El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, informó que la delegación estadounidense no alcanzó un acuerdo con Irán en Islamabad para poner fin a la guerra en Medio Oriente y el régimen persa sostuvo que dicha resolución de las negociaciones fue producto de las “exigencias irrazonables” de Estados Unidos.
“La delegación iraní negoció de forma continua e intensa durante 21 horas para proteger los intereses nacionales del pueblo iraní; a pesar de las diversas iniciativas de la delegación iraní, las exigencias irrazonables de la parte estadounidense impidieron el avance de las negociaciones. Por lo tanto, las negociaciones concluyeron”, informó la cadena estatal IRIB en Telegram.
Horas antes, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní sostuvo que las continuidad de las conversaciones para el domingo dependían de Estados Unidos. El vocero sostuvo que las demandas de Washington eran “excesivas” e “ilegales” para la delegación iraní.
“El éxito de este proceso diplomático depende de la seriedad y la buena fe de la parte contraria, de que se abstenga de hacer exigencias excesivas y peticiones ilegales, y de que acepte los derechos e intereses legítimos de Irán”, escribió Esmaeil Baqaei en X.
El portavoz también detalló cuáles fueron los puntos principales de los encuentros: “En las últimas 24 horas se han mantenido conversaciones sobre diversos aspectos de los principales temas de las negociaciones, entre ellos el estrecho de Ormuz, la cuestión nuclear, las reparaciones de guerra, el levantamiento de las sanciones y el fin definitivo de la guerra contra Irán y en la región”.
Antes de dar por concluida la ronda de negociaciones, el portavoz aseguró que Irán está “decidido a utilizar todos los medios, incluida la diplomacia, para asegurar los intereses nacionales y salvaguardar los intereses del país”.
El comunicado del vocero iraní se difundió apenas una hora antes de que el vicepresidente JD Vance anunciara la conclusión, sin acuerdo, de las conversaciones en Islamabad, subrayando que Washington presentó su “oferta final” tras un proceso de contactos intensos y múltiples reuniones entre ambas delegaciones.
Indicó que se van de Islamabad con una “propuesta muy simple”, que es la de “un método de entendimiento”, la que tildó de su “mejor y última oferta. Veremos si los iraníes la aceptan”, sin mencionar nada sobre la actual tregua de dos semanas.
Vance señaló que, pese a la duración de las negociaciones, no se lograron avances decisivos y defendió que Estados Unidos mantuvo posiciones claras durante todo el proceso, especialmente en relación a las líneas rojas sobre el programa nuclear iraní. A su vez, insistió en la necesidad de un compromiso “firme” y “a largo plazo” por parte de Teherán para renunciar al desarrollo de armas nucleares, al señalar que esa garantía aún no se produjo.
“El principal objetivo es buscar que no alcancen un arma nuclear”, sostuvo el vicepresidente norteamericano, al tiempo que aseveró que las instalaciones de enriquecimiento del régimen persa “fueron destruidas”, pero aclaró: “La pregunta es: ¿vemos un compromiso de no desarrollar un arma nuclea por un largo término?”, agregó.
El vicepresidente sostuvo que la administración estadounidense actuó con flexibilidad y de “buena fe”, aunque reconoció que la delegación iraní no aceptó las condiciones planteadas por Washington.
Previo a la conferencia de prensa de Vance, el presidente estadounidense Donald Trump afirmó que le resultaba “igual” si Estados Unidos e Irán alcanzaban un acuerdo de paz. “Si llegamos o no a un acuerdo, me da igual. La razón es porque hemos ganado”, declaró ante periodistas. “Estamos en negociaciones muy profundas con Irán. Ganamos de cualquier manera. Los hemos derrotado militarmente”, agregó.
Según la agencia de noticias iraní Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria Islámica, la posibilidad de alcanzar un acuerdo dependió de que Estados Unidos modificara sus pedidos. El estrecho de Ormuz figuró entre los temas polémicos de las reuniones. La agencia señaló que los expertos de ambas delegaciones estuvieron trabajando para encontrar puntos en común y que el mediador pakistaní estuvo “tratando de resolver las diferencias y acercar las opiniones”.
—Usted fue el arquitecto del plan de dolarización que probablemente permitió a Javier Milei llegar a la presidencia, pero el Gobierno optó luego por fortalecer el peso. ¿Qué cambió entre aquel Milei candidato, y luego electo presidente, para abandonar la idea de la dolarización?
—Es una excelente pregunta. En realidad habría que hacérsela más a Milei que a mí. No hablé del tema con él, por lo que no puedo ofrecer una respuesta concreta y no quiero especular.
—¿Cómo hubiera sido? Por lo menos, cuéntenos como usted lo hubiera llevado adelante en ese diciembre de 2023.
—Para empezar, el plan que teníamos era gradual; no pensábamos en una dolarización inmediata. La población suele asociar la palabra “dolarización” con realidades muy distintas entre sí. Es un término genérico: como un sándwich, que puede ser de jamón y queso o de milanesa.
—Hay diferentes formas de dolarizar.
—En Ecuador no fue igual que en El Salvador; en El Salvador no fue igual que en Panamá. Y nada que ver con lo que pasó en Zimbabwe o con la adopción del euro por parte de varios países de la Unión Europea. La dolarización, en su esencia, es la adopción de una moneda extranjera como moneda de curso legal, es decir la sustitución de la moneda local por otra extranjera. Por eso el término genera confusión: existe una dolarización de jure y otra, que ya vivimos, de facto. Si uno mira las estadísticas del Indec, los argentinos tienen lo que se llama en moneda y depósito 257 mil millones de dólares. Si sumamos todos los depósitos privados en el sistema bancario argentino, hoy suman 75 mil millones de dólares, y la circulación monetaria es del orden de 18 mil millones de dólares. En conjunto, la cantidad de dólares efectiva que manejan los argentinos es varias veces la de pesos en circulación —cinco o seis veces, por dar una idea—, lo que muestra que la gente eligió al dólar como moneda, aunque no siempre esté dentro del sistema financiero formal. Esos dólares muchas veces están fuera del país, en cajas fuertes, debajo del colchón o en otro tipo de resguardos, y no integrados a la actividad productiva y comercial del país.
Lo que proponíamos era un esquema similar al de El Salvador: un sistema financiero operando íntegramente en dólares, mientras que el peso mantendría existencia para transacciones en efectivo durante un período de transición. La implementación requería varias acciones coordinadas —incluyendo conversaciones con el gobierno de Estados Unidos, con el Fondo Monetario Internacional, etc.— y todo ello quedó explicitado en un documento de trabajo de la Ucema con el proyecto de ley y las cuestiones legales desarrolladas; es material de dominio público para quien quiera revisar los detalles. Cada país tiene sus particularidades y no existe una receta única: había que estudiar lo que funcionó en otras experiencias, adaptarlo a la realidad argentina e integrar el dólar a los flujos económicos de forma abierta y conectada al mundo.
—Usted habrá leído seguramente que Milei recientemente, en un reportaje en Bloomberg, dijo que su estrategia consistía en tomar activos del Banco Central contra el Gobierno, para que luego esos títulos pasaran al mercado con la situación de hacernos de dólares para vender esos títulos. Pero dijo el Presidente: “Es probable que si hubiéramos hecho esta operación a los precios de mercado en aquel momento, creo que estaban a 16, 18, lo que hoy está a 50 y pico, la política hubiera dicho que había una estafa y nos hubiera acusado de algún negocio turbio y nos hubiera mandado a la cárcel”. ¿Es distinto lo que él plantea de lo que usted planteaba?
—Sí. De hecho, le advertí al Presidente justamente eso que él menciona. Nuestra propuesta no tenía nada que ver con la operación a la que alude. Lo que queríamos evitar era malvender activos o títulos públicos que, por el solo anuncio de una reforma, podían revalorizarse; no tenía sentido venderlos a precios bajos. Cuando se manejaron valores de ese orden —20 centavos entonces, y hoy varias veces más—, nuestra alternativa buscaba una ingeniería financiera más compleja, que demandaba cierto apoyo internacional y que hubiese creado para el mercado argentino un activo seguro, un título estructurado con garantías que permitiera al sistema financiero operar con menor riesgo. Si se quiere una analogía, la idea se parecía a la de los bonos Brady de la reestructuración de fines de los 80 y principios de los 90, aunque no era idéntica. Esa vía no prosperó, y quiero dejar claro que la propuesta de mi equipo no proponía malvender activos. Cuando el Presidente habló de “vendamos”, yo le dije: “No, este no es el camino, no nos conviene”.
