Tecpetrol, la compañía energética del Grupo Techint, presentó ante el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) un plan de desembolso escalonado por USD 2.400 millones destinado al desarrollo de un proyecto de petróleo no convencional en Vaca Muerta.
Según pudo confirmar Infobae, la inversión se orientará específicamente al avance de Los Toldos II Este, una iniciativa pensada para ampliar la capacidad productiva de la Cuenca Neuquina y consolidar la posición del grupo comandado por Paolo Rocca en el sector energético nacional.
La obra se emplaza cerca de Rincón de los Sauces, sobre un área de 78 kilómetros cuadrados, donde ya comenzaron los trabajos de infraestructura. Según la información a la que accedió Infobae, el plan incluye la perforación de pozos y la construcción de pads, sistemas de captación, una planta nueva y la instalación de gasoductos y oleoductos.
La petrolera del Grupo Techint proyecta alcanzar una producción de 35.000 barriles diarios para el primer trimestre del año que viene y alrededor de 70.000 barriles diarios hacia la mitad de ese mismo año.
Esa producción representaría casi el 10% del suministro nacional actual de crudo, según fuentes del sector.
La presentación formal ante el RIGI abre un nuevo capítulo en la estrategia de expansión de Tecpetrol en Vaca Muerta. El anuncio llega después de semanas de tensión pública entre la cúpula directiva del grupo y el Gobierno nacional, a raíz de la controversia por la licitación de tubos para el oleoducto que permitirá la exportación de gas natural licuado desde Río Negro el año próximo.
El proyecto había sido adelantado en el seminario ProPymes de diciembre pasado, donde Ricardo Markous, CEO de Tecpetrol, describió el potencial del nuevo yacimiento y su impacto esperado en la región. “La gran aventura de Vaca Muerta ya empezó”, dijo entonces.
La compañía aplicará la experiencia acumulada en Fortín de Piedra para replicar e incluso mejorar los procesos de diseño y ejecución, con foco en la eficiencia, la seguridad y la reducción del impacto ambiental. La coordinación entre sectores y proveedores será clave para cumplir los plazos previstos.
La historia de Los Toldos II Este se remonta a fines de 2016, cuando Tecpetrol adquirió activos de Americas Petrogas. La etapa exploratoria inicial reveló el potencial geológico del área, aunque los primeros resultados fueron moderados.
Desde 2021, con la incorporación de técnicas modernas de fractura, el equipo técnico confirmó la viabilidad de un desarrollo a gran escala. Techint Ingeniería y Construcción fue la firma asignada para levantar la nueva planta de tratamiento, integrando las mejores prácticas en seguridad, ergonomía y gestión ambiental.
La presentación ante el RIGI refuerza la apuesta del sector privado por el desarrollo de Vaca Muerta y la exportación de hidrocarburos, en sintonía con el objetivo gubernamental de atraer inversiones de gran envergadura. El cronograma contempla dos etapas principales hasta 2028, seguidas por una fase de desarrollo sostenido para afianzar la posición de Argentina como proveedor regional.
La reflexión de Rocca en Houston
El contexto internacional también condiciona los planes de inversión. En el reciente foro CERAWeek by S&P Global en Houston, Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, expuso ante referentes globales los desafíos que enfrenta la industria, advirtiendo sobre la volatilidad mundial, el efecto de las nuevas políticas arancelarias de Estados Unidos y la mayor complejidad derivada de los conflictos en Medio Oriente.
Subrayó, además, la necesidad de diversificar operaciones y reforzar la presencia en mercados estratégicos como Estados Unidos, Canadá, México y América Latina.
El presidente Javier Milei se define a sí mismo como anarcocapitalista, una corriente que combina la defensa radical del mercado con una desconfianza absoluta hacia el Estado. Sin embargo, su persistente confrontación con Paolo Rocca, líder del Grupo Techint, pone en evidencia una tensión conceptual dentro de esa etiqueta.
El discurso que defiende el capitalismo suele presentar a los grandes empresarios como motores del crecimiento económico y aliados naturales de un modelo promercado. Pero la reiteración de los ataques del Presidente a uno de los principales industriales del país sugiere otra cosa: una mirada que desconfía no sólo del Estado, sino también de las grandes estructuras del poder económico.
