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  • Una prueba de Dios: el caso de Alejandro Eugenio, el hijo oculto de Videla en el Pabellón 7 de Montes de Oca

    Una prueba de Dios: el caso de Alejandro Eugenio, el hijo oculto de Videla en el Pabellón 7 de Montes de Oca

    La familia de Jorge Rafael Videla, quien años más tarde encabezaría la última dictadura militar en Argentina, proyectaba hacia el barrio una imagen de orden y normalidad: un hogar unido, un padre absorbido por el trabajo y una madre dedicada por completo a la casa y a la crianza de sus hijos, “todos muy buenos chicos”. Sin embargo, en ese mismo entorno había un elemento que emergía en todos los recuerdos: Alejandro Eugenio, uno de los hijos, y su discapacidad, una realidad que atravesó la vida familiar y que, según coincidían los vecinos, “los tenía muy atados”.

    Alejandro, nacido en octubre de 1951, fue diagnosticado desde muy pequeño con una combinación de oligofrenia profunda —término clínico de la época para referirse a una discapacidad intelectual severa— y cuadros epilépticos. Sin duda, la llegada de su tercer hijo alteró la narrativa de perfección que la familia construía hacia afuera.

    De hecho, a los pocos meses de vida se hicieron visibles los retrasos en su desarrollo psicomotriz, y con el tiempo quedó establecido que nunca alcanzaría autonomía básica. Según registros posteriores, su edad mental se mantuvo cercana a la de un niño pequeño de cinco años, pese a su crecimiento físico.

    Una versión sostiene que la discapacidad de Alejandro podría haberse originado en una intervención quirúrgica de su madre Alicia Raquel Hartridge mientras estaba embarazada. A comienzos de 1950, los anestésicos contenían gases cuyo efecto sobre el desarrollo fetal no estaba estudiado, y se ha planteado que pudo afectar el cerebro en gestación.

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    Según entrevistas que dio ya condenado, afirmaba que la Iglesia tuvo con la Junta una relación “muy buena” y “prudente”

    Alicia Hartridge y Jorge Rafael Videla
    Se casaron en 1948, tuvieron siete hijos y ella actuó como primera dama de facto

    A lo largo de los años, la familia intentó gestionar la situación en el ámbito privado. En la casa de Hurlingham se acondicionó una habitación especial con paredes acolchonadas para evitar que el niño se lastimara durante las crisis convulsivas o episodios de agitación, un recurso extremo que reflejaba tanto la falta de tratamientos adecuados en la Argentina de los años setenta como el carácter reservado con el que se abordaba el tema.

    En 1956, en el marco de una misión oficial en Estados Unidos, Videla llevó a su hijo a estudios con especialistas, donde las evaluaciones médicas concluyeron que padecía una condición neurológica grave y rara, sin tratamiento eficaz. Según relató él mismo: “Allí nos deshauciaron respecto al chico. Nos dijeron que las cepas del cerebro no se habrían desarrollado y ya no lo harían. Nos sugirieron que había que internarlo en un lugar donde se ocuparan”.

    Antes de su traslado a una institución de mayor escala, Alejandro permaneció en una casa de catequesis en Morón, un espacio más contenido y familiar que los grandes hospitales psiquiátricos de la época. Su cuidado cotidiano quedó a cargo de dos religiosas francesas, Alice Domon y Léonie Duquet, integrantes de la congregación de las Misiones Extranjeras, quienes asumieron una labor que combinaba asistencia, contención y acompañamiento.

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    Muchos hospitales y asilos de la época contaban con la participación activa de órdenes religiosas en tareas de cuidado, asistencia cotidiana y organización interna

    A lo largo de los años, Videla visitaba periódicamente a su hijo en la casa de catequesis, en ocasiones llevándolo brevemente al hogar familiar. Sin embargo, esa cercanía no evitó un destino trágico: en 1977, durante la dictadura, Alice Domon y Léonie Duquet fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas en el centro clandestino de la ESMA.

