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  • El peso se apreció entre pocas monedas emergentes tras la guerra en Irán; reservas estancadas pese a compras del Central

    El peso se apreció entre pocas monedas emergentes tras la guerra en Irán; reservas estancadas pese a compras del Central

    La guerra desatada en Irán disparó el precio del petróleo, lo que repercute en el costo del combustible a nivel mundial. Hubo, además, numerosos efectos colaterales: la caída de los mercados y la debilitación de monedas en todo el mundo, especialmente en los países emergentes. Sin embargo, Argentina quedó al margen de ese deterioro.

    El peso argentino se apreció casi 1% desde el 26 de febrero, fecha que marcó el inicio de los bombardeos a Irán por parte de Estados Unidos e Israel. Como contrapartida, el dólar —aun en medio de la turbulencia global— retrocedió otro escalón en ese período, perforando los $1.400 en la cotización mayorista.

    El índice DYX, que mide la evolución del dólar norteamericano frente a una canasta de monedas de países desarrollados, cortó la tendencia bajista reciente y acumula un incremento de casi 1,5% en el último mes. El euro, por ejemplo, cayó de 1,18 por dólar a $ 1,15, aunque ayer la moneda europea repuntó ante la mejora en los mercados al cierre y la expectativa de una pronta finalización del conflicto.

    La búsqueda de refugio por parte de los inversores golpeó con fuerza a los mercados emergentes y, en particular, a las monedas locales, que venían con cotizaciones muy firmes antes del estallido del conflicto.

    El real brasileño, por ejemplo, acumuló una depreciación de 1,2% en menos de un mes, mientras que el peso mexicano retrocedió 2,7 por ciento. Monedas asiáticas como las de Tailandia y Filipinas perdieron más de 3% en ese breve lapso, según un informe de Adcap Grupo Financiero. El rublo fue el más afectado, con una merma de 6,6%, pese a que la suba del petróleo favorece a Rusia.

    Si bien el peso argentino mostró un comportamiento contrario al del resto del mundo, no estuvo completamente solo: el peso colombiano registró una apreciación mayor, de casi 2 por ciento.

    La fortaleza del peso local se da, sin embargo, en un contexto de inflación que se mantuvo en torno al 2,9 por ciento en los dos primeros meses del año. La caída nominal del dólar, combinada con una inflación que por ahora no da tregua, implica una marcada apreciación real de la moneda, que en lo que va del año ya alcanza el 10 por ciento. En otras palabras, los precios en Argentina vuelven a encarecerse con rapidez en dólares.

    Incluso las compras del Banco Central de la República Argentina (BCRA) fueron clave para impedir una mayor caída del tipo de cambio en lo que va del primer trimestre. El organismo ya acumula más de USD 3.600 millones desde el inicio de 2026. Ayer adquirió otros USD 132 millones, pero no pudo evitar una nueva leve caída en el nivel de reservas, afectadas otra vez por el retroceso de casi 5% que sufrió el oro.

    Que el tipo de cambio haya caído a pesar de este nivel de intervención llevó a muchos economistas a sugerir aliviar o directamente eliminar el cepo cambiario, con el objetivo de generar mayor demanda y revertir la apreciación real. Sin embargo, esta posibilidad fue descartada por el equipo económico, que recordó la fuerte presión sobre el dólar vivida en la previa electoral del año pasado.

    El Gobierno busca aprovechar la estabilidad cambiaria como ancla frente a la inflación, que se acelera desde mediados del año pasado. La gran pregunta del mercado ahora es si el índice superará el 3% en marzo y empezará a retroceder a partir de abril, que es el escenario más probable.

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