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  • Sturzenegger y economistas se cruzan por la cantidad de empresas que cerraron en los últimos dos años

    Sturzenegger y economistas se cruzan por la cantidad de empresas que cerraron en los últimos dos años

    En las últimas semanas tomó fuerza un dato preocupante para la economía: durante los primeros dos años de gestión se cerraron más de 22.000 empresas en todo el país. La cifra, mencionada por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, desató un intenso debate en redes.

    A partir de ese resultado, Sturzenegger publicó en su cuenta de X su propio análisis de la situación. “Desde hace un tiempo el kirchnerismo está tratando de instalar la idea de una baja en el número de empresas. Pedí un doble click y veo esto: que en los últimos dos años el número de empresas pequeñas, medias y grandes es estable o crece”, escribió en una publicación.

    En concreto, el funcionario presentó un gráfico de línea que muestra el “índice de la cantidad de empleadores” en el país. La imagen registra la evolución de las empresas pequeñas (6 a 25 trabajadores), las medianas (26 a 100 trabajadores) y las grandes (más de 100 empleados), con resultados de -1,9%, -1,4% y -1,1% respectivamente.

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    La publicación tuvo numerosas repercusiones y abrió un debate entre economistas. Los cuestionamientos al ministro apuntaron por dos vías: primero, los analistas resaltaron que los valores publicados por Sturzenegger son negativos y, por tanto, confirman el cierre de empresas; segundo, señalaron que el gráfico excluye a las empresas de menor tamaño, aquellas con entre 1 y 5 trabajadores.

    En ese sentido, el director de CEPA, Hernán Letcher, remarcó que entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron 20.191 empresas de hasta 5 trabajadores, lo que representa una baja del 5,5% de punta a punta. También precisó que cerraron otras 2.417 firmas de mayor tamaño.

    Por su parte, Guido Zack, director de Economía de la fundación Fundar, señaló que “tres valores negativos no es algo estable o que crece” y se sumó a los cuestionamientos por la omisión de las empresas de menos de cinco trabajadores.

    Además, Zack remarcó que la caída actual es la peor en los primeros 25 meses de un gobierno desde 2003. “Ni Alberto Fernández con la pandemia tuvo una caída de empresas tan fuerte”, indicó y acompañó el comentario con un gráfico comparativo.

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    Entre otras voces se destacó la del economista Christian Buteler, que respondió a la publicación de Sturzenegger y difundió un cuadro desagregado sobre la evolución en la cantidad de empresas según su tamaño.

    Según el monitoreo mensual de Fundar, basado en datos de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, desde la asunción de la actual gestión unas 22.608 empresas dejaron de operar, lo que representa el 4,4% del total.

    En diciembre de 2025 cerraron 670 empresas, una baja mensual del 0,1% respecto de noviembre y el decimoquinto mes consecutivo de caída. Durante todo 2025, 10.392 firmas cesaron sus actividades, acumulando así 22 meses de descenso interanual.

    Al finalizar 2025, el total de empresas continuaba por debajo de los picos registrados entre 2013 y 2015, cuando el país superó las 530.000 firmas. En términos históricos, el valor más bajo se observó tras la crisis de 2001, con cerca de 300.000 compañías. Desde entonces, el tejido productivo experimentó una recuperación prolongada, seguida por una etapa de estancamiento y una nueva fase de caída iniciada en 2018.

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  • Endeudamiento familiar se agrava: morosidad en hogares creció de 2,67% a 10,6% entre comienzos de 2025 y enero de 2026

    Endeudamiento familiar se agrava: morosidad en hogares creció de 2,67% a 10,6% entre comienzos de 2025 y enero de 2026

    El segmento de préstamos a familias registró un salto inédito de morosidad en el último año. Según los datos relevados, la irregularidad en los créditos a hogares se elevó de 2,67% en enero de 2025 a 10,6% en enero de 2026, es decir, casi cuatro veces más en doce meses.

    El Informe de Bancos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) indica que la mora global del financiamiento al sector privado alcanzó 6,4% en enero, con un aumento de 0,8 puntos porcentuales respecto de diciembre y de 4,77 p.p. frente al mismo mes del año anterior. Este patrón se observó en todos los grupos de entidades financieras, y el deterioro fue especialmente pronunciado en el segmento de créditos a familias, que creció 1,3 puntos mes a mes.

