El régimen de Xi Jinping intensificó en las últimas semanas sus maniobras marítimas en torno a Taiwán y el Mar del Sur de China con patrullas de “aplicación de la ley”, cartografía submarina e investigaciones en zonas disputadas, en una secuencia que analistas describen como una nueva fase de la táctica de “cortar el salame”: avanzar con pasos graduales para ampliar control sin cruzar el umbral de una guerra abierta. El movimiento, según CNN, apunta a proyectar presencia más allá de la llamada Primera Cadena de Islas y a reforzar la presión sobre la isla de 23 millones de habitantes que Beijing prometió “reunificar”, incluso por la fuerza si lo considera necesario.
Una de las señales más sensibles apareció a más de 220 kilómetros de la principal isla filipina de Luzón, en el banco de Scarborough, un peñón deshabitado con laguna central que está dentro de la zona económica exclusiva de Filipinas y a unos 530 millas de la provincia china de Hainan. Allí, imágenes satelitales detectaron una pequeña estructura flotante cerca de la entrada de la laguna; después fue remolcada hacia el interior, en un episodio que encendió protestas de Manila.
La sucesión de operaciones se produjo después de una visita a Beijing del presidente de Estados Unidos Donald Trump, marcada por un tono cordial, pero en la que el jefe del régimen chino Xi Jinping dejó en claro que Taiwán era, para China, el principal asunto capaz de descarrilar la relación bilateral. Para especialistas consultados por el canal, la combinación de tiempos y escenarios no fue casual.
A comienzos de este mes, tres buques de la Administración de Seguridad Marítima de China, una organización civil de control, cruzaron el canal de Bashi entre Filipinas y Taiwán para iniciar actividades de vigilancia y mapeo en aguas situadas al este de la isla. Observadores señalaron que era la primera vez que esos barcos eran vistos al este de la Primera Cadena de Islas, que se extiende desde el sur de Japón, pasa por Taiwán y Filipinas, y bordea el mar de China Meridional hasta Borneo y Singapur.
Ray Powell, director del proyecto SeaLight en el Centro Gordian Knot para la Innovación en Seguridad Nacional de la Universidad de Stanford, definió la maniobra como “la fuga de Bashi”. En declaraciones a CNN, sostuvo que Beijing está diciendo, en los hechos, que tiene jurisdicción sobre el área situada al otro lado de esa línea de contención, algo que calificó como un paso de gran peso político.
Powell añadió que era la primera vez que veía un patrullaje de soberanía fuera de la línea de nueve o diez trazos, la demarcación con la que Beijing reclama la mayor parte del mar de China Meridional. Ese trazado es cuestionado por los países vecinos y, en 2016, el Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya resolvió que no tenía base legal.
Para el analista, China intenta “crear nuevos hechos sobre el agua”. El tabloide estatal Global Times describió el movimiento de los barcos de la Administración de Seguridad Marítima como “una declaración de soberanía con significado legal y señalización política”.
Buena parte de esa señal estuvo dirigida a Taiwán. A través de Yuyuan Tantian, una cuenta semioficial en redes sociales manejada por la cadena estatal china que Beijing suele utilizar para filtrar información y medir reacciones, China afirmó que sus buques habían cartografiado por primera vez el lecho marino al este de Taiwán.
Esa cuenta sostuvo que las aguas al este de la isla pasarán a constituir “aguas cercanas a la costa”, es decir, un espacio donde China mantendría presencia y ejercería jurisdicción y administración. Expertos señalaron que, si esa definición fuese adoptada por un organismo oficial, Beijing podría tratar esas aguas como territorio soberano, con la consecuencia de que embarcaciones extranjeras no tendrían derecho de ingreso sin permiso del Estado que reclamara esa soberanía.
El presidente taiwanés Lai Ching-te dijo que el objetivo real de Beijing es “expandirse”. Un funcionario de seguridad de Taiwán afirmó que China usa esos barcos para crear la impresión falsa de que ya ejerce jurisdicción de hecho sobre la isla.
Lai agregó que Beijing sigue “innovando” sus métodos para avanzar en sus reclamaciones territoriales y amenazar tanto a Taiwán como a otros países del Indo-Pacífico. En una rueda de prensa reciente, afirmó: “Las amenazas de China hacia Taiwán no tienen límites”.
