
El gobierno nacional, de la mano del flamante Jefe de Gabinete, Diego Santilli, avanza con convicción en la misión de discutir la reforma política en el Congreso y, especialmente, de derogar las PASO nacionales con el apoyo de los gobernadores, dueños de los votos claves en las dos cámaras parlamentarias.
En la Casa Rosada y en el Congreso, los primos Menem y Santiago Caputo hacen números y afinan el lápidez para generar un golpe de efecto potente en la nueva etapa del Gobierno, tras la salida de Manuel Adorni. En el oficialismo saben con claridad que eliminar las PASO complicará, aún más, la resolución de la interna peronista, el principal rival a vencer en el 2027.
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Si las elecciones primarias caen en desgracia, la oposición se quedaría sin una herramienta determinante para saldar las diferencias internas y legitimar al candidato final para enfrentar a Javier Milei en el camino a su reelección. Los libertarios, con ayuda de una parte de la oposición, le llenarían de espinas la ruta al sector opositor más duro y voluminoso del país.
En Balcarce 50 dan cuenta de que el número está, pero que falta pulirlo. En los hechos, eso significa avanzar en la negociación cruzada por los acuerdos electorales en cada provincia de cara al 2027, a cambio del acompañamiento parlamentario. El toma y daca de siempre. Si bien reconocen que falta hablar con algunos gobernadores, también dejan saber que un sector del radicalismo y del peronismo del interior está dispuesto a acompañar.
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“Estamos en plena negociación. Creemos que vamos a llegar a un consenso para que salga”, indicaron a Infobae en la Casa Rosada, donde reconocen que la búsqueda del acuerdo tiene dos alternativas viables: la eliminación o la suspensión. Algunos opositores del radicalismo y el peronismo ven en una primarias sin obligatoriedad (PAS) una salida colateral en el caso de que las negociaciones se empantanen. Pero está la voluntad de avanzar en el rumbo que marca el oficialismo.
En el justicialismo hay quienes dan por perdida la batalla y empiezan a asumir, con cierta resignación, que el Gobierno va a poder tumbar las PASO. “Tienen el número. Ya está. Los gobernadores van a acompañar y nosotros tendremos que ver cómo nos la arreglamos el año que viene”, sostuvo una diputada nacional de larga trayectoria en el peronismo.
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Pero no todos piensan en esa línea. Un referente importante del bloque de diputados de Unión por la Patria (UP) planteó sus reparos respecto a la viabilidad del propósito que tiene el Gobierno. “Si todavía no fueron al recinto es porque no tienen el número. Lo pueden construir. Pero hay que ver el contenido del acuerdo que pueden hacer y el momento en que lo hacen”, sostuvo. El Gobierno piensa que la reforma se puede tratar en agosto. Hay varias semanas para negociar.
En la mayoría de las terminales peronistas asumen que si las PASO se caen, la fuerza política tendrá un problema grande por delante. Porque las Primarias sirven para contener a las distintas vertientes, que cada una presente el candidato que quiera y que la gente que desee votar al espacio político en su conjunto, defina quién es el mejor candidato.
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Además, son muchos los que creen que, debido a la extensa e intensa interna que atraviesa el peronismo bonaerense, sumado a la horizontalidad del debate de este tiempo, es importante que el candidato que quede en pie sea legitimado por los votos. Sea cual sea ese candidato. Eso se debe a la falta de un liderazgo que encolumne a la mayoría y a la ruptura interna que el peronismo sufrió luego de dejar el poder en el 2023.
Las limitaciones que tiene el liderazgo de Cristina Kirchner, que sigue siendo la referente más importante, aunque su voz ya no atraviese los límites de su fuerza, también influyen en la necesidad de legitimar nombres. Ya no sirve, como ocurrió en un tiempo, que la ex presidenta levante su pulgar y le dé su bendición a un candidato. No alcanza. Por eso los votos son la mejor forma de resolver tantas desconfianzas que sobreviven en las arterias justiciaistas.
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“Hay un montón de compañeros en el interior que no se sienten contenidos por las discusiones que estamos teniendo. Hay que tener un ámbito de debate porque de este laberinto se sale con legitimación popular. Votando. Si no tenemos las PASO, será con una interna abierta y sino será una interna partidaria, pero hay que legitimar”.
Ese fue el planteo que hizo Juan Manuel Olmos, referente del PJ Federal, durante una entrevista que brindó ayer al canal de streaming Gelatina. El titular de la Auditoria General de la Nación (AGN) hace tiempo que viene planteando que el peronismo necesita que las diferencias se resuelvan con votos, porque el dedo todopoderoso no va más y porque nadie tiene la capacidad de aglutinar más de la mitad de las voluntades que hay dentro de un peronismo roto.
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La postura de Olmos es la del PJ Federal en su conjunto. Hay otras vertientes, como el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que, ante la imposibilidad de que Axel Kicillof sea un candidato de consenso, comparten esa mirada. El Jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco, lo explicó algunos días atrás. “Las PASO son el mejor sistema para definir una candidatura en el peronismo. Los que quieran representar, se pueden presentar y la gente elige”, indicó.
Bianco planteó que la candidatura se definirá con el “método posible” y, eventualmente, se buscará “el consenso”. La última opción, a esta altura del calendario, parece una utopía. Mientras pasa el tiempo y las guerrillas kirchneristas siguen, las posibilidades de un acuerdo de unidad amplio van diminuyendo.
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Si no hay consenso y no hay PASO, hay dos opciones que se están conversando hace tiempo en el peronismo. Una es la interna partidaria. Esa es una alternativa que parece casi inviable en lo que respecta a su organización y logística. Los padrones de los PJ de todo el país no está actualizados y, además, en el presente el peronismo es representado por una convergencia de partidos. Armar un gran padrón de la coalición es un trabajo demasiado complejo para el tiempo que falta hasta la elección.
La otra opción es que haya una interna partidaria abierta. Es decir, que el peronismo haga una elección, pero que pueda votar cualquier persona, no solo los afiliados. Esa propuesta, con la particularidad de dividirla en cuatro regiones y en cuatro meses distintos, es la que impulsa el sanjuanino Sergio Uñac, uno de los precandidatos que tiene el peronismo.
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Algunos dirigentes ven una falencia grande en esa opción y es que haya electores de otras fuerzas políticas que puedan votar en la interna y terminen trastocando la legitimidad real de la elección. Porque ninguno de esos votantes aparecerán en una elección general posterior. El resultado podría terminar siendo un espejismo.
Otro escenario que empezó a tomar volumen como una opción inevitable, más que como una convicción, es que haya distintas candidaturas en la elección general. Es decir, que el peronismo vaya dividido, como sucedió en el 2003, y que el ganador de esa interna virtual absorba los votos anti Milei en un balotaje. Sería el peor escenario. El retrato más fiel de la ruptura.
Esa opción tiene un talón de Aquiles: la posibilidad de que Javier Milei gane en primera vuelta frente a la fragmentación de la oposición. Lo cierto es que alguna opción el peronismo va a tener que abordar para poder poner en la cancha una candidatura razonable y competitiva. Aún hay tiempo por delante. Pero las divisiones son tantas y tan profundas, que han construido un clima espeso y especulativo en el justicialismo. El futuro es incierto y difícil. Bastante difícil.




























