Iván Carrino afirmó que el dólar subirá menos que la inflación como parte del proceso de estabilización de la economía argentina
19 Ago, 2026 07:10 p. m. EST
El comportamiento del dólar, la recuperación del crédito y el aumento de la morosidad fueron algunos de los ejes que atravesaron la entrevista a Iván Carrino en Infobae al Regreso. El economista analizó los cambios que atraviesa la economía argentina a partir de la desaceleración de la inflación y sostuvo que la apreciación del tipo de cambio puede formar parte de un proceso de estabilización más prolongado.
Durante la conversación con Gonzalo Aziz, Carrino también se refirió a la expansión del financiamiento después de años de bajo crédito y a las dificultades que comenzaron a aparecer entre algunos deudores. En ese punto, relativizó el nivel de morosidad y defendió el papel de las fintech, especialmente entre quienes históricamente tuvieron dificultades para acceder al sistema bancario.
Para Carrino, una de las principales características del actual escenario económico es la evolución del tipo de cambio real. “La variable que reacciona es el tipo de cambio, se aprecia, la moneda se fortalece, baja el riesgo país”, explicó al analizar el comportamiento del dólar mayorista.
En ese contexto, señaló que la cotización “pasó los $1.500 pero subió mucho menos que la inflación” y vinculó esa dinámica con el proceso de estabilización impulsado por el Gobierno.
“Me parece que nos vamos a tener que acostumbrar a tener un dólar que suba menos que la inflación”, afirmó. Su explicación parte de la experiencia de otros procesos de estabilización: después de períodos de crisis financiera, la recuperación de la confianza puede generar una apreciación del tipo de cambio real que se mantiene durante un tiempo.
“Cuando un país vive crisis financiera y empieza a tomar medidas que evitan esas crisis, el tipo de cambio real cae y eso se mantiene en el tiempo”, sostuvo. Al mismo tiempo, advirtió que todavía es temprano para determinar si el proceso actual logró consolidarse. “Falta mucho, faltan muchos años”, señaló.
El economista también cuestionó la idea de que el nivel actual del dólar responda exclusivamente a una decisión del Gobierno. “Eso de que el Gobierno está muy activo… El Banco Central compró 14 mil millones de dólares en lo que va del año, pero también el Tesoro vendió y colocó deuda atada al dólar porque el inversor valora esos instrumentos”, explicó.
A partir de esa dinámica, consideró que existe una interpretación excesivamente personalizada del mercado cambiario. “Hay un poco de antropomorfismo en pensar que el dólar está bajo porque el Gobierno quiere”, planteó.
La conversación pasó luego al mercado crediticio, donde Carrino puso el foco en una transformación que considera relevante para entender el aumento de los incumplimientos: Argentina comenzó a recuperar el financiamiento en un contexto en el que la inflación ya no reduce el peso real de las cuotas como lo hacía en el pasado.
“Argentina es un país que no tiene crédito y tenía mucho menos antes”, señaló. Para dimensionar esa diferencia, mencionó que el crédito doméstico al sector privado representa alrededor del 18% del producto, frente al 30% de Uruguay, el 39% de Perú, el 75% de Brasil y el 102% de Chile.
El crecimiento del financiamiento, sin embargo, modificó las condiciones a las que estaban acostumbrados los deudores argentinos. “El crédito se ha expandido, pero la característica de la Argentina era que los créditos se licuaban con la inflación. Ahora la inflación no te licúa la cuota, entonces algunas personas tomaron créditos esperando que se licuara y no ocurrió”, explicó.
Carrino señaló que el monto promedio de los créditos ronda los $4 millones, incluyendo los hipotecarios, mientras que la mitad se ubica en torno a los $1,12 millones. En cuanto a la morosidad, mencionó niveles cercanos al 12% en las familias y algo superiores al 3% en las empresas, mientras que el segmento no bancario presenta una incidencia mayor.
Esos datos abrieron uno de los principales contrapuntos de la entrevista. Gonzalo Aziz sostuvo que “nunca hubo este nivel de mora salvo en 2001”, mientras que Matías Barbería señaló que alrededor de 5,8 millones de personas presentan problemas para afrontar sus créditos y que el incumplimiento representa aproximadamente el 12,7% de la cartera medida en dinero.