LA DOLARIZACIÓN EN ARGENTINA. “La dolarización que nosotros vivimos, sin que el presidente Milei o ningún presidente la decida, es la dolarización que hemos hecho los argentinos. Esa es una dolarización de facto”. (FOTO MARCELO DUBINI)
—¿Es correcto decir que también se buscaba un apoyo de fondos del interior dispuestos a desembolsar alrededor de 30 mil millones de dólares dentro de su plan?
—No. Milei mencionó varias propuestas distintas para dolarizar; una de ellas tenía que ver con lo que usted trae, pero la que estaba en mi equipo era otra y no requería esa suma. Yo no estaba al tanto de todas las propuestas, solo de la que mi equipo venía trabajando.
—Le preguntaba porque más allá de que no era su propuesta, los 30 mil de alguna manera resuenan con los 20 mil de Bessent y lo escuché a usted en una exposición reciente decir que a lo mejor se podría haber dolarizado cuando vino Bessent a la Argentina. Me gustaría entonces, aunque sea contrafáctico, que nos contara cómo hubiera sido en el otoño del año pasado.
—La supuesta necesidad de dólares está sobredimensionada. Los países que han dolarizado no necesariamente lo hicieron con abundantes reservas en el Banco Central; el caso más citado es Ecuador, que dolarizó con el Fondo Monetario en contra y estando en default de su deuda externa, tras una crisis bancaria. Las magnitudes y las circunstancias varían, pero hay algo clave: los argentinos ya tienen muchos dólares. Es importante entender que la mayor parte del dinero que circula lo crea el sector privado a través del sistema financiero, no el Gobierno. Para poner números concretos: la circulación monetaria en términos de dólares son 18 mil millones, mientras que el M3 ronda los 120 mil millones de dólares. La diferencia la explica el multiplicador del sistema financiero, que expande créditos y depósitos. Técnicamente, la deuda directa del Gobierno en moneda relevante para este debate son esos 18 mil millones equivalentes; el resto son obligaciones del sistema bancario, es decir, depósitos.
Los sistemas financieros operan con reserva fraccionaria —una reserva que puede ser del orden del 10%, 15% o 20% de los depósitos— y funcionan habitualmente bajo esa regla sin que ello conduzca al colapso. Por eso la idea de que una dolarización necesariamente provocaría una corrida bancaria es, en mi opinión, un error. Si uno fija paridades por debajo del valor de mercado, claro que se genera demanda excedente de dólares y eso puede provocar tensiones; por eso insistí hasta el cansancio en que cualquier esquema de dolarización debía reflejar los valores de mercado. Si la paridad refleja el equilibrio de oferta y demanda, no hay motivo para una corrida generalizada.
Hay experiencias que ilustran esto: en Ecuador, cuando se estableció el plazo para canjear sucres por dólares, existía un riesgo real de que, pasado el límite, esos sucres valieran cero, lo que incentivó el canje; aun así, un tercio de los sucres no se presentó al 30 de junio y el gobierno tuvo que extender el plazo. Ese episodio desmiente el fantasma de que la gente saldría masivamente a vaciar los bancos por el solo anuncio de la dolarización. Hoy, por ejemplo, hay alrededor de 40 mil millones de dólares en los bancos; esa cifra no se traduce automáticamente en una corrida porque la economía necesita liquidez transaccional para pagar sueldos, impuestos y proveedores: si alguien retirara esos fondos y los enviara al exterior, necesitaría traerlos de vuelta para sostener la actividad.
—Siguiendo el planteo, tendrían que ser el encaje.
—En la Argentina los encajes de los depositantes son relativamente altos. El Banco Central posee hoy 14 mil millones de dólares en reservas netas según los cálculos de varios analistas, y del total de depósitos en dólares —alrededor de 38 o 39 mil millones— aproximadamente 15 mil millones están comprometidos en préstamos. Por eso, pese a que parezca que no existe respaldo completo de esos depósitos, la gente no actúa como pronosticaban los apocalípticos de noviembre de 2023. Mi idea era, en todo caso, disponer de una “vitirina” y de un martillo por si alguien intentaba provocar deliberadamente una corrida; pero eso no significa que la dolarización sea inviable. En El Salvador, el proceso que propuse tomó dos años y se hizo siempre a valores de mercado. Si se respeta el precio que fija la interacción entre oferta y demanda, no hay por qué alimentar el fantasma de la corrida.
—¿Existe todavía una ventana económica para dolarizar?
—Por supuesto. La ventana siempre estuvo abierta. El Gobierno eligió otro camino, pero la dolarización sigue siendo posible si se adapta a las circunstancias concretas. Por ejemplo, la relación con Estados Unidos hoy es mucho mejor que la que teníamos en noviembre de 2023; entonces algunas condiciones que eran inciertas en ese momento hoy ya no lo son.
—Hoy sería más fácil que en noviembre de 2023
—Mucho más fácil. Además, a la administración estadounidense actual le interesa la dolarización en el marco de su Programa de Integración de las Américas y por razones económicas: con sus déficits fiscales, a Estados Unidos le conviene una mayor demanda global por dólares. Desde una mirada geopolítica y económica, a EE. UU. le resulta conveniente que más países adopten el dólar.
—Usted sostuvo también que la viabilidad de una dolarización depende mucho más de la solidez fiscal que de las reservas del Banco Central, ¿puede ser que eso también haya contagiado a la actual administración económica respecto a que no son necesarias reservas?
—Son dos cuestiones distintas. El debate sobre si un régimen de tipo de cambio fijo o la dolarización permiten sostener déficits fiscales se ha discutido ampliamente. La evidencia muestra que algunos países han tenido flexibilidad fiscal bajo regímenes de tipo de cambio fijo; hay muchas variables en juego y resulta difícil hacer predicciones precisas. No buscaría una relación directa entre esa afirmación mía y la política actual del Gobierno: no tengo contactos con ellos, no hablo con el equipo económico y no ejerzo ninguna injerencia sobre sus decisiones.
—Usted pasó varios años como investigador asociado al Center for Strategic and International Studies de Washington, ¿cuánto la cuestión geopolítica es determinante para facilitar o dificultar un proceso de dolarización?
—Es muy importante. A fines de los 90, en Estados Unidos se discutió seriamente la dolarización para las Américas: hubo un proyecto en el Senado impulsado por el senador de Florida Connie Mack que proponía compensar a países por el señoreaje perdido si adoptaban el dólar. La discusión se interrumpió con la crisis argentina y quedó en suspenso hasta tiempos recientes, cuando volvió a cobrar fuerza en parte por Milei y otras circunstancias. La geopolítica juega: la decisión debe tomarse en función de las necesidades nacionales, no de intereses externos, pero coincidir con una visión favorable de Estados Unidos puede facilitar procesos y acuerdos internacionales.
—A ver si interpreto. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, afirmó que la dolarización que elimine una moneda argentina sería inconstitucional. ¿Su proyecto no eliminaría la moneda de Argentina?
—No necesariamente. Creo que Rosatti se equivoca en su interpretación; él conoce mucho de derecho, pero menos de las distintas formas de dolarización. Como ya dije, “dolarización” es un concepto amplio. La Argentina circuló en la segunda mitad del siglo XIX con múltiples monedas extranjeras que tenían curso legal; se podían pagar impuestos con ellas y eso nunca se consideró inconstitucional. La palabra “moneda nacional” no aparece en el texto constitucional originario. Alberdi, en su proyecto de Constitución, no contempló la figura del Banco Central como emisor exclusivo. Por eso afirmar de plano la inconstitucionalidad me parece una lectura anacrónica y poco ajustada a la práctica histórica. En un artículo en mi blog respondí con mayor extensión a la opinión de Rosatti; en esencia, creo que hablamos de cosas distintas.
—Curso legal.
—La Constitución no define expresamente el concepto de “curso legal” ni establece que deba existir una única moneda nacional. Entre 1852 y 1900 circularon en la Argentina monedas bolivianas, peruanas, españolas, etc., con curso legal fijado por ley y paridades establecidas, sin que eso fuera cuestionado como inconstitucional. Nuestra Constitución es la de 1853 con reformas; no hay en ella una prohibición tajante a esquemas distintos de moneda.
—Usted mencionaba la geopolítica y el contexto de fines de los 90 en que no solo la Argentina tenía convertibilidad. Brasil, la mayor economía latinoamericana, tenía una forma de convertibilidad con el Plan Real. En un contexto como usted decía, donde Estados Unidos miraba a América y que dejó de mirarla. ¿Por qué en Brasil se pudo salir de la paridad 1 a 1 con el dólar, que con sus diferencias podía tener alguna sensación de semidolarización, y en la Argentina no, y qué diferencia a los políticos brasileños que por lo menos hasta esa época eran tan o más irresponsables que los argentinos respecto del gasto público?
