La estrategia de mentoría digital inversa, en la que los jóvenes enseñan a adultos mayores el uso de tecnologías digitales, demuestra un impacto positivo y mensurable en la alfabetización digital de las personas mayores en Macao, una Región Administrativa Especial de China ubicada en la costa sur del país.
Este proceso, que se desarrolla a través de iniciativas comunitarias e intergeneracionales en la región, contribuye al aprendizaje técnico y a modificar las percepciones sobre el envejecimiento, enfrentando estereotipos que dificultan la integración digital.
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Un estudio realizado por Jierong Hu, Minzhi Ye, Haotian Wan y WengIan Leong, publicado en Innovation in Aging, respalda la efectividad de esta metodología y documenta que el avance tecnológico de la sociedad requiere estrategias que fortalezcan la inclusión digital y la percepción positiva del envejecimiento de los adultos mayores.
La investigación liderada por Hu y Ye abarcó a 402 adultos mayores de 60 años o más residentes en Macao. Del total encuestado, el 62,44% tenía entre 60 y 69 años y una proporción minoritaria correspondía a varones.
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El análisis mostró que casi el 70% de los adultos mayores en Macao utilizaban internet en 2024, frente a solo el 3 % en 2001, pero aún persiste una brecha: el 30% de las personas mayores permanecían desconectadas por falta de habilidades digitales, según datos de la organización especializada Macao Association for Internet Research citados en Innovation in Aging.
La investigación analizó cómo impacta la mentoría digital inversa —un modelo en el que jóvenes enseñan tecnología a personas mayores— en la alfabetización digital de adultos mayores de Macao. Tras controlar variables como edad, género, nivel educativo, ingresos, estado de salud y acceso a internet en el hogar, los investigadores detectaron una mejora significativa en las habilidades digitales de quienes participaron de esta experiencia.
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El hallazgo central fue que el aprendizaje intergeneracional no solo facilitó el manejo de herramientas tecnológicas, sino que también fortaleció la disposición de los adultos mayores a incorporarlas a su vida cotidiana. Según el estudio, el efecto de este acompañamiento fue tanto directo como indirecto: además de enseñar habilidades concretas, modificó la forma en que los participantes percibían su propio proceso de envejecimiento.
Uno de los puntos más relevantes fue el impacto sobre la autoimagen en la vejez. La investigación mostró que quienes desarrollaron una visión más positiva de su etapa de vida presentaron mayores niveles de alfabetización digital. En cambio, las percepciones negativas sobre el envejecimiento funcionaron como una barrera para aprender nuevas tecnologías.
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El programa de mentoría ayudó a reforzar percepciones positivas y a reducir prejuicios internos asociados a la edad, lo que aumentó la predisposición de los adultos mayores a integrarse en entornos digitales.
En cambio, la confianza general en la propia capacidad para enfrentar desafíos mejoró con la experiencia, aunque no mostró una relación directa con el aprendizaje tecnológico. Esto sugiere que, más que la confianza general, el factor decisivo para aprender tecnología es cómo cada persona percibe su propio envejecimiento.
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Este hallazgo indica que el autoconcepto debe abordarse desde dimensiones vinculadas específicamente al envejecimiento y la tecnología, y no a través de escalas genéricas de autoeficacia.
Factores demográficos y recursos: infraestructura antes que escolarización
El trabajo del equipo de Hu y Ye identificó que, una vez controlados la mentoría digital recibida y las percepciones de envejecimiento, ni el género, ni el nivel educativo, ni los ingresos resultaron relevantes en la predicción de competencias digitales entre los adultos mayores. El acceso a internet en el hogar emergió como el principal facilitador del desarrollo de habilidades digitales, reforzando la importancia de la inversión en infraestructura como estrategia de inclusión.
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Entre los participantes, el 75,87% contaba con conexión a internet doméstica y solo el 12,19 % tenía ingresos mensuales superiores a USD 1.250, cifra baja incluso considerando el ingreso promedio de la población adulta mayor en Macao. El 40,55% vivía solo y más del 50 % tenía escolaridad primaria o inferior.
La edad —con un rango en la muestra centrado entre 60 y 69 años, en correspondencia con la estructura demográfica local— y el deterioro de la salud autopercibida constituyeron predictores negativos de la alfabetización digital, aunque el efecto principal se reservó al acceso a herramientas y redes.
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La mentoría digital inversa, una política intergeneracional eficaz
Las iniciativas de DRM promovidas por el gobierno de Macao, como el programa “Aula Digital para Adultos Mayores”, han impulsado experiencias formales e informales de capacitación, involucrando a jóvenes voluntarios, familiares y trabajadores sociales. Estas acciones permiten que los mayores no solo adquieran competencias prácticas, sino que reconfiguren su relación con las nuevas tecnologías y superen barreras ligadas a creencias autolimitantes sobre la vejez.
El modelo propuesto por el estudio recomienda incorporar la DRM en programas sociales y políticas públicas, priorizando la participación directa y el contacto intergeneracional. Estas estrategias, según los resultados publicados en Innovation in Aging, pueden reducir un tercio del efecto limitante de los estereotipos negativos de envejecimiento sobre el aprendizaje digital y contribuir a cerrar la brecha generacional.
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La evidencia recopilada por Jierong Hu, Minzhi Ye y sus colaboradores demuestra que los modelos de intervención empoderadores, donde el acceso a tecnología, la convivencia generacional y la resignificación de la experiencia de envejecer son fundamentales para lograr una inclusión digital efectiva de las personas mayores en sociedades cada vez más tecnologizadas.