Carrino planteó una lectura diferente. “Hay seis millones de personas en mora, pero hay 20 millones que tomaron alguna deuda”, sostuvo. Y agregó: “El 12% está en mora, 88% paga”.
A partir de esos números, consideró que la dimensión del fenómeno está siendo exagerada. “Me parece que está sobredimensionado”, afirmó. Su argumento es que el aumento de los incumplimientos debe ser leído junto con la expansión de un mercado crediticio que durante años permaneció reducido y no necesariamente como una señal de una crisis financiera sistémica.
La discusión sobre la morosidad llevó al costo del financiamiento y, particularmente, al papel de las fintech. Carrino sostuvo que las diferencias de tasas entre los bancos tradicionales y las plataformas no bancarias están relacionadas con el perfil de los clientes y el riesgo que asumen las entidades.
“Cuando me dicen que la app me cobra más tasa que el banco, es razonable: el mundo no bancario tiene más mora que el bancario, por eso cobra más tasa”, explicó.
Para ilustrar esa relación entre riesgo y costo financiero, utilizó como referencia el mercado estadounidense. “En Estados Unidos la tasa de la Fed es 3%, la de tarjeta de crédito 24%, seis veces más”, señaló.
El planteo generó un intercambio con Gustavo Lazzari, quien cuestionó el costo que las tasas pueden representar para las personas de menores ingresos. El debate puso sobre la mesa una de las tensiones que acompañan la expansión del crédito: el acceso al financiamiento puede ampliarse hacia sectores que antes quedaban afuera, pero con un costo mayor.
Carrino defendió precisamente ese aspecto. “Las fintech le dan crédito a gente que antes no tenía nada”, afirmó. A su entender, estos nuevos actores incorporaron como sujetos de crédito a personas que no cumplían con los requisitos habituales de los bancos.
También defendió el cambio hacia tasas reales positivas después de años en los que la inflación erosionaba el valor de las deudas. “Se están cobrando tasas reales positivas, por encima de la inflación. Liquidar deudas con tasas negativas destrozó el sistema financiero”, sostuvo.
En esa línea, distinguió entre los distintos productos financieros y el riesgo asociado a cada uno. “Los créditos personales y de tarjeta son más riesgosos y las fintech asumen ese riesgo”, explicó.
El último tramo de la conversación puso el foco en una cuestión más difícil de medir: qué ocurre cuando acceder a un préstamo se vuelve cada vez más sencillo, pero las condiciones financieras pueden resultar difíciles de afrontar para determinados hogares.
Carrino reconoció que la digitalización modificó radicalmente la forma de acceder al financiamiento. “Antes vos ibas al banco, te entrevistaban. Hoy, con un clic, en la desesperación podés sacar un crédito a tasa alta”, planteó.
El equipo de Infobae al Regreso planteó entonces la necesidad de incorporar una dimensión social al análisis del crédito, especialmente frente a situaciones en las que una persona puede recurrir a un préstamo de muy alto costo para cubrir una necesidad inmediata.
Carrino cuestionó que esos casos extremos permitan describir el comportamiento general del mercado y puso en duda que sean representativos del conjunto de los deudores. “Habría que ver si alguien tomó un crédito al 700% para pagar alimentos. Me parece que no la vamos a encontrar. Si la encontramos, habría que invitarla”, ironizó.
El intercambio dejó planteada una de las principales tensiones del nuevo escenario financiero argentino. El crecimiento del crédito amplía las posibilidades de financiamiento para personas que durante años quedaron fuera del sistema, pero al mismo tiempo expone con mayor claridad el costo de endeudarse en una economía donde la inflación ya no reduce el peso real de las cuotas.
Para Carrino, ese proceso debe ser interpretado como parte de una normalización más amplia del sistema financiero. “Las tasas en tarjetas y personales son más altas, por supuesto. Pero la fintech le da crédito a gente que antes no tenía nada”, concluyó.
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