—Yo no lo atribuiría tanto al gasto público como al respeto por la ley. Una característica central de la Argentina es la anomia institucional: el Estado, cuya función es hacer cumplir la ley, suele ser el principal violador de la ley de forma impune. Un ejemplo elocuente fue la ley de intangibilidad de los depósitos aprobada en agosto de 2001 y que, pocos meses después, fue vulnerada con la pesificación asimétrica y las medidas de 2002 que implicaron la confiscación de ahorros. Ese quiebre del contrato tuvo efectos devastadores. Brasil no tuvo exactamente ese tipo de rompimiento institucional. Por eso la historia cuenta: si uno arma un modelo para explicar la prima de riesgo país con variables macroeconómicas, la historia previa de cada país pesa mucho; la trayectoria importa más que un solo indicador puntual.
—Usted recordará que era 1,40, que era el objetivo de aquella.
—40%.
—En Brasil fue mayor todavía porque fue a 1,85 y sin embargo resistió y luego llegó a 4.
—No fue una devaluación del 85% de una sola vez; hubo movimientos escalonados, pero lo central es que no se destruyeron contratos como ocurrió aquí. Ese tipo de decisiones —confiscatorias o que rompen las reglas del juego— es lo que deja secuelas profundas y explica por qué la Argentina no logró repetir la trayectoria de otros países.
—Permítame hacerle otro contrafáctico. El país logra hacer lo de Brasil, que distintos partidos de distinto signo mantengan un ordenamiento macroeconómico y respeto por las normas. Pasen 20 o 25 años y eso se instale y cambie la cultura. En ese punto, ¿es mejor tener una moneda como tiene Brasil y en ese caso la comparación a los 25 años sería mejor eso que la dolarización? ¿La dolarización es una ventaja en el corto plazo y una limitación a largo plazo?
—La dolarización es una ventaja si se plantea como libertad monetaria y no como imposición. No se trata de imponer el dólar, sino de reconocer la realidad de la dolarización de facto y permitir que la gente elija la moneda con la que quiere operar. John Stuart Mill ya criticaba la idea de la moneda como un símbolo nacional impositivo. Si estuviera en un país con estabilidad monetaria comprobada, no estaría proponiendo dolarizar; la dolarización es una respuesta a un problema concreto: en la Argentina llevamos décadas sin una moneda estable. Para nosotros la prioridad es permitir que la gente pueda elegir libremente su unidad de cuenta y que los instrumentos monetarios no dependan exclusivamente del Estado.
—Estaba planteando un contrafáctico simplemente como un análisis teórico. Si el problema no existiese, sería mejor tener moneda o adoptar la moneda de Estados Unidos. Y usted mismo me está dando la respuesta diciendo que está en contra incluso de que los Estados Unidos tenga el dólar.
—Exacto. Y recuerde que cuando existía el patrón oro, la moneda era el oro.
—¿Podríamos decir que la moneda es una cuestión geopolítica, y que por eso Europa tiene el euro, China tiene el renminbi y Estados Unidos el dólar?
—No tenemos que aspirar a un Estado utópico. Si estuviera en un país con estabilidad monetaria, donde los empresarios pueden estimar la rentabilidad de sus proyectos con relativa seguridad, no hablaría de dolarización. Pero la Argentina no es ese caso: desde la creación del Banco Nacional en 1826, han pasado 200 años de historia monetaria y en alrededor del 75% de ese tiempo hemos tenido episodios de depreciación. Esa trayectoria explica por qué estamos donde estamos hoy.
—Ahora usted pone el caso de Rivadavia, y lo escuché en una reciente conferencia suya, hablar de Ecuador, diciendo que Correa pudo hacer de todo menos traer la inflación. Ahora, desde el punto de vista de la irresponsabilidad fiscal de los políticos, podría ser lo mismo, porque pueden endeudarse, ¿no? El caso de Rivadavia.
—Pueden endeudarse y pueden hacer default. Correa, por ejemplo, hizo un default en 2008 que no era estrictamente necesario, y Ecuador también defaulteó en 2020 en circunstancias diferentes a las nuestras. Incluso administraciones subnacionales con dólar han incumplido. La ventaja de la dolarización es separar lo fiscal de lo monetario: una mala moneda mezcla ambos problemas y genera los incentivos perversos que conocemos. Aquí, diariamente la gente chequea el valor del dólar; esa realidad habla por sí misma.
—Hablemos entonces del sistema cambiario monetario del gobierno actual. Dejemos el revisionismo de lo que pasó. Cuénteme su propia visión de la economía argentina hoy.
—El Gobierno está haciendo un esfuerzo importante por desmantelar el esquema proteccionista y corporativista que ha predominado durante décadas, y en líneas generales apoyo las medidas de desregulación. No obstante, existen intereses muy poderosos que buscan preservar el statu quo. Además, el calendario electoral —con plazos cortos que obligan a gobernar y a hacer campaña alternadamente— complica la implementación y la maduración de reformas profundas: muchas transformaciones requieren tiempo para mostrar resultados, y la única reforma que se siente de inmediato es la monetaria. Por eso la estabilidad monetaria es la madre de todas las reformas: sin ella es muy difícil que la inversión privada retorne en términos sostenidos. La incertidumbre sobre el tipo de cambio futuro desalienta la inversión y fomenta la búsqueda de rentas mediante privilegios, protecciones o exenciones. El Gobierno está en el rumbo correcto en términos generales, aunque bajar una inflación mensual de 25%-30% a 3% es relativamente más fácil que pasar de 3% a 0,5% mensual; queda mucho por hacer.
—Permítame ponerlo en estos términos. Aquella idea de que el orden de los factores sí altera el producto. Por ejemplo, hay una discusión sobre que el Gobierno se equivocó al poner bandas. Así opina Arriazu por ejemplo, y que debería ir a dólar fijo. Hay quienes consideran que el Gobierno se equivocó e hizo mala praxis con un objetivo electoralista al liberar el cepo para las personas físicas y no a las jurídicas, alentando a que las personas compren mayor cantidad de dólares de lo que normalmente hubieran comprado. Le pido su evaluación técnica.
—Desde afuera siempre es más fácil opinar. Yo tengo mi posición y la he expresado públicamente: habría hecho otras cosas. Pero en el terreno técnico uno trabaja con probabilidades, no certezas. El equipo económico consideró —y considera— que el esquema de bandas puede funcionar; hay personas técnicamente sólidas y con capacidad allí. Yo prefiero darles la oportunidad de demostrar si su enfoque es acertado o no. Tengo una opinión distinta, pero respeto el marco democrático y la libertad de expresión en la discusión pública.
EL DIAGNÓSTICO MONETARIO. “Para poner los números concretos, hoy por hoy, la circulación monetaria son, en dólares equivalentes, 18 mil millones de dólares. Pero el M3 son 120 mil millones de dólares”. (FOTO MARCELO DUBINI)
—¿Qué haría?
—Hubiera dolarizado, sin duda.
—Ahora, inclusive.
—Incluso hoy, sin duda, aunque no tengo la bola de cristal. Se trata de evaluar probabilidades: hay escenarios donde este esquema puede funcionar, y la pregunta es qué probabilidad uno asigna a esos escenarios. Mis recomendaciones se basan en el estudio de la historia argentina y en la convicción de que la moneda es un elemento central para la estabilidad de largo plazo.
—¿Con qué la compara?
—Creo que el problema argentino es sistémico. Existen distintos modelos de capitalismo en el mundo; el nuestro es una mezcla que heredó rasgos corporativistas desde la época de Perón en 1945 y que condiciona la forma en que manejamos la economía. El intento más serio de reforma fue el de Menem en los 90 y lo que más contribuyó a su éxito fue la reforma monetaria. Milei intenta hoy algo parecido: abrir la economía e integrarla al mundo. Hay sectores que se benefician del proteccionismo y que resistirán los cambios; la cuestión es cómo reducir el costo de transición hacia una economía más abierta, teniendo en cuenta además el calendario electoral que obliga a gestos de corto plazo.
—Quería ir al caso de Brasil, a ver si le parece plausible esta idea, que es un gobierno de un partido aún mucho más a la izquierda del peronismo, que era el Partido de los Trabajadores, que incluso tiene en su escudo reminiscencias soviéticas, colocó al frente del Banco Central cuando asumió a una persona, podríamos decir de una concepción ortodoxa, que el equivalente en la Argentina sería el día que el peronismo pueda colocar al frente del Banco Central a una persona que transmita continuidad, ¿la dolarización no sería necesaria en ese caso?