    La vida en la Colonia Montes de Oca

    En la década de 1960, el deterioro del cuadro clínico de Alejandro hizo insostenible su permanencia en un entorno semi-doméstico, y se decidió trasladarlo a una institución de encierro permanente. A esa altura, el destino fue la Colonia NacionalDr. Manuel Montes de Oca”, en Torres, partido de Luján, uno de los principales establecimientos psiquiátricos del país, que ocupaba más de 400 hectáreas y funcionaba en la práctica como un “país dentro de un país”, un regimiento de aislamiento para aquello que la sociedad no lograba integrar, según Gabriel Fraticola, exjefe de pabellón.

    Sin más, Alejandro fue internado en el Pabellón 7, destinado a diagnósticos de “oligofrenia profunda”, una condición que lo hacía dependiente y que, en la mentalidad de la época, era percibida como una mácula en el linaje. No estaba postrado, pero no reconocía a sus padres y, según vecinos, se movía “como un animalito o una plantita”.

    Al adentrarse en la estancia, se podía percibir su realidad interna. El psiquiatra explicó que en estos cuadros “lo intelectual es lo primero que se barre“, provocando que el paciente “pierda la capacidad de manejar los objetos como corresponde”, de modo que, por ejemplo, un folleto deja de ser un objeto de lectura y se transforma en un juguete o en alimento, ya que el sujeto “pasa a la esfera instintiva, primitiva, la sexual, la desinhibida, la sin filtro“.

    Desde la perspectiva de Ricardo Antonowicz, exjefe de salud mental del Hospital Borda, esta forma de habitar el mundo se define por una relación frágil con la palabra y el entorno social. Para él, el paciente es alguien que “flota entre dos discursos” y que no puede fijarse en un discurso en forma completa, sino que queda desarmado”. Esta falta de anclaje sólido en el lenguaje hace que la vivencia del discapacitado sea singular y muchas veces incomprendida por una medicina que, según el psiquiatra, suele ver al paciente como un “sujeto anónimo”.

    La Colonia Montes de Oca
    Fue fundada en 1915 como “Colonia Neuropsiquiátrica Open Door”, un hospital‑colonía de régimen abierto para personas con problemáticas de salud mental

    Es más, a la desconexión intelectual se sumaba la inestabilidad física provocada por la epilepsia, que convertía el propio cuerpo en un territorio imprevisible. Fraticola describe que estos pacientes no avisaban antes de una crisis, sino que “venían caminando y se desplomaban”, una vulnerabilidad que obligaba a muchos a vivir con cascos de protección.

    Sin embargo, en ese microcosmos, Alejandro compartía su destino con otros internos que sufrían el abandono total, mientras su padre mantenía una presencia marcada por la rigidez. A partir de los relatos institucionales recogidos por Fraticola, Videla “venía con su custodia, lo veía y dejaba lo que necesitaba, pero jamás pidió prerrogativas para el hijo“.

    Jorge Rafael Videla
    La familia mantuvo en secreto a su tercer hijo, ocultándolo de la vida pública​

    A pesar de esta aparente falta de privilegios, la identidad del visitante alteraba la atmósfera del pabellón. El personal, consciente de quién era el hombre que cruzaba los jardines de la Colonia, operaba bajo una presión silenciosa: “frente a esta situación, prestaban más atención, tampoco querían exponerse a un tiro en la oreja“.

    Un final en las sombras

    La muerte de Alejandro Eugenio Videla en junio de 1971, a los 19 años, ocurrió mientras su padre ocupaba el cargo de General de Brigada y era director del Colegio Militar de la Nación, una de las posiciones más destacadas dentro de la estructura castrense. La causa oficial fue un paro cardíaco, consecuencia del deterioro físico progresivo asociado a años de oligofrenia profunda y crisis epilépticas no controladas.

