El embajador estadounidense en Líbano, Michel Issa, informó este jueves al presidente Joseph Aoun de que una delegación militar de Estados Unidos llegará a Beirut en los próximos días para coordinar sobre el terreno la implementación de las llamadas “zonas piloto” en el sur del país. La visita marca el inicio formal de la fase operativa del acuerdo marco firmado el 26 de junio en Washington, el primer pacto directo entre Líbano e Israel en décadas, y coloca al Mando Central estadounidense como árbitro sobre el terreno de un proceso cuyo calendario concreto sigue sin fijarse.
Issa realizó este jueves una ronda de reuniones con las tres principales figuras institucionales del país: el presidente Aoun, el primer ministro Nawaf Salam y el presidente del Parlamento, Nabih Berri. En todas ellas trasladó el mismo mensaje: Washington ha entrado en la “fase de implementación” del acuerdo y el lanzamiento de la primera zona piloto se producirá “en cuestión de días”, según declaró un funcionario estadounidense a los medios bajo condición de anonimato. El embajador subrayó la necesidad de evitar “cualquier vacío” de seguridad en el momento en que las tropas israelíes abandonen las posiciones designadas.
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Las “zonas piloto” son áreas acotadas del sur de Líbano donde el ejército libanés debe desplegar y asumir el control pleno a medida que Hezbollah se retire y las fuerzas israelíes replieguen. El texto del pacto establece que Líbano solo ejercerá responsabilidad total sobre esas zonas una vez confirmado el “desarme exitoso de grupos armados no estatales”, una fórmula que alude directamente a Hezbollah. El acuerdo no fija ningún calendario para la retirada israelí, y el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, reiteró este jueves que sus fuerzas permanecerán en el sur “el tiempo que sea necesario” mientras el grupo terrorista chií siga armado.

La ausencia de un calendario ha convertido la implementación en el primer campo de batalla diplomático del proceso. Beirut ha condicionado su participación en la próxima ronda de negociaciones, prevista para los días 15 y 16 de julio en Roma, a que Israel ejecute el repliegue de las dos primeras zonas piloto antes de esa fecha, según una fuente diplomática libanesa citada por AFP. Un funcionario estadounidense respondió que las conversaciones de Roma se celebrarán de todos modos, a nivel de equipos técnicos y a puerta cerrada.
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El acuerdo del 26 de junio fue el resultado de cinco rondas de negociaciones auspiciadas por Estados Unidos en Washington. El pacto prevé la retirada gradual de las fuerzas israelíes del sur de Líbano —donde mantienen posiciones que pueden extenderse hasta diez kilómetros de la frontera— y el despliegue progresivo del ejército libanés en su lugar. A cambio, vincula ese repliegue al desarme de Hezbollah, condición que Beirut no puede garantizar unilateralmente. El precedente más citado por analistas es el acuerdo del 17 de mayo de 1983, que fijó un calendario de retirada israelí pero lo supeditó a la salida de las tropas sirias. Damasco nunca cumplió esa condición, e Israel permaneció en el sur dieciséis años más.
Hezbollah, que arrastró a Líbano a una nueva guerra regional en marzo de 2026 en respaldo a Irán, rechaza el acuerdo en su totalidad y no participó en ninguna de las negociaciones. El secretario general del grupo, Naim Qasem, calificó el pacto de “ilegítimo” e “inconstitucional” en declaraciones televisadas el miércoles en el canal Al-Manar, y advirtió que el acuerdo “no pasará” y que las autoridades libanesas serán “incapaces de implementar ninguna de sus cláusulas”. El presidente Aoun volvió a pedir a Washington que presione a Israel para que cese las operaciones militares: el ejército israelí ejecutó un ataque con drones el miércoles que mató a dos personas en Nabatieh, según medios estatales libaneses.
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La llegada de la delegación militar estadounidense a Beirut convierte a Washington en garante activo de un acuerdo que enfrenta el rechazo de Hezbollah, la ambigüedad israelí sobre el calendario de repliegue y la presión de un gobierno libanés que necesita resultados tangibles antes de sentarse de nuevo a negociar en Roma.