—La anomia institucional es la otra cara de la inconsistencia temporal de la política económica. Los países tratan de resolver esto estableciendo reglas: por ejemplo, impedir la expansión monetaria para financiar déficit. Pero si las reglas se violan cuando conviene —y en la Argentina eso ha ocurrido repetidamente— la independencia formal de instituciones como el Banco Central se diluye en la práctica. Tenemos una carta orgánica del Banco Central que, aunque otorgó cierta autonomía, no ha bastado para garantizar independencia real; distintos estudios que puntúan las cartas orgánicas de bancos centrales sitúan la nuestra más cerca de un 50-60 sobre 100 en términos relativos, y de facto estamos en una situación de dependencia. Eso es anomia institucional: no respetamos nuestras propias reglas.
—Permítame hacerle otro contrafáctico. El país logra hacer lo de Brasil, que distintos partidos de distinto signo mantengan un ordenamiento macroeconómico y respeto por las normas. Pasen 20 o 25 años y eso se instale y cambie la cultura. En ese punto, ¿es mejor tener una moneda como tiene Brasil y en ese caso la comparación a los 25 años sería mejor eso que la dolarización? ¿La dolarización es una ventaja en el corto plazo y una limitación a largo plazo?
—La dolarización es una ventaja si se entiende como libertad monetaria y no como una imposición desde el Estado. Personalmente prefiero un sistema donde las personas puedan elegir su moneda. Si la Argentina llegara a consolidar durante décadas un marco institucional y macroeconómico confiable, probablemente la decisión de mantener una moneda propia sería totalmente sensata. Pero dada nuestra historia y la incapacidad recurrente de sostener reglas por largos periodos, la dolarización ofrece mayor probabilidad de estabilidad en horizontes de largo plazo.
—Sumo argumentos. En Brasil, la dictadura era dictablanda, se mantuvieron las elecciones para gobernadores e intendentes. En Brasil no se estatizaron los medios de comunicación. O sea, en Brasil, aun en la dictadura, se mantuvieron determinadas reglas.
—No soy el más indicado para hacer una comparación histórica detallada entre ambos países, pero sin duda esas diferencias institucionales que usted menciona influyen. No es casualidad que países como Chile o Perú hayan llegado donde están: es causalidad de décadas de políticas consistentes. Nosotros no hemos sido capaces de sostener ese camino; hay elementos institucionales y políticos que nos anquilosan y que dificultan replicar esas trayectorias.
El AmCham Summit, que organiza hace 8 años la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, se convirtió en uno de los eventos de negocios más importantes del país. Por peso propio y convocatoria, y en medio de la muy buena relación bilateral y el feeling personal entre los presidentes Donald Trump y Javier Milei, el encuentro reunirá el próximo martes a unos 1.500 líderes del sector privado, funcionarios nacionales y provinciales, referentes sindicales y del tercer sector, junto a representantes de grandes compañías como Aeropuertos Argentina, Citibank, Danone, Grupo Newsan, JP Morgan, PAE, Personal y Río Tinto Lithium entre otras.
En medio de un contexto económico global cruzado por el conflicto bélico en Irán y las tensiones de la política local, el lema de este año es “Una Argentina federal en desarrollo”.
Aunque aún no hubo confirmación oficial, los organizadores esperan que el evento sea cerrado por Milei.
En este contexto, Alejandro Díaz, CEO de AmCham Argentina, analizó en una charla con Infobae el objetivo de esta edición del encuentro empresarial, el momento económico y social del país, las condiciones para atraer inversiones y el vínculo bilateral con Estados Unidos. La cámara tiene 106 años en el país y nuclea más de 700 empresas que emplean a 420.000 personas y, afirma, aportan el 24% del PBI, el 39% de la recaudación fiscal, el 35% de las importaciones y el 45% de las exportaciones del país.
“El año pasado fue la competitividad y ahora el eje será el federalismo, porque está claro que el desarrollo argentino no se define sólo en los grandes centros urbanos. Los sectores con mayor potencial, como energía, minería y agroindustria, están distribuidos por todo el país. Hay que revisar hasta el propio fenómeno de la empleabilidad: vemos gente que viaja tres horas a un centro urbano, cuando el empleo nuevo se va a generar en provincias como Neuquén, Jujuy o Salta. Tras una estabilización macroeconómica que está parcialmente conseguida, la agenda pasa al desarrollo y a la necesidad de consensuar un modelo de país con políticas de crecimiento sectoriales y provinciales”, destacó este contador de la UBA que fue CEO de Natura y presidente de PepsiCo Argentina.
— El Gobierno parece tener muy claro cuál es ese modelo de país que quiere, aunque eso se contraste de manera muy fuerte con otras visiones.
— Sí, claro que lo tiene. Y hay contrastes visibles. Pero veníamos de una fuerte centralidad del gobierno nacional que condició desde las políticas comerciales para definir el precio de los productos de las empresas, hasta a quién se le daba el ATN.
“Hay que ver si el experimento funciona y, sobre todo, cómo lo avala la sociedad”
— ¿Cómo se compatibiliza ese rumbo con las fuertes demandas de sectores como el industrial?
— Este Gobierno decidió no involucrarse en la microeconomía, lo que implica que no habrá incentivos focalizados ni apoyo activo para sectores que necesitan reconvertirse. Eso deja la dinámica en manos del mercado, del crecimiento de la economía, que no sé si veremos en 2027 y 2028, y en muchos casos de los actores provinciales. Es un desafío.
— ¿Está bien que no se involucren en la micro?
— Si analizamos los últimos 20 años, donde no hubo crecimiento ni generación de empleo desde 2012 y se intervino en todas las decisiones empresariales y de mercado, me parece bien. Eso sí, hay que ver si el experimento funciona y, sobre todo, cómo lo avala la sociedad. El éxito dependerá de la capacidad de la sociedad para acompañar el ritmo de las transformaciones y de la aparición de consensos a largo plazo.
— ¿Qué va a pasar con esa tolerancia social?
— Dependerá de la velocidad con que llegue la recuperación y de las opciones que se ofrezcan más allá de este Gobierno. No tengo esa respuesta 100%, pero la dirección general es la correcta: la desregulación y la normalización de las políticas comerciales muestran a un país que intenta alinearse con el mundo y normalizarse. ¿La inflación a 3% es alta? Claro, ni hay que aclararlo, pero el camino es el correcto. No voy a opinar de las formas, pero está claro que el día a día muestra tensiones: el acceso a medicamentos, los problemas de movilidad por los paros de colectivos y la presión sobre los servicios sociales reflejan la profundidad del ajuste.
— ¿Cuál es su visión del escenario macroeconómico de los últimos meses, donde hay variables y cifras que comenzaron a preocupar en algunos sectores?
— Hubo una corrección importante de la política monetaria que permitió mejorar el esquema caótico de tasas de interés en pesos de los últimos meses. Hoy, hay tasas más razonables, incluso por debajo de la inflación, pero el consumo sigue segmentado. No hay mejora en los ingresos de la gente y ni señales de creación de empleo privado genuino porque las inversiones grandes están en etapas muy iniciales. Los sectores que pueden traccionar inversiones, como la minería, tienen proyectos a diez años. En AmCham tenemos 12 proyectos por USD 26.000 millones que se van a desarrollar en una década. Son procesos largos. Hoy no hay crédito para apalancar empresas y consumo y no hay muchos incentivos. Habrá crecimiento vegetativo este año y tendremos un 2026 sin grandes saltos. El Gobierno está reforzando los subsidios y los ingresos públicos en los segmentos más vulnerables, lo que contiene la conflictividad social, pero los intendentes nos cuentan que antes la gente pedía electrodomésticos y ahora pide comida.
— ¿Cuáles son hoy las principales preocupaciones de las empresas de EEUU en el país?
— La carga tributaria es uno de los principales obstáculos. La presión total ronda el 26 a 28 % del PBI, pero por la alta informalidad, el peso sobre la economía formal puede superar el 50 por ciento. Además, la logística encarece los costos: el 85% de la carga se transporta en camiones, con impacto directo en la inflación y la competitividad. Vemos el efecto de eso estos días. Las limitaciones en infraestructura, junto a la carga fiscal y la dispersión normativa entre Nación, provincias y municipios, dificultan planificar inversiones de largo plazo.
— ¿Les preocupan los riesgos políticos?
— No, no es un tema. Se avanzó mucho y hubo decisiones políticas que parecían imposibles de realizar. La reforma laboral, por caso, más allá de los frenos judiciales y de que el tema seguramente terminará en la Corte Suprema. Se destrabaron y se avanzó en cuestiones estructurales que hace tres años eran impensadas. Hay señales y un acompañamiento de una oposición dialoguista que entiende que Argentina debe transformarse y valida políticas públicas en ese sentido.
— ¿Diría que hay optimismo entre las empresas de EEUU en el país?
