17 Oct, 2026 12:45 a. m. EST
Tras conocerse el 1,9% de septiembre, la inflación volvió a mostrar su nuevo patrón: alterna meses de subas y caídas. Las proyecciones privadas anticipan que esa dinámica seguirá al menos hasta marzo de 2027, con registros que oscilarían entre 1,6% y 1,8 por ciento. Detrás de ese “serrucho” suave, se esconden aumentos estacionales y regulados, así como una inercia que lentifica el proceso de desinflación.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central de la República Argentina (BCRA) gráfica ese recorrido. La mediana de las proyecciones anticipa una inflación de 1,7% en octubre, 1,6% en noviembre, 1,8% en diciembre, 1,6% en enero y febrero de 2027 y 1,7% en marzo. La trayectoria combina avances y retrocesos, pero sin una ruptura: los analistas consultados por el Central no prevén registros inferiores a 1,6% mensual, al menos hasta el primer trimestre del año que viene.
La dinámica se asemeja, aunque con menor intensidad, a la que exhibe la actividad económica. Hay meses que aceleran y otros que desaceleran; hay rubros que se moderan mientras otros empujan el índice. Alimentos, combustibles, carne, verduras, tarifas y servicios regulados pueden alterar el resultado de cada mes y volver más irregular un proceso que, visto en períodos más largos, parece conservar una dirección descendente.
Alimentos, combustibles, carne, verduras, tarifas y servicios regulados pueden alterar el resultado de cada mes
Desde el pico mensual de 25,5% de diciembre de 2023, la inflación experimentó un marcado descenso. Ese proceso hizo piso en mayo de 2025, cuando se ubicó en 1,5%. En la antesala de las elecciones legislativas de medio término, los precios se recalentaron por la suba del dólar y la caída de la demanda de dinero e iniciaron un ascenso que culminó en el 3,4% en marzo de 2026. Si bien el IPC registró una baja en los últimos meses, todavía no logra perforar el 1% que había anunciado el presidente Javier Milei para agosto de este año.
Según especialistas, el problema radica en que una parte de la economía todavía mira hacia atrás. Jubilaciones, pensiones, asignaciones sociales, tarifas, cuotas de medicina prepaga y paritarias incorporan, con distintos mecanismos y rezagos, la inflación ya registrada. Los aumentos previos quedan incorporados en contratos, fórmulas y negociaciones, y reaparecen en los meses siguientes.
Esa transmisión es la inercia inflacionaria, una de las razones por las que bajar desde niveles muy altos puede ser rápido, pero completar el último tramo demanda más tiempo.
La experiencia de otros planes de estabilización sugiere que la desinflación pierde velocidad cuando se acerca a tasas mensuales más bajas. El desafío deja de ser reducir un índice que corre a gran velocidad y pasa a ser desarmar una estructura de precios, ingresos y expectativas que todavía se ajusta según el pasado.
Jubilaciones, pensiones, asignaciones sociales, tarifas, cuotas de medicina prepaga y paritarias incorporan, con distintos mecanismos y rezagos, la inflación ya registrada
Por eso, el debate ya no gira solo en torno al dato de un mes: también abarca cuánto puede durar una inflación que oscila cerca de 2% mensual y qué condiciones hacen falta para llevarla a un escalón inferior de forma sostenida.
Consultado por Infobae, el economista Juan Manuel Telechea consideró que la etapa actual es consistente con lo ocurrido en programas de estabilización que lograron reducir inflaciones elevadas. “Lo que está sucediendo con la inflación es un proceso típico, que se observó en todos los planes de estabilización ‘exitosos’”, afirmó.
Según explicó, la reducción de una inflación anual de 100% o 200% resulta más rápida que el descenso posterior. “Es bastante rápido bajar la inflación desde niveles muy elevados como 100% o 200% annual, como tuvimos al principio de la gestión de Milei, pero después cuesta muchísimo más bajar lo que sería la inflación inercial”, sostuvo.