    En préstamos personales la mora llegó a 13,2% en enero, con un aumento intermensual de 2,2 puntos porcentuales. El financiamiento con garantía hipotecaria subió a 1,3% (+0,1 p.p.), las líneas con garantía prendaria avanzaron a 6,3% (+0,5 p.p. mensual) y las tarjetas de crédito treparon a 11%, con un incremento de 1,7 p.p. respecto de diciembre.

    Por otra parte, los créditos a empresas también se deterioraron, aunque en menor medida: la tasa de irregularidad alcanzó 2,8% en enero, con un incremento de 0,3 puntos porcentuales respecto de diciembre. En la comparación anual, registró una suba de 2 puntos frente al 0,77% de enero de 2025.

    Asimismo, las previsiones totales del sector financiero cubrieron el 89,2% de la cartera en situación irregular —una baja de 4,1 puntos respecto del mes anterior— y representaron 5,7% del financiamiento total al sector privado, con un aumento de 0,5 puntos frente a diciembre y de 3 puntos en la comparación interanual.

    “Al contemplar de forma conjunta los niveles de morosidad agregados con los registros de previsiones y de capital disponible, surge que el sistema financiero local conserva elevada cobertura respecto del riesgo de crédito. En particular, el indicador compuesto por el saldo en situación irregular neto de las previsiones en términos de la RPC se ubicó en 1,5% en el comienzo del año, por debajo de la mediana de una muestra amplia de países”, indicó el reporte de la autoridad monetaria.

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  • Jóvenes profesionales apuestan al trabajo en empresas familiares antes que a multinacionales por cercanía y autonomía

    Jóvenes profesionales apuestan al trabajo en empresas familiares antes que a multinacionales por cercanía y autonomía

    Durante años el camino parecía claro: estudiar, ingresar a una gran empresa, ascender y forjar una carrera corporativa. Sin embargo, para muchos jóvenes profesionales ese modelo fue perdiendo atractivo y, cada vez con más frecuencia, quienes comenzaron su trayectoria en multinacionales o grandes compañías orientan su rumbo hacia una empresa familiar.

    A los 25 años, tras dar sus primeros pasos en una aseguradora vinculada al sistema financiero, Pablo decidió abandonar la estructura corporativa y sumarse al negocio que su familia había construido durante años.

    Sabrina, una profesional de 23 años que trabajaba en marketing en una automotriz de producción local, se incorporó al equipo comercial de la desarrolladora inmobiliaria de su familia.

    Augusto, quien había iniciado su carrera en el área legal de una gran compañía, optó por sumarse a la empresa logística familiar. De manera similar, una ejecutiva del sector de consumo masivo dejó la corporación para integrarse a la distribuidora editorial fundada por sus padres.

    Las historias repiten un patrón: jóvenes formados, muchas veces con experiencia en empresas grandes, apuestan por el proyecto familiar. Este fenómeno revela un cambio en la forma en que las nuevas generaciones conciben su vida laboral.

    “El paradigma de la carrera laboral ascendente dentro de una multinacional ya no es el aspiracional dominante para las nuevas generaciones”, explicó Carlos Rojas, director comercial de grandes cuentas de Randstad para Argentina, Chile y Uruguay, a Infobae.

    El paradigma de la carrera laboral ascendente dentro de una multinacional ya no es el aspiracional dominante para las nuevas generaciones (Rojas)

    Según encuestas de la consultora sobre preferencias laborales, apenas un tercio de los trabajadores opta por desarrollar su carrera en una multinacional, mientras que proporciones similares se inclinan por emprender o trabajar en pyme, empresas familiares o startups.

    Rojas destacó que el cambio comenzó a gestarse hace varios años y se profundizó después de la pandemia. La experiencia del trabajo remoto, la reconsideración de prioridades personales y la búsqueda de un mayor equilibrio entre la vida personal y profesional llevaron a muchas personas —sobre todo a los jóvenes— a repensar el lugar del trabajo en sus vidas.

    En ese contexto, las empresas familiares se presentan como una alternativa concreta para muchos jóvenes profesionales. No solo por la cercanía al proyecto propio, sino también por dinámicas laborales menos rígidas.

    “En este tipo de organizaciones suele haber menos capas jerárquicas, mayor autonomía y una participación más directa en la toma de decisiones”, afirmó Rojas. Se suman factores no monetarios cada vez más valorados por los trabajadores, como la flexibilidad, el ambiente laboral o las oportunidades de desarrollo profesional.