— Sí… optimismo latino. No estamos en Escandinavia. Vamos bien. Las compañías que están hace décadas en Argentina han atravesado crisis profundas. Hay expectativa, pero también conciencia de que la transformación llevará años y que dependerá de la validación social y política.
“Lo relevante es si Argentina puede consolidar una relación institucional con Estados Unidos más allá de quién gobierne”
— ¿Cómo definiría la relación bilateral con Estados Unidos? ¿Ya se ve el impacto del acuerdo comercial anunciado?
— La relación está en un momento óptimo. Está muy bien, como nunca antes. El acuerdo de comercio e inversión recíproca avanza y es algo que hubiera sido impensado hace dos años, más allá de que la Corte Suprema de Estados Unidos frenó algunos beneficios arancelarios y ahora el Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) debe revisar su política para Argentina. Como sea,los pilares del acuerdo no van a cambiar. Un ejemplo claro es la reciente modificación de la ley de Glaciares y la delegación de competencias a las provincias, algo que muestra una agenda de trabajo conjunto. El acuerdo también apunta a homologar los registros de productos con Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés), para agilizar el ingreso de medicamentos y tecnologías. A nivel comercial, el país pierde competitividad si no se recuperan ventajas arancelarias, por lo que el desafío es que Estados Unidos defina un esquema global y estable de beneficios.
— ¿El resultado de las elecciones de medio término en EEUU puede alterar la agenda bilateral?
— Hay una sobrevaloración de ese proceso en EEUU. Históricamente, las elecciones de medio término no cambian los vínculos de fondo. Trump, por ejemplo, no se apalancó en el Congreso para avanzar en sus políticas. Por otro lado, no es lo mismo perder 10 representantes que 80, y habrá que ver cómo se mantiene el Senado. Hay que esperar los resultados, pero no imagino un gran impacto. Lo relevante es si Argentina puede consolidar una relación institucional con Estados Unidos más allá de quién gobierne. Es uno de los grandes desafíos que tiene el país. Estamos en la génesis del cambio, de la consolidación de un modelo de integración. Son saltos estructurales necesarios y de reconfiguración. Otra vez: se necesitan los avales de una sociedad que entienda que hay algunos precios que pagar para ser un país de largo plazo.
La agenda
La agenda del encuentro abordará la posición de Argentina en el escenario global, los desafíos de la infraestructura para la productividad, la estabilidad macroeconómica, el futuro del trabajo, la transformación sindical, la reconversión de negocios y el impacto de la inteligencia artificial, entre otros temas. Además, habrá debates entre gobernadores, senadores, diputados y referentes empresariales sobre políticas sectoriales y provinciales, con foco en los motores clave para el desarrollo: agroindustria, energía, minería y salud.
Como se dijo, se espera que en el cierre hable el presidente Milei. Entre los oradores del sector público participarán Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño; Horacio Rosatti, presidente de la Corte Suprema; los ministros Luis Caputo (Economía), Diego Santilli (Interior); Mario Lugones (Salud); y también los gobernadores Alberto Weretilneck (Río Negro), Alfredo Cornejo (Mendoza) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos).
— ¿Qué miran los inversores internacionales de este contexto local par tomar decisiones?
— La continuidad de las reformas es clave. El inversor financiero se fija en los precios de los bonos y las tasas internacionales, pero el inversor estratégico, toma decisiones con horizontes de una década. El RIGI es un parámetro monumental porque otorga previsibilidad a largo plazo. Ahora veremos qué va a pasar con el vencimiento del año que viene y está claro que, en ese contexto, varios proyectos se apuran. Alguno podrá dudar si viene otro gobierno y lo saca, pero está claro que el régimen da una base muy importante de derechos adquiridos. No por nada el cálculo de inversión extranjera directa para la próxima década es de USD 60.000 millones, sobre todo en minería y oil & gas. Por ahora, las inversiones productivas en sectores industriales están en pausa porque las capacidades instaladas rondan el 60% en promedio, la demanda es baja y, además, se pudo trabajar en la competitividad porque ya no existen los controles que había hasta hace poco. Insisto, debemos demostrar que esto es de largo plazo y que la demanda de bienes y servicios se recupera, más allá de los sectores que empujan hoy.
“Lo relevante es si Argentina puede consolidar una relación institucional con Estados Unidos más allá de quién gobierne. Es uno de los grandes desafíos que tiene el país”
— ¿Cómo avanzó el acuerdo en los sectores de laboratorios medicinales y semillas, dos reclamos históricos de AmCham?
— En farmacéuticos, la eliminación del protocolo de criterios de patentabilidad nos devuelve a la ley de Patentes de los ‘90, alineándonos con los estándares internacionales. No es retroactivo, es para todo lo que se registre luego de marzo de este año, pero no veo que eso sea algo que perjudique tanto a las empresas, la verdad.
— Los laboratorios nacionales dicen que los cambios impactarán en los precios de los medicamentos.
— No voy a meterme en esa interna de laboratorios, pero no es tan lineal. Hace unos 15 años que no tenemos productos patentables en el país. El impacto se sentirá en unos 5 o 7 años recién. Hubo una sobrerreacción por algo que pasará en tiempo y una sobreestimación de la incidencia de los productos nacionales en las políticas de precios. El mercado se irá normalizando en un modelo occidental. Por otro lado, el registro PCT, que aún falta implementar, permitirá homologar inscripciones ya realizadas en otros países, abaratando costos y acelerando el proceso.
— ¿Y en semillas?
— Faltan temas de adecuación que confiamos que se resolverán. La falta de protección para las nuevas tecnologías retrasó la llegada de cuatro o cinco generaciones de innovaciones que sí tienen países como Brasil o Paraguay. Tendrán un costo para el productor, pero que se compensa con más producción. Si se corrigen las reglas, en cuatro o cinco años la productividad agropecuaria va a mejorar. Resta trabajar, además, en la protección de datos para incentivar ensayos clínicos y la actualización del marco regulatorio de semillas.
El vicepresidente norteamericano brindó una conferencia de prensa desde la capital pakistaní donde las delegaciones mantuvieron el sábado una maratónica jornada de negociaciones
El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, anunció este domingo desde Islambad que la delegación estadounidense no alcanzó un acuerdo con el régimen de Irán tras 21 horas de negociaciones, por lo que se vuelve a Washington junto al resto del equipo negociador norteamericano.
“Ellos han elegido no aceptar nuestros términos”, afirmó durante una conferencia de prensa desde la capital pakistaní.
“Regresamos a Estados Unidos sin haber logrado alcanzar un acuerdo (…) Nos vamos de aquí con una propuesta muy simple, un enfoque que constituye nuestra oferta final y mejor. Veremos si los iraníes la aceptan”, declaró Vance, tras lamentar la ausencia de un “compromiso firme” iraní de renunciar a las armas nucleares.
“El principal objetivo es buscar que no alcancen un arma nuclear”, sostuvo el vicepresidente norteamericano, al tiempo que aseveró que las instalaciones de enriquecimiento del régimen persa “fueron destruidas”, pero aclaró: “La pregunta es: ¿vemos un compromiso de no desarrollar un arma nuclea por un largo termino?”, agregó.
En su discurso, Vance también enalteció la labor del primer ministro de Pakistán para facilitar un acuerdo de paz entre las partes.
Antes de la conferencia, el presidente estadounidense Donald Trump sostuvo que le daba “igual” si Estados Unidos e Irán alcanzaban un entendimiento hacia la paz: “Si llegamos o no a un acuerdo, me da igual. La razón es porque hemos ganado“.
”Estamos en negociaciones muy profundas con Irán. Ganamos de cualquier manera. Los hemos derrotado militarmente”, sostuvo el mandatario frente a periodistas.
Por su parte, el régimen iraní, previo a la conferencia de Vance, había advertido que el éxito de las conversaciones de paz dependía de que Washington evitara “excesivas demandas” y “peticiones ilegales”.
“El éxito de este proceso diplomático depende de la seriedad y la buena fe de la parte contraria, de abstenerse de excesivas demandas y peticiones ilegales, y de la aceptación de los derechos e intereses legítimos de Irán”, escribió Esmaeil Baqaei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, en X.
Las negociaciones entre Washington y Teherán, con mediación de Pakistán, quedaron marcadas por la extensión inusual de las sesiones, que superaron las 20 horas durante la jornada del sábado.
Las conversaciones se desarrollaron en Islamabad bajo medidas de seguridad extremas. El escenario fue un hotel exclusivo, sede de estas discusiones que representaron un cambio histórico: fue la primera vez desde 1979 que ambos países mantuvieron un intercambio directo de alto nivel, dejando de lado la intermediación habitual de terceros.