En ese sentido, el conflicto con Rocca plantea una pregunta más profunda sobre el ideario del gobierno: ¿no será que, detrás del discurso capitalista, prevalece en realidad un impulso más cercano al anarquismo que al capitalismo? ¿No será ese anarquismo un rasgo de la personalidad de Milei, una inclinación hacia el caos?
El episodio que reavivó la polémica fue, en apariencia, uno más de los exabruptos del Presidente. Durante su intervención en la Argentina Week en Nueva York, en la sede del JP Morgan, atacó al CEO de Techint y al dueño de Fate, Javier Madanes Quintanilla, a quienes acusó de haberse beneficiado del kirchnerismo.
“Rocca y Madanes atacaron a los argentinos”, aseguró Milei. Al escuchar el discurso, además del tono pausado —casi “sedado”, podríamos decir— del Presidente, llama la atención que su intento de provocar la participación del auditorio no obtenga respuesta; la escena genera cierta incomodidad.
En su editorial de esta mañana, Joaquín Morales Solá afirma que “Milei confunde el afuera con el adentro”, ya que en Nueva York mantuvo el mismo tono confrontativo que emplea en la política doméstica. En un acto pensado para atraer inversiones extranjeras, esa actitud espanta más de lo que seduce.
Además, la repercusión en los medios norteamericanos fue prácticamente nula: el evento pasó desapercibido en Estados Unidos. Si el objetivo era promocionar a la Argentina en ese mercado, la ausencia de cobertura es una mala señal. También se subrayó que, entre los pasajeros confirmados para viajar desde Argentina, cerca del 70% provenía de Buenos Aires.
Entre las pocas repercusiones destacadas en la prensa argentina apareció la declaración de Jamie Dimon, CEO global de JP Morgan, quien elogió a Milei y dijo que “tiene convicciones muy sólidas sobre cómo arreglar un país”. Queda la pregunta inevitable: ¿esa única intervención relevante basta para justificar el gasto y el esfuerzo organizativo del evento? Según cuenta Morales Solá, un banquero importante presente lo resumió así: “Fue un discurso 100 % local; hubiera pensado algo más para afuera que para adentro”.
Incluso dirigentes como el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, que asistió, se desmarcaron de la equiparación entre Rocca y Madanes. Gran parte del empresariado local manifestó su malestar por los ataques, tal como lo expresó ayer en Modo Fontevecchia el presidente de IDEA (Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina).
En una entrevista realizada esta semana con Luis Majul, Milei además acusó a Rocca de amenazar con una corrida cambiaria: “Rocca decía que si no hablábamos con ellos, nos amenazaba con corrernos en el mercado de cambios”. La pregunta es por qué un gobierno que se proclama el más capitalista de la historia argentina decide confrontar con uno de los empresarios industriales más relevantes del país. No se trata de un industrial dependiente exclusivamente del mercado local, ni de un empresario cuya fortuna haya sido generada solo al calor del Estado.
El economista y psicólogo político estadounidense Nassim Nicholas Taleb describió a ciertos líderes como “amantes de la volatilidad”: dirigentes que creen que el conflicto permanente revela verdades ocultas del sistema. Al repasar la trayectoria pública de Milei aparece un patrón claro: la confrontación constante como forma de intervenir. Desde esa lógica, atacar a Rocca en un foro internacional no sería un error de cálculo, sino la expresión coherente de una personalidad política que tiende a producir rupturas antes que buscar equilibrios.
La historia de Techint comienza con Agostino Rocca, ingeniero italiano nacido en 1895, figura central en la siderurgia europea antes de emigrar a la Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. El periodista Horacio Verbitsky lo resume en una nota en su portal El Cohete a la Luna. Agostino Rocca, ingeniero y capitán de artillería milanés, fue un actor importante en la siderurgia italiana durante el régimen de Benito Mussolini. Dirigió la empresa Dalmine, que llegó a tener 60.000 empleados y producía tubos sin costura para el esfuerzo bélico del Eje, además de ocupar cargos en otras compañías vinculadas al aparato industrial del fascismo.
Tras la caída de Mussolini en 1945, Rocca fue detenido por los partisanos, aunque fue absuelto en 1946 en un contexto en el que Italia priorizaba la reconstrucción. Con capitales europeos que sobrevivieron a las requisas de los Aliados, se trasladó a la Argentina y, recomendado por Torcuato Di Tella, fundó Techint bajo el gobierno de Juan Domingo Perón, contribuyendo al desarrollo de la industria pesada del país.
