La presión impositiva, con las retenciones como elemento preponderante desde hace más de 20 años, ha influido en que los productores hayan estado más pendientes del costo que en poder avanzar a pleno con la productividad del negocio, según deslizó Juan Farinati, presidente y CEO de Bayer Cono Sur. También la inestabilidad en el país contribuyó a ese desenlace. El ejecutivo, por otra parte, se mostró “optimista” de que en la Argentina “se está dando una conversación más profunda” del tema del respeto a la propiedad intelectual en semillas, aunque consideró que falta “salir del debate de unos contra otros”, es decir productores versus compañías semilleras o viceversa, y ver cómo se capturan unos US$3000 millones que por año se pierden por no contar el país con toda la tecnología en soja que se podría tener si el asunto estuviera resuelto.
Farinati estuvo en Huxley, en el estado de Iowa, en el marco del Bayer Innovation Showcase y allí dejó importantes definiciones. “El tema de la presión impositiva ha afectado por diferentes ángulos, además de que obviamente es un costo para el sector. Ha hecho que nos enfoquemos mucho más en el costo que en la productividad y en el costo de lo que producimos”, indicó.
Vale recordar que por años muchos productores se han quejado de que las retenciones influyeron en sus decisiones de inversión y hasta en el pago de tecnologías que merecen un reconocimiento de la propiedad intelectual.
Para Farinati, lo que en rigor pasó fue que la presión impositiva en la Argentina “lo que ha generado es que piense siempre en el costo por hectárea” cuando “el productor no vende hectáreas, vende toneladas”.
“La combinación de costo por tonelada es: uno, cuánto invierto; dos, cuánto me rinde lo que invierto. Es una combinación de costo y productividad. En los últimos años, si querés por el tema de la presión impositiva, por el productor estar a la defensiva, se venía de un mundo de mucho costo por hectárea”, agregó.

Según el número uno de la firma en el país, incluso por la inestabilidad en la Argentina se venía de un mundo donde la discusión era “cómo comprábamos, cómo pagábamos, cómo nos financiábamos”. En este contexto, luego precisó: “Ahora estamos mirando a una lógica donde la productividad es una conversación importante y creo que lo que estaría buenísimo es que el productor diga: ‘¿Qué es lo que me permite a mí bajar mi costo por tonelada lo máximo posible? ¿Fertilizar más? ¿Aplicar fungicidas? ¿Utilizar determinados materiales?. Para mí esa es un poco la conversación”. Para Farinati, el agro en el país “es de por sí productivo”.
El ejecutivo puso un ejemplo para ilustrar cómo se condicionó la discusión por la productividad. “Si yo tengo retenciones, tengo que ser más productivo que mi vecino, no tengo que ser menos productivo. Si soy menos productivo y tengo retenciones, seguramente me va a ir mucho peor que teniendo retenciones y siendo productivo”.
Consultado sobre si las retenciones han afectado la discusión por el reconocimiento a la propiedad intelectual, Farinati remarcó: “El tema de la presión impositiva al sector ha incidido en un montón de aspectos. Creo que ha sido como muy central y, en muchos casos, medio como que, no digo que esté ni bien ni mal, se termina combinando todo, mezclando todo. Pero vuelvo al ejemplo: si yo tengo retenciones, tengo que tener mejor tecnología, no menor tecnología. Esa es la realidad si lo ves racionalmente”.
Propiedad intelectual
En 2021, Bayer dejó en la Argentina el negocio de semillas de soja. Lo hizo cuando estaba con el negocio de la soja Intacta, un producto con resistencia a insectos. Desde entonces se ha mantenido expectante por el debate en torno de la propiedad intelectual para ver si se daban las condiciones para volver. Mientras en la Argentina sigue atenta a los acontecimientos, en Brasil la empresa comercializará el próximo año una nueva generación de esa soja Intacta, que se llama Intacta 5+. En los hechos se trata de la cuarta generación del producto.
Farinati señaló una diferencia abismal con Brasil. En 2000-2002, el vecino país tenía tres programas de investigación genética en soja, ahora cuenta con más de 35. “En la Argentina hemos ido para atrás”, acotó.
En este marco, Farinati fue consultado sobre el debate por la propiedad intelectual en semillas. Reconoció que el Gobierno eliminó restricciones que existían desde 2012 a la patentabilidad en biotecnología y que se avanzó con la ratificación en la Cámara de Diputados de la adhesión de la Argentina al Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT, por sus siglas en inglés). Esta es una suerte de liga de países donde hay una definición de qué cosas se tienen que presentar para solicitar una patente. El fin de las restricciones a la patentabilidad y el PCT impactan en el agro sobre la biotecnología, no en la genética. Para esta último debería correr el tratado internacional UPOV-91, que está en el centro del debate en el agro. El mismo Gobierno introdujo la discusión por UPOV-91, cuya adhesión se debería abordar en el Congreso, algo que considera positivo la industria en general ya que le brinda una mayor protección al reconocimiento de la propiedad intelectual. Farinati destacó la “relevancia de que la Argentina sea parte”.
“Hay un montón de diálogo, reuniones de productores, donde yo creo se están empezando a acercar posiciones en relación a esto. ¿Qué es lo que yo creo que para mí estaría buenísimo que se establezca? Una conversación que sea menos de semilleros contra productores y más de cómo hacemos para que la Argentina reduzca el gap de tecnología que tiene y que deje de perder la plata que pierde todos los años por no tener tecnología”.
Mauricio Rodrigues es presidente de Bayer Crop Science para América Latina. Tiene una visión positiva sobre la discusión para saldar la propiedad intelectual en la Argentina. “Veo con muy buenos ojos que se ha inspirado y que sea la intención de, cada vez más, caminar en una dirección de respeto a la propiedad intelectual en un nivel cada día más avanzado, de que se pueda tener un ambiente más previsible desde el punto de vista de regulación y que permita traer innovación”, dijo.

“Al final del día estamos en la Argentina [desde hace] más de 100 años, conocemos muy bien el país, estamos muy bien establecidos con sitios de producción, con sitios de investigación, con un equipo comercial enorme y creemos mucho en la agricultura del país, pero seguramente esto debería estar siempre de la mano de tener previsibilidad y tener un ambiente que te permita seguir invirtiendo e innovando. Entonces veo muy positivamente todo el movimiento que sea en esta dirección y vemos que hay movimientos interesantes recientemente”, agregó.
Según Rodrigues, la empresa evalúa el seguimiento de la discusión, pero no hay un plazo ni una fecha. “Lo que hemos evaluado son los avances, los avances que vimos en la discusión por UPOV”, afirmó.








