    La atracción por el negocio familiar no se explica únicamente por cuestiones laborales: intervienen también elementos vinculados a la identidad y al sentido de pertenencia. “Las empresas familiares suelen ofrecer una participación más temprana en la toma de decisiones y una visión de largo plazo vinculada al propio proyecto”, dijo a Infobae Diana Tuma, directora del Family Business Institute de la Universidad Siglo 21.

    La especialista detalla que muchos jóvenes encuentran allí un espacio donde pueden involucrarse directamente en el rumbo del negocio, algo que en una organización corporativa podría llevar años de carrera. “También aparece un componente emocional. Muchas veces hay un vínculo con la historia de la empresa, con el legado familiar y con la posibilidad de aportar al proyecto que construyeron padres o abuelos”, agregó Tuma.

    Las empresas familiares representan entre el 80% y el 90% de las compañías a nivel mundial y generan cerca del 70% del empleo, según estimaciones del Family Firm Institute (FFI) y distintos estudios internacionales sobre este tipo de organizaciones.

    En Argentina tienen un peso central dentro del entramado productivo. Las pequeñas y medianas empresas representan cerca del 99% del total de las compañías, según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Estas firmas concentran entre el 64% y el 66% del empleo privado registrado y explican cerca del 90% de las empresas exportadoras del país.

    Choque generacional: oportunidades y desafíos

    La tendencia también evidencia algo que se observa desde hace años en muchas organizaciones: el choque entre generaciones con formas distintas de entender el trabajo, la tecnología y la toma de decisiones.

    Las empresas familiares suelen ofrecer una participación más temprana en la toma de decisiones y una visión de largo plazo vinculada al propio proyecto (Tuma)

    Algo similar ocurrió años atrás con la digitalización de las empresas y vuelve a aparecer ahora con la irrupción de nuevas herramientas, desde la automatización hasta la inteligencia artificial. En las grandes corporaciones, esos cambios suelen diluirse en estructuras más amplias; en las empresas familiares, el impacto resulta más inmediato.

    Allí, el recambio generacional obliga a redefinir roles, estrategias y hasta la cultura del negocio. Para que la incorporación de las nuevas generaciones prospere, muchas empresas familiares aún enfrentan desafíos de organización y profesionalización.

    Un relevamiento realizado por la Universidad Siglo 21 sobre 400 empresas familiares en distintas provincias del país mostró que todavía existe un amplio margen para ordenar estos procesos. Según el estudio, apenas el 40% de las compañías cuenta con reglas claras para el ingreso de familiares al negocio.

    Esas normas pueden incluir la exigencia de experiencia previa fuera de la empresa, establecer procesos de evaluación similares a los de cualquier otro empleado o el diseño de mentorías para acompañar el ingreso de los miembros de la nueva generación.

    La formación surge como tarea pendiente. Solo el 32,7% de las empresas relevadas cuenta con estrategias específicas de capacitación para preparar a los futuros sucesores. “No se trata únicamente de formar líderes o desarrollar habilidades blandas, sino también de preparar a las nuevas generaciones para el rol de accionistas y para la toma de decisiones dentro de la empresa”, explicó Diana Tuma.

    No se trata únicamente de formar líderes o desarrollar habilidades blandas, sino también de preparar a las nuevas generaciones para el rol de accionistas y para la toma de decisiones (Tuma)

    Otro de los puntos críticos es la planificación de la sucesión. Según el relevamiento de marras, el 60% de las empresas familiares aún no tiene definido cómo se dará el recambio generacional. La transición, además, ya no ocurre como antes: en muchas compañías conviven durante años varias generaciones. Los fundadores suelen continuar participando activamente en la gestión, mientras que hijos o nietos empiezan a asumir nuevas responsabilidades dentro del negocio.

    La convivencia entre experiencia y nuevas perspectivas puede convertirse en un motor de transformación cuando se gestiona de manera ordenada. Las generaciones jóvenes, formadas en universidades y muchas veces con experiencia previa en corporaciones, suelen aportar ideas relacionadas con la innovación, la digitalización o la diversificación de negocios.

    En numerosos casos, son quienes impulsan nuevos proyectos dentro de la empresa familiar, desde la incorporación de herramientas tecnológicas hasta la exploración de nuevas unidades de negocio. Pero para que ese aporte se consolide, la organización debe generar espacios de participación efectiva: “Es una generación que necesita involucrarse, proponer y ver que su aporte tiene impacto en el rumbo de la empresa”, destacó Tuma.

    Algunas compañías han comenzado a institucionalizar mecanismos de gobierno con reglas claras, como los consejos de familia o directorios formales. Sin embargo, todavía son minoría, ya que apenas una de cada cuatro empresas familiares cuenta con este tipo de espacios.

