A los 70 años, Armando Zavala sigue recorriendo los mismos caminos rurales que marcaron su vida. Productor agropecuario de Salto, en el norte bonaerense, asegura que nunca necesitó un cargo para defender a quienes trabajan la tierra. Su historia está atravesada por una constante: la decisión de involucrarse cada vez que sintió que una medida política amenazaba la continuidad de los productores. Desde los remates judiciales de los años 90 hasta el conflicto por las retenciones móviles en 2008 y la discusión por la ley de humedales en 2022, Zavala fue construyendo una trayectoria singular dentro del agro argentino. Sin formar parte de las conducciones de las entidades ruralistas, se convirtió en una figura conocida entre productores, legisladores y dirigentes políticos.
“Tiempo atrás, en los 90 decidí ayudar a aquellos productores que tenían dificultades para pagar los créditos a los bancos que, si bien tenían voluntad de pago, atravesaban problemas para hacerlo. Después tuve una presencia activa en el 2008 en el conflicto por la 125 y lo último que hice fue tratar de que se cayera la ley de Humedales del kirchnerismo en el 2022”, recordó a LA NACION.

La historia familiar de Zavala en la Argentina comenzó mucho antes. Es quinta generación de productores agropecuarios de su familia y sus raíces se remontan a Francia, desde donde llegó su bisabuelo hacia 1870.
Según contó, el primer destino fue la zona donde actualmente se encuentra Campo de Mayo. Allí su bisabuelo alquilaba tierras a María Unzué de Alvear y desarrollaba tambos. Con el paso del tiempo, cuando esas tierras fueron vendidas a los militares, la familia decidió trasladarse hacia Salto. “Cuando la dueña le vendió a los militares, mi bisabuelo, mi abuelo y mis tíos abuelos se fueron a comprar a Salto que en ese momento era como el otro extremo del país”, relató.

A partir de entonces, la familia se diversificó entre la actividad tambera y la agricultura. Con las sucesivas divisiones patrimoniales, cada rama tomó su propio rumbo productivo. Su padre continuó trabajando en el establecimiento familiar junto con sus hermanas. Y más tarde Zavala profundizó el perfil agrícola de la empresa y avanzó en la producción de semillas bajo riego para semilleros, complementando la actividad con ganadería. “Seguí el rumbo de mi padre y me dediqué con mucha pasión por el campo a la actividad. Siempre, siempre lo seguí”, afirmó.
Durante su juventud estudió veterinaria, aunque también desarrolló una faceta poco conocida. Mientras cursaba la carrera trabajó en una radio, donde comenzó atendiendo teléfonos y terminó realizando móviles periodísticos. Sin embargo, la enfermedad de su padre modificó los planes. Decidió abandonar la actividad periodística para regresar de lleno al establecimiento familiar.
Su primera gran batalla pública llegó durante los años 90, cuando numerosos productores enfrentaban ejecuciones y remates de sus campos como consecuencia de crisis económicas, inundaciones y problemas financieros. Zavala comenzó entonces a frecuentar el Congreso para gestionar iniciativas que permitieran suspender temporalmente esos procedimientos judiciales. “Iba mucho al Congreso a pedirles a los legisladores proyectos de ley de suspensión de remates por seis meses, 180 días o un año”, señaló.

Según explicó, mantenía conversaciones con distintos legisladores de la época para impulsar ese tipo de medidas y otorgar algo de aire a quienes atravesaban situaciones críticas. “En general, eran productores que querían pagar pero que habían tenido algún inconveniente para hacerlo”, describió.
Esa experiencia adquirida en los pasillos del Congreso terminó siendo clave años después, durante uno de los conflictos más importantes entre el campo y el poder político. Cuando estalló la disputa por la resolución 125 en 2008, Zavala ya conocía el funcionamiento legislativo y los mecanismos para acercar reclamos a diputados y senadores. “Tenía cierta experiencia en el Congreso, de cómo manejarse para hacer pedidos, y eso facilitó mucho cuando fue el 2008”, sostuvo.
En Salto impulsó una de las imágenes que quedaron asociadas a aquellos meses de protesta: una gran carpa instalada en la intersección de las rutas 191 y 31. También se lo recuerda con un gran megáfono en mano colgado de sus hombros. “Por ahí pasaron todos los políticos que se te ocurran, absolutamente todos. Esa carpa fue idea mía”, recordó.