Las recientes amenazas militares del régimen iraní, junto a la escalada de los precios energéticos, colocaron a la región en estado de alerta. Las diferencias en materia de seguridad y economía han impedido que las partes alcancen avances sustanciales tras largas horas de debate.
Por parte de Estados Unidos, JD Vance estuvo acompañado de Steve Witkoff y Jared Kushner. Irán, en tanto, participó con una delegación liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el canciller Abbas Araghchi. La presencia de figuras políticas de primer nivel reflejó la gravedad del momento y la apuesta de ambos gobiernos por evitar un deterioro aún mayor.
En el centro de la agenda, Irán exigió el desbloqueo de activos sancionados y el fin de la ofensiva israelí contra Hezbollah en Líbano como condiciones para alcanzar un acuerdo. Las autoridades iraníes subrayaron la relevancia de la presencia del vicepresidente estadounidense, JD Vance, tanto por su rango como por su previa oposición a la guerra, considerándolo un gesto de seriedad en el proceso. Por su parte, Estados Unidos mantuvo la presión económica y militar e insistió en dejar fuera de las discusiones en Islamabad el tema libanés.
La presencia estadounidense en la región se reforzó el fin de semana con el envío de dos buques de guerra especializados en desminado al estrecho de Ormuz. Washington afirmó que la misión tiene como objetivo garantizar un “paso seguro” a los petroleros, fundamentales para “un quinto del comercio mundial de crudo”.
Donald Trump declaró que Washington mantendrá abierto el canal por la necesidad de proteger a sus aliados internacionales. Además, afirmó que le daba “igual” el resultado de las negociaciones en Islamabad.
Sin embargo, el mando naval de la Guardia Revolucionaria rechazó que embarcaciones estadounidenses hayan ingresado en el canal estratégico y advirtió que “cualquier intento de buques militares de cruzar el estrecho será respondido con firmeza”.
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) ya superó el 50% de su meta anual de compra de divisas, acumulando USD 5.424 millones desde el inicio de 2026. La entidad encadenó 64 jornadas consecutivas con saldo positivo y, con la adquisición de USD 457 millones del último viernes, alcanzó la segunda mayor compra diaria de la gestión Milei.
El jueves, la autoridad monetaria había sumado USD 281 millones, el mayor monto del año hasta el momento, que solo encuentra antecedentes similares en febrero y en jornadas puntuales de 2025 y 2024. Para hallar una cifra superior es necesario remontarse a diciembre de 2022, cuando, bajo el Programa de Incremento Exportador, conocido como dólar soja, el BCRA adquirió USD 540 millones en un solo día.
Desde el lanzamiento del nuevo esquema monetario en enero, la autoridad monetaria logró superar el 54% de la meta de acumulación de reservas establecida para todo el año. Las compras registradas en la última rueda solo quedaron por debajo de la operación del 4 de abril de 2024, con 468 millones de dólares.
“En este contexto, el BCRA continuó con su compra de dólares. En particular, el jueves compró USD 281 millones y el viernes USD 457 millones, acumulando casi USD 1.000 millones sólo esta semana. Al mismo tiempo, el BCRA relajó algunas de las restricciones cambiarias que aún se mantienen, aunque a su vez extendió el alcance de la restricción cruzada para individuos“, destacó un informe de Puente.
A pesar de este avance, la suba de reservas internacionales no resultó proporcional, ya que una parte significativa de los dólares obtenidos se destinó a cubrir vencimientos de deuda del Tesoro Nacional en moneda extranjera. Como resultado, el incremento en el stock de reservas fue limitado: al cierre del viernes, alcanzaron los USD 45.431 millones, con un aumento diario de 279 millones de dólares y sumaron USD 1.004 millones en la semana.
“Los egresos de divisas neutralizan la acumulación. Los pagos de deuda del Tesoro y del propio BCRA, junto con otros pasivos, compensan gran parte de las compras. En el período analizado, estos compromisos explican el drenaje que limita la mejora del balance”, indicó Maximiliano Gutiérrez, economista de Fundación Mediterránea-Ieral.
A su juicio, el desafío del BCRA no pasa sólo por sostener el ritmo de compras en el mercado cambiario, sino “por lograr que esas divisas se traduzcan en una acumulación de reservas. Mientras los vencimientos externos sigan consumiendo lo que ingresa, y el riesgo país impida refinanciar deuda en los mercados internacionales, el margen de maniobra seguirá siendo estrecho”.
A finales de febrero, el stock de los activos en moneda extranjera había llegado a su nivel más alto desde 2018, alcanzando los 46.905 millones de dólares. Los recientes movimientos reflejan el impacto de pagos de deuda y la volatilidad en la valuación de activos, incluida la cotización internacional del oro, influida por la crisis en Medio Oriente.
Entre el 31 de diciembre de 2025 y el 31 de marzo de 2026, el Banco Central sumó USD 4.382 millones en el mercado de cambios, firmó un REPO por USD 3.000 millones y registró ingresos netos por USD 575 millones derivados de variaciones de precios. En el mismo periodo, los pasivos a un año de la entidad aumentaron USD 4.206 millones, debido a la renovación y ampliación de acuerdos de repo con vencimiento en 2027. Además, el Tesoro absorbió USD 3.659 millones para afrontar vencimientos, lo que dejó prácticamente sin cambios la acumulación neta de reservas en el primer trimestre, según el economista Federico Machado.
Las proyecciones oficiales prevén que el saldo neto de compras de dólares podría ubicarse entre USD 10.000 y USD 17.000 millones en 2026, dependiendo de la demanda de pesos y la disponibilidad de divisas en el mercado. El titular del BCRA, Santiago Bausili, advirtió que la evolución de las compras de divisas dependerá de estos factores. Además, el Central está habilitado a comprar a través del Mercado Libre de Cambios (MLC) o mediante la operatoria conocida como bloque por fuera del canal de exportadores e improtadores.
Para sostener el ritmo de adquisiciones, la autoridad monetaria emitió pesos sin aplicar operaciones de esterilización. Paralelamente, el Tesoro colocó deuda en moneda local para absorber liquidez, con el objetivo de contener el crecimiento de la base monetaria y limitar la presión inflacionaria y cambiaria.
El segundo trimestre presenta un panorama más favorable, con menores vencimientos financieros: Tesoro y BCRA deberán afrontar pagos cercanos a USD 3.200 millones, aproximadamente la mitad de lo desembolsado en el primer trimestre. Asimismo, se espera un mayor ingreso de divisas por la liquidación de la cosecha gruesa, lo que podría reforzar la acumulación de reservas en los próximos meses.
Un informe de Epyca Consultores remarcó que el organismo conducido por Bausili alcanzó en cuatro meses “la mitad de la meta anual de USD 10.000 millones acordada con el FMI, siendo que el trimestre dorado de liquidación de exportaciones por cosecha gruesa recién comienza”.
“Hoy las reservas internacionales brutas rondan los USD 45.000 millones, cuando a fines de abril de 2025 estaban en USD 39.000 millones. Más importante aún: las reservas netas mejoraron a USD -1.700 millones (aún negativas), desde los USD -13.000 millones (negativos) de fines de abril de 2025. Si bien no es un nivel a destacar, lo importante es la tendencia”, destaca el reporte.
Bajo la perspectiva de los economistas de Epyca, el ritmo de compras actual indica que la meta con el FMI podría alcanzarse antes de lo previsto. Este proceso ayudaría a que la calificación crediticia de la Argentina mejore con el tiempo, baje el riesgo país y, en consecuencia, se abran más posibilidades para que Argentina vuelva a obtener financiamiento en los mercados internacionales.
“La acumulación de reservas es clave, pero no es por sí sola una garantía de sostenibilidad externa. Especialmente en este contexto internacional marcado por conflictos bélicos y una volatilidad creciente en los mercados de commodities y capitales, que ponen constantemente en jaque los grados de libertad de los gobiernos (argentino y otros) para implementar políticas económicas. En nuestro país, tener una economía que depende estructuralmente de la exportación de commodities y del financiamiento externo aumenta la importancia de ese colchón para absorber shocks sin que la turbulencia global se traduzca de inmediato en una crisis cambiaria interna”, concluyeron los analistas.
Tras sesiones de más de 15 horas el sábado, Estados Unidos e Irán acordaron reanudar el diálogo en las primeras horas del domingo. Este segundo día de negociaciones directas en Islamabad transcurre en medio de la presión internacional por el control del estrecho de Ormuz.
Las conversaciones entre las delegaciones se han extendido hasta la madrugada del domingo -hora local- debido a profundas diferencias en temas de seguridad y economía vinculados al estrecho de Ormuz, mientras la región enfrenta un aumento de precios del petróleo y amenazas militares renovadas. Hasta ahora, el diálogo continúa sin avances definitivos en busca de un acuerdo que permita reducir el riesgo de un nuevo enfrentamiento armado.
