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  • Protestas frente a PAMI en Córdoba: la disputa política por el control y el ajuste agrava la parálisis del sistema

    Protestas frente a PAMI en Córdoba: la disputa política por el control y el ajuste agrava la parálisis del sistema

    La crisis que atraviesa el PAMI en Córdoba dejó de ser un conflicto sectorial para convertirse en un problema político de alcance nacional, con repercusiones en la interna del oficialismo y en las relaciones con las provincias. La protesta de jubilados, médicos y farmacéuticos frente a la sede de avenida General Paz, que provocó un corte total del tránsito, puso en evidencia una parálisis que tiene su raíz en la conducción y en el esquema de toma de decisiones del organismo.

    En lo local, la conducción formal recae en el director de la delegación, Eduardo Frayre, un perfil técnico con escaso respaldo político propio. Su margen de maniobra está acotado por una estructura vertical donde las decisiones estratégicas se concentran en Buenos Aires. Esa dinámica limita la capacidad de respuesta ante problemas operativos urgentes, como la suspensión de cirugías por falta de insumos o el deterioro de la red de prestadores.

    La presencia de Frayre responde además a una ingeniería política articulada con dirigentes del espacio libertario en Córdoba. En ese entramado, el diputado nacional Gabriel Bornoroni surge como el referente político más visible del oficialismo en la provincia, mientras que el ex titular regional Marcos Patiño Brizuela conserva influencia en la estructura interna. La superposición de roles y niveles de decisión termina generando un vacío operativo en la gestión cotidiana.

    La centralización se profundizó después del cambio institucional que ubicó al PAMI bajo la órbita del Ministerio de Economía, conducido por Luis Caputo, lo que reordenó las prioridades del organismo. El control presupuestario asumió una lógica de ajuste fiscal que tensiona la capacidad prestacional. En ese escenario, el Ministerio de Salud, a cargo de Mario Lugones, quedó con menor margen para intervenir directamente en la administración de recursos.

    El resultado de esa reconfiguración es un sistema con dificultades para sostener su funcionamiento básico. La deuda con prestadores, que en algunos casos supera los seis meses, derivó en la interrupción de servicios críticos. Clínicas y proveedores dejaron de proveer insumos, lo que afecta cirugías programadas y tratamientos de alta complejidad. La fragmentación de la cadena de pagos, con adelantos parciales y saldos demorados, profundiza el conflicto.

    En paralelo, el Gobierno nacional despliega una estrategia discursiva destinada a señalar irregularidades en el sistema de prestadores, con énfasis en auditorías y controles sobre médicos de cabecera. Esa narrativa busca legitimar cambios en el esquema de financiamiento y la revisión de convenios, aunque en la práctica no logra frenar el deterioro de la prestación.

    La crisis también tiene una dimensión territorial política. En Córdoba, el recorte afecta al sistema público provincial y municipal, lo que genera presión sobre la gestión del gobernador Martín Llaryora. La derivación de pacientes desde PAMI hacia hospitales públicos eleva la demanda y tensiona la relación entre Nación y Provincia.

    Ese efecto colateral tiene consecuencias electorales. Mientras el oficialismo nacional intenta convertir el conflicto en un argumento contra el sistema precedente, en lo local el desgaste puede redistribuirse según la percepción ciudadana sobre quién es responsable de la falta de atención. La disputa política se proyecta hacia el mediano plazo, con la mirada puesta en el escenario electoral de 2027.

    Adentro de la institución, la situación alimenta además un conflicto laboral en crecimiento. La postergación de paritarias, la pérdida del poder adquisitivo y la exposición de empleados a episodios de violencia en la atención al público agravan el malestar. La suspensión de medidas como los retiros voluntarios, en medio del escándalo por falta de pagos, revela la fragilidad de la gestión.

