La clave pasa por alcanzar 61 de las 120 bancas de la Knesset, el Parlamento israelí. El retroceso de la coalición que sostiene al primer ministro abre una negociación en la que Eisenkot buscará construir una alternativa, aunque las diferencias entre sus potenciales socios dificultan un acuerdo.
El resultado aún puede modificarse: resta contar cientos de miles de votos en ausencia, entre ellos los de militares y diplomáticos. La participación se acercó al 78%, el nivel más alto desde 1999, y el escrutinio definitivo se conocerá en los próximos días.
Por qué liderar la votación no asegura formar gobierno
Aunque el Likud termine como la fuerza más votada, Netanyahu no tiene garantizado recibir el encargo de formar el Ejecutivo. El presidente israelí, Isaac Herzog, deberá evaluar qué candidato cuenta con mayores posibilidades de reunir una mayoría parlamentaria.
Por eso, la disputa excede la diferencia entre los dos principales partidos. La composición del resto de la Knesset y las alianzas que puedan cerrar sus dirigentes serán determinantes para definir quién gobernará.
La coalición de derecha y extrema derecha que respalda a Netanyahu no tiene asegurada la mayoría. Pero tampoco está resuelto que las fuerzas opositoras puedan superar sus diferencias para desplazarlo.
Los partidos árabes podrían definir una alternativa a Netanyahu
Las proyecciones iniciales anticipan una representación potencialmente récord para las dos principales listas árabes: la Lista Unificada, integrada por tres partidos de mayoría árabe, y la Lista Árabe Unida, liderada por Mansour Abbas.
Eisenkot dejó abierta la posibilidad de cooperar con esas fuerzas, aunque planteó condiciones como el reconocimiento de Israel como Estado judío y el rechazo a Hamas. Algunos de sus posibles aliados, sin embargo, ya se pronunciaron contra esa cooperación.
Entre quienes promueven un entendimiento está Yair Golan, líder de Demócratas, que cuestionó la distinción entre votos judíos y árabes para definir una coalición.
Abbas también reivindicó el peso de su partido en la negociación. “Estamos aquí, no estamos al margen”, afirmó. Su fuerza se convirtió en 2021 en la primera formación árabe en integrar una coalición de gobierno israelí.
Por su parte, el dirigente árabe israelí Yussef Jabareen llamó a construir una “verdadera alianza judeoárabe” como alternativa al oficialismo. Netanyahu rechazó esa posibilidad. “Debemos establecer un gobierno fuerte, de derechas y nacionalista”, sostuvo, y advirtió contra la formación de un Ejecutivo que dependa de partidos árabes a los que calificó de “antisionistas”.
El desgaste del oficialismo y los escenarios que se abren
La elección se desarrolló en una sociedad marcada por las guerras, la crisis de los rehenes y la controversia por las exenciones al servicio militar de sectores ultraortodoxos.
Los críticos del primer ministro también cuestionan sus iniciativas sobre el Poder Judicial y lo acusan de prolongar los conflictos por conveniencia política. Sus seguidores, en cambio, reivindican su conducción en materia de seguridad y su defensa de la identidad judía del país.
Eisenkot, exjefe militar, centró su propuesta en recuperar la confianza pública y mejorar la posición internacional de Israel. Entre los objetivos de las fuerzas que podrían acompañarlo aparecen el reclutamiento de los ultraortodoxos y el fortalecimiento de la independencia judicial.
Además de una coalición mayoritaria, las negociaciones podrían derivar en un gobierno minoritario sostenido por apoyos externos. Si no se alcanza un acuerdo, el país podría regresar a las urnas a comienzos de 2027, con el antecedente de las cinco elecciones celebradas entre abril de 2019 y noviembre de 2022.





