En 1948 creó en Campana la Sociedad Argentina para la Fabricación de Tubos de Acero (Dálmine Safta), origen de un polo industrial que luego incluiría a Siderca y Cometarsa, y que participó en grandes obras como el gasoducto Comodoro Rivadavia–Buenos Aires. Tras la muerte de Agostino en 1978, el grupo quedó a cargo de su hijo Roberto Rocca, quien más tarde dividió el control entre sus hijos Agostino y Paolo. El primero falleció en un accidente aéreo en 2001.
Rocca, hoy la figura central del Grupo Techint, tuvo una trayectoria personal marcada por contrastes generacionales y políticos. Si su abuelo fabricaba armas durante el gobierno de Mussolini, él en su juventud militó en la organización de izquierda italiana Lotta Continua, un movimiento estudiantil radical de Turín que incluso criticaba al Partido Comunista por su moderación frente al régimen fascista.
Con el tiempo abandonó ese activismo y estudió en la Universidad de Harvard, desde donde inició su carrera dentro del grupo familiar. Con los años se transformó en uno de los empresarios más influyentes de la Argentina y América Latina, liderando la expansión internacional del conglomerado siderúrgico. En el artículo de Verbitsky se cita una frase que Rocca suele repetir: “Entre los mandatos que dejó mi abuelo estaba nunca invertir en la fabricación de armamentos, en los medios de comunicación y en actividades financieras”.
A lo largo de las décadas Techint evolucionó hasta ser un conglomerado global. Hoy sus principales compañías (Tenaris, Ternium, Tecpetrol, Tenova y Techint Engineering & Construction) operan en varios continentes. Las ventas anuales del grupo rondan los 50.000 millones de dólares y sus operaciones se extienden por América, Europa y Asia. Ese crecimiento no se dio en una sola etapa política: Techint atravesó gobiernos militares, democráticos, neoliberales y populistas, adaptándose a contextos diversos sin renunciar a su vocación internacional.
Un momento clave de su expansión fue durante la presidencia de Carlos Menem en los años noventa. En 1992 el grupo participó en la privatización de Somisa, que luego se transformó en Siderar. Entre 1992 y 1996, Siderar pasó de controlar el 56% del mercado argentino de acero plano al 79%, mientras que un ambicioso programa de inversiones multiplicó la productividad de la planta y redujo los costos industriales en casi un tercio.
La década del noventa fue también la etapa de la auténtica internacionalización del grupo. Techint adquirió Tamsa en México en 1993, tomó el control de la histórica siderúrgica italiana Dalmine en 1996 y lideró el consorcio que privatizó SIDOR en Venezuela en 1997. Ese proceso culminó con la creación de Tenaris, el holding global que integró las operaciones de tubos sin costura en Argentina, México e Italia y que hoy cotiza en bolsas internacionales como Nueva York y Milán. El resultado fue que Techint dejó de depender del mercado argentino: hoy más del 80% de los ingresos del grupo provienen del exterior.
Una hipótesis para entender la insistencia de Javier Milei contra Rocca es la tensión entre dos modelos de capitalismo. Por un lado está el capitalismo tecnológico y libertario que Milei reivindica, vinculado a emprendedores digitales que operan en mercados globales, con empresas ligeras en activos físicos y menos atadas a territorios nacionales. Ese mundo, representado en la Argentina por figuras como Marcos Galperin, concibe el capital como algo que circula sin fronteras, más cercano a la lógica de la nube que a la de la fábrica. Del otro lado aparece Rocca, cuya fortuna se apoya en una industria pesada anclada a infraestructura, acero, energía y miles de trabajadores en plantas industriales.
Casualmente, el ranking Forbes 2026 ubicó a Rocca como el empresario más rico de Argentina, con una fortuna estimada en 7.300 millones de dólares, superando por primera vez a Marcos Galperin, cuya riqueza cayó a 7.200 millones. En cierto sentido, la primacía de Rocca recuerda que el capitalismo tangible —el de los tubos de acero, las siderúrgicas y las obras de infraestructura— sigue teniendo un peso decisivo incluso en la era digital.
