Más de 640.000 personas desplazadas en el Líbano han comenzado a retornar a sus comunidades, según un informe publicado el jueves por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), tras el alto el fuego entre Israel y Hezbollah que entró en vigor el 21 de junio.
El enfrentamiento comenzó el 2 de marzo, cuando Hezbollah —grupo militante respaldado por Irán— lanzó cohetes contra Israel en represalia por el asesinato del líder supremo iraní en ataques conjuntos entre Washington y Tel Aviv. Israel respondió con bombardeos aéreos y una invasión terrestre del sur del Líbano, donde sus tropas mantienen presencia hasta la fecha.
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Las autoridades libanesas cifran en alrededor de 4.300 las víctimas fatales y en más de un millón los desplazados, concentrados principalmente en el sur del país y los suburbios meridionales de Beirut. De ese total, cerca de 500.000 permanecen sin poder regresar, en su mayoría porque sus hogares quedaron destruidos o son inhabitables.
Sigue siendo imposible acceder a decenas de pueblos y aldeas cercanos a la frontera sur. La ministra de Asuntos Sociales, Hanine El Sayed, señaló: “El hecho de que los demás no hayan regresado significa que su situación es mucho más difícil”.
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Quienes logran volver hallan casas dañadas, cortes de electricidad y agua, negocios destruidos. Cerca de 90.000 viviendas fueron total o parcialmente demolidas, y el Estado libanés estima que necesitará miles de millones de dólares para la reconstrucción, fondos de los que actualmente carece.
El número de personas en refugios colectivos cayó de 37.000 a unas 13.000, y los habilitados se redujeron de 692 a 479. Se abrieron centros adicionales en Nabatieh —ciudad del sur del país— para quienes desean permanecer cerca de sus lugares de origen. Pese al cese de hostilidades, funcionarios israelíes anunciaron que sus fuerzas permanecerán en una “zona de seguridad” de 10 km de profundidad, lo que mantiene inaccesibles vastas zonas fronterizas.
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La semana pasada, Israel y Líbano firmaron un acuerdo marco respaldado por Estados Unidos que contempla el desarme de Hezbollah, una retirada gradual israelí y el despliegue del ejército libanés en la zona, comenzando con dos áreas “piloto” donde se iniciaría la reconstrucción.
El documento, rechazado por Hezbollah, no fija un calendario para la retirada y la condiciona al desarme previo del grupo, una exigencia que los expertos consideran difícil de cumplir. El presidente libanés Joseph Aoun lo resumió: “Nuestro objetivo común es uno solo: asegurar la retirada de Israel”.
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Amnistía Internacional y otras cinco organizaciones no gubernamentales advirtieron el viernes que el texto “amenaza con traicionar a las víctimas de crímenes de guerra en el Líbano”, que partes “parecen estar dirigidas a impedir que busquen justicia ante foros internacionales” y que otras secciones “parecen consentir el desplazamiento forzoso prolongado e indefinido” de decenas de miles de residentes del sur ocupado.
Aoun respondió que el artículo 13 “confirma la suspensión de los procedimientos judiciales entre los dos Estados durante el período de negociación”, pero que “no impide” que entidades privadas emprendan acciones legales.
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(Con información de AFP y Reuters)





















