Tag: Desaparecidos

  • Madres y abuelas denuncian ante la prensa extranjera que su grito derribó el muro de la dictadura

    Madres y abuelas denuncian ante la prensa extranjera que su grito derribó el muro de la dictadura

    El 28 de abril de 1977, un grupo de mujeres se congregó por primera vez en la Plaza de Mayo para exigir la aparición con vida de sus hijos secuestrados. Debido al estado de sitio decretado por los golpistas, las fuerzas de seguridad les ordenaron circular, dando origen a las marchas alrededor de la Pirámide de Mayo.

    El registro audiovisual de la cadena pública neerlandesa NOS inmortalizó el instante en que Marta Vásquez, Hebe de Bonafini y otras mujeres rompieron el silencio. Las cámaras extranjeras habían llegado al país por el próximo Mundial de Fútbol de 1978.

    Queremos saber dónde están nuestros hijos, nada más. No nos dicen nada”, exclamó una de las manifestantes frente al micrófono. La interpelación directa a los periodistas buscó visibilizar la desaparición forzada de personas ante la censura de la prensa local.

    Las mujeres explicaron que agotaron las instancias legales ante el Ministerio del Interior y la Justicia. “Ya no sabemos a quién recurrir: consulados, embajadas, ministerios, iglesias, en todas partes se nos han cerrado las puertas“, sentenció otra madre ante el equipo televisivo.

    La dictadura militar, encabezada por Jorge Rafael Videla, calificó inicialmente a estas mujeres como “las locas de la Plaza”. El video muestra la organización incipiente de quienes luego conformarían la Asociación Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo.

    El material fílmico detalla el uso de pañuelos blancos en la cabeza, que originalmente eran pañales de tela de sus hijos. Ese símbolo las identificó durante la procesión religiosa a Luján y se transformó después en su distintivo internacional permanente.

    Por favor, somos todas madres de desaparecidos“, gritó una mujer a la cámara mientras sostenía una foto. La densidad de la protesta en ese momento histórico desafió el Decreto Ley 21.322 que prohibía cualquier actividad política o de protesta en la vía pública.

    ¿Qué impacto tuvo el testimonio de las Madres en la prensa internacional?

    Entrevista a Madres y Abuelas en Plaza de Mayo 1º de junio de 1978

    La difusión de esas imágenes en Europa y Estados Unidos provocó la primera presión diplomática sostenida contra el gobierno de facto. Los medios internacionales empezaron a emplear el término “desaparecido” sin las comillas que imponía la terminología oficial de la Junta Militar.

    El registro de NOS permitió documentar que las Madres no pedían una mejora económica, sino el cumplimiento del habeas corpus. “Solamente queremos saber dónde están, vivos o muertos“, fue la frase que marcó el quiebre de la narrativa de “paz social” oficialista.

    La filmación ocurrió meses antes del secuestro de las fundadoras en la Iglesia de la Santa Cruz. Entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, un grupo de tareas liderado por Alfredo Astiz secuestró a Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco.

    Entrevista a Madres y Abuelas en Plaza de Mayo 1º de junio de 1978

    Cómo se organizaban las Madres de Plaza de Mayo en 1977

    Las reuniones se celebraban en iglesias o plazas públicas de forma rotativa para evitar detenciones masivas. El video muestra la coordinación espontánea con la que rodeaban a los corresponsales extranjeros antes de que la Policía Federal Argentina interviniera y dispersara la concentración.

    La táctica de “circular” impidió que las arrestaran por desacato a la prohibición de reuniones. “Nos dicen que no podemos estar paradas, entonces caminamos“, explicaron a los cronistas. Esa acción física de girar en sentido antihorario se repitió cada jueves a las 15:30 horas.

    Entrevista a Madres y Abuelas en Plaza de Mayo 1º de junio de 1978

    El documento audiovisual registró el clima de desesperación y la urgencia por contar con una lista de detenidos. Centros clandestinos de detención, como la ESMA o el Club Atlético, ya funcionaban a plena capacidad en el área urbana de la ciudad en 1977.

    La presencia de cámaras impidió, en esa jornada, una represión violenta directa. No obstante, el archivo muestra la vigilancia de personal de civil que merodeaba la zona mientras las mujeres hablaban ante los lentes de la televisión europea.

