La propuesta que analizan las partes contempla que Teherán permita nuevamente la navegación por el estrecho a cambio de que Washington levante el bloqueo económico contra Irán y permita al país acceder a activos congelados, según fuentes cercanas a las negociaciones citadas por la agencia Reuters.
El esquema, sin embargo, enfrenta un obstáculo central: ninguna de las partes quiere ser la primera en ceder la ventaja que obtuvo durante el conflicto. Washington controla la presión económica que afecta a Teherán, mientras que Irán mantiene bajo su control el acceso a una ruta estratégica para el suministro mundial de petróleo.
Las negociaciones entre los representantes de EEUU e Irán
Con la desconfianza y la profunda rivalidad en la mesa, un alto cargo iraní consideró que la alternativa más plausible para superar el punto muerto sería avanzar por etapas. “Una forma de avanzar sería resolver la crisis por etapas. La primera sería poner fin al bloqueo y reabrir el estrecho de Ormuz“, afirmó durante la Asamblea General de la ONU.
El eventual acuerdo supondría que el presidente estadounidense, Donald Trump, aceptara nuevamente una solución temporal, después del fracaso de un entendimiento previo en julio. Para los negociadores, el desafío no pasa solamente por definir las condiciones, sino también por conseguir que las concesiones tengan suficiente duración como para generar confianza entre ambas partes.
Trump afirmó que Estados Unidos e Irán podrían alcanzar un acuerdo después de las elecciones de mitad de mandato al Congreso, previstas para el 3 de noviembre. Un alto cargo europeo, en tanto, señaló que los iraníes “tienen una lista muy larga de exigencias“.
Desde la Casa Blanca sostienen la narrativa de que “Irán está desesperado por llegar a un acuerdo” y de que “el presidente Trump tiene todas las cartas en la mano y tomará la decisión que sea mejor para Estados Unidos”.
En este sentido, agregaron que Trump está “abierto a dialogar con Irán en las circunstancias adecuadas“, aunque sostuvo que no tenía necesidad de negociar y que Estados Unidos se encontraba en una “posición muy sólida”, con el control del estrecho de Ormuz y una economía iraní que estaba “colapsando”.
Con este escenario, el exnegociador estadounidense. Dennis Ross, estimó en un 30% las posibilidades de alcanzar un acuerdo antes de las elecciones de mitad de mandato, aunque consideró que ambas partes podrían tener mayores incentivos para llegar a un entendimiento antes que después de los comicios: “El bloqueo es lo que realmente está asfixiando a los iraníes. Los está estrangulando“, aseguró.
El estrecho de Ormuz, en el centro de la negociación
El estrecho se convirtió en una de las principales herramientas de presión de Teherán durante el conflicto. Para Washington, la prioridad es recuperar el libre tránsito de los buques por una ruta clave para el suministro mundial de petróleo, que ya impacta fuertemente en su economía.
Para Irán, en cambio, el levantamiento del bloqueo económico estadounidense es la principal prioridad. Las fuentes señalaron que Teherán estaría dispuesto a retirar del acuerdo principal su exigencia de cobrar peajes por el uso del estrecho y trasladarla a un anexo.
Los Estados del golfo Pérsico rechazaron esa propuesta. De acuerdo con las fuentes regionales, cualquier eventual acuerdo sería temporal y no implicaría que Irán abandone formalmente su posición sobre el control de la vía navegable.
Según consignó Reuters, un funcionario iraní sostuvo que el objetivo de Teherán no es principalmente imponer peajes, sino preservar su control administrativo sobre el estrecho. “Irán no se centra principalmente en imponer peajes en Ormuz, sino en preservar su control administrativo de la vía navegable (…) Irán podría estar dispuesto a aplazar la cuestión de los peajes, pero no va a renunciar al control administrativo del estrecho“.
La presión económica sobre Irán
Estados Unidos endureció el cerco económico contra Irán mediante nuevas sanciones que se sumaron al bloqueo de las exportaciones de petróleo, una fuente importante de divisas para el país. Este mes, Washington puso en el punto de mira a las aerolíneas comerciales iraníes que aún permanecen operativas y a sus redes de apoyo, como parte de una campaña destinada a cortar los vínculos económicos que sostienen al Gobierno y a la Guardia Revolucionaria.
Así, el presidente estadounidense advirtió que la economía iraní podría “pudrirse” si no se alcanzaba un acuerdo. Al mismo tiempo, Teherán se prepara para una eventual reanudación de la guerra con Washington, incluso mientras mantiene abierta la vía diplomática.
Un eventual acuerdo antes de las elecciones de mitad de mandato también tendría efectos sobre la agenda política estadounidense. La reapertura de Ormuz podría aliviar las tensiones en el golfo Pérsico, contener los precios del petróleo y contribuir a reducir el precio de la gasolina en Estados Unidos.
Tras los comicios, según Ross, Trump podría enfrentar menos limitaciones y estar más dispuesto a aumentar la presión sobre Teherán o considerar opciones militares.
En ese escenario, las elecciones del 3 de noviembre funcionan no solo como una fecha política, sino también como un punto de referencia para una negociación que enfrenta un problema central: Washington busca que la presión genere concesiones, mientras Teherán pretende que esa presión sea levantada antes de hacerlas. Los Estados del golfo Pérsico, por su parte, buscan que el conflicto termine sin que las rutas estratégicas de la región se conviertan en monedas de cambio permanentes.





























