El PRO les suelta la mano a los republicanos
El irresistible ascenso de Diego Santilli como jefe de Gabinete clausura definitivamente la ilusión de que el PRO, partido de cuya mesa nacional forma parte, siga representando al electorado moderado de centro democrático y republicano que lo llevó a Javier Milei a la presidencia en 2023 y a Mauricio Macri en 2015.
Esa fuerza afirmó victorias electorales en la última década alcanzando un promedio de 42% de votos en elecciones nacionales. Es el mismo segmento que en 2023 apoyó a Milei en el balotaje con la consigna de impedir que el peronismo siguiera en el poder.
La formalidad de Santilli en la cúpula del gobierno mileísta, que ha hecho campaña y gestión con la denuncia de los “ñoños republicanos”, deja a buena parte de ese electorado sin representación.
Es una primera mayoría que domina el voto en los grandes distritos electorales y sostiene una agenda moderada, de respeto a las instituciones republicanas y alejada de los demonios de la polarización que envenena la vida pública en la Argentina y otros países.
La estructura ausente y el riesgo Milei
Este electorado numéricamente suele ser más grande que el peronismo en las urnas y se ha quedado sin representación para las próximas elecciones. Es presumible que se convierta en el botín de fuerzas que están desperdigadas en el oficialismo y que se resisten a aliarse a la agenda polarizante y extrema de la gestión Milei.
Han apoyado al Gobierno en los dos primeros años, pero Macri insiste en que el rumbo del oficialismo es el correcto, y Santilli como jefe formal del Gabinete anti ñoño ponen al desnudo una estructura ausente que expresa una demanda que no tiene la contraparte de la oferta.
Umberto Eco impuso en la semiología el concepto de “estructura ausente”, para designar una hipótesis de interpretación que ordene el caos de los fenómenos. Hoy ese electorado es huérfano de representación por la pulverización de las marcas partidarias que articulaban el compromiso electoral con los sectores medios.
Desde la economía, el experto Juan Battaglia aportó una apreciación casi herética entre su colegas. Afirmó que “lo mejor que le puede pasar a la Argentina, para que baje el riesgo país, es que se cuele alguien de centro en la elección, porque bajaría el riesgo país automáticamente y con un riesgo país más bajo todo es más fácil” (reportaje en el diario La Nación). En otras palabras, avaló la hipótesis de que el principal riesgo de la Argentina es el riesgo Milei.
La migración que amenaza al oficialismo
Los sondeos de opinión, que circulan a medida que avanza la campaña electoral desatada por el oficialismo y la oposición, dicen haber detectado la migración de sectores que están dispuestos a verse representados por otros dirigentes. Esa migración se ancla en dos fenómenos de opinión:
1) Los casos de presunta corrupción que destruyen la narrativa del regeneracionismo moral del gobierno.
2) La perversa combinación de salarios bajos y precios altos. Como dijo alguna vez Chacho Álvarez, “para gobernar necesitás dos cosas: prestigio y liquidez”.
Los migrantes al centro no se sienten comprometidos con la agenda extremista y acosadora del Gobierno, que maltrata a la Justicia y al Congreso e incumple las leyes que le imponen direcciones del gasto (universidades, discapacidad, jubilaciones, coparticipación).
Es el gobierno que amenaza con un apagón del Estado si el Congreso no aprueba el presupuesto, cuando gobernó los dos primeros años con un presupuesto que prorrogó, elaborado por el ministerio de Economía de Alberto Fernández. Pese a estos extremos, el electorado toleró la polarización.
Pero ante el estrechamiento de la alianza entre LLA y el PRO, empieza a despegarse. Lo que haga en adelante dependerá de que sectores disidentes del PRO y la UCR, y otros partidos que fueron aliados de la coalición Juntos por el Cambio/Cambiemos, encuentren la manera de construir alguna identificación por vías alejadas del PRO tradicional.
La cúpula que preside Macri ha criticado la gestión de Milei, pero ha manifestado que no hará nada para que vuelva el peronismo al poder. Esto significa que evitará fracturar al electorado del no-peronismo creando una alternativa que lo divida: sería letal para ese arco de opinión en una confrontación con un peronismo que desde 2019 ha mostrado una unidad a prueba de todo.
