El maíz subió este lunes en la Bolsa de Chicago y alcanzó su valor más alto en un año y siete meses. La posición septiembre cerró en US$193,50 por tonelada, con una mejora de US$3,05, mientras que el contrato diciembre ganó US$2,76, a 202,94 dólares por tonelada. Según los analistas, detrás del movimiento estuvieron las dudas sobre la cosecha estadounidense, la mala campaña europea y las dificultades para exportar desde los puertos ucranianos del Mar Negro.
El principal dato llegó desde los Estados Unidos. Eugenio Irazuegui, analista de mercados de Zeni, explicó que el viernes pasado, luego del cierre del mercado, Pro Farmer difundió los resultados de su tradicional recorrida por las principales zonas agrícolas de ese país. La organización proyectó una cosecha de maíz de 389,75 millones de toneladas para el ciclo 2026/2027, casi 17 millones por debajo de los 406,75 millones calculados por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). La diferencia se explica por el rendimiento esperado, ya que se estimó un promedio nacional de 108,71 quintales por hectárea, frente a los 113,42 quintales previstos por el organismo estadounidense.
“Más allá de que el Medio Oeste y el este de las planicies muestren un enorme potencial, se dejó en claro que los cultivos no presentan un desarrollo uniforme y parte de los resultados reflejan zonas bajo presión”, explicó Irazuegui.
En Dakota del Sur y Nebraska, los cultivos sufrieron restricciones de humedad. En tanto, sectores de Ohio, Indiana e Illinois fueron afectados por excesos de agua. Estas diferencias entre las regiones productoras generaron dudas sobre el volumen que finalmente podrá obtener Estados Unidos.
A este escenario se sumaron los problemas de la campaña europea. El servicio de seguimiento de cultivos MARS redujo por segundo mes consecutivo su previsión sobre el rendimiento promedio del maíz para grano comercial. La estimación bajó de 6,93 a 6,61 toneladas por hectárea debido a las olas de calor y la sequía.
El nuevo cálculo quedó lejos de las 7,38 toneladas por hectárea proyectadas en junio y resultó un 7% inferior al promedio de los últimos cinco años. Una producción más baja obligaría a la Unión Europea a aumentar sus importaciones durante el ciclo comercial 2026/2027.
Sin embargo, también existen dudas sobre la disponibilidad de maíz de Ucrania, uno de los principales proveedores del bloque. En la corredora Granar advirtieron que las exportaciones de ese país “están en serio riesgo por la paralización que registran los puertos sobre el Mar Negro tras los sucesivos ataques rusos”. Detalló que durante la rueda la mejora del maíz llegó a superar los US$5 por tonelada, pero luego perdió parte de la ganancia. El límite a la suba, explicó, lo pusieron los productores estadounidenses, que aprovecharon los mejores valores para vender existencias de la campaña 2025/2026.
En tanto, el USDA informó embarques semanales de maíz por 1.296.271 toneladas, por debajo de las 1.944.870 toneladas registradas en el informe anterior. El volumen también resultó inferior al rango de entre 1,5 y 1,8 millones de toneladas que esperaban los operadores.
La soja
La soja se movió en sentido contrario. Según informó Granar, la posición septiembre perdió US$3,31 por tonelada, a US$446,80, mientras que noviembre retrocedió US$5,61, a 449,83 dólares. Explicó que el recorrido de Pro Farmer reforzó las expectativas de una cosecha récord en los Estados Unidos.
Se proyectó una producción de 124,43 millones de toneladas, por encima de los 122,99 millones calculados por el USDA. También estimó un rendimiento promedio de 35,84 quintales por hectárea, contra los 35,44 quintales previstos por el organismo estadounidense. “El saldo final que dejó el registro de muestras tomadas en el Pro Farmer y la depreciación del aceite actuaron como factor de presión en los precios de la soja”, explicó Irazuegui.
El aceite de soja también tuvo una fuerte caída. De acuerdo con Granar, el contrato septiembre perdió US$48,95 y cerró en US$1479,93 por tonelada. Parte de la baja estuvo vinculada con la decisión de excluir al aceite de canola importado desde Canadá, utilizado por la industria estadounidense del biodiésel, de los nuevos aranceles aplicados por la Casa Blanca.
Irazuegui agregó que también influyó la decisión de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) de postergar el plazo para que las refinerías demuestren el cumplimiento de las normas sobre mezcla de biocombustibles. Por su parte, Granar señaló que el mercado también siguió la posibilidad de que el organismo acepte los pedidos de pequeñas refinerías que buscan quedar exceptuadas de esas obligaciones por razones financieras.
La harina de soja, en cambio, acompañó la mejora del maíz. Según Granar, el contrato septiembre aumentó US$2,87 y cerró en US$353,07 por tonelada. Desde la firma explicaron que “una menor oferta del forrajero podría derivar demanda para el subproducto de la soja”.























