18 Oct, 2026 04:34 p. m. EST
Cada campaña gruesa empieza con una lectura del cielo, y esta vez esa lectura tiene nombre propio. La presencia de El Niño ya condiciona las decisiones de los productores de la región núcleo, que ajustan fechas, densidades y variedades para llegar a la siembra de soja con la menor exposición posible a un eventual exceso de agua. Al mismo tiempo, el trigo atraviesa una etapa decisiva del ciclo y obliga a mirar con atención otro tipo de riesgo, más vinculado a la sanidad que a la implantación.
Ese es el panorama que describe la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) en su último informe semanal sobre la zona núcleo. El documento recoge las estrategias que técnicos y asesores de distintas localidades preparan para la oleaginosa y, en paralelo, el estado del cultivo de invierno, donde una enfermedad concentra las preocupaciones.
La entidad utiliza el término “soja táctica” para referirse al conjunto de cambios en el manejo que apuntan, según el informe, a “minimizar los problemas, sobre todo a la siembra, y maximizar los kilos en cada lote”. La idea de fondo es que un año con más agua puede ser favorable.
El pronóstico inmediato forma parte de esa ecuación. El consultor Alfredo Elorriaga, citado en el informe, advirtió que “El Niño potencia las lluvias, pero otros condicionantes moderan su impacto en la región núcleo”. El experto explicó que en los últimos días un sistema de alta presión sobre Santa Cruz favoreció una circulación fría del sudoeste, “no intensa pero si persistente”, que frenó el ingreso de aire cálido y húmedo desde el norte.
La primera estimación de la BCR marca una intención de siembra de soja de 4,5 millones de hectáreas en la región núcleo, un 2% más que en la campaña anterior. Según el informe, el aumento responde a pequeños cambios que privilegian a la oleaginosa frente a cultivos sensibles al agua, como el girasol, o en retirada en la zona, como el maní y el sorgo.
La entidad aclara que el área proyectada sigue por debajo del promedio de los últimos 15 años, de 5,2 millones de hectáreas, en línea con una tendencia que cumple una década.
El primer cambio “táctico” es el calendario. Los técnicos de Corral de Bustos consultados por la BCR explicaron que la idea es empezar a partir del 15 de octubre, cuando lo habitual es hacerlo después del 20, sobre todo entre los productores con mucha superficie. El adelantamiento sería de entre cuatro y siete días y busca mejorar los rindes, ordenar la logística y reducir los problemas de implantación. La razón es que, si se retira el frente frío que hoy frena la humedad, se prevé que en la segunda quincena aumente la probabilidad de lluvias significativas.
El segundo ajuste es la densidad. Desde María Susana indicaron: “Para maximizar rindes planificamos usar densidades altas, con un achicamiento entre surcos”. En Bigand, por su parte, analizan aumentar la cantidad de semillas “para asegurar el nacimiento ante eventuales excesos de lluvia”.
El tercero es el control de malezas. En Bigand señalaron que es la principal preocupación y que están buscando “las combinaciones de herbicidas más eficaces para cada caso”. Agregaron que la fecha de implantación de cada lote quedará definida cuando se logre un adecuado control previo. El informe lo resume con una expresión de campo: “a cara de perro con las malezas que dan dolor de cabeza”.
El cuarto apunta a diferenciar según el ambiente. La BCR recoge la intención de usar “variedades de mayor potencial para los mejores ambientes y materiales más estables en aquellos de menor productividad”. También anticipa un cambio en la semilla: según los técnicos consultados, cerca del 50% de la superficie se sembraría con semilla fiscalizada, en reemplazo de semilla propia. Esperan, dicen, “un salto en el nivel tecnológico”.
El quinto cambio es el uso de ciclos más cortos. En Corral de Bustos explicaron que en su zona predominan los grupos IV largos, pero esperan que este año aumente la participación de los “grupos IV cortos y III largos”, para aprovechar mejor la ventana de siembra ante un escenario de mayores lluvias.
La Bolsa de Comercio de Rosario sintetiza el conjunto en tres acciones: sembrar antes, intensificar los planteos y acortar los ciclos. Y deja una advertencia: el exceso de agua puede ser “un gran problema o una gran ventaja”, según cómo juegue sus cartas cada productor.
Mientras se prepara la soja, el trigo muestra una evolución favorable. Las lluvias de la última semana fueron más dispersas y moderadas que las anteriores y sumaron 7 milímetros como promedio de las 36 estaciones de la red GEA/BCR en la región núcleo.
Con ese aporte, la proporción de lotes en condición excelente y muy buena pasó del 62% al 70% en siete días. Los regulares bajaron y hoy representan apenas el 2% del área, mientras que los buenos son el 28%.
Desde Pergamino, donde quince días atrás se observaban amarillamientos, bacteriosis, mancha amarilla y daños por heladas, dijeron ahora que “tras las lluvias y con los cultivos ya espigados, la situación mejoró notablemente”. En Corral de Bustos, los técnicos sostuvieron que la siembra temprana “se la ve muy bien de espigas” y que, creen, “va a estar bien granada también”.
La atención se desplazó al seguimiento sanitario. En Carlos Pellegrini comenzaron a detectarse mancha amarilla y roya, aunque todavía sin incidencia generalizada, y la mayoría de los lotes ya recibió fungicidas. En Bigand predomina la mancha amarilla, con controles realizados y baja presencia de roya anaranjada. En General Villegas y Piedritas, las aplicaciones están en marcha y se registra una presencia importante de roya en algunos lotes.
El principal temor del sector tiene nombre: fusariosis. La razón es el momento del cultivo. El 15% del trigo de la región ya transita la floración, que la BCR define como “la etapa de mayor susceptibilidad”. El 50% está en espigazón, el 20% en espiga embuchada, el 15% en hoja bandera y el 2% en encañazón.
Por ahora hay un dato que da cierta tranquilidad. La enfermedad requiere períodos húmedos y temperaturas elevadas, y las temperaturas frescas de estos días limitan esas condiciones. En Pergamino y alrededores, los técnicos indicaron: “no deberíamos tener problemas porque no ha llovido tanto ni tan seguido, y las temperaturas se han mantenido bajas”. Agregaron que los suelos “presentan buen drenaje y se encuentran oreados”.
Sin embargo, la BCR advierte que el panorama puede cambiar en la segunda quincena si se retira la circulación de aire frío. En ese caso, el informe prevé que el temor persista y que los monitoreos se intensifiquen. De esta manera, el mismo factor que condiciona la siembra de soja, la llegada de más humedad y calor, es el que define el riesgo sanitario del trigo.
El maíz temprano está cerca de completar su implantación. Según la BCR, resta sembrar apenas el 2% del área prevista en el noroeste bonaerense. En General Villegas atribuyeron las demoras a la falta de humedad antes de las últimas lluvias y a la dificultad para encontrar ventanas de trabajo después de las precipitaciones. Con esto, la entidad estima que las 2,3 millones de hectáreas se completarían a tiempo para que el período crítico del cultivo no coincida con la primera quincena de enero.
Sobre el estado de los lotes ya implantados, las bajas temperaturas y la escasa radiación de los últimos días están ralentizando el crecimiento y afectando la coloración de las plantas. En Corral de Bustos describieron un aspecto pálido, aunque aclararon que “la condición general es muy buena”. En General Villegas lo atribuyeron a las condiciones del clima: “esto es típico del frío y poco sol que hemos tenido”.