    Alicia Hartridge reaccionó con una agresividad teológica que sorprendía: describía a su hijo como unángel” que Dios le había “regalado” durante 19 años y acusaba a la prensa de pretender “deshacer la familia”. Esta retórica de la “familia atacada” le permitía eludir cualquier responsabilidad moral por el abandono en el que vivió su hijo.

    De manera paralela, la interpretación que Jorge Rafael Videla hacía de la condición de Alejandro estaba profundamente marcada por su integrismo católico. Según los periodistas Seoane y Muleiro, en “El Dictador”, veía la discapacidad de su hijo como una prueba de Diosdestinada a templar su espíritu y exigirle un sacrificio constante.

    Por alguna razón, este estoicismo religioso le permitió conciliar su imagen de padre abnegado con la frialdad necesaria para gestionar un sistema represivo que, de forma irónica, utilizaba la desaparición y el ocultamiento como herramientas de control social, reproduciendo con otros lo que había aplicado con su propio hijo.

    MV

  • Horacio Pietragalla: marcha del 24 de marzo será masiva en repudio a la dictadura y a las políticas de Milei

    Horacio Pietragalla: marcha del 24 de marzo será masiva en repudio a la dictadura y a las políticas de Milei

    La Argentina conmemora este martes el 50° aniversario del golpe militar de 1976 con movilizaciones masivas en todo el país, en especial en Plaza de Mayo, donde organizaciones de derechos humanos, sindicatos, partidos políticos y movimientos sociales marchan bajo consignas como “Memoria, Verdad y Justicia” y “Que digan dónde están”. En una entrevista en Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190), Horacio Pietragalla, político y activista, anticipa: “La marcha será masiva como repudio a la dictadura y a las políticas de Milei”, y subraya la trascendencia histórica y social de la movilización y su vínculo con la lucha de los organismos de derechos humanos.

    El político y dirigente, Horacio Pietragalla, fue el nieto número 75 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, tras haber sido apropiado cuando tenía cinco meses y luego restituido a su familia biológica en 2003. Se desempeña como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires y fue presidente del Archivo Nacional de la Memoria, secretario de Derechos Humanos en la provincia de Santa Cruz y, más recientemente, secretario de Derechos Humanos de la Nación.

    Estamos a horas de la marcha que se realizará este martes por los 50 años del golpe militar. ¿Qué imaginas? ¿Cómo crees que será? ¿Cuán multitudinaria esperás que sea la movilización?

    Estamos ilusionados porque se espera una marcha masiva, que nace en buena medida de la espontaneidad generada por las conmemoraciones de estos 50 años y por la cantidad de actividades organizadas en torno a la fecha. Además, considero que la postura negacionista y relativizadora del gobierno nacional respecto a lo sucedido el 24 de marzo contribuye a generar más rechazo y no acompañamiento a los organismos.

    Podemos afirmar que la marcha no será únicamente por los 50 años del golpe, sino también, de modo indirecto, un acto de crítica al gobierno y, en particular, a su postura frente a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Hay, lamentablemente, un retroceso discursivo que no condice con lo que ocurre en la sociedad. Se nota, por ejemplo, la cantidad de charlas realizadas en colegios primarios y secundarios, en fábricas, gremios y universidades. Esta semana se movilizaron gran parte de los actores sociales para debatir lo que significó esa dictadura a 50 años de su inicio.

    Seguramente habrá un fuerte acompañamiento a los organismos de derechos humanos, a la convocatoria de madres, abuelas y familiares de los detenidos-desaparecidos, reafirmando la memoria de los desaparecidos. También se suman organizaciones políticas, sindicatos, asociaciones civiles y movimientos sociales que apoyan a los organismos y, paralelamente, expresan reclamos contra este proyecto neoliberal y negacionista. En el mismo documento de los organismos se incluirá un repudio a ciertas políticas del gobierno actual.