Telechea vinculó esa dificultad con los mecanismos de actualización que atraviesan distintos precios e ingresos de la economía. “Hoy las jubilaciones y las tarifas se ajustan por inflación. Y las paritarias, por lo general, se negocian mirando la inflación pasada”, indicó. A su juicio, ese sistema prolonga el efecto de los aumentos anteriores.
Telechea también comparó el escenario argentino con los procesos de estabilización de otros países vecinos. “Cuando uno mira los casos exitosos de los países de la región, todos tardaron más de tres o cuatro años en bajar la inflación a un dígito o por debajo de un dígito en términos anuales”, dijo.
A partir de las estimaciones del REM, Telechea planteó que el descenso a una inflación mensual inferior a 1% no parece cercano. “Si uno mira las proyecciones del REM, todavía dan para todo el año que viene una inflación promedio en torno al 1,6%”, afirmó. Y agregó: “Recién veríamos una inflación de menos de 1% de manera sostenida y consolidada, por lo menos en 2028”.
El economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, Diego Piccardo, remarcó que una desaceleración de precios no implica una baja idéntica todos los meses. “La inflación no baja de manera lineal. Un proceso de desinflación puede tener repuntes mensuales sin que eso implique un cambio de tendencia”, observó.
Cuando uno mira los casos exitosos de los países de la región, todos tardaron más de tres o cuatro años en bajar la inflación a un dígito annual (Telechea)
Piccardo mencionó a la estacionalidad como uno de los elementos que explican la volatilidad. “Hay meses, como marzo, septiembre y diciembre, en los que determinados bienes y servicios suelen registrar mayores aumentos”, explicó.
El segundo factor, según el economista, es la actualización de precios regulados. Según sus cálculos, esos precios acumularon durante el año un aumento relativo de 8% frente al componente núcleo. Desde el inicio de la gestión libertaria, la recomposición alcanzó 62,1 por ciento.
“Este ajuste presiona sobre el índice general, aun cuando otros precios muestran una dinámica más moderada”, planteó Piccardo. A esa dinámica sumó cambios puntuales en productos como la nafta y la carne, que pueden generar diferencias relevantes entre un mes y otro.
Coincidió Fiorella Scalise, economista de EcoGo, al señalar que la inflación alterna meses de baja y repuntes porque “persisten factores que dificultan una desaceleración sostenida”.
“La indexación de tarifas, alquileres, prepagas, cuotas escolares y salarios mantiene los aumentos atados, en distinta medida, a la inflación pasada. A esto se suma que la recomposición de precios relativos todavía no terminó: los precios regulados acumulan un alza del 31,5% en el año, frente al 21,8% de la inflación núcleo. Además, los shocks estacionales en rubros como indumentaria, turismo, frutas y verduras, junto con variaciones puntuales en alimentos y combustibles por factores climáticos o internacionales, generan volatilidad en el índice general e interrumpen su tendencia descendente”, sumó.
El economista jefe de EcoAnalytics, Santiago Casas, contó que el proceso de desinflación “será lento y sinuoso” y vinculó esa perspectiva con la política monetaria y cambiaria.
“La ausencia de una regla clara y consistente de política monetaria, sumada al sostenimiento del cepo cambiario para las empresas, dificulta la recuperación de la demanda de pesos y limita las posibilidades de acelerar la baja de la inflación”, sostuvo Casas.
La inflación no baja de manera lineal. Un proceso de desinflación puede tener repuntes mensuales sin que eso implique un cambio de tendencia (Piccardo)
El analista apuntó a las expectativas del mercado para los próximos 12 meses: “El mercado espera que la inflación acumulada durante los próximos doce meses esté en torno al 21%. Ese escenario implicaría una inflación mensual promedio del 1,6%, y en términos prácticos, equivaldría a un estancamiento del proceso de desinflación”.
