El guanaco de la Patagonia conserva un papel central en los ecosistemas del sur de Sudamérica, aunque hoy enfrenta presión por la caza ilegal y la pérdida de territorio producto de las actividades humanas. Según National Geographic, este camélido combina una larga historia evolutiva con una función ecológica que incluye la regeneración de pastizales y el sostén de otras especies.
Quizá no sea uno de los animales sudamericanos más conocidos fuera de la región, pero pertenece a la misma familia que los camellos y los dromedarios. En la Patagonia chilena y argentina, su pelaje ocre le permite confundirse con las llanuras amarillentas donde habita desde hace millones de años.
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El camélido más grande de Sudamérica
El guanaco (Lama guanicoe guanicoe) es el ungulado más grande de Sudamérica, un grupo de mamíferos caracterizados por caminar apoyados sobre pezuñas, de acuerdo con la Wildlife Conservation Society (WCS). National Geographic también señala que los otros camélidos de esta parte del continente son la vicuña (Vicugna vicugna), la llama (Lama glama) y la alpaca (V. pacos).
La Enciclopedia Britannica indica que se considera al guanaco el camélido más antiguo de Sudamérica y que las llamas podrían haber sido criadas a partir de él como animales de carga hace unos 6.500 años. La misma fuente añade que algunas clasificaciones separan a guanacos y llamas en especies distintas, mientras otras los ordenan como subespecies de Lama glama.
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Las poblaciones actuales suman más de un millón de adultos, según Britannica. Esa cifra, aun así, no borra el retroceso histórico que sufrió la especie ni las amenazas que todavía condicionan su supervivencia.
Dónde vive y cómo es el guanaco

Los guanacos suelen vivir unos 28 años y se agrupan en pequeños grupos de hembras, por lo general con un macho. Según Animal Diversity Web (ADW), su distribución va desde el norte de Perú hasta el sur del continente, e incluye también el oeste de Bolivia, Argentina y Chile, incluida la isla Navarino.
La misma base de datos distingue dos subespecies dentro de ese rango. Las poblaciones del norte, entre el norte de Perú y el norte de Chile, corresponden a Lama guanicoe cacsilensis, mientras que el resto pertenece a Lama guanicoe guanicoe. Según ADW, los guanacos también fueron introducidos en la década de 1930 en la isla Staats, en Argentina, que es una de las islas Malvinas, y todavía viven allí.
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Un adulto alcanza unos 110 centímetros de altura y pesa cerca de 90 kilos, según Britannica. Ese tamaño no lo aparta de la cadena trófica patagónica, donde los pumas suelen cazar a los ejemplares jóvenes o a los que se separan de la manada.
Una especie clave para el ecosistema
En el Parque Nacional Patagonia, en Chile, este camélido figura entre las especies predominantes. En el Valle Chacabuco, en la provincia de Aysén, viven alrededor de 3.000 guanacos en un entorno donde la depredación de los pumas forma parte de ese equilibrio, según Rewilding Chile.
Su aporte al ecosistema va más allá de servir como presa. Rewilding Chile, en declaraciones recogidas por National Geographic, indica que los restos de los guanacos alimentan a especies carroñeras como cóndores andinos, caracaras, zorros y armadillos.
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Otra de sus funciones está asociada a sus desplazamientos estacionales. Como especie migratoria, puede recorrer unos 150 kilómetros entre invierno y verano y, para eso, necesita hábitats amplios y conectados que le permitan alimentarse, reproducirse y evitar depredadores.
Esa movilidad también influye en el suelo y en la vegetación. Según Rewilding Chile, sus movimientos ayudan a mantener la integridad del ecosistema, favorecen la regeneración de los pastizales y contribuyen a que los suelos almacenen carbono.
Cómo el guanaco enfrenta el frío y los depredadores

Cuando detectan un peligro, los guanacos aplican una respuesta de “ver y huir”, según ADW. Un ejemplar mantiene contacto visual con el depredador hasta que este se acerca demasiado, lanza una alarma para advertir al resto y después el grupo escapa.
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Ese comportamiento suele funcionar frente a los pumas, que no persiguen a sus presas durante trayectos largos. La vigilancia colectiva se suma así a otras adaptaciones de una especie moldeada por el clima y las distancias abiertas de la Patagonia.
El pelaje también cumple una función en ese ambiente. De color marrón claro en la parte superior del cuerpo y blanco en la inferior, actúa como resguardo frente al frío, el viento y las precipitaciones en una región donde las ráfagas pueden superar los 60 km/h.
La WCS describe una cobertura densa de dos capas que protege al animal de temperaturas altas y bajas. En los inviernos patagónicos, los termómetros pueden caer por debajo de cero y, en julio de 2024, algunas zonas registraron -20℃, según informó la CNN brasileña.
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En las crías, ese abrigo presenta además un componente apreciado en el mercado textil. Britannica indica que su pelaje suave y esponjoso contiene entre el 10% y el 20% de lana.
Una especie aún vulnerable
Pese a que hay millones de ejemplares en estado silvestre, el declive de largo plazo fue profundo. La WCS sostiene que en los últimos 200 años la población cayó de unos 20 millones a aproximadamente 2,5 millones, mientras su área de distribución se redujo al 40% de la que ocupaba en el pasado.
La presión humana explica buena parte de ese retroceso. Rewilding Chile señala que, por competir con el ganado, los guanacos han quedado relegados en gran medida a tierras más áridas y además sufren el impacto de cercas y de la caza ilegal.
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Britannica añade que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica al guanaco como especie de menor preocupación, aunque en el norte de su distribución las poblaciones disminuyeron de forma marcada por la pérdida de hábitat y la competencia con otros herbívoros. National Geographic también recoge que el estatus cambia según el país.
En Perú, Paraguay y Bolivia, los gobiernos lo consideran una especie en peligro de extinción. En Chile y Argentina, en cambio, la caza está permitida bajo normas estrictas e incluso con fines comerciales, ya que su carne puede venderse, según un artículo del Conicet citado por National Geographic.
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