicia y le agradeció a Milei “por la confianza para asumir esta responsabilidad. Su liderazgo ha sido claro al marcar el camino: sin justicia no hay futuro posible. Ese rumbo exige instituciones que funcionen con arreglo al Estado de Derecho y un sistema jurídico con reglas claras y estables, que reconstruya la confianza pública, brinde seguridad real y un marco previsible para quien cumple la ley”.
También tuvo palabras para la hermana del mandatario: “Agradezco a Karina Milei, Secretaria General de la Presidencia, por su apoyo permanente y por la dedicación con la que conduce y fortalece al equipo político del Gobierno”.
Mientras miles de personas se concentraban en la Plaza de Mayo para recordar los 50 años del último golpe de Estado, Javier Milei permaneció en Olivos y optó por responder críticas sobre la economía a través de la red social X. El presidente se centró principalmente en los cuestionamientos relativos a la inflación y al rumbo del plan económico.
En sus publicaciones, Milei admitió contratiempos en la meta de reducir la inflación, un objetivo central de su gestión. Al responder a un usuario que le preguntó por la proyección de inflación anual para 2026 y la posibilidad de alcanzar inflación cero en agosto, el mandatario reconoció: “Han habido contratiempos, pero eso no hará que abandonemos la lucha, con las herramientas del manual de la libertad”. Ese mensaje, que puso en primer plano las dificultades para cumplir las previsiones iniciales, se transformó en el eje del debate público.
Han habido contratiempos pero eso no hará que abandonemos la lucha con las herramientas del manual de la libertad…
— Javier Milei (@JMilei) March 24, 2026
Las declaraciones del presidente provocaron reacciones diversas: mientras algunos seguidores valoraron la sinceridad y el esfuerzo oficial, otros remarcaron el efecto de la suba de precios en la vida cotidiana. Frente a críticas por la persistencia de la inflación, Milei explicó: “Puede aumentar todo y bajar la inflación porque esta mide la tasa de variación de precios… Por ende, si suben, pero menos que antes, la inflación baja”. Con esa defensa intentó mostrar una evolución favorable de los indicadores, aunque reconoció que el problema no está resuelto.
El intercambio se originó cuando el Presidente difundió un gráfico para comparar la inflación interanual de su gestión con la de administraciones anteriores. Según su interpretación, “salvo el actual gobierno, todos los restantes dejaron una mayor inflación que la recibida”. La publicación incluyó la aclaración: “Esto no significa que el problema de la inflación esté terminado, pero está claro que vamos por el buen camino”.
Entre enero y febrero de 2026, la inflación acumuló un 5,9%. Ese dato fue esgrimido por Milei para sostener el avance en la contención de la suba de precios. Al ser interpelado sobre el resto de los indicadores económicos, ironizó: “Si querés te hago actividad y pobreza para hacértelo más fácil… ya que con dibujitos puede que tengas mayores chances de entender”. Además, prometió que en 2027 la inflación será “más baja” que la actual.
En sus respuestas, el jefe de Estado ratificó la decisión de reducir la cantidad de ministerios y achicar la planta de trabajadores públicos. “Todavía hay mucho para ajustar”, afirmó, y confirmó la continuidad de la política de recorte del gasto estatal. En otra publicación sostuvo: “Nunca dije que la tarea haya terminado. Dije que somos los únicos que la estamos bajando desde el nivel heredado”. En el mismo sentido agregó: “Aún falta mucho, pero vamos por el buen camino”.
Puede aumentar todo y bajar la inflación porque esta mide la tasa de variación de precios… por ende si suben pero menos que antes la inflación baja…
— Javier Milei (@JMilei) March 24, 2026
Las movilizaciones en Plaza de Mayo, impulsadas por organismos de derechos humanos y organizaciones políticas, incluyeron cuestionamientos a la administración de Milei. Las entidades denunciaron la “represión de la protesta” y el “ataque al derecho de huelga” y reclamaron la restitución de los nietos apropiados. En sus discursos remarcaron: “Desde la asunción de Milei no pasó otra cosa que la reducción de las políticas públicas para garantizar este y todos los derechos del pueblo”. Además, advirtieron sobre la reivindicación de figuras vinculadas al terrorismo de Estado, el uso de métodos represivos y la persecución judicial de la protesta social.
En lo económico, Milei defendió su gestión al asegurar que “los indicadores, de a poco, están mejorando” y sostuvo que “no es fácil arreglar 100 años de decadencia”. Al ser objeto de una burla por su figura física, respondió: “El gordo baja inflación. Hasta lo hice con mi propio cuerpo”, y contó que perdió 20 kilos desde que asumió la presidencia.
El mandatario afirmó que “no lo podría haber hecho mejor” en materia económica y, al ser consultado sobre la necesidad de mejorar el poder adquisitivo y el empleo, manifestó: “La modernización laboral que se ha votado apunta a ello”. A una sugerencia de bajar el IVA en alimentos, replicó: “Sugerime baja del gasto equivalente”.
Nunca dije que la tarea haya terminado… dije que somos los únicos que la estamos bajando desde el nivel heredado…
— Javier Milei (@JMilei) March 24, 2026
El presidente sostuvo que, según sus cálculos, el consumo “está en máximos históricos”. Sin embargo, datos recientes de la consultora MAP Latam muestran que la mejora en el consumo privado se concentra en rubros como autos, motos y electrodomésticos, mientras que otros sectores no se benefician de igual modo.
