En febrero, el mercado de crédito bancario al sector privado consolidó una dinámica expansiva que abarcó a ambas monedas, constituyendo una recuperación tras el desempeño dispar del inicio de 2026. Según los datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) analizados por la consultora Equilibra, el financiamiento en moneda local logró revertir la caída real del mes anterior, mientras que el segmento en dólares mantuvo su tendencia de expansión, impulsado principalmente por la demanda corporativa.
En términos reales y con ajuste estacional, el crédito en pesos mostró una expansión del 0,6% en el segundo mes del año. Este resultado cobra relevancia luego de que en enero se registrara una contracción del 0,2 por ciento. El repunte estuvo impulsado por un crecimiento sostenido de los préstamos a empresas, que anotaron su cuarta suba mensual consecutiva, y por una leve mejora en el financiamiento a los hogares.
Dentro del crédito en pesos se observaron matices según el segmento y la línea crediticia. El financiamiento a empresas ascendió 1,2% real sin estacionalidad (s.e.), traccionado de manera decisiva por el aumento en los documentos a sola firma, que crecieron 3,8% real s.e. en febrero. Esa línea mostró un dinamismo particular, con variaciones positivas de 6,5% en enero y 4,7% en diciembre de 2025.
En sentido contrario, los adelantos en cuenta corriente para el sector empresario sufrieron una contracción del 5,0% real s.e. Según Equilibra, este retroceso está asociado al comportamiento de las tasas de interés. “Los adelantos se vieron afectados por la contundente suba de tasa de interés en enero (trepó 1,3 p.p. alcanzando 3,7% TEM), que se revertió solo parcialmente en febrero (bajó 0,5 p.p. promediando 3,2% TEM)”, explicaron en una publicación en X.
En lo que respecta a las familias, el crédito en pesos registró un aumento marginal del 0,2% s.e., cortando la racha negativa de diciembre (-1,3%) y enero (-1,6%). No obstante, ese repunte fue heterogéneo: las líneas de consumo crecieron 0,5% real s.e., mientras que las destinadas a la compra de bienes durables retrocedieron 0,5% real s.e.
Dentro del segmento de consumo, las tarjetas de crédito fueron el principal impulso, con un repunte del 1,4% real s.e. “Esta suba se da en un contexto de persistente inflación y deterioro del poder adquisitivo”, señalaron desde la consultora. En tanto, la caída en bienes durables responde al descenso sostenido de los créditos prendarios (-1,9% real s.e.) y a una marcada desaceleración en los hipotecarios, que apenas crecieron 0,6% s.e.
Sobre este patrón, la consultora Equilibra observó: “Esta dinámica parece señalar cierta reticencia a afrontar endeudamientos de mayor plazo y monto. En cambio, las líneas vinculadas a la resolución de necesidades de corto plazo mostraron un repunte impulsado por las tarjetas de crédito (+1,4% real s.e.), en un contexto de deterioro del poder adquisitivo de los hogares por la elevada inflación del primer bimestre”.
El segmento de préstamos en dólares continuó su senda ascendente en febrero, con una expansión del 1,9% s.e., aunque a un ritmo más moderado que el 7,6% registrado en enero. Como en el mercado de pesos, se observó una marcada divergencia entre el comportamiento de las empresas y el de las familias.
El endeudamiento de las empresas en moneda dura creció 2,9% s.e., acumulando varios meses con variaciones positivas (6,6% en enero y una tendencia de recuperación desde períodos previos). En contraste, el crédito en dólares a las familias mostró una contracción del 3,6% s.e. Según el análisis de la consultora, este retroceso era esperable “tras el fuerte aumento de gastos en tarjeta característico de enero y su posterior pago”.
A pesar de la recuperación observada en febrero, el sistema financiero argentino continúa operando con niveles de profundidad históricamente bajos en la comparación regional. La relación entre el crédito al sector privado y el Producto Bruto Interno (PBI) coloca a la Argentina en el último puesto de América Latina, con niveles que apenas superan el 10%, mientras que países como Chile o Brasil presentan ratios significativamente superiores al 50%.
Informes previos subrayan que la inestabilidad macroeconómica de los últimos años, la alta inflación y la mayor participación del Estado en el mercado crediticio limitaron el crecimiento de los préstamos de largo plazo. En los años 90, el crédito al sector privado llegó a superar el 25% del PBI, una cifra que hoy parece distante. La falta de ahorro a largo plazo y la desconfianza estructural siguen siendo los principales obstáculos para que el sistema financiero funcione como motor de inversión y crecimiento sostenido.
Un elemento preocupante en el sistema financiero es el incremento sostenido de la irregularidad en los pagos. Aun con un mayor dinamismo en la colocación de nuevos créditos, los niveles de incumplimiento alcanzaron cifras críticas.
“Pese al mayor dinamismo del crédito bancario, el incremento de la morosidad suma preocupación: el incumplimiento de las familias alcanzó en diciembre 2025 un nuevo récord en 18 años (9,3%)”, advirtió la consultora Equilibra. Este fenómeno se manifiesta con especial fuerza en instrumentos específicos de consumo y financiación de bienes: “Explicado por máximos en tarjetas de crédito (9,3%), préstamos personales (12%) y garantías prendarias (5,8%)”.
De este modo, febrero mostró una cara positiva en términos de volúmenes de financiamiento tanto en pesos como en dólares. Sin embargo, la sostenibilidad de ese repunte enfrenta los desafíos de una morosidad particularmente alta y una estructura financiera que aún carece de la profundidad necesaria para financiar inversiones de largo aliento en la economía real.
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