Tras el denominado voto “no positivo” del entonces vicepresidente Julio Cobos, la movilización comenzó a perder intensidad en distintos puntos del país. Sin embargo, Zavala consideró que todavía había motivos para continuar. “No podíamos bajar los brazos porque la lucha continuaba porque las retenciones continuaban”, afirmó.
Aquella etapa estuvo atravesada además por una situación personal extremadamente difícil. Mientras participaba de las protestas, su mujer permanecía internada en terapia intensiva. “Transcurrí todo el conflicto de la 125 con mi mujer internada en terapia intensiva”, contó. Años después, en 2012, quedó viudo.
La experiencia de las rutas también sembró una idea que más tarde tendría proyección nacional. Convencido de que el agro necesitaba mayor participación política, comenzó a impulsar una organización que mantuviera vivo el espíritu de movilización surgido durante el conflicto. Así nació la propuesta original de lo que luego fue la Fundación Barbechando. “Se me ocurrió darle continuidad a esa lucha y tratar de armar una asociación, una fundación”, recordó.

La iniciativa buscaba acompañar a productores interesados en participar en política, brindarles apoyo técnico y ayudarlos a construir representación institucional: “La idea original era tratar de promover a productores que querían entrar en la política, acompañarlos y después asesorarlos técnicamente”, explicó.
Aunque con el tiempo la entidad tomó otro rumbo, Zavala reivindica haber sido uno de los impulsores iniciales del proyecto y sostiene que la representación política del agro sigue siendo una asignatura pendiente.

Más recientemente, volvió a involucrarse en la discusión por la ley de Humedales impulsada durante el gobierno kirchnerista. En ese contexto, trabajó junto a productores de las islas del Paraná para acercar información a legisladores nacionales. “Habíamos organizado distintas reuniones en su momento con senadores y diputados para explicarles la real situación”, señaló.
Con el paso de las décadas construyó una extensa red de contactos. Actualmente participa en 32 grupos de productores y se define como un nexo permanente entre el sector agropecuario y el ámbito legislativo. “Soy como un canal de comunicación de ida y vuelta entre los productores y los legisladores porque conozco la cocina del Congreso”, resumió.
Esa tarea, aseguró, le permitió transformarse en una referencia sin necesidad de ocupar posiciones formales dentro de las entidades rurales. “Me he convertido sin quererlo y sin ser dirigente en un referente del sector”, afirmó.
A lo largo de los años integró diferentes espacios vinculados al agro, pero sostiene que comprendió que la defensa de los productores no dependía exclusivamente de una estructura institucional. “En un momento entendí que no necesitaba tener un cargo para pelear por los productores”, reflexionó.
Hoy divide su tiempo entre el campo y la ciudad debido a algunos problemas de salud. Después de más de cuatro décadas viviendo en el ámbito rural, delegó buena parte de las tareas productivas en su hermano menor.
Sin embargo, mantiene intacta la vocación que lo llevó a involucrarse en cada conflicto que consideró trascendente para el agro. Desde los remates judiciales hasta las discusiones legislativas más recientes, Zavala construyó una historia de militancia rural que atravesó gobiernos, crisis económicas y debates políticos. Una trayectoria que, según él mismo resume, estuvo guiada siempre por la misma convicción: defender a los productores, aun cuando no existiera un cargo que respaldara esa tarea.
Quizás por eso, cuando repasa su recorrido, encuentra una explicación hasta en su propio nombre. “Siempre fui un luchador, mi nombre Armando refleja eso [de origen germánico, su significado principal es hombre fuerte o guerrero del ejército]”, cerró. Ayer tuvo un reconocimiento en el marco de Agroactiva.



