En otro tramo del intercambio, Milei rechazó la intervención estatal en la microeconomía y respondió: “¿Sabías que pretender meter al Estado en la ‘micro’ es pedir corrupción y desigualdad ante la ley?”. Defendió la idea de mantener al Estado alejado de ese segmento de la economía para evitar distorsiones y fomentar la competencia.
El presidente negó la existencia de recesión y recomendó observar el Estimador Mensual de Actividad Económica sin estacionalidad. Según su postura, “bajamos inflación y está aumentando el nivel de actividad, el cual se encuentra en un pico histórico”. Informes sectoriales advierten que la recuperación es desigual, con sectores como industria y construcción retrasados, mientras que energía, minería y actividades agropecuarias muestran mayor dinamismo, aunque con menor impacto en el empleo.
El presidente Javier Milei aprovechó el feriado por el Día de la Memoria para intentar capitalizar la variable que más crédito le genera en la sociedad: su combate a la inflación, en momentos en que otras preocupaciones económicas empiezan a cobrar protagonismo. El mandatario publicó este martes un tuit con un gráfico comparativo sobre la evolución de la inflación durante los primeros meses de gestión de distintas presidencias argentinas. La imagen, que acompañó su mensaje, muestra la trayectoria del índice de precios al consumidor (IPC) interanual relativo al nivel heredado al inicio de cada mandato, tomando como referencia a Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), Mauricio Macri, Alberto Fernández y al propio Milei.
En su mensaje, Milei sostuvo: “El gráfico muestra que salvo el actual gobierno, todos los restantes dejaron una mayor inflación que la recibida. Esto no significa que el problema de la inflación esté terminado pero está claro que vamos por el buen camino”. El presidente difundió el gráfico en su cuenta oficial de Twitter, lo que generó repercusiones en la conversación pública y en medios periodísticos.
El gráfico presenta la variación porcentual interanual del IPC en relación con el inicio de cada gestión presidencial. Para cada uno de los cinco mandatarios seleccionados aparece una línea que indica cómo evolucionó la inflación respecto del nivel que recibieron al asumir. Según la imagen, los perfiles muestran trayectorias distintas según el período analizado y el contexto macroeconómico en el que se desarrolló cada administración.
La curva correspondiente a Javier Milei abarca los primeros meses de su gobierno, iniciado en diciembre de 2023, y todavía en curso. Allí se observa que, a 26 meses de su mandato, la inflación interanual se sitúa en un nivel equivalente a 0,2 veces el nivel heredado. Milei enfatizó en su tuit que su administración es la única, entre las comparadas, que no aumenta la inflación respecto de la recibida. El mandatario advirtió que la lucha contra la inflación no ha concluido, aunque consideró que los datos evidencian un cambio de tendencia.
El gráfico incluye además la evolución de la inflación durante los mandatos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner. En el caso de Kirchner, la curva muestra un descenso inicial, aunque en la segunda mitad de su gestión la inflación tiende a repuntar. Al finalizar su mandato, los datos oficiales indicaban un nivel bajo, pero distintas estimaciones privadas registraron discrepancias significativas respecto de las cifras difundidas por el INDEC.
En diciembre de 2007, cuando terminó el gobierno de Néstor Kirchner, ya había cuestionamientos públicos sobre la confiabilidad de los datos oficiales de inflación. Diversos analistas del sector privado y consultoras estimaban que la inflación real oscilaba entre el 17% y el 22%, cifras superiores a las reportadas oficialmente. El gráfico de Milei le atribuye a ese período un aumento de la inflación equivalente a 1,4 veces el nivel heredado.
La línea correspondiente a Cristina Fernández de Kirchner muestra un incremento paulatino que se acelera hacia el final de su segundo mandato, en un contexto de mayor presión inflacionaria y dificultades para contener la suba de precios. La curva alcanza un pico de 1,4 veces el valor inicial recibido por Fernández de Kirchner al asumir. El período presidencial de CFK es el más cuestionado en términos de estadísticas, pero según el IPC de la Ciudad se puede asignar una inflación del 26,9% al momento de su salida de la Casa Rosada.
En el caso de Mauricio Macri, el gráfico registra un crecimiento sostenido de la inflación a lo largo de su mandato: la serie sube durante los primeros meses y se mantiene en niveles elevados hasta el final de su gestión. La línea amarilla que lo representa marca un valor cercano a 2,0 hacia el cierre de su presidencia. Macri recibió casi un 27% de inflación y dejó el Gobierno con un 54%.
La administración de Alberto Fernández muestra en el gráfico una marcada aceleración del IPC interanual relativo: la curva celeste asciende con fuerza y alcanza un máximo próximo a 3,9 antes del traspaso de mando, es decir, pasa del 54% interanual al 211% al término de su mandato.
El mensaje de Javier Milei circula en un contexto de debate sobre la dinámica de precios en la economía argentina y el impacto de las políticas oficiales. La discusión sobre la credibilidad de los datos, especialmente en los períodos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, complica la interpretación de los gráficos y la comparación histórica de los procesos inflacionarios. El uso de fuentes alternativas y estimaciones privadas fue habitual durante la última etapa del kirchnerismo justamente por las diferencias entre las cifras oficiales y las que manejaban economistas independientes.