    El gobierno preparaba un decreto beneficiando a las personas condenadas por delitos de lesa humanidad. Pareciera ser que luego hubo un retroceso en eso. Ahora, en lugar de un video —vos recordás el del año pasado, que había sido absolutamente provocador— están hablando de reconciliación. ¿Sentís que hay una especie de recalculando por parte del gobierno, que descubre que no tiene la fortaleza que tenía un año y hace dos, cuando recién había asumido, y que entonces empieza a bajar los decibeles de su reivindicación de la dictadura?

    Sí. Creo que también miran las encuestas y perciben la reacción social. No son ingenuos: avanzan y retroceden según la reacción que generan en la población. Para mí, siempre hicieron una lectura equivocada. No creo que la sociedad entera se haya vuelto fascista de repente; puede haber episodios de derechización relativos, porque una parte de la población fue engañada por este gobierno, que en campaña no habló claramente de un proyecto neoliberal ni de las políticas económicas que implica.

    Soy optimista respecto al avance de las políticas de Memoria, Verdad, Justicia pese a los reveses. El Ejecutivo puede retroceder en decisiones presupuestarias en materia de derechos humanos, en lo que llaman “ravioles” —por ejemplo, degradar la Secretaría de Derechos Humanos a una subsecretaría o modificar su financiación—. Todo eso es posible. Sin embargo, los juicios de lesa humanidad continúan, se siguen encontrando restos de compañeros detenidos y desaparecidos, continúa la búsqueda de los nietos, y existen estructuras que no son fáciles de revertir.

    Citaste a lo largo de estos dos años marchas que fueron multitudinarias y que sorprendieron al gobierno. Una fue en apoyo a la universidad pública y la otra en respuesta al discurso del presidente en Davos. ¿Creés que la marcha de mañana volverá a tener ese punto de inflexión que tuvieron esas dos que mencioné?

    Sin dudas, 50 años es un número muy simbólico y que habrá una movilización masiva de la sociedad, con una amplia porción de la población participando. Esta semana se publicaron encuestas sobre cómo percibe la sociedad argentina el tema de la dictadura.

    Los sondeos muestran que casi un 70% de la población repudia lo que pasó durante la dictadura militar; con mayor o menor grado de conocimiento, existe una mayoría que rechaza lo ocurrido. Eso es fruto de la lucha de nuestros organismos de derechos humanos, pero también del respaldo estatal a esa causa. En el marco en que se atendió esa demanda social y se debatieron estos temas, las medidas tomadas no fueron meramente simbólicas: fueron reparatorias.

    Se terminó un país de impunidad y se realizaron juicios. Eso es irreversible y buena parte de la sociedad celebró ese avance en las políticas de derechos humanos. Reitero: esto se produjo en un contexto donde hubo respuesta a la demanda social, especialmente durante los gobiernos de Néstor y Cristina.

    MV CP

  • Alicia Hartridge de Videla: polémica empresaria que quiso borrar la marca política de Eva Perón

    Alicia Hartridge de Videla: polémica empresaria que quiso borrar la marca política de Eva Perón

    La dictadura iniciada en marzo de 1976 no se limitó a ocultar sus actos: buscó también borrar —o al menos atenuar— quién era en realidad Jorge Rafael Videla, por qué actuaba como lo hacía y desde qué convicciones se concebía a sí mismo. Ese vacío no es casual. La figura del “hombre austero”, “correcto”, casi gris fue parte de una construcción deliberada que simplificaba algo mucho más complejo y, a la vez, más inquietante.

    Hay, sin embargo, un dato que suele pasarse por alto: a los hombres de poder se los puede leer por su entorno. Por lo que eligen, por lo que toleran y por lo que necesitan tener cerca. El silencio sobre Videla también se sostuvo en las figuras que lo acompañaron, sobre todo en el ámbito íntimo, donde el discurso encuentra su reafirmación.

    No se trata solo de reconstruir una biografía sino de comprender una lógica. Tal vez no pueda romperse del todo ese silencio, pero sí correrse un poco: mirar con atención a Alicia Raquel Hartridge de Videla, su esposa durante más de seis décadas, madre de siete hijos y pieza clave en la construcción de esa idea de orden doméstico que acompañó al poder. En esa elección y en esa convivencia también hay una forma de entender quién fue él.