En 2023, China dio el primer paso en estas aguas cuando amplió de nueve a diez trazos su línea de reclamación, con un décimo segmento situado al este de Taiwán. Aunque la marina del Ejército Popular de Liberación ya había realizado ejercicios en esa zona, los analistas consideran que, a largo plazo, los buques civiles y parapoliciales pueden alterar más el statu quo porque resultan menos amenazantes que una fuerza militar convencional.
En la práctica, esos barcos cumplen funciones de policía marítima y control ambiental. Powell dijo al medio que el objetivo inmediato parece ser instalarse como la fuerza de guardia en los accesos marítimos a Taiwán.
Durante la navegación reciente, la guardia costera taiwanesa aseguró que los buques chinos emitieron desafíos por radio a barcos comerciales que se dirigían a la isla. El siguiente paso, según Powell, podría ser detener esas embarcaciones o forzarlas a entrar en puertos chinos antes de que continúen viaje.
Ese escenario tendría un impacto especialmente delicado si afectara a buques de gas natural licuado, porque Taiwán depende de las importaciones para casi toda su energía. Powell resumió así el mensaje potencial hacia Taipéi: “Algo para hacerle saber a Taiwán que podemos asfixiarlos en materia de gas natural licuado”, en una progresión gradual hasta controlar esas importaciones.
Las capitales occidentales ya empezaron a reaccionar. Un portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos afirmó, citado por Reuters, que las acciones chinas son “profundamente desestabilizadoras”, en referencia a informes sobre hostigamiento a barcos comerciales por parte de la guardia costera china.
Reino Unido, Francia y Alemania también expresaron “preocupación” en una declaración conjunta poco habitual emitida por sus embajadas de facto en Taipéi. Allí advirtieron que estas nuevas actividades chinas en las aguas al este de Taiwán amenazan la estabilidad regional, la libertad de navegación y la seguridad del transporte marítimo internacional.
Carl Schuster, exdirector del Centro Conjunto de Inteligencia del Comando del Pacífico de Estados Unidos, sostuvo que el mapeo del fondo marino tiene además implicancias militares. Explicó que mejorará la capacidad de la marina china para operar submarinos y grupos de tareas, y que ofrecerá una imagen muy precisa de los cables submarinos, los recursos explotables y las características del lecho marino.
En el mar de China Meridional, la atención reciente se concentró en el banco de Scarborough, sobre el que China mantiene un control efectivo desde 2012 con presencia casi constante de su guardia costera, de acuerdo con la Asia Maritime Transparency Initiative del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. El tribunal sobre el mar de China Meridional resolvió en 2016 que Beijing no puede ocupar legalmente ese enclave.
China dijo que la estructura flotante detectada cerca de la laguna realizaba investigación marítima y luego aseguró que la retiró la semana pasada. Powell consideró plausible esa explicación, por ahora, aunque advirtió que más adelante podría ser reemplazada por algo más grande y permanente.
Esa es la inquietud del secretario de Defensa de Filipinas Gilbert Teodoro, quien dijo la semana pasada al Financial Times que China ya utilizó antes la coartada del buque de investigación. Como antecedente, mencionó la cadena de islas y atolones del mar de China Meridional que fueron convertidos en bases militares pese a la promesa hecha por Xi en 2015, durante una visita a la Casa Blanca, de que eso no ocurriría.
Teodoro lo resumió así: “Si mintieron antes, pueden mentir ahora”. El martes, la embajada de Estados Unidos en Manila anunció que entregará a Filipinas cuatro drones marítimos valuados en USD 13 millones, en parte para ayudar al país a monitorear y responder a desafíos marítimos, incluidas las actividades de zona gris y las amenazas a la libertad de navegación.
Powell afirmó que las protestas de Washington y de otras capitales no frenaron la construcción de islas por parte de China y que Beijing aprendió de esa experiencia. Su diagnóstico es que cada pequeño avance prepara las condiciones para el siguiente.
El analista dijo que lo que más le preocupa es una acción concreta de la Administración de Seguridad Marítima o de la guardia costera china para impedir que los barcos atraquen en Taiwán, o la construcción de nuevas instalaciones en Scarborough. Su temor, agregó, es que la respuesta internacional sea apenas un encogimiento de hombros.