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  • Crisis productiva: desde 2023, solo una provincia aumentó empresas privadas y solo dos distritos ganaron empleo formal

    Crisis productiva: desde 2023, solo una provincia aumentó empresas privadas y solo dos distritos ganaron empleo formal

    En los últimos meses resonaron con fuerza casos de empresas que cerraron sus puertas, como Fate, y de compañías que formalizaron su quiebra, como Garbarino; pero la crisis alcanza mucho más allá de las grandes firmas. No solo cerraron miles de empresas en distintas provincias, sino que se crearon muy pocas nuevas unidades productivas.

    De hecho, según un “mapa de empresas” difundido por la consultora Equilibra, solo una provincia del país tiene hoy más firmas que en 2023, justo antes de la llegada del gobierno de Milei: Neuquén, que amplió su universo empresarial un 1,8%, fuertemente influida por el boom de Vaca Muerta. El resto registró caídas, porque hubo más cierres que aperturas.

    La provincia más perjudicada fue Misiones, que en los últimos dos años perdió el 10,3% de sus unidades productivas. El mapa muestra también una situación delicada para La Rioja y Chaco, que sufrieron caídas del 9,6% y del 9,2% respectivamente.

    Otras jurisdicciones cayeron menos, pero igualmente perdieron más empresas de las que abrieron. Fue el caso, por ejemplo, de Corrientes (-8,3%), Córdoba (-7,4%) y Santiago del Estero (-5,9%). Asimismo pueden mencionarse muchos otros casos: un mapa casi completo con números en rojo.

    En lo que respecta a la provincia de Buenos Aires se registró una caída del 3,8%, mientras que en CABA el universo de empresas sufrió un retroceso de 1,6%.

    Qué pasó con el empleo

    De la mano del cierre de empresas, cayó también el empleo privado formal en prácticamente todo el país. De acuerdo con el análisis de Equilibra, realizado en base a datos oficiales, únicamente dos provincias lograron incrementar el número de trabajadores en la era Milei: Neuquén (7% de crecimiento) y Río Negro (0,4%).

    En el resto del país se encuentran números alarmantes. En Formosa, por ejemplo, el mercado laboral registrado se contrajo 18,5%. También sufrieron caídas estrepitosas Santa Cruz (-16,3%), La Rioja (-15%) y Chaco (-11,4%). En lo que respecta a Buenos Aires, la baja fue del 2,9%, mientras que en CABA hubo una caída del 1,6%.

    Es importante aclarar que, en ambos casos (empresas y cantidad de trabajadores), Equilibra comparó los números correspondientes a noviembre de 2025 contra el promedio registrado entre enero y septiembre del 2023. Es decir que se consideró la etapa previa al cambio de gobierno como punto de referencia.

    El escenario detrás de la crisis

    Para comprender las razones que llevaron a esta retracción generalizada del tejido productivo, Infobae habló con Gonzalo Carrera, economista de la consultora Equilibra, quien señaló que el desempeño económico del periodo analizado se caracterizó por ser limitado y dispar. De acuerdo con el especialista, la evolución de los indicadores contra el año 2023 muestra un panorama donde la recuperación no fue transversal a todos los sectores de la economía nacional.

    Al analizar la dinámica de la actividad, Carrera explica que el crecimiento registrado respecto a los primeros nueve meses de 2023 fue “magro” y presentó una marcada heterogeneidad. El economista sostiene que, exceptuando al sector agropecuario —cuya mejora responde principalmente a la comparación contra un periodo de sequía extrema—, el resto de la economía no ha mostrado una expansión significativa que permita la creación de nuevas compañías.

    “Magro en el sentido de que casi no creciste contra los primeros nueve meses del 2023, salvo el agro, que se recuperó post sequía”, indica Carrera. Al desglosar los componentes del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) o el Producto Bruto Interno (PBI) no agropecuario, el analista observa que, si bien sectores como energía, intermediación financiera, hoteles y restaurantes registraron ciertos avances, esto no se tradujo necesariamente en el fortalecimiento del ecosistema empresarial formal.

    En este sentido, el especialista de Equilibra advirtió sobre una aparente contradicción entre el crecimiento de ciertos sectores estratégicos y la capacidad de estos para sostener la cantidad de empresas y puestos de trabajo. Según Carrera, en rubros como energía e intermediación financiera se observa una destrucción de puestos de trabajo privados formales, fenómenos que “no están asociados a creación de empresas prácticamente”.