El encuentro, celebrado en un hotel lujoso bajo medidas de seguridad extremas en Islamabad, marca una ruptura con décadas de intermediación indirecta. Por primera vez desde 1979, una delegación estadounidense de alto nivel encabezada por el vicepresidente JD Vance dialoga directamente con la representación iraní, liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el canciller Abbas Araghchi. Participan también Steve Witkoff y Jared Kushner por parte de Washington.
Según AFP, funcionarios de Pakistán, país anfitrión, destacan un ambiente cordial y avances graduales, en contraste con largos periodos de estancamiento anteriores. Islamabad permanece fuertemente resguardada y busca equilibrar sus relaciones tanto con Irán como con la administración estadounidense.
En el centro de la agenda, Irán exige el desbloqueo de activos sancionados y el fin de la ofensiva israelí contra Hezbollah en Líbano como condiciones para llegar a un acuerdo. Las autoridades iraníes remarcan la importancia de la presencia de Vance por su rango y su previa oposición a la guerra, como muestra de seriedad en el proceso. Sin embargo, Estados Unidos sostiene la presión económica y militar e insiste en excluir el asunto libanés de las discusiones de Islamabad, confirmó Vance antes de su partida desde Washington.
La desconfianza domina el ambiente tras experiencias previas de promesas incumplidas y choques fundamentales. De acuerdo a lo reportado por la prensa iraní el sábado, el régimen reprocha a Estados Unidos “demandas excesivas” sobre el control marítimo, y la Casa Blanca condiciona cualquier avance a gestos concretos de Teherán, descartando toda discusión sobre el conflicto en Líbano.
Por su parte, la presencia estadounidense se reforzó el fin de semana con el envío de dos buques de guerra dedicados al desminado en el estrecho de Ormuz. Washington afirma que la misión busca garantizar un “paso seguro” a los petroleros, vitales para “un quinto del comercio mundial de crudo”. El mando naval de la Guardia Revolucionaria, no obstante, rechazó que embarcaciones estadounidenses hubieran ingresado en el canal estratégico y advirtió que “cualquier intento de buques militares de cruzar el estrecho será respondido con firmeza”.
Existe una tregua temporal limitada a embarcaciones civiles bajo condiciones determinadas, aunque el riesgo de incidentes permanece. Las acciones de Irán en el estrecho desencadenaron el alza de los precios del petróleo, afectando a economías de Europa y Estados Unidos, que importa menos crudo directamente del Golfo pero enfrenta presión política por el encarecimiento del combustible. El presidente Donald Trump declaró que Washington mantendrá abierto el canal por la necesidad de proteger a sus aliados internacionales.
Además, afirmó que le “da igual” el resultado de las negociaciones en Islamabad. Trump sostuvo ante periodistas:“Lleguemos o no a un acuerdo, me da igual. La razón es que hemos ganado”, y agregó:“Estamos en negociaciones muy profundas con Irán. Ganamos de cualquier manera. Los hemos derrotado militarmente”.
El conflicto trasciende la disputa marítima. Israel, bajo el liderazgo del primer ministro Benjamin Netanyahu, prosigue con ofensivas militares en Líbano contra Hezbollah. El premier manifestó su interés en lograr un tratado de paz duradero con Líbano, aunque descartó un alto el fuego con el grupo terrorista y señaló que buscará ejercer presión sobre el gobierno central de Beirut.
Tanto la Unión Europea como otros actores internacionales observan con preocupación el riesgo de una escalada y demandan garantías para el suministro energético global. Están previstas próximamente reuniones entre Israel y Líbano en Washington, lo que añade tensión a un escenario regional ya cargado de intereses contrapuestos. Islamabad, por su parte, refuerza la seguridad mientras acoge un diálogo considerado sin precedentes y con potencial de redefinir el equilibrio en Medio Oriente.
La desconfianza entre Teherán y Washington persiste, según reconoció Ghalibaf. Las expectativas de un compromiso transformador siguen limitadas por décadas de promesas rotas y decepción mutua.
El jefe de GabineteManuel Adorni presentará su primer informe de gestión ante la Cámara de Diputados el 29 de abril, en plena investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito ligada a la compra de dos propiedades y a gastos en vuelos y viajes al exterior. Pese a la creciente incomodidad dentro del oficialismo y entre sus aliados, desde La Libertad Avanza ratificaron que el funcionario no dará marcha atrás ni postergará su presentación.
Al confirmar la fecha, Javier Milei publicó en X que no se lo perdería. Sin embargo, desde el oficialismo aclararon que hasta ahora no hubo ninguna comunicación de la Casa Rosadaconfirmando su presencia. En el entorno libertario deslizaron que el mensaje presidencial puede interpretarse como que Milei seguirá la sesión por transmisión online.
Por su parte, los legisladores ya le enviaron a Adorni un récord de más de 4.800 preguntas escritas, cuyas respuestas se conocerían horas antes de la presentación. Desde el oficialismo confirmaron que el ministro “se está preparando” para enfrentar el interrogatorio.
El presidente de la Cámara, Martín Menem, evitó por ahora consultar con sus socios dialoguistas sobre el clima con que llegará el jefe de Gabinete. Tanto el peronismo como referentes del interbloque Unidos están cada vez más entusiasmados con la chance de interpelar a Adorni, no solo por sus propiedades y viajes sino también por el escándalo de la criptomoneda $LIBRA, en el que aparecen involucrados el propio Presidente y su hermana Karina Milei.
Los aliados piden que renuncie
En el PRO y en la UCR, los principales socios del gobierno en el Congreso, la postura oficial es aguardar una definición judicial. Pero, en paralelo, aumenta la presión para que Adorni deje el cargo. “Se lo tienen que sacar de encima porque es una locura que siga en el Gobierno”, graficó un legislador.
La propia Patricia Bullrich, jefa del oficialismo en el Senado, se despegó de la continuidad del ministro. Reconoció que está “muy tocado” y remarcó que fue Milei quien decidió mantenerlo en el cargo.
El escenario más delicado para el gobierno es la posibilidad de una moción de censura. Si el kirchnerismo, la izquierda, Unidos y los diputados de las provincias del norte logran alinearse, tendrían la mayoría absoluta que exige la Constitución para desplazar a Adorni del cargo.
En la Casa Rosada saben que Karina Milei no negociará con los gobernadores para frenar ese avance y en sectores de la oposición ya circula el argumento de que si logran la censura podrán instalar que “no los dejan gobernar”, lo que complicaría aún más la narrativa oficialista.
La agenda que deberá responder
Más allá de su situación judicial, Adorni también tendrá que dar explicaciones ante Marcela Pagano, la diputada que impulsó la denuncia que originó el expediente judicial en su contra.
Además, deberá responder por los recortes en la coparticipación federal que denuncian las provincias y por las deudas que el Estado nacional mantiene con las cajas previsionales no transferidas a la ANSeS, que al año pasado ascendían a $350.000 millones.
Su visita al Congreso cumple con el mandato constitucional que obliga al jefe de Gabinete a presentar un informe mensual alternando entre ambas cámaras. Pero esta vez, la cita tiene otro peso.
En medio de la crisis económica, y luego de la aprobación de la reforma a la ley de Glaciares, una delegación de 35 dirigentes políticos, entre ellos 18 diputados y cuatro senadores nacionales esponsoreados por la ONG Red de Acción Política (RAP), viajará la semana que viene a Boston, Estados Unidos. Participarán de un convención sobre Inteligencia Artificial en la Universidad de Harvard.
En la comitiva habrá diputados de La Libertad Avanza, del PRO, la UCR, del interbloque Unidos e incluso el peronista Guillermo Snopek, según reveló la Agencia NA.
Por la Cámara baja, algunos otros nombres que serían parte de la delegación argentina que viajará a Estados Unidos son el santafesino Nicolás Mayoraz, la catamarqueña Fernanda Ávila (quien saltó de UxP al bloque del gobernador Raúl Jalil), el bonaerense Nicolás Massot (Encuentro Federal), la sanjuanina Nancy Picón Martínez (Producción y Trabajo, que responde al mandatario Marcelo Orrego), la misionera Yamila Ruiz (Innovación Federal) y la cordobesa Carolina Basualdo (Provincias Unidas).
Del Senado viajarán la pampeana Victoria Huala (PRO), la santacruceña Natalia Gadano (que responde al gobernador Claudio Vidal) y la mendocina Mariana Juri (UCR), que tiene como terminal política a Alfredo Cornejo.
Esta ONG también incorporó a sus filas a los senadores nacionales Rodolfo Suárez (UCR), Camau Espínola (Provincias Unidas) y Bruno Olivera (La Libertad Avanza).