    Jorge Videla y Alicia Hartridge: un noviazgo a la antigua

    La pareja se conoció a mediados de los años 40 en El Trapiche, San Luis —un escenario menos inocente de lo que parece: veraneos prolongados, familias conocidas y apellidos que se repetían—. Él, joven subteniente del Ejército, comenzaba a ordenar su carrera; ella, ya ubicada en un mundo donde el origen y las formas importaban, se movía con naturalidad en ese ambiente.

    El noviazgo siguió un guion conocido y sin grandes márgenes de desviación: visitas a la casa de Morón, horarios pautados, permisos explícitos. Videla llegaba temprano —muy temprano—, conversaba con los hombres de la casa; ella aparecía después. Entonces llegaban la pregunta formal, el reloj de bolsillo, la autorización. “A las 8 de vuelta”. A las 8, todos sentados. Sin excepciones. Nada quedaba librado al azar, ni siquiera lo afectivo.

    Hay escenas que valen más que cualquier documento: la tía —la “gringa” Lacoste, figura central en su crianza tras la muerte prematura de su madre— se burlaba sin filtros: “¿De verdad te vas a casar con un muchacho tan feo?”. La respuesta repetida fue: “Yo lo quiero”. Con una lógica de época: feo, pero de buena familia.

    Videla y Alicia Hartridge
    Almuerzos a beneficio, apariciones medidas, relaciones con ese círculo social que leía en ella una vuelta al orden

    Videla y Alicia Hartridge
    Estuvo casada 65 años con Videla hasta su muerte en 2013

    Porque allí lo central era, precisamente, la familia. El matrimonio no solo sellaba un vínculo afectivo: ordenaba posiciones. A él, joven militar sin un apellido de peso, le aportaba inserción en un estrato social más elevado, ligado a los Lacoste y a otras familias tradicionales. A ella, en cambio, le ofrecía una continuidad casi natural.

    En esa danza de noviazgos —propia de época, clase y códigos— la palabra clave era “afilar”. Sin vueltas: “¿Querés que afilemos?”: una pregunta que podía quedar en anécdota de temporada o conducir a algo más estable. En este caso, lo segundo. El traslado del joven subteniente a Buenos Aires en 1947 facilitó las visitas a Morón y a la casa de los Calcagno, y terminó de encaminar un vínculo ya ajustado a la norma.

    El paso siguiente obedeció al mismo orden. El 26 de enero de 1948, Jorge Rafael Videla elevó el pedido formal para casarse —sí, con autorización militar mediante— en un expediente dirigido a sus superiores, en el que solicitaba permiso para contraer enlace con Alicia Raquel Hartridge Lacoste, domiciliada en Juncal 673. El dato no es menor: incluso lo íntimo pasaba por la estructura. La respuesta llegó pronto, firmada por el teniente coronel Héctor Solari y con el lenguaje burocrático de rigor: seco, impersonal y funcional.

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    Videla fue visto en varias misas durante y después de su gobierno

    Con esa autorización en mano, y con apenas 22 años, avanzó hacia el altar. El 7 de abril de 1948 se casaron. Lo que había empezado dos veranos antes quedaba sellado de una manera que no dejaba mucho al azar. Más que una historia excepcional, fue —precisamente— lo esperable. Y ahí, justamente, radica la clave.

    La llamada “primera dama del terror”

    El origen tradicional de su relación explica buena parte del resto. A diferencia de otras primeras damas más visibles o carismáticas, la función de Alicia nunca fue ocupar el centro. Su rol fue otro, más silencioso y —podría decirse— eficaz: la casa, los hijos, la rutina, la imagen. Siete hijos, una vida ordenada y una presencia medida al detalle.