    Con más de cinco millones de afiliados en todo el país y un financiamiento que combina aportes de trabajadores activos y jubilados, el PAMI constituye una de las cajas más relevantes del sistema estatal. La tensión entre su condición autárquica y el control centralizado de sus recursos se sitúa hoy en el centro de la crisis.

    El conflicto en Córdoba, lejos de ser un episodio aislado, pone en evidencia las limitaciones de un modelo de gestión que prioriza el ajuste fiscal y la conducción política centralizada por encima de la capacidad operativa del organismo. En ese equilibrio inestable, los afiliados quedan atrapados en un sistema que no logra garantizar prestaciones básicas.

  • Polémica en PAMI: médicos de cabecera denuncian “locura” por tope de $2.100 por afiliado

    Polémica en PAMI: médicos de cabecera denuncian “locura” por tope de $2.100 por afiliado

    El delegado organizador de APPAMIA Córdoba, Atilio Rossi, cuestionó que el PAMI haya fijado en 2.100 pesos la cápita por afiliado y denunció un “estado de humillación y degradación” del trabajo de los médicos de cabecera.

    “2.100 pesos por persona por mes”

    Nos pagaban a través de un sistema mixto, una mitad que era una parte la cápita donde nos pagaban 945 pesos por paciente por mes y nos daban el equivalente al 40% de las consultas que nosotros realizábamos”, explicó.

    “Si yo hacía 100 consultas, el PAMI me abonaba nada más que 40, que iban entre 6 y 10 mil pesos de acuerdo si uno lo atendía por primera vez o en forma sucesiva. Eso en un médico con 400 afiliados representaba aproximadamente un ingreso de 1.650.000 pesos”, ejemplificó.

    El PAMI tomó una medida intempestiva, retroactiva al 1 de abril, donde pasa de un sistema mixto a un sistema capitado, donde únicamente le va a pagar la cápita”, agregó en declaraciones a Mitre Córdoba.

    Y luego completó: “2.100 pesos por persona, no por consulta, por mes. Me puede ir a ver tres, cuatro, cinco veces al consultorio y por supuesto yo lo voy a atender porque usted es mi paciente y por usted a mí me van a pagar 2.100 por mes o sea que ese médico que cobraba un 1.650.000 a partir de esta nueva locura, de esta atrocidad que quieren hacer, van a querer determinar que el médico pase a cobrar 800.000 mil pesos. Es una locura lo que están haciendo, y el médico tiene que pagar alquiler, tiene que pagar secretario. Es una situación inviable, inentendible y realmente de una altísima gravedad”.

    Médicos de cabecera

    El médico de cabecera cumple la función de un tutor. Supongamos que usted decide tomarme a mí como médico de cabecera, se empadrona conmigo. A partir de ese momento yo paso a ser el responsable total de su salud en todo sentido, usted va al consultorio, yo le hago su historia clínica, le pido los análisis, le pido todos los estudios, soy el único autorizado para hacer las derivaciones, soy el único autorizado para hacer el pedido de pañales, para hacer las recetas, para hacer pedido de colchones, para hacer pedido de silla de ruedas, para hacer una internación domiciliaria”, precisó Rossi.

    “Todo eso pasa únicamente por nosotros, todos nuestros pacientes, si usted es mi paciente tiene mi número de teléfono, mi WhatsApp o sea que usted tiene libertad para poderse comunicar conmigo. No únicamente cuando estoy en consultorio, por eso es que el médico PAMI no tiene sábado, no tiene domingo no tiene feriados”, detalló.

    Y después puso como ejemplo: “Si tenemos la desgracia que un paciente fallece, la única persona que está autorizada para hacer ese certificado de defunción somos nosotros porque conocemos al paciente y el paciente puede morir un sábado a la noche, un domingo, un feriado”.

    Protesta

    Hemos llegado a un momento límite donde realmente hemos convocado a este paro en toda la nación para tratar realmente que el PAMI revierta esta locura que está haciendo por el bien de nosotros y por el bien de nuestros jubilados”, sostuvo Rossi en otra parte de la entrevista.