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  • Crisis de paradigma: cómo la nueva agenda redefine el mapa político argentino

    Crisis de paradigma: cómo la nueva agenda redefine el mapa político argentino

    La megacrisis a la que nos condujo el gobierno nacional —que se mantiene vía una cadena aún indefinida de “rescates semestrales”— se manifiesta con claridad en cualquier indicador socioeconómico que se consulte. Sumada a la nueva situación geopolítica, marcada por hegemonías en disputa abierta, resulta evidente que ya no es posible pensar en clave del neoliberalismo tradicional. Pero, con Cristina Kirchner presa y proscripta: ¿es posible concebir una alternativa en clave peronista tradicional?

    Cuando Milton Friedman señalaba la fuerza de las crisis para alterar paradigmas, difícilmente imaginó que su observación serviría también para derribar los postulados de su propia cosmovisión económica y social, fundamento del neoliberalismo global. El economista estadounidense sostuvo entonces: “Solo una crisis –real o percibida– da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.

    Friedman tenía razón: la megacrisis sanitaria, económica y social inducida por el actual gobierno nacional ha marcado el quiebre que, en términos del filósofo Thomas Kuhn, constituye una “crisis de paradigma”.

    Según la visión de Kuhn, una anomalía se considera particularmente grave cuando afecta a los fundamentos mismos de un paradigma y resiste cualquier intento de resolución por parte de la comunidad profesional hegemónica. También lo son las anomalías que atañen a demandas o necesidades sociales urgentes.

    En este caso nos enfrentamos más a problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo que a cuestiones metodológicas o tecnológicas.

    Un ejemplo de ello es la demanda —respaldada además por la mayoría de la opinión pública— de presupuesto liberado, equilibrio fiscal y fuerte intervención estatal orientada a garantizar la concentración del ingreso y el fortalecimiento de los grandes grupos económicos y financieros, locales y transnacionales, mientras se desatienden problemas acuciantes de la comunidad que, bajo el paradigma neoliberal, no tendrían una solución adecuada mediante la intervención estatal.

    Problemas conceptuales inherentes al corpus doctrinal del neoliberalismo más que cuestiones metodológicas o tecnológicas: Thomás Kuhn da prioridad a las crisis conceptuales frente a las de otro orden. Lógicamente, la severidad de una anomalía también se relaciona con el tiempo transcurrido desde su detección, lo que obliga a parte de la comunidad profesional hegemónica a intentar explicarla o eliminarla.

    Con el paso del tiempo, los intentos por resolver la anomalía se vuelven gradualmente más radicales, debilitando las reglas conceptuales y metodológicas establecidas por el paradigma en crisis —en este caso, el neoliberalismo—. Cuando el paradigma queda socavado y sus defensores pierden confianza en él, llega el momento de la revolución de paradigmas; la gravedad de la crisis aumenta con la aparición de un paradigma rival.

    Esto no es todavía lo que ocurre con el pensamiento neoliberal: aunque la megacrisis ha abolido gran parte de lo sostenido por ese vetusto paradigma —y está claro que en clave neoliberal ya no se puede pensar más—, una alternativa popular y democrática no logra desplegarse.

    Y esta circunstancia refiere, obviamente, a la crisis del peronismo: su líder histórica proscripta y presa sin fundamentos “jurídicos” que justifiquen esta situación, que está muy claro, solo observa motivaciones geopolíticas. El peronismo es hoy un gigante invertebrado y miope, como lo señalara anticipatoriamente HYPERLINK “https://eltopoblindado.com/wp-content/uploads/2018/01/cooke-el-retorno-de-peron-un-analisis-revolucionario-parte-ii.pdf” \hJohn William Cooke en la década de los años sesenta (!).

    Los bloques parlamentarios que se dicen peronistas —y que, a nuestro juicio, efectivamente lo son— poseen un grado de autonomía notable. El Partido Justicialista, a nivel nacional y provincial, no logra trascender su función de herramienta electoral y resulta relativamente inútil para enfrentar la crisis. La CGT ha decidido transitar el camino de la ilusión jurídica de la política y ya no confronta en las calles ni en las fábricas; de ahí que surja la pregunta: ¿qué vertebra la columna vertebral? Misterio.

    Pero quizá el síntoma más notable y espectacular de esta crisis de paradigma es, como señalara Carlos Marx: “En el terreno llano, los montones de piedras parecen cerros, mídase la chatura de nuestra burguesía actual, por el calibre de sus grandes ingenios”. Es por este desajuste político y conceptual que hoy la pregunta que atraviesa al peronismo en el torbellino de su crisis ya no es ¿quién conduce?, sino ¿quién no conduce?

    *Director de Consultora Equis.