El peronismo también despolariza
La misma necesidad de despegarse de la polarización cabe al peronismo, que está cautivo de la conducción del partido por Cristina de Kirchner. La expresidenta ha llevado a esa fuerza a la mínima expresión en toda su historia. Pero sigue ejerciendo el poder formal como presidenta del PJ, en licencia por la inhabilitación para ejercer cargos políticos.
Aunque libra una pelea interna manifiesta con Axel Kicillof, siguen manteniendo una alianza. Resiste en tensión con el peronismo del Interior, y debe ir a elecciones el año que viene en condiciones de fragilidad. Hay sectores que buscan despegarse del cristinismo y tratan de respaldar la marca de un peronismo “federal”.
Los movimientos que integran, entre otros, Juan Manuel Olmos, Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz han buscado nueva luz acentuando una adaptación de su agenda a lo que creen que el público le reconoce al gobierno de Milei. Han manifestado su idea de que debe mantenerse el equilibrio fiscal y la baja de la inflación, algo que el peronismo tuvo entre 2003 y 2007 con el gobierno de Néstor Kirchner.
La riesgosa diagonal del Dr. Pichetto
Este peronismo busca reconciliarse con sectores moderados del partido que hace 20 años encontraron cobijo en el sector Renovador de Sergio Massa. Pero desde 2009 esa diferenciación del massismo respecto del cristinismo le costó una división del frente peronista, con una década de derrotas electorales y que en 2015 fuera desalojado del gobierno.
Más riesgosa es la diagonal que ha emprendido Miguel Pichetto. Representó al centro moderado como candidato a vice de Macri y en 2023 como candidato a diputado nacional. No ha modificado esa opción, pero ensaya ahora construirla desde adentro del peronismo. Su cercanía a Cristina se justifica en el proyecto de construir poder en esa fuerza, carente de candidatos moderados.
Por eso Pichetto pone el centro de sus manifestaciones en la inhabilitación a Cristina por la condena en el caso Vialidad. Considera que es una restricción que la inhibe a ella, pero también a un electorado al que se le niega la posibilidad de expresarse en una afectación de un derecho fundamental.
Si logra avanzar en esa construcción que es más jurídica que ideológica habrá conseguido un poder interno en el peronismo al que pocos dirigentes pueden aspirar.
Partidos tradicionales vs. partidos de nicho
El sendero que deben emprender los sectores moderados del peronismo y del no peronismo para salir de los extremos de la polarización es más que estrecho. Aliarse con quien manda, en el oficialismo o en la oposición, es un camino de ida que puede dar a los dirigent es un momento de poder y brillo. Pero los aleja de su electorado.
La relación entre partidos convencionales o históricos (como el PRO, el radicalismo en sus variantes y la Coalición -integrantes de Cambiemos-, o el peronismo) con sus electorados se pone en riesgo cuando se compromete con partidos de nicho como son el mileísmo de La Libertad Avanza y el cristinismo (el cristinismo es también una formación de nicho: llegó a ir a elecciones con una marca partidaria diferente al PJ: en 2017 Cristina de Kirchner ganó la banca de senadora por la mayoría en Buenos Aires con Unidad Ciudadana, una coalición en la que no participó el PJ).
La “acomodación” no paga
La relación de los partidos de nicho -que expresan extremos de polarización- y las fuerzas tradicionales ha sido analizada en la experiencia europea en lo que va del siglo.
“Cuando los partidos tradicionales adoptan los temas de la derecha radical, corren el riesgo de legitimar y normalizar el discurso de la derecha radical y fortalecerla a largo plazo”, afirman los politólogos Werner Krause, Denis Cohen y Tarik Abou-Chadi que han seguido la serie completa de lo que llaman “la acomodación” en lo que va del siglo XXI (“¿Funciona la acomodación? Estrategias de los partidos principales y el éxito de los partidos de derecha radical”, Political Science Research and Methods. 2023;11(1):172-179).
Hay experiencias como el avance de Vox en España que le quita vuelo al Partido Popular al que corre por derecha. Si el PRO se acerca a LLA, como lo ha hecho con la designación de Santilli y el corrimiento de Macri, puede desaparecer absorbido por el partido de Milei.
Del otro lado, el peronismo no cristinista está obligado a separarse del cristinismo de nicho para no morir abrasado por su cercanía al sol. La mitología aporta la historia de Ícaro, que voló hacia el sol con alas pegadas con cera que se derritió y derrumbó su vuelo hacia el máximo poder.