    La excepción de Vaca Muerta y el impacto regional

    La excepción que confirma la regla en este mapa de caída generalizada es Neuquén. El crecimiento del 1,8% en su universo de empresas y del 7% en el empleo formal encuentra su explicación en el desarrollo de los recursos energéticos. “Neuquén y la energía no convencional es la excepción con Vaca Muerta”, afirmó Carrera, diferenciando este fenómeno de lo que ocurre en otras jurisdicciones de la misma región.

    La disparidad dentro de la Patagonia se hace evidente al contrastar el dinamismo de los hidrocarburos no convencionales con la situación del petróleo convencional. Mientras Neuquén logró cifras positivas, otras provincias vecinas sufrieron el impacto del declive de la actividad tradicional. Al respecto, el economista subrayó: “Se destruyeron puestos de trabajo en otras provincias de la Patagonia por el cierre de petróleo convencional”. Esta divergencia explica por qué el crecimiento, al ser tan localizado y sectorial, no logró revertir la tendencia negativa en el resto del territorio nacional.

    La calidad del empleo y el avance de la informalidad

    Otro de los puntos centrales del análisis de Carrera reside en la distinción entre actividad económica y estructura empresarial formal. El informe sugiere que la recuperación parcial de algunos sectores orientados al mercado interno, como hoteles y restaurantes, no está ligada a la conformación de nuevas unidades productivas, sino a modalidades laborales más precarias.

    “Hay un empeoramiento de la calidad del empleo. Se están destruyendo actividades económicas de mayor calidad y se están remplazando por trabajos de peor calidad que no están asociados en empresas formales”, sostuvo el economista. Esta degradación del mercado laboral implica que, aunque exista movimiento económico, este se canaliza a través del trabajo cuentapropista o informal, el cual funciona muchas veces como un “complemento para ingresos laborales más endebles”, agregó.

    Los sectores más golpeados

    En la vereda opuesta al crecimiento de la informalidad se encuentra el sector asalariado privado formal, que es el que Carrera identifica directamente con la existencia de empresas constituidas. Es en este segmento donde se registra la mayor destrucción de puestos y, consecuentemente, de unidades productivas.

    El análisis de Equilibra identifica dos sectores clave como los principales responsables de esta caída: la industria y la construcción. Estas áreas, que históricamente han sido grandes generadoras de empleo registrado y de pequeñas y medianas empresas (PyMEs), son las que presentan el panorama más sombrío.

    Esta dinámica explica las fuertes caídas registradas en provincias con perfiles industriales o dependientes de la obra pública y el consumo interno. La sustitución de empleos en empresas formales por modalidades de trabajo independiente o no registrado termina por configurar un mapa donde la supervivencia de las compañías privadas es la excepción y no la regla.

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  • Luciano Laspina: empresas pasaron de Disneylandia a Guantánamo sin escala; explicó desafíos económicos del país

    Luciano Laspina: empresas pasaron de Disneylandia a Guantánamo sin escala; explicó desafíos económicos del país

    Luciano Laspina, nuevo director ejecutivo de CIPPEC, dijo en diálogo con Infobae en Vivo que distintas variables de la economía se están reconfigurando y subrayó el impacto que para las empresas tuvo la política de shock aplicada por el Gobierno desde su asunción.

    “El Gobierno cree que las cosas se hacen de shock porque, después, no ocurren o no se sostienen. En la Argentina hay muchas experiencias en las que el gradualismo quedó truncado. Pero, al mismo tiempo, existe una situación en la que un conjunto de empresas operaban o funcionaban con reglas muy distintas y pasaron de Disneylandia a Guantánamo sin escala”, dijo el economista.

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    A la vez, sostuvo que la economía crece, pero lo hace a distintas velocidades. “Cuando se observan los sectores ganadores —como energía, bancos, que si bien hoy tienen una rentabilidad más ajustada, y también el agro— las estadísticas muestran que aportaron al crecimiento a lo largo de estos dos años. En conjunto, esos sectores acumulan una expansión cercana al 16%“, precisó.

    En ese mismo período, aseguró Laspina, al observar el otro lado de la economía emergen los sectores perdedores, más ligados al mercado interno, que muestran una caída aproximada del 7% en su nivel de producción; entre ellos se cuentan la construcción y la industria.

    El entrevistado también destacó la dispersión entre regiones. Provincias como Neuquén, por ejemplo, crecen como nunca, con aumentos en precios y en salarios. “Por eso hay una distancia entre el número de crecimiento estadístico que muestra el Indec y la percepción social de todos los grandes conurbanos”, afirmó el economista.

