“La situación es caótica”. Así describe Héctor Faín lo que ocurre en su campo, en Villa Minetti, en el departamento de 9 de Julio, en el norte de Santa Fe, donde tiene unas 70.000 hectáreas afectadas, con sectores donde el agua llega hasta un metro de altura. Sin poder entrar con las máquinas para cosechar el maíz y la soja, dice que hoy no hay forma de avanzar y que cada día que pasa la situación empeora y las pérdidas se agrandan. Hace tres años el norte de Santa Fe había enfrentado una dura sequía.
Lo que ocurre allí no es un caso aislado. En buena parte del norte de Santa Fe, las lluvias de los últimos meses dejaron un cuadro similar. En apenas cuatro meses cayó prácticamente lo que suele llover en todo un año, con más de 1000 milímetros acumulados y episodios de 200 o 300 milímetros en pocos días. Con los suelos saturados y sin capacidad de absorber más agua, hoy hay campos completamente anegados y las cosechadoras directamente no pueden entrar a los lotes, lo que deja cultivos listos sin levantar y, en muchos casos, con riesgo de perderse. A eso se suman caminos intransitables que complican cualquier intento de mover la producción, en una campaña que se deteriora día a día.

En su campo, Faín tenía soja y maíz listos para arrancar la cosecha. “Hoy estábamos por iniciar, pero no se puede”, señala. La soja es el cultivo más comprometido. “Ya estaban en el comienzo de cosecha, no sé cuánto pueden aguantar”, agrega. Con el paso de los días, la situación se agrava: “Día a día se va degradando la calidad”, afirma.
En lo que va del año, en su zona ya cayeron unos 1035 milímetros, cerca de un 40% más de lo que suele llover en todo un año. “Es una locura, algo histórico”, dice. Pero el problema no es solo cuánto llovió, sino que el agua no se va. “Está todo tan saturado que no drena”, explica. En una región plana, sin pendientes, el escurrimiento es muy lento: “El agua se va muy despacio”, agrega.
A pocos kilómetros, el productor y asesor Amílcar Martel describe la misma situación en su campo. Tiene unas 200 hectáreas de soja que trabaja junto a su padre, completamente bajo el agua, con niveles que van de 30 a 50 centímetros. “Está todo bajo el agua”, resume.
El productor no ve señales de que la situación vaya a mejorar. Incluso las partes más altas de los campos, que suelen quedar a resguardo, también terminaron anegadas. “El monte, que es lo más alto, también se tapó”, señala.
El impacto alcanza no solo a los cultivos, sino también a la ganadería. “Teníamos animales engordando y no tienen lugar donde parar ni dormir. Se tuvieron que largar en el campo a buscar refugio”, cuenta. Eso implica pérdidas directas: “Se van a perder los kilos que estaban haciendo”.

A eso se suma la pérdida de insumos. “Teníamos urea almacenada para usar en trigo. Se llenó de agua y no sirve más. A nosotros nos barrió el campo”, describe.
Como asesor, trabaja unas 9000 hectáreas en la zona y advierte que el problema es generalizado. “La mayoría está con agua”, señala. La zona más afectada, explicó, se extiende desde Villa Minetti hacia el norte, en dirección a Santiago del Estero.
Además del impacto productivo, remarca las dificultades para trabajar y moverse. “Los caminos son ríos”, graficó. El agua pasa por arriba de las trazas y las termina rompiendo, lo que deja a muchos campos aislados. Incluso si se pudiera cosechar, en muchos casos no habría forma de sacar la producción. “Va a quedar en el campo porque no hay camino”, advierte.
En ese contexto, el productor advierte sobre un problema que, dice, se repite hace años y vuelve a quedar expuesto con estas lluvias, que es la falta de infraestructura. Indica que se trata de una zona muy productiva, pero sin obras que permitan evacuar el agua ni asegurar la conectividad. “No tenemos ni un camino alto”, afirma. Y agrega que, sin inversiones en obras, este tipo de situaciones “se va a seguir repitiendo”.
Situación
En el departamento Vera, el cuadro es similar. En los últimos días se registraron lluvias de entre 200 y 350 milímetros, que terminaron de saturar la cuenca de los bajos y volvieron a complicar a gran parte de la región.
El presidente de la Sociedad Rural local, Sebastián Volkart, advierte que lo que ocurre ya no puede leerse como un evento aislado. “Deja de ser un fenómeno extraordinario y pasa a ser algo estructural y recurrente”, señala. En ese contexto, remarca que cada episodio de lluvias intensas expone las mismas falencias: falta de obras, caminos en mal estado y problemas de conectividad.

Según describe, muchos productores se ven obligados a trasladar hacienda durante kilómetros, alquilar campos a cualquier precio o vender animales de forma forzada. “Cada cosa que pasa complica al productor”, resume. A eso se suman los problemas para avanzar con la vacunación antiaftosa en los distritos más afectados, donde incluso se analiza una prórroga.

Ante esta situación, la Sociedad Rural de Vera difundió un documento dirigido a las autoridades provinciales en el que planteó que la situación actual “no responde a un fenómeno extraordinario, sino a una problemática estructural, histórica y recurrente”, agravada por la falta de mantenimiento de canales, el deterioro de la red vial rural y la insuficiente infraestructura hídrica.
En ese marco, la entidad reclamó medidas concretas, entre ellas mejoras en la red vial, obras hídricas, alivio fiscal, acceso a financiamiento y la agilización de los trámites para acceder a la emergencia. También pidió medidas de corto plazo, como la flexibilización de requisitos para el traslado de hacienda y la implementación de corrales temporarios para pequeños productores.
“El Departamento Vera, con más de 22.300 km², requiere decisiones políticas firmes, acciones inmediatas y planificación a largo plazo”, señalaron



