El programa antes que el candidato
El no peronismo está en estado de gestación de un centro moderado que eluda la polarización, aun al costo de romper las coaliciones y ponerlas en peligro de derrota, en el país en donde quien se divide pierde. En 2023 las dos familias políticas alcanzaron 41% el no peronismo y 34% el peronismo.
Esta fuerza (el PJ) parece tan fragmentada en el nivel de la dirigencia como la del oficialismo, pero las dos son conscientes de que los electorados se mantienen firmes, con la misma fidelidad que tuvieron por lo menos en los últimos 20 años.
El peronismo discutió el jueves en el interbloque de Unión por la Patria del Senado las condiciones para mantener la unidad y superar los daños de la fragmentación en la cúpula. Hubo exposiciones de los senadores con más experiencia política porque se desempeñaron como gobernadores.
Jorge Capitanich desarrolló, a pedido de José Mayans, el producto de estudios sobre historia de los procesos electorales que ha hecho para dos tesis doctorales que prepara. A partir de estos trabajos propuso que el debate supere la discusión de nombres.
Si el peronismo quiere ser competitivo, afirmó ante sus pares del Senado, tiene que esclarecer sus contradicciones y montar sobre ellas la unidad. Esa unidad, agregó, debe ser en torno a un diagnóstico y una agenda. Y recién después de eso se podrá hablar de algún candidato que exprese esa agenda.
El (des)orden fiscal los afecta a todos
El senador santiagueño Gerardo Zamora puso el énfasis en el problema fiscal que afecta a las provincias por la caída de la coparticipación a partir de la baja recaudación y de la quita por parte del Gobierno de partidas que se alimentan de impuestos, pero que se retienen con el argumento de mantener un equilibrio fiscal.
El santiagueño señaló esa situación fiscal como la más grave y que afecta a provincias peronistas en particular. Cree que el orden fiscal es lo que más puede comprometer a un candidato como Axel Kicillof: todo gobernador será juzgado por la eficiencia de una gestión que está afectada por la falta de recursos.
Zamora admitió que él siempre se había manifestado contra las PASO, pero que, ante las divisiones del peronismo, creía que podían ser un recurso útil para sostener la unidad. También se plegó a la crítica a lo que llamó la “conurbación” de la política argentina y en particular del peronismo.
El peronismo del AMBA se ha dado de patadas siempre con el peronismo del Interior. Y ha dominado desde Buenos Aires por sobre el Interior debilitando a la fuerza. Como todos los presentes, el exgobernador reconoció que, si el Gobierno logra imponer las listas colectoras, estas pueden ser un recurso para lograr lo mismo que podrían con las PASO: “Jugamos en todas las canchas”, cerró José Mayans.
Kicillof alambrado
La situación del peronismo con la interna de Buenos Aires es frágil porque el gobernador Kicillof está aislado de los espacios de poder donde es fuerte el peronismo. No tiene ningún referente en el Senado, que es el espacio donde el peronismo mantiene una de sus fuerzas operativas más eficaces. Tampoco tiene referentes en el Consejo de la Magistratura ni en la liga de gobernadores.
Quienes entienden que Kicillof tiene derecho a presentarse como candidato admiten que ganó dos mandatos de gobernador, mantiene prestigio por su leyenda de honestidad y ganó las elecciones provinciales del año pasado en el distrito más grande del país. Pero esa valencia tiene que complementarse con una generación de espacios de poder, alianzas y decisiones de confianza imprescindibles para representar a todo el arco del peronismo.
Es fatalidad de los gobernadores de Buenos Aires. Tienen el poder para alambrar el distrito para que nadie entre a disputárselo. Pero lo hacen con tanta eficacia que quedan alambrados también para salir del distrito, y se convierten en víctimas de una entropía que les cierra el camino.
Les pasó a los presidentes que no fueron –Cafiero, Duhalde, Ruckauf, Solá, Scioli fueron gobernadores que intentaron el asalto a la Rosada-. Duhalde lo logró como interino nombrado por el Congreso. Massa y Cristina, jefazos del distrito, tampoco pudieron.
Sergio era el hombre fuerte de la gestión de Alberto. Cristina fue presidenta como santacruceña. Cuando migró a Buenos Aires tuvo que conformarse con una modesta vicepresidencia.