    En Hurlingham —donde vivieron 15 años— la describieron vecinos y conocidos como una coreografía de previsibilidad. Alicia era la gestora de esa rutina. Se la reputaba como una personaafable” y “simpática“. Raramente alteraban los horarios de las comidas, y sus paseos dominicales a la capilla local eran una constante que reforzaba su imagen de piedad. Nada llamaba la atención y, por eso, todo encajaba.

    Los reyes Juan Carlos y Sofía en Argentina, con Videla 19032026
    Alicia participó en actos protocolares como la visita de los reyes de España en 1978​

    Ese fue, precisamente, el punto: esa misma normalidad empezó a adquirir otro sentido tras el golpe de 1976 y el comienzo de la desaparición sistemática de personas. La cordialidad, vista en retrospectiva, resultó incómoda. Vecinos que habían compartido misas o grupos de oración con ella recibieron siempre la misma respuesta ante pedidos de ayuda: silencio. La amabilidad de Alicia terminaba donde empezaba la “seguridad nacional”.

    Con el golpe, además, pasó a ocupar el lugar de Primera Dama. No fue un cambio menor. Según relatan María Seoane y Vicente Muleiro en El dictador, al principio se negó a mudarse a Olivos. La razón —dicha sin filtros— fue que no pensaba instalarse hasta quesaquen el cadáver de esa. El pronombre “esa” no era inocente: ya portaba historia en la Argentina.

    Cuerpo Eva
    Alicia Hartridge de Videla expresó un fuerte odio hacia Eva Perón

    Ya instalada en ese rol, lo que siguió no rompió con lo anterior: caridad clásica, perfil bajo y austeridad como sello. Almuerzos a beneficio, apariciones medidas y vínculos con ese círculo social que leía en ella una vuelta al orden. Nada improvisado; al contrario, una normalidad mantenida con precisión, incluso desde el poder.

    MV / ML

  • La SIDE desclasifica archivos de la dictadura: cuáles documentos ya pueden consultarse

    La SIDE desclasifica archivos de la dictadura: cuáles documentos ya pueden consultarse

    La Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) comenzó a desclasificar y publicar documentos históricos del período 1973-1983, en una iniciativa impulsada por el Gobierno nacional. En esta primera etapa se divulgarán 26 archivos oficiales que suman 492 páginas, acompañados de una guía explicativa para su interpretación.

    Según informó el organismo, la documentación comprende resoluciones, informes, memorandos, circulares y directivas elaboradas entre el 1 de enero de 1973 y el 10 de diciembre de 1983, un lapso clave de la historia argentina que abarca los años previos y los transcurridos durante la última dictadura militar.

    Los archivos se organizaron en carpetas temáticas según su relevancia histórica e institucional, con la finalidad de facilitar su acceso y comprensión tanto para investigadores como para periodistas y el público en general.

    Acceso público y contexto de la medida

    Desde la SIDE señalaron que los documentos se difundirán por sus redes sociales oficiales y estarán disponibles para consulta en su sitio web, en el marco de una política de mayor apertura informativa.

    La iniciativa incorpora además la “Guía sobre la Desclasificación de Documentos Históricos”, un material pensado para orientar la lectura de los archivos y brindar herramientas de análisis a quienes accedan a la información.

    El proceso integra una estrategia más amplia destinada a fortalecer el funcionamiento del Sistema de Inteligencia Nacional y su relación con la sociedad. Desde el organismo destacaron que la desclasificación de archivos previamente secretos posee un valor ético, político y social, al permitir reconstruir con mayor claridad hechos del pasado reciente.

    En ese sentido, remarcaron que la apertura de estos documentos contribuye a mejorar la transparencia del Estado y a generar confianza pública, en un contexto donde la circulación de información errónea puede distorsionar la interpretación histórica.

    Qué se espera de la publicación

    Desde la Secretaría de Inteligencia de Estado indicaron que el objetivo es que el material sirva como insumo para historiadores, comunicadores e investigadores, pero también que pueda ser consultado por cualquier ciudadano interesado en conocer más sobre ese período.

