
El entramado de negocios financieros y deportivos que Mark Walter construyó durante casi tres décadas en Wall Street sigue sumando capítulos de exposición pública. Lo que comenzó como una revisión regulatoria sobre préstamos entre compañías de seguros y firmas afiliadas ya había obligado al magnate a desprenderse de activos emblemáticos. Ahora, la misma investigación frenó además una de las operaciones de capital más ambiciosas que Walter tenía en marcha, con un socio de peso en Medio Oriente y financistas argentinos en el corazón del expediente original.
Según informó Bloomberg, un acuerdo por USD 10.000 millones entre la firma de Walter y Mubadala Capital, el brazo de gestión de activos del fondo soberano de Abu Dhabi que administra USD 430.000 millones, permanece congelado desde hace 15 meses por la investigación federal que pesa sobre las aseguradoras del magnate. Ese monto correspondía a la inversión que Mubadala Capital iba a liderar y anclar dentro de una ronda de capital mayor, de USD 15.000 millones, que TWG Global, el holding de Walter, buscaba levantar.
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El acuerdo tenía una estructura de contraprestaciones cruzadas. A cambio de la inyección de capital, TWG Global le habría entregado a Mubadala una participación del 5% en su propia firma y se comprometió a reinvertir USD 2.500 millones en proyectos del fondo de Abu Dhabi. La operación, además, contemplaba que la firma de Walter ayudara a Mubadala a conseguir otros USD 20.000 millones de financiamiento adicional más adelante, y le daba a TWG Global la opción de aumentar en el futuro su participación en la compañía de Abu Dhabi. El pacto era inusual desde su concepción: Mubadala Capital rara vez permite que terceros adquieran participaciones en sus operaciones, y esta transacción iba a marcar apenas el segundo caso de ese tipo en su historia.
La irrupción de la causa judicial cambió los planes. Los investigadores federales secuestraron dispositivos de Walter mientras avanzaban sobre los problemas financieros de sus aseguradoras, y el acuerdo con Mubadala quedó en un limbo que ya lleva más de un año. En paralelo, una de esas aseguradoras, Delaware Life, va a comprarle a la firma de Walter hasta USD 6.500 millones de los activos cuestionados por los reguladores, en un intento por sanear la cartera bajo la lupa del Departamento de Justicia y de la SEC.
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Pese al freno en la operación grande, Walter y Mubadala sí avanzaron en negocios de menor escala durante este período, como la reciente compra por parte de Mubadala de Clear Channel Outdoor por USD 3.000 millones.
Cómo empezó el escándalo
El caso se originó en una investigación conjunta del Departamento de Justicia de Estados Unidos y la SEC sobre los préstamos y las operaciones financieras de Walter, CEO de Guggenheim Partners, la firma que administra activos por más de USD 300.000 millones, y fundador junto a Thomas Tull de TWG Global. La pesquisa busca determinar si Walter y sus compañías incurrieron en fraude o encubrieron vínculos financieros entre las aseguradoras que controla y una serie de empresas afiliadas.
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El esquema bajo revisión involucra préstamos otorgados por las aseguradoras Delaware Life, Clear Spring y EquiTrust hacia empresas relacionadas con el propio Walter, canalizados a través de una red de intermediarios. Los reguladores permiten que una aseguradora preste dinero a entidades vinculadas a su dueño, siempre que esas operaciones se informen y no superen determinados límites. Un relevamiento interno detectó entre USD 16.000 y 20.000 millones en préstamos no declarados ante los reguladores del estado de Delaware, lo que encendió las alarmas de las autoridades y llevó a Walter a acelerar la venta de activos.
La investigación tomó un giro decisivo en septiembre de 2025, cuando agentes federales interceptaron el avión privado de Walter en Chicago. El propio empresario y personas de su entorno entregaron sus dispositivos electrónicos. Según trascendió, la revelación de los préstamos surgió a partir de una denuncia interna sobre presuntas irregularidades contables en un acuerdo de financiación en Medio Oriente.
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El caso no es enteramente nuevo. En 2016, un abogado de compliance de Guggenheim había detectado que algunas inversiones personales de Walter se financiaban a través de una firma llamada ABS Capital Company y reportó un entramado de sociedades anónimas. La SEC archivó esa investigación en 2019.
La conexión argentina
Uno de los nombres que aparece de manera recurrente en el expediente es el de ABS Capital Company, conocida como ABS Capco, firma fundada por exejecutivos argentinos de Guggenheim Partners que funcionó como uno de los principales canales para derivar fondos desde las aseguradoras hacia otros negocios de Walter. Los fondos circularon a través de sociedades de responsabilidad limitada cuya propiedad resultó difícil de rastrear.
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El nexo argentino tiene un nombre propio en Juan Ball, co-chairman de ABS Capital Company desde 2015 y con un extenso recorrido en Wall Street: fue presidente de Guggenheim Partners Latin America y ocupó cargos directivos en Lehman Brothers, Bear Stearns y Banco Santander Central Hispano. Su hermano, Diego Ball, ya había sido objeto de revisiones regulatorias por parte de la SEC años atrás: en 2017, Bloomberg News informó que el organismo revisó los vínculos de Guggenheim con Diego Ball, cuyas compañías realizaron casi USD 1.000 millones en transacciones con la firma estadounidense, incluido un préstamo de USD 100 millones respaldado por diecisiete sociedades creadas poco antes de la operación.
Este año, la investigación sumó otro nombre argentino: la aseguradora EquiTrust prestó USD 500 millones a diez compañías establecidas por Federico Hermida, directivo de ABS Capco. La vinculación entre Walter y Juan Ball también tiene una dimensión patrimonial directa: ambos, junto al empresario Pablo Stalman, participaron en la compra conjunta de una residencia valuada en USD 85 millones en Malibú, sin utilizar fondos de Guggenheim ni de las aseguradoras, según confirmaron ambas partes ante la SEC en 2018.
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Otras desinversiones en marcha
Además del freno al acuerdo con Mubadala, Walter viene desprendiéndose de otros activos de perfil alto para hacer frente a la presión regulatoria. La semana pasada acordó la venta de Los Ángeles Lakers a Bob Iger, consejero delegado de Disney, y Josh Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. La operación se cerró en USD 12.500 millones, valor récord para una franquicia deportiva profesional en Estados Unidos, menos de un año después de que Walter adquiriera la participación mayoritaria de la familia Buss. En paralelo, Walter y su socio Todd Boehly negocian vender sus participaciones en el Chelsea Football Club al accionista mayoritario, Clearlake Capital.
La presión sobre las finanzas de Walter no se limita a las desinversiones. La cotización de un préstamo de USD 1.200 millones otorgado a Guggenheim Partners cayó hasta territorio de deuda de alto riesgo, luego de que una conferencia con inversores no lograra despejar las dudas del mercado. El préstamo se negoció a 78 centavos por dólar, contra 96 centavos una semana antes.
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La investigación quedó a cargo del Departamento de Justicia, la SEC y la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York. Hasta el momento no hay procesamientos ni acusaciones formales contra Walter ni contra ninguno de los financistas argentinos mencionados en el expediente.





