    “Nosotros, como CIPPEC, vamos a mirar siempre las políticas de largo plazo y el debate no tanto de la coyuntura sino de los desafíos que vienen: la reconversión productiva, la desconcentración regional —que va a ocurrir en la Argentina de una u otra forma— y los desafíos en materia de urbanismo. Hay ciudades que crecen mucho, otras que empiezan a caer y también se da una migración de empresas entre distintas regiones”, explicó.

    Laspina trazó una comparación con la década de 1990 para dimensionar los desafíos actuales. Según señaló, el debate sobre el tipo de cambio suele ocupar el centro de la discusión, pero el contexto internacional es muy distinto al de entonces.

    En ese sentido, explicó que en los años noventa el tipo de cambio estaba más bajo que ahora”. Sin embargo, remarcó que aquella etapa tenía condiciones globales muy diferentes: “No estaba China en la Organización Mundial de Comercio (OMC), no teníamos inteligencia artificial”. También destacó que en ese momento el financiamiento internacional fluía con fuerza hacia los países emergentes.

    En ese marco, añadió que varios sectores registraron un fuerte dinamismo. La construcción, dijo, vivió una expansión notable y formó parte de un proceso de modernización más amplio que permitió que la economía creciera pese a transformaciones estructurales profundas.

    Según describió, fue “un proceso de modernización muy grande y eso permitió que la economía creciera a pesar del shock de la reconversión productiva”, una etapa que además implicó “una apertura unilateral muy fuerte”.

    Al trasladar la comparación al presente, sostuvo que la situación actual combina elementos parecidos con nuevas presiones. “Hoy tenés la estabilización de la década del 90, la apertura de la década del 90, pero atravesada por el peso creciente de China en el comercio internacional y por el hecho de que Argentina no está incorporada del todo al mercado financiero internacional”, señaló.

    A ese panorama sumó otro fenómeno que, a su juicio, modifica profundamente el mercado laboral y la estructura productiva: el avance tecnológico. En particular, mencionó el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo. “La inteligencia artificial en algún punto es a los servicios en materia de empleo lo que China es a los empleos en materia de industria”, explicó.

    Por otra parte, Laspina consideró que la inflación “es una batalla que todavía no se ganó, y en el medio de esa guerra que es bastante cruenta, el ‘paciente’ está recibiendo bombardeos de otro lado. Algunos son autoinflingidos”.

    En ese sentido, pese a la baja del precio de los bienes en términos reales por la apertura de importaciones, subrayó que el salario real continúa en retroceso y no recuperó los niveles de 2023, mientras que el empleo formal se reemplaza en gran medida por el cuentapropismo, con trabajos en servicios como Uber.

    “Hay toda una reconfiguración que tiene ganadores y perdedores. Hay que decir también que la gente corría para llegar a fin de mes cuando la inflación era de 5% o 6% mensual. Hoy hay un alivio. Antes éramos pobres y desesperados, ahora somos pobres”, afirmó.

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  • Moody’s: beneficios de la reforma laboral serán graduales y habrá costos de transición, cuáles son las claves

    Moody’s: beneficios de la reforma laboral serán graduales y habrá costos de transición, cuáles son las claves

    La calificadora de riesgo Moody’s sostuvo que la aprobación de la reforma laboral refuerza la confianza y la inversión, al considerarla uno de los cambios más relevantes en más de dos décadas; no obstante, advirtió que los beneficios en materia de empleo se percibirán de manera gradual.

    En su último informe, la entidad destacó que la nueva ley introduce mayor flexibilidad en las normas de contratación y despido, en el cálculo de las indemnizaciones y en los convenios colectivos de trabajo, con el objetivo de reducir la informalidad laboral.

    “Al abordar restricciones de larga data en materia de contratación, inversión y productividad, la reforma apoya las perspectivas de crecimiento a mediano plazo del país y mejora el entorno regulatorio empresarial y la confianza de los inversores”, precisó.

    Además, subrayó que la aprobación en el Congreso constituye “un hito en la agenda de reformas pro mercado del presidente Javier Milei y demuestra la capacidad del gobierno para implementar reformas estructurales políticamente desafiantes”.

    Sin embargo, los analistas de Moody’s advierten que la magnitud y el momento en que se materialicen los beneficios de la reforma dependerán de su implementación efectiva y de las condiciones macroeconómicas generales.