La consultora 1816 destacó que la inflación minorista de septiembre fue de 1,9%, en línea con lo previsto por el REM. La firma agregó que la inflación núcleo se ubicó por debajo de 2% por quinto mes consecutivo.
Aun así, la consultora advirtió que el dato no alcanza para dar por resuelta la persistencia inflacionaria. “Mirando la serie histórica parece evidente que la inercia está jugando un rol relevante y cuesta desinflar rápido”, precisó en su informe.
El diagnóstico apunta a una diferencia entre el alivio que puede mostrar el componente núcleo y el comportamiento más amplio del índice general, que incorpora rubros estacionales y precios regulados. En ese marco, la estabilidad por debajo de 2% mensual aparece como un dato relevante, aunque todavía insuficiente para anticipar una perforación rápida de la zona de 1,5 por ciento.
El área de Research del Banco Hipotecario espera que la inflación de octubre se mantenga cerca del registro de septiembre, “en la zona de 1,9%”. La entidad aclaró que su estimación es preliminar.
La ausencia de una regla clara y consistente de política monetaria, sumada al sostenimiento del cepo cambiario para las empresas, dificulta la recuperación de la demanda de pesos (Casas)
Sus mediciones detectaron presiones en rubros estacionales como las verduras. También mencionó el impacto del ajuste en los combustibles que se produjo a fines de septiembre. Hacia adelante, añadió, “comenzaría a impactar en mayor medida el precio de la carne”.
La referencia a esos tres rubros ayuda a explicar por qué el índice puede exhibir un movimiento al alza aun cuando otros componentes muestren una evolución más moderada. El resultado mensual depende de la combinación entre productos de consumo frecuente, servicios regulados y aumentos que se concentran en períodos específicos.
Analistas del Banco Comafi proyectaron una inflación de alrededor de 2,1% para octubre, sobre la base de sus mediciones de alta frecuencia durante la primera semana del mes y del arrastre estadístico. La entidad espera “cierto estancamiento en el proceso de desinflación”, a diferencia del consenso de mercado.
“El aumento en el ritmo de inflación se explica por subas de precios regulados y efectos estacionales”, sostuvo el banco. A la vez, anticipó una incidencia mayor de la carne a partir de octubre. Se trata de un rubro con alto peso en el índice que acumuló más de seis meses consecutivos con variaciones prácticamente nulas.
La entidad vinculó su proyección con factores monetarios. “Todo esto, sumado a una demanda de saldos reales que no se recupera y un crecimiento nominal de los agregados monetarios en el orden del 30% i.a., nos lleva a pensar que en los próximos meses veremos datos de inflación que oscilen ligeramente por sobre el 2% mensual”, afirmó el análisis del Comafi.
La desinflación continuará, aunque probablemente a un ritmo más lento y con un recorrido menos lineal (PPI)
La ALyC PPI proyectó que la inflación implícita, que el mercado “descuenta” para el futuro a partir de los precios de los bonos, promediará alrededor de 1,9% mensual hasta marzo de 2027 y remarcó que “la desinflación continuará, aunque probablemente a un ritmo más lento y con un recorrido menos lineal”.
Para la firma, el límite más difícil está un escalón más abajo. “Llevar la inflación por debajo del 1,5% mensual será un desafío, en parte por la inercia que todavía persiste”, advirtió PPI. En ese contexto, ubicó a la consistencia fiscal y monetaria y a la credibilidad del Banco Central entre los factores que podrían ayudar a consolidar la desinflación.
La AlyC Aldazabal contó que sus indicadores de alta frecuencia apuntan a una inflación inferior a 2% mensual en octubre. La firma mantuvo su expectativa de que el proceso continúe, aunque con dificultades para atravesar el umbral de 1,5 por ciento.
“La inflación implícita entre las curvas de los títulos a tasa fija y los ajustables por CER se ubica torno al 30% para el año, en línea con las previsiones del último REM”, afirmó la sociedad de bolsa.