    Además, adelantaron que esto es solo el inicio del proceso, que contempla no solo la publicación, sino también la conservación y el posterior traspaso de los documentos al Archivo General de la Nación.

    LB

  • En ‘QR!’, director del EAAF confirmó que coincidencias genéticas en La Perla superan 99% y sacuden la política

    En ‘QR!’, director del EAAF confirmó que coincidencias genéticas en La Perla superan 99% y sacuden la política

    Durante el programa “QR!”, que conduce Pablo Caruso por Canal E, se analizó un nuevo avance en la búsqueda de víctimas de la última dictadura militar: la identificación de 12 personas desaparecidas que estuvieron secuestradas en el centro clandestino de detención La Perla, en la provincia de Córdoba.

    El director del Laboratorio de Genética Forense del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Carlos Vullo, explicó en diálogo con Caruso y la periodista Irina Hauser cómo se llevó a cabo el trabajo científico que permitió confirmar las identidades a partir del análisis de restos óseos encontrados en una fosa removida.

    “Las coincidencias genéticas superaron el 99% de probabilidad de identidad, con una posibilidad de error prácticamente despreciable”, detalló el especialista.

    El hallazgo en La Perla

    La investigación fue ordenada por el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja y forma parte de la continuidad de los trabajos para identificar víctimas del terrorismo de Estado.

    La Perla fue uno de los centros clandestinos de detención más grandes que funcionaron durante la dictadura en Argentina. Operó entre 1976 y 1978 en Córdoba y por allí pasaron alrededor de 2500 personas, la mayoría de las cuales continúan desaparecidas.

    Según explicó Vullo, el mecanismo utilizado en ese lugar para ocultar los crímenes fue distinto al de otros centros de detención. “A diferencia de lo que ocurrió en lugares como la ESMA o Campo de Mayo, donde hubo vuelos de la muerte, en La Perla el método utilizado para hacer desaparecer los cuerpos fueron los enterramientos”, señaló.

    Por eso, el hallazgo de una fosa removida abre nuevas posibilidades para avanzar en la identificación de víctimas.

    El especialista explicó que el proceso se basa en el cruce entre dos grandes bases de datos: la de los perfiles genéticos obtenidos de restos óseos y la de muestras de sangre aportadas por familiares de personas desaparecidas.

    “Se confeccionan dos bases de datos: una con perfiles genéticos de los restos y otra con los perfiles de los familiares que buscan a un desaparecido. Cuando esas bases se cruzan, aparecen las coincidencias o ‘match’ entre una familia y los restos”, explicó.

    Cuando se produce una coincidencia fuerte, el laboratorio notifica al área de identificaciones del equipo para confirmar el resultado con otros análisis. “Por el poder que tiene la genética, cuando el match es muy fuerte ya es prácticamente indicativo de una identificación”, agregó.

    El desafío de trabajar con restos de más de 40 años

    Uno de los principales desafíos del trabajo científico es la antigüedad de los restos, que en muchos casos tienen casi cinco décadas. “Estamos hablando de restos de más de 40 o 50 años de antigüedad. No es fácil obtener perfiles genéticos porque el ADN puede estar degradado”, explicó Vullo.

    Además, las condiciones del suelo también influyen en la preservación de los restos. “Los suelos secos y calcáreos preservan mejor el ADN. En cambio, en suelos húmedos y ácidos, como los de la selva misionera, es mucho más difícil obtener un perfil genético después de tantos años”, detalló.

    El trabajo del laboratorio se realiza bajo estrictas normas de anonimato. Los especialistas no trabajan con nombres, sino con códigos. “Nosotros no vemos nombres. Solo códigos. Por ejemplo, la familia número 420 busca al desaparecido número 1000. Si hay una coincidencia genética, sabemos que esos restos corresponden a esa persona, pero recién al final conocemos la identidad”, explicó.

    La identificación de víctimas no solo permite avanzar en las causas judiciales, sino también dar respuestas a las familias que llevan décadas buscando a sus seres queridos.

    LB/DCQ