    “Es probable que los beneficios económicos y crediticios a corto plazo sean limitados y se materialicen de forma gradual y desigual entre los sectores en medio de desafíos sociales y legales que incluyen resistencia sindical, riesgos de litigios y de implementación”, afirmaron

    “Los beneficios crediticios duraderos dependerán de un impulso político sostenido, la efectividad de las regulaciones secundarias y la interpretación judicial, así como de la capacidad del gobierno para gestionar los riesgos sociales y legales durante la implementación”, explicaron.

    Como contexto del mercado laboral argentino, destacaron que el empleo formal en el sector privado no ha mostrado un crecimiento sostenido en más de diez años. Desde 2010, la creación anual de puestos de trabajo se ha mantenido cerca de cero, evidenciando las limitaciones de la economía para generar empleos estables.

    En paralelo, la informalidad laboral continúa siendo un desafío central. Según el último dato del Indec, en el tercer trimestre de 2025 el trabajo informal representó el 43,3% del total del empleo.

    Para Moody’s, ese elevado nivel refleja incentivos que promueven acuerdos laborales fuera del marco formal, especialmente entre pequeñas y medianas empresas, y restringe tanto las ganancias de productividad como la recaudación fiscal y la eficacia de los sistemas de seguridad social.

    ¿Una transición con mayores despidos?

    “Con el tiempo, la reforma debería fomentar la creación de empleo formal. No obstante, en el corto plazo, es probable que surjan costos de transición asociados a la reconfiguración del mercado laboral, incluyendo mayores despidos en sectores que aún se ajustan al proceso de estabilización macroeconómica y consolidación fiscal”, advirtió la calificadora de riesgo.

    Desde el punto de vista fiscal, se proyecta que las contribuciones a la seguridad social caerán entre 0,3% y 0,4% del PBI. Esto se debe a que una porción de las contribuciones patronales que antes se destinaba a la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) se redirigirá para financiar el nuevo Fondo de Asistencia Laboral (FAL) creado por la reforma.

    Aun así, Moody’s indicó: “Esperamos que el gobierno mantenga su marco fiscal de déficit cero, y que cualquier déficit de ingresos probablemente se compense mediante una restricción del gasto. Como resultado, el efecto fiscal directo de la reforma debería ser manejable”.

    Además, el reporte sostiene que una mayor formalización laboral apoyará la generación de ingresos al ampliar la base tributaria y fortalecer la recaudación fiscal compartida a nivel local y nacional, con beneficios relativamente mayores para las provincias con niveles de informalidad más elevados.

    “En el corto plazo, una mayor presión sobre el sistema nacional de seguridad social afectará a las provincias que conservaron sus propios sistemas previsionales, dado que sus resultados financieros siguen expuestos a las transferencias de la ANSES”.

    En tanto, la entidad detalló cuál será el impacto de la reforma según sector:

    Empresas financieras y no financieras

    • La reforma elimina restricciones estructurales que perjudicaban la rentabilidad, los flujos de caja y las decisiones de inversión.
    • Se benefician especialmente los sectores con alta demanda de mano de obra —construcción, manufactura, agroindustria y servicios—.
    • Los ajustes en el cálculo de indemnizaciones, la extensión de los períodos de prueba y la creación de un sistema de cese laboral financiado por el empleador reducen costos y la incertidumbre jurídica.
    • Una mayor flexibilidad en los horarios de trabajo favorece la productividad.
    • La posibilidad de pagar salarios en moneda extranjera podría mejorar la retención de empleados en empresas exportadoras y multinacionales.
    • Esos beneficios se ven parcialmente neutralizados por riesgos sociales y de ejecución a corto plazo.

    Bancos

    • La reforma impulsa la inversión privada y mejora las perspectivas de crecimiento a mediano plazo, apoyando volúmenes de negocio y condiciones operativas.
    • El aumento del empleo formal ampliaría la base de clientes bancarios, potenciando depósitos, préstamos y el perfil crediticio de los prestatarios.
    • La eliminación de la opción de pagar salarios vía billeteras digitales evita posibles efectos negativos sobre el financiamiento bancario.

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  • La Argentina, segundo peor desempeño industrial entre 56 países (2023-2025) y crisis profunda del sector

    La Argentina, segundo peor desempeño industrial entre 56 países (2023-2025) y crisis profunda del sector

    En un contexto de caída de la actividad y múltiples cierres empresariales, Argentina registró el segundo peor desempeño industrial entre 56 economías del mundo, superada únicamente por Hungría. Además, su trayectoria contrasta con la del resto de la región.