Otros legisladores nacionales que integran el RAP son los diputados nacionales Belén Avico, Mariano Campero, Florencia de Sensi, Daiana Fernández Molero, Ignacio García Aresca, Silvana Giudici, Diógenes González, Mercedes Llano, Luis Petri, Luis Picat, Santiago Santurio, Pamela Verasay y Martín Yeza.
No todos ellos están confirmados, pero la mayoría se subirá al avión que los trasladará a la actividad internacional, donde se espera la participación del premio Nobel de Economía, Daron Acemoglu.
Si bien la logística del viaje a Estados Unidos de la delegación de políticos argentinos es organizada por la RAP, no está claro el origen del financiamiento, que incluye pasajes de avión, alojamiento en hotel de categoría y todos los viáticos incluidos.
Esta ONG, que en la actualidad agrupa a más de 220 dirigentes políticos, se define en sus redes institucionales como una organización “apartidaria y con pluralismo ideológico”, que “desde el 2003 busca propiciar la generación de amistad cívica entre políticos de distintos partidos, regiones y niveles de responsabilidad”.
También subraya que tiene entre sus objetivos centrales “promover la articulación, establecer vínculos de confianza y generar espacios de diálogo e interacción entre políticos, lideres y referentes de diversos sectores de la sociedad civil (empresarial, academia, sindical, organizaciones sociales, etc.), e ”impulsar la generación de consensos buscando reducir la volatilidad y pendularidad de las políticas públicas”.
Entre sus miembros se destacan los gobernadores Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Martín Llaryora (Córdoba) e Ignacio Torres (Chubut), además del vicegobernador Gustavo Menna (Chubut), y los intendentes Pablo Javkin (Rosario), Julio Zamora (Tigre) y Soledad Martínez (Vicente López).
Otros integrantes destacados son el secretario de Desregulación Alejandro Cacace, el sherpa argentino ante el G20 Federico Pinedo, los legisladores José Cano (Tucumán), José Corral (Santa Fe), Brenda Austin (Córdoba), Leandro Santoro (Ciudad de Buenos Aires), Emmanuel Ferrario (Ciudad de Buenos Aires), Graciela Ocaña (Ciudad de Buenos Aires), Joaquín de la Torre (Buenos Aires), Diego Valenzuela (Buenos Aires) y Omar Perotti (Santa Fe).
También son miembros dirigentes de renombre como Paula Bertol, Esteban Bullrich, Ricardo Buryaile, Pamela Calletti, Marcela Campagnoli, Carla Carrizo, Soledad Carrizo, Eugenio Burzaco, Rodrigo de Loredo, Carolina Gaillard, Hernán Lacunza, Pablo Kosiner, Juan Ignacio Maquieyra, Liliana Negre de Alonso, Adrián Perez, Carla Pitiot, Iván Petrella, Florencio Randazzo, Adrián Pérez, José Rolandi, Ana Clara Romero, Margarita Stolbizer, Ernesto Sanz, Fernando Sánchez, Mónica Fein. Enrique Estévez, Oscar Aguad, Soledad Acuña, Daniel Arroyo y Eduardo Amadeo.
Un fatal siniestro vial se registró este sábado por la mañana en el departamento Victoria, dejando como saldo una víctima fatal y una mujer con heridas de gravedad. El accidente ocurrió en una zona de puentes, donde rige la prohibición de adelantamiento.
Los detalles del siniestro en el kilómetro 86
Alrededor de las 9:30 de este 11 de abril, los servicios de emergencia fueron alertados por una colisión sobre la Ruta Provincial Nº 11, específicamente a la altura del kilómetro 86. Según los primeros informes policiales, el hecho fue protagonizado por dos vehículos de la marca Peugeot que impactaron de manera frontal.
El incidente se desencadenó cuando un Peugeot 207, conducido por una mujer de 36 años oriunda de la ciudad de Victoria, circulaba en sentido Victoria-Diamante. Al intentar realizar una maniobra de sobrepaso a un camión Mercedes Benz sobre un puente, se encontró de frente con otro automóvil que transitaba en sentido contrario.
Víctima fatal y heridos de gravedad
Como consecuencia del violento impacto, la conductora del Peugeot 207 falleció de forma instantánea en el lugar del hecho.
El segundo vehículo involucrado, un Peugeot 208, era ocupado por un matrimonio de 76 años de edad, ambos domiciliados en la ciudad de Paraná. Tras ser rescatados, fueron trasladados de urgencia en ambulancia hacia el Hospital Fermín Salaberry.
En el nosocomio local, los profesionales médicos informaron el siguiente cuadro clínico:
-Conductor (76 años): diagnosticado con lesiones leves.
-Acompañante (76 años): presenta lesiones de carácter grave, quedando bajo observación y tratamiento médico.
Operativo y actuaciones judiciales
En el sitio del siniestro trabajó intensamente el personal de la Comisaría Pajonal, junto a efectivos de la Policía Científica para realizar las pericias accidentológicas que determinen las responsabilidades mecánicas y humanas del suceso. También se hizo presente el cuerpo de Bomberos Voluntarios de Victoria.
La causa quedó a disposición de la Fiscalía en turno, que impartió las directivas correspondientes para el levantamiento del cuerpo y el secuestro de los rodados involucrados en esta tragedia que enluta a la provincia.
El Ministerio de Transporte de Qatar comunicó este sábado la decisión de restablecer por completo la navegación marítima para todos los tipos de embarcaciones a partir del domingo 12 de abril de 2026.
La medida se aplicará diariamente entre las 6:00 y las 18:00 horas, incluye tanto buques comerciales como embarcaciones menores. El anuncio representa el regreso pleno de la actividad marítima en las aguas del país tras un periodo de restricciones.
Este permiso especial se orienta únicamente a los barcos pesqueros debidamente autorizados. La disposición subraya la importancia de cumplir las reglas establecidas para cada tipo de navegación.
La autoridad de Qatar insistió en que todos los operadores y responsables de embarcaciones verifiquen la disponibilidad y el correcto funcionamiento de los equipos de seguridad antes de zarpar y durante la navegación.
Esta recomendación busca asegurar que se mantengan los más altos estándares de protección para tripulaciones y pasajeros en cada travesía. El Ministerio recalcó que la prevención de incidentes constituye una responsabilidad compartida entre autoridades y usuarios.
El lunes pasado, el primer ministro y canciller de Qatar, Mohamed bin Abdulrahmán Al Thani, expresó al ministro de Exteriores de Irán, Abás Araqchí, su rechazo a la “falta de consideración” de Teherán por la seguridad de los estados del Golfo Pérsico, tras una serie de ataques iraníes que incluyeron el bombardeo a la Ciudad Industrial de Ras Laffan.
Este complejo es el centro neurálgico de la industria de gas natural licuado y responsable de cerca del 20% del suministro global.
Abdulrahmán subrayó que la escalada contra países ajenos al conflicto representa una amenaza inaceptable y reclamó una solución negociada, remarcando que el respeto al derecho internacional y la vía diplomática son indispensables para evitar una crisis energética de alcance internacional.
La reanudación de la navegación llega en un contexto regional marcado por tensiones recientes en el estrecho de Ormuz y negociaciones internacionales para garantizar la seguridad del comercio marítimo.
Fuerzas estadounidenses han iniciado operaciones de desminado en la zona, mientras que delegaciones de Estados Unidos, Irán y Pakistán mantienen conversaciones directas en Islamabad con el objetivo de reducir el riesgo de nuevos incidentes y restaurar la normalidad en el paso de barcos por rutas estratégicas.
El almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), aseguró que “pronto compartiremos este corredor seguro con la industria marítima para fomentar el libre flujo del comercio”.
En el mismo sentido, el gobierno de Emiratos Árabes Unidos advirtió sobre el uso de rutas marítimas como mecanismo de presión política, al tiempo que las fuerzas estadounidenses desplegaron los buques USS Frank E. Peterson y USS Michael Murphy en una misión de desminado para restituir el comercio seguro.
Mientras tanto, las negociaciones multilaterales en Islamabad avanzan en una fase técnica, con la participación de comités económicos, militares, jurídicos y nucleares.
Las partes buscan alcanzar un entendimiento más allá del alto el fuego temporal vigente, en medio de un ambiente descrito como cordial según funcionarios involucrados en las conversaciones.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la prioridad principal en las negociaciones con Irán es impedir que el país obtenga armas nucleares, al señalar que ese es el objetivo esencial del acuerdo buscado por su administración.
Mientras tanto, en Islamabad, las autoridades reforzaron la seguridad y bloquearon los accesos cercanos al Hotel Serena, donde se desarrollan las conversaciones, lo que dejó las calles prácticamente vacías en la zona.