Esa diferencia no es sólo económica sino también filosófica. El capitalismo tecnológico piensa el mundo como una red global donde las fronteras son cada vez menos relevantes, mientras que la industria pesada está inevitablemente vinculada al territorio, a la energía, a los recursos naturales y a las decisiones estatales. Las plantas siderúrgicas, los oleoductos o las hidroeléctricas no pueden mudarse de país con la misma facilidad que una plataforma digital. Por eso la relación con el poder político y con la regulación nacional resulta inevitable para empresas como Techint.
En ese contraste, Rocca encarna una tradición de capitalismo industrial que necesita estabilidad institucional y una relación pragmática con los gobiernos. Milei, en cambio, parece conversar con una cultura empresarial más próxima al mundo tech, donde el capital aspira a moverse sin límites nacionales. La paradoja es que, al confrontar con un empresario de la economía real que se acaba de convertir en el más rico del país, el Presidente termina enfrentando a uno de los emblemas del capitalismo productivo argentino. Para una multinacional industrial, las tensiones diplomáticas tienen consecuencias concretas: las decisiones de inversión dependen de estabilidad política, previsibilidad regulatoria y relaciones entre países.
Rocca encabeza una lista de seis multimillonarios argentinos cuyos patrimonios combinados superan los 26.000 millones de dólares. Detrás de él figuran Alejandro Bulgheroni (5.100 millones), Eduardo Eurnekian (4.800 millones), Eduardo Costantini (1.300 millones) y Delfín Jorge Ezequiel Carballo (1.000 millones), representantes de sectores como energía, aeropuertos, tecnología, finanzas e inmobiliario.
La historia económica muestra que el desarrollo industrial rara vez ocurre al margen del Estado. Las grandes siderúrgicas, petroleras o empresas de infraestructura dependen no sólo del capital privado, sino también de marcos regulatorios, políticas energéticas, acuerdos comerciales y estabilidad diplomática entre países.
En ese esquema, los industriales suelen convertirse en actores estratégicos para los países donde invierten, porque su actividad genera empleo, formación técnica y cadenas productivas que no se trasladan fácilmente. Esa lógica ayuda a entender por qué la relación entre capital industrial y poder político suele ser más compleja y estructural que la que existe en sectores más desmaterializados de la economía.
Como ejemplo, Ternium, la siderúrgica del Grupo Techint, inauguró en marzo de 2026 la Escuela Técnica Roberto Rocca en Santa Cruz, en el estado de Río de Janeiro, en un acto que contó con la presencia del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y del CEO del grupo. La institución forma parte de una red educativa que Techint inició en 2013 para promover la formación técnica vinculada a la industria. La nueva escuela está a pocos kilómetros del complejo siderúrgico de la empresa, que emplea a unas 8000 personas y exporta el 70% de su producción de acero.
Paolo Rocca junto a Lula da Silva en la Escuela Técnica Roberto Rocca en Santa Cruz.
El establecimiento cuenta con 18 laboratorios equipados con tecnología avanzada y ofrece educación secundaria técnica con especializaciones en Electromecánica y Mecatrónica. Actualmente tiene 384 estudiantes y se espera que alcance 576 cuando funcione a plena capacidad en 2027, todos con becas completas. La iniciativa forma parte de la estrategia del Grupo Techint de fortalecer la educación técnica en las regiones donde opera y acompañar el desarrollo industrial. En Brasil, el grupo emplea a unas 18.500 personas a través de sus compañías Ternium, Tenaris y Techint Ingeniería y Construcción, con una producción anual cercana a cinco millones de toneladas de acero. Incluso Paolo Rocca se mostró junto a Lula, inaugurando una escuela en Brasil.
Durante décadas los economistas debatieron si la nacionalidad del capital era irrelevante o estratégica. Muchos países desarrollados optaron por proteger ciertas empresas consideradas vitales. Estados Unidos, Alemania, Francia y Japón mantienen mecanismos para bloquear adquisiciones extranjeras en sectores estratégicos. La idea es que los empresarios locales suelen tener un mayor compromiso con el país donde viven, trabajan y crían a sus familias. De esa concepción surgió el concepto de “burguesía nacional”, que durante años ocupó un lugar central en la teoría del desarrollo.
Brasil fue frecuentemente citado como ejemplo por el papel de su empresariado industrial y por instituciones como la Federación de Industrias del Estado de São Paulo (FIESP). En contraste, la Argentina fue criticada durante años por la tendencia de sus empresarios a vender sus empresas a capitales extranjeros en lugar de expandirlas globalmente. Por eso conglomerados como Techint o Aluar constituyen excepciones dentro de la estructura productiva argentina: multinacionales industriales nacidas en el país que lograron competir globalmente.