    Nuestros hijos son jóvenes, trabajadores, estudiantes, no son delincuentes“, aclaró una de las protagonistas del video. Esta aclaración fáctica buscó rebatir la propaganda oficial que vinculaba a todo desaparecido con actividades de la lucha armada o el terrorismo.

    Entrevista a Madres y Abuelas en Plaza de Mayo 1º de junio de 1978

  • En ‘QR!’, director del EAAF confirmó que coincidencias genéticas en La Perla superan 99% y sacuden la política

    En ‘QR!’, director del EAAF confirmó que coincidencias genéticas en La Perla superan 99% y sacuden la política

    Durante el programa “QR!”, que conduce Pablo Caruso por Canal E, se analizó un nuevo avance en la búsqueda de víctimas de la última dictadura militar: la identificación de 12 personas desaparecidas que estuvieron secuestradas en el centro clandestino de detención La Perla, en la provincia de Córdoba.

    El director del Laboratorio de Genética Forense del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Carlos Vullo, explicó en diálogo con Caruso y la periodista Irina Hauser cómo se llevó a cabo el trabajo científico que permitió confirmar las identidades a partir del análisis de restos óseos encontrados en una fosa removida.

    “Las coincidencias genéticas superaron el 99% de probabilidad de identidad, con una posibilidad de error prácticamente despreciable”, detalló el especialista.

    El hallazgo en La Perla

    La investigación fue ordenada por el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja y forma parte de la continuidad de los trabajos para identificar víctimas del terrorismo de Estado.

    La Perla fue uno de los centros clandestinos de detención más grandes que funcionaron durante la dictadura en Argentina. Operó entre 1976 y 1978 en Córdoba y por allí pasaron alrededor de 2500 personas, la mayoría de las cuales continúan desaparecidas.

    Según explicó Vullo, el mecanismo utilizado en ese lugar para ocultar los crímenes fue distinto al de otros centros de detención. “A diferencia de lo que ocurrió en lugares como la ESMA o Campo de Mayo, donde hubo vuelos de la muerte, en La Perla el método utilizado para hacer desaparecer los cuerpos fueron los enterramientos”, señaló.

    Por eso, el hallazgo de una fosa removida abre nuevas posibilidades para avanzar en la identificación de víctimas.

    El especialista explicó que el proceso se basa en el cruce entre dos grandes bases de datos: la de los perfiles genéticos obtenidos de restos óseos y la de muestras de sangre aportadas por familiares de personas desaparecidas.

    “Se confeccionan dos bases de datos: una con perfiles genéticos de los restos y otra con los perfiles de los familiares que buscan a un desaparecido. Cuando esas bases se cruzan, aparecen las coincidencias o ‘match’ entre una familia y los restos”, explicó.

    Cuando se produce una coincidencia fuerte, el laboratorio notifica al área de identificaciones del equipo para confirmar el resultado con otros análisis. “Por el poder que tiene la genética, cuando el match es muy fuerte ya es prácticamente indicativo de una identificación”, agregó.

    El desafío de trabajar con restos de más de 40 años

    Uno de los principales desafíos del trabajo científico es la antigüedad de los restos, que en muchos casos tienen casi cinco décadas. “Estamos hablando de restos de más de 40 o 50 años de antigüedad. No es fácil obtener perfiles genéticos porque el ADN puede estar degradado”, explicó Vullo.

    Además, las condiciones del suelo también influyen en la preservación de los restos. “Los suelos secos y calcáreos preservan mejor el ADN. En cambio, en suelos húmedos y ácidos, como los de la selva misionera, es mucho más difícil obtener un perfil genético después de tantos años”, detalló.

    El trabajo del laboratorio se realiza bajo estrictas normas de anonimato. Los especialistas no trabajan con nombres, sino con códigos. “Nosotros no vemos nombres. Solo códigos. Por ejemplo, la familia número 420 busca al desaparecido número 1000. Si hay una coincidencia genética, sabemos que esos restos corresponden a esa persona, pero recién al final conocemos la identidad”, explicó.

    La identificación de víctimas no solo permite avanzar en las causas judiciales, sino también dar respuestas a las familias que llevan décadas buscando a sus seres queridos.

    LB/DCQ