    Así lo indica un informe de la consultora Audemus, que precisa que en los últimos dos años la actividad industrial argentina se contrajo en promedio 7,9%. En perspectiva: Hungría registró una caída del 8,2%; Bulgaria, 6,7%; Alemania, 6,3%; Canadá, 5,2%; Italia, 4,8%; y Países Bajos, 3%.

    En sentido contrario, Taiwán se destaca como el país con mayor crecimiento, con un aumento de 32,3%, seguido por Vietnam (23,8%), Egipto (19,5%), Costa Rica (16,3%), China (13,3%), Rusia (13%) y Singapur (12,8%).

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    “En Europa, las causas son identificables y, en parte, exógenas: el shock energético, la competencia china en el sector automotriz y las tensiones comerciales con Estados Unidos”, consideró la consultora del ex ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas.

    “En Argentina, en cambio, la crisis manufacturera responde fundamentalmente a decisiones de política económica doméstica: un tipo de cambio apreciado que erosiona la competitividad, una apertura comercial acelerada y sin selectividad sectorial, y la ausencia de cualquier instrumento de política industrial activa”, resaltó.

    En la comparativa regional, Brasil expandió su industria 3,5% en promedio en estos dos años; también crecieron Chile (5,2%), Perú (6,5%) y Uruguay (+3,7%). Colombia y México retrocedieron, pero apenas (-0,7% y -0,4%, respectivamente).

    El estudio puso la lupa en Brasil y destacó trayectorias opuestas, pese a que ambos países comparten el Mercosur, enfrentan condicionantes similares en el acceso a mercados y la competencia china, y poseen estructuras industriales con ciertos paralelos.

    Sucede, explica Audemus, que el país vecino implementó diversas herramientas para impulsar la industria —como el programa Mover para el sector automotriz— y mantuvo un tipo de cambio más competitivo.

    “El retroceso industrial argentino no puede explicarse por el contexto global ni regional”, concluyó.

    Asimismo, el informe precisa que, en los dos años de gestión de Javier Milei, 2.436 empresas industriales dejaron de realizar aportes al sistema de ART —lo que refleja su cierre efectivo o su reducción a una actividad mínima—. Esa cifra representa casi el 5% del total de firmas industriales del país.

    La caída en el número de empresas fue pronunciada y sostenida, hasta ubicarse cerca de los mínimos registrados durante la pandemia.

    Las que aún se sostienen enfrentan un panorama delicado: el uso de la capacidad instalada se sitúa en 57,9%, el nivel más bajo en 10 años, exceptuando el período de la pandemia. De ese modo, las plantas industriales funcionan con menos de 6 de cada 10 unidades de su potencial.

    En materia de empleo, el deterioro también fue significativo: desde 2023 se eliminaron 72.955 puestos de trabajo industriales, lo que representó una contracción del 6% del total del empleo en la manufactura.

    La evolución, sin embargo, no fue uniforme. Tras el marcado desplome del primer semestre de 2024, se observó una leve recuperación que llegó a interpretarse como un posible cambio de tendencia.

    No obstante, esa expectativa no se consolidó: desde el tercer trimestre de 2025 la pérdida de empleo se intensificó nuevamente.

    En este marco, el ministro de Economía, Luis Caputo, restó importancia y señaló recientemente que “se echa gente en todos los países del mundo y no es un drama. ¿Por qué? Porque en 48 horas la gente consigue empleo y tal vez mejor. Ahí es donde tenemos que ir. Estamos del lado de la gente que no tiene empleo”.

    Y agregó, en diálogo con el Cronista, que el debate no es entre un modelo industrialista y uno aperturista, sino entre un esquema que —según definió— fue “prebendario” y otro que promueva competencia e inversión.

    Mientras tanto, Milei, en su discurso de apertura de sesiones ordinarias en el Congreso, afirmó: “Desde hace casi un siglo, la Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado. Nos dijeron que solo podíamos crecer si vivíamos con lo nuestro”.

    Ante esas declaraciones, la UIA y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) emitieron comunicados de prensa en los que exigieron “respeto” al Gobierno y afirmaron que es “indispensable promover un diálogo constructivo y respetuoso”.

    Al mismo tiempo, en diálogo con Infobae en Vivo, el titular de la UIA, Martín Rappallini, dijo: “El Estado tiene que acompañar este proceso de reacomodamiento de la economía. También nosotros vemos con preocupación que en muchas áreas todavía la actividad está rezagada”.

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