Construir una empresa de ese tamaño es extraordinariamente difícil. Las estadísticas muestran que cerca del 80% de las nuevas empresas fracasan en sus primeros años y sólo una minoría sobrevive una década. Que una compañía no sólo resista, sino que se convierta en un conglomerado global durante varias generaciones es un fenómeno extremadamente raro. Por eso algunos economistas las describen como “unicornios del mundo tangible”: no startups digitales, sino complejos industriales construidos a lo largo de décadas.
A pesar del desarrollo reciente del capitalismo digital, la “nacionalidad del capital” está lejos de haber desaparecido. En los últimos años las potencias desarrolladas han vuelto a políticas de protección económica. Mientras buena parte del discurso económico argentino sigue pensando en términos de apertura absoluta, los principales países del mundo redescubren el valor estratégico de su propio capital productivo.
Entonces, si el capital nacional es escaso y difícil de construir, ¿tiene sentido confrontar con uno de sus principales representantes? ¿Tiene sentido atacar a uno de los principales inversores del país durante una conferencia destinada a atraer inversiones?
Existen, por supuesto, ejemplos de disputas fuertes entre empresarios relevantes y el Estado. El fundador de Alibaba, Jack Ma, protagonizó uno de los casos más notorios cuando desapareció de la vida pública tras criticar al sistema financiero chino, en una disputa por el rol de su plataforma en la concesión de créditos, algo que en Argentina realiza Mercado Pago.
En Estados Unidos, por ejemplo, Henry Ford mantuvo enfrentamientos con la administración de Franklin D. Roosevelt durante el New Deal en los años treinta, especialmente por la regulación laboral y el avance sindical en la industria automotriz.
Más recientemente, en Europa, Elon Musk protagonizó choques repetidos con gobiernos y reguladores por el control de plataformas tecnológicas y satelitales, en debates que abarcan desde la libertad de expresión en redes hasta el alcance de la regulación estatal sobre empresas globales. Sin embargo, hoy incluso gobiernos ideológicamente liberales suelen mantener una relación pragmática con sus grandes empresas industriales: no se trata de favoritismo, sino de interés nacional.
Las grandes corporaciones nacidas en un país tienden a convertirse en instrumentos de proyección económica internacional. Por eso Estados Unidos protege a sus gigantes tecnológicos, Alemania respalda a su industria automotriz y Corea del Sur acompaña la expansión global de conglomerados como Samsung o Hyundai.
La relación entre poder político y capital productivo puede ser tensa, pero rara vez adopta un tono de confrontación pública permanente, sobre todo cuando se trata de empresas que representan una porción significativa del peso económico nacional. La visión libertaria del Presidente tiende a considerar irrelevante la nacionalidad del capital. Pero la economía real sigue anclada al territorio: las siderúrgicas, los gasoductos y las centrales eléctricas no se encuentran en la nube.
Esa discusión adquiere otra dimensión al observar el contexto económico actual de la Argentina. Si el programa libertario prometía una transformación basada en la confianza del mercado, la caída en la percepción económica indica que, por ahora, esa expectativa no se tradujo en mejoras palpables para la mayoría de la sociedad.
Una encuesta reciente de D’Alessio-Berensztein muestra un deterioro en la percepción económica y en la imagen del gobierno de Javier Milei. La buena opinión sobre la situación económica cayócinco puntos en el último mes y un 61% de los argentinos cree que el país está peor que hace un año, percepción que también alcanza a votantes de La Libertad Avanza, entre quienes el optimismo cayó 6%.
Además, el 65% afirma que su economía personal empeoró y un 55% cree que la economía estará peor en 2027. En paralelo, la imagen del gobierno bajó tres puntos, con 42% de evaluación positiva y 56% negativa, niveles similares a los de octubrepasado, justo cuando perdió las elecciones en Provincia de Buenos Aires, antes del salvataje político de Donald Trump.
En este escenario de incertidumbre, los conflictos con grandes empresarios nacionales pueden amplificar la sensación de inestabilidad en vez de reducirla. La tensión con Rocca deja de ser solo una disputa personal o ideológica y se inserta en una pregunta mayor sobre el rumbo del modelo económico. Cuando los resultados aún no son evidentes, la política económica se mide también por las señales que transmite.
