Una reciente recomendación del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la necesidad urgente de acumular reservas internacionales resuena con fuerza en el escenario actual, marcado por la fragmentación geopolítica y los conflictos —como la escalada reciente en Medio Oriente— que incrementan los riesgos para las economías emergentes.
Aunque el llamado del FMI fue general y no mencionó de forma expresa a la Argentina, el caso argentino resulta particular: el Gobierno incumplió la meta de acumulación de reservas fijada por el organismo multilateral en el marco del acuerdo por 20.000 millones de dólares.
De hecho, el ministro de Economía, Luis Caputo, deslizó que el objetivo debería ser anual en vez de trimestral. “Para mí decir vamos a comprar más o menos dólares en tal fecha sería arrogante, eso incluso lo hablamos con el Fondo. Normalmente, tenemos que poner metas trimestrales, y nosotros le decimos: ‘Podemos poner metas trimestrales, pero lo lógico sería una meta anual, porque yo, realísticamente, no puedo decirles con certeza que puedo comprar más en esta fecha que en esta’. Porque por ahí los exportadores retienen o adelantaron exportaciones y después cancelan, no podés saber. Si podés tener una estimación sobre cuánto vas a comprar”, consignó.
En ese sentido, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) aceleró la compra de divisas desde enero y acumula más de USD 3.000 millones en lo que va del año. Sin embargo, ese monto no se reflejó íntegramente en las reservas de la autoridad monetaria, ya que buena parte se destinó a que el Tesoro cancelara compromisos de deuda en moneda extranjera, y el stock actual se ubica por debajo de los USD 46.000 millones de dólares.
En ese contexto, el economista jefe del organismo, Pierre-Olivier Gourinchas, publicó un artículo titulado “Reservas adecuadas protegen a las economías frente a shocks y refuerzan su resiliencia”, en el que sostiene que la acumulación de divisas es clave para blindar a los países frente a crisis externas y evitar tensiones cambiarias de gran impacto.
La fragilidad que caracteriza al entorno global, subraya Gourinchas, exige que los países en desarrollo y los mercados emergentes refuercen su capacidad de resistencia. Por ello, el FMI recomienda fortalecer los colchones de reservas, aun cuando existan resistencias internas y desafíos políticos.
Desde la perspectiva del prestamista de última instancia, la experiencia histórica muestra que los países con bajos niveles de reservas enfrentan un riesgo elevado de crisis, porque disponen de un margen muy reducido para afrontar episodios de volatilidad o cambios bruscos en los flujos de capitales.
“La importancia de las reservas va más allá del régimen cambiario adoptado. Los países con tipo de cambio fijo suelen requerir más reservas para respaldar su moneda, pero las reservas también son fundamentales para quienes adoptan regímenes más flexibles. Estas ayudan a contener una volatilidad cambiaria excesiva y los costos macroeconómicos asociados”, apunta el documento.
En los últimos 25 años, el volumen global de activos de reserva oficial creció de manera sostenida. No obstante, la distribución de esas reservas sigue muy concentrada: un reducido grupo de países acumuló sumas elevadas, a veces superiores a lo necesario para afrontar shocks externos, cuyo desafío entonces es gestionar el exceso. En cambio, muchas economías —especialmente las de bajos ingresos— carecen de colchones suficientes y enfrentan dificultades para acceder a mecanismos de protección.
El FMI utiliza un indicador de suficiencia de reservas para evaluar la capacidad de los países de soportar shocks severos. Según ese indicador, un nivel mayor de reservas se traduce en mayor resiliencia. Sin embargo, el reporte de Gourinchas advierte que, pese a los beneficios bien documentados —entre ellos, mayor protección ante crisis y menores costos de financiamiento—, no todos los países logran implementar las políticas necesarias para aumentar sus reservas. Las razones suelen vincularse con consideraciones político-económicas, como la presión por obtener resultados inmediatos que conduce a decisiones que ponen en riesgo la estabilidad a largo plazo.
“A pesar de los beneficios conocidos, como una mayor protección y menores costos de financiamiento, los países con bajos niveles de reservas a veces enfrentan dificultades para implementar las políticas necesarias. Esto obedece a consideraciones político-económicas, como cuando la búsqueda de beneficios políticos de corto plazo lleva a las autoridades a postergar medidas necesarias y agotar las reservas. Los países que lograron superar estos obstáculos y dejaron atrás la inestabilidad fueron los que consiguieron generar consenso en torno a principios macroeconómicos básicos de disciplina fiscal y externa”, reza otro pasaje del análisis.
Gourinchas define que el proceso para engrosar las arcas de los bancos centrales suele comenzar con superávits fiscales y de cuenta corriente, bases desde las cuales se pueden adquirir reservas de forma sostenida. A medida que la situación macroeconómica se estabiliza, el ingreso neto de capitales privados cobra mayor relevancia.
No obstante, el análisis de la entidad presidida por Kristalina Georgieva subraya los riesgos de depender en exceso de flujos financieros volátiles y de una flexibilidad cambiaria insuficiente. En muchos casos, los programas de estabilización terminaron de forma abrupta cuando cesaron los flujos de capital, sobre todo en países con tipos de cambio sobrevaluados. El equilibrio del balance de pagos, entonces, depende de la capacidad del país para mantener superávits comerciales que cubran el pago de dividendos e intereses sobre pasivos externos y, al mismo tiempo, permitan acumular o sostener niveles adecuados de reservas.
El costo de mantener reservas también es objeto de análisis en el artículo de Gourinchas. “Las reservas implican un costo elevado”, señala el economista jefe del FMI, al destacar que, por su naturaleza líquida y segura, estos activos ofrecen retornos mucho más bajos que otras alternativas de inversión. Ese alto costo de oportunidad, definido como “el precio de la autoaseguración”, suele desalentar la acumulación. Además, si la compra de reservas no va acompañada de medidas de esterilización monetaria, puede generarse presión inflacionaria.
Frente a este panorama, el organismo plantea la necesidad de buscar estrategias que reduzcan el costo global de acumular reservas. Entre las alternativas propone ampliar las opciones de inversión disponibles para los bancos centrales, lo que abarataría la acumulación y fomentaría el refuerzo de colchones. Otra opción es aumentar la oferta de activos de reserva en dólares mediante la inclusión de bonos en dólares a mayor plazo y otros instrumentos en carteras diversificadas, además de los tradicionales bonos del Tesoro de corto plazo. Asimismo, canalizar estas reservas a través de un fondo común podría reducir los costos de transacción y preservar la liquidez.
Por último, Gourinchas reconoce que muchas economías emergentes han avanzado en esa dirección, equilibrando objetivos de política como el control de la inflación, la estabilidad externa y el crecimiento sostenido, al tiempo que promovieron consenso social en torno a principios básicos de disciplina económica. El FMI considera que esos progresos deben ser respaldados desde el ámbito internacional, facilitando la acumulación sostenible de reservas y fomentando la cooperación entre países para reducir el costo de la autoaseguración.
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