Y entre esas señales, la relación entre el gobierno y los principales actores del capital productivo suele estar entre las más observadas por inversores y por la sociedad. La anarquía puede expresarse en la música, en consignas de protesta, en reflexión filosófica o simplemente en provocación. Milei la utiliza como pretexto para confrontar sin estrategia, con más bravuconería que propuestas. Su anarcocapitalismo, por momentos, se parece más a un acto de caos caprichoso y sin sentido que a un plan económico coherente.
El analista económico Roberto Cachanosky sostuvo que el presidente Javier Milei “con el RIGI establece un sistema inmoral”.
RIGI
“Milei haciendo populismo. Mientras ataca a ciertos empresarios denunciándolos por privilegios, él otorga privilegios con el RIGI”, remarcó el consultor en una publicación de “X”.
“Los derechos no se determinan por el monto de una inversión, sino por la igualdad ante la ley”, añadió.
“Sistema inmoral”
“Con el RIGI, Milei establece un sistema inmoral”, afirmó Cachanosky y se preguntó: “¿Por qué el que invierte US$ 200 millones tiene más derechos que el que pone un maxikiosco?“
“Con el RIGI, Milei beneficia a los más ricos en detrimento de los menos ricos. Eso es inmoral. ¿Por qué todavía existe el régimen de Tierra del Fuego?”, concluyó en su análisis.
Discurso de Milei
El presidente Javier Milei volvió a atacar este martes a los empresarios Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla al calificarlos de “prebendarios”.
Cuando se discuten la recesión, los cierres de empresas y los despidos, Javier Milei y sus adláteres insisten en que se trata “del costo” de sacar al país de décadas de postración. En ese marco de gestión, que muchos no dudan en calificar de ‘industricidio’, el enfrentamiento que semanas atrás mantuvo el Gobierno con Paolo Rocca, el poderoso titular del Grupo Techint acaparó los medios, e incluso reapareció el agraviante “Don Chatarrín” que el líder libertario dedicaba al veterano empresario en las entrevistas con sus periodistas preferidos.
El desencadenante fue una licitación de caños sin costura para uno de los gasoductos desde Vaca Muerta; Rocca, fiel a su estilo, guardó silencio. En ese marco, llamó la atención su foto de este fin de semana en la inauguración de una escuela técnica financiada por Ternium en Santa Cruz, estado de Río de Janeiro, ocasión en la que se mostró sonriente nada menos que junto al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, otro adversario político y habitual destinatario de insultos de Milei, que suele decirle “comunista, zurdo, corrupto…”.
Esa imagen de Rocca con Lula dio que hablar por su obvio mensaje político al elenco libertario; el encuentro se llevó a cabo pocos días después de que el presidente argentino descalificara nuevamente al empresario en su discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso.
“Fue importante recibir al presidente Lula en la inauguración de nuestra Escuela Técnica Roberto Rocca en Santa Cruz, donde tenemos un centro industrial que emplea a 8000 personas y produce acero competitivo para Brasil y para el mundo”, dijo Rocca, citado por el diario La Nación, y agregó que sus empresas “invierten en educación técnica porque creemos en el papel central de la industria en el desarrollo económico y social de Brasil, y de todos los países donde operamos”. Toda una declaración de alto impacto frente al cierre de empresas en estos dos años de gestión libertaria.
Rocca y Lula se encontraron en Santa Cruz, cerca de un polo industrial de Techint en el vecino país, y en el acto, que tuvo numerosas escenas de cordialidad, el empresario estuvo acompañado por Máximo Vedoya, CEO de Ternium.
Milei atacó con dureza al sector industrial durante su discurso ante la Asamblea Legislativa; en ese momento empleó términos peyorativos para referirse a los principales referentes industriales del país, incluyendo a Rocca, a quien señaló como un proveedor de insumos costosos en el contexto de las licitaciones para el gasoducto de Vaca Muerta.
Por otra parte, la escuela inaugurada en Brasil rinde homenaje a Roberto Rocca, quien representa la consolidación internacional del grupo fundado por Agostino Rocca, cuya conducción fue asumida por Paolo Rocca luego de que Agostino hijo falleciera en una accidente aéreo. Actualmente, el grupo da empleo a más de 18 mil personas en territorio brasileño.