Tag: Crisis Industrial

  • Julián Moreno en “QR!”: “La empresa que cierra no se abre más” y reclamó medidas urgentes para pymes

    Julián Moreno en “QR!”: “La empresa que cierra no se abre más” y reclamó medidas urgentes para pymes

    En el programa QR!”, de Canal E, el presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), Julián Moreno, alertó sobre la crítica situación que atraviesan las pymes en Argentina y lanzó una contundente sentencia: “La empresa que cierra no se abre más”.

    El dirigente participó de una charla con el conductor Pablo Caruso y el economista Guido Bambini, en la que evaluó el impacto del modelo económico vigente sobre el entramado productivo. Allí sostuvo que la crisis empuja a las pequeñas y medianas empresas a reorganizarse y a buscar respuestas en el Congreso, ante la inexistencia de un diálogo fluido con el Poder Ejecutivo.

    “Logramos una convocatoria interesante en el Congreso para contar la realidad. Entendemos que del Ejecutivo no hay mucho para reclamar”, explicó. Según detalló, la intención es promover medidas paliativas que permitan mantener a las empresas en actividad, como alivios impositivos, revisión de tarifas y condiciones más favorables frente a las deudas fiscales.

    Moreno fue categórico al describir el escenario: “Venimos perdiendo miles de empresas por año. Y cuando una cierra, no vuelve a abrir”, insistió. En ese sentido, advirtió que la situación puede agravarse si no se aplican políticas de contención a corto plazo.

    El dirigente también cuestionó el rumbo económico y aseguró que los sectores que hoy crecen, como el petróleo o la minería, no generan un impacto real en las pymes. “Son actividades que emplean a una porción muy chica de trabajadores y no traccionan al resto de la economía”, explicó.

    Al mismo tiempo, señaló que la pérdida del poder adquisitivo y las restricciones en las paritarias golpean directamente al mercado interno: “Las pymes vivimos del consumo. Si el ingreso de la gente cae, la torta se achica y nos afecta a todos”.

    Otro punto crítico fue la apertura de importaciones. Moreno denunció que la competencia externa está golpeando con fuerza a la industria local: “Hay una apertura indiscriminada que está destruyendo la producción nacional”, afirmó.

    Finalmente, planteó la posibilidad de una mayor articulación entre empresarios y trabajadores frente a la crisis. Según dijo, podría consolidarse un frente común para defender el empleo y el mercado interno: “Esto se va a profundizar. Hoy somos cientos, pero en unos meses pueden ser miles los que salgan a reclamar”.

    LB

  • Crisis en la láctea Verónica: suspensiones, jornada reducida a 4 horas y sin materia prima desde febrero

    Crisis en la láctea Verónica: suspensiones, jornada reducida a 4 horas y sin materia prima desde febrero

    La crisis en la láctea Verónica atraviesa uno de sus episodios más complejos. La compañía, inactiva desde mediados de febrero, remitió a sus más de 450 trabajadores una carta en la que admite una “ruptura de la cadena de abastecimiento” y “escasos niveles de productividad”, y por esas razones resolvió reducir la jornada laboral de ocho a cuatro horas.

    Además, según pudo saber Infobae, la empresa —que busca un comprador desde al menos julio del año pasado— negocia ahora su venta con una compañía investigada por presunta corrupción. Se trata de Alimentos Fransro SRL, una firma vinculada a la provisión de alimentos al Estado a través del ex Ministerio de Desarrollo Social, hoy Capital Humano.

    Antes, Verónica había dialogado con otros grandes actores del sector, entre ellos Adecoagro, Savencia y Punta del Agua, todos interesados en alguno de los activos clave de la compañía. Esas negociaciones no prosperaron. Fuentes con conocimiento de las tratativas estimaron que el valor de mercado de Verónica se ubicaría entre los USD 60 millones y los USD 70 millones, una cifra que la familia propietaria consideró insuficiente. En el mercado afirmaron que los dueños aspiraban a obtener al menos USD 100 millones por la empresa.

    “Atento a la evidente crisis que se encuentra atravesando la Sociedad, la que comprende entre otros serios conflictos la ruptura de la cadena de abastecimiento, nos vemos en la obligación de reestructurar los horarios de empleabilidad teniendo en cuenta los escasos niveles de productividad actuales y siempre en miras de la conservación de los puestos de trabajo en tanto procuraremos continuar gestionando la recuperación del aprovisionamiento de materia prima”, dice la carta que la empresa envió a sus trabajadores.

    Y continúa: “Por lo expuesto, y dando estricto cumplimiento a la previsión convencional, con causa en la pública y notoria crisis que estamos padeciendo, reducimos y reestructuramos los horarios de prestación de tareas y salarios conforme a un esquema reducido de 4 horas diarias”. La empresa dispuso esta medida hasta el mes de abril inclusive, “con la esperanza de recuperar prontamente niveles razonables de productividad y empleabilidad”.

    Infobae intentó comunicarse con representantes de la empresa, quienes no respondieron a las consultas.

    El gremio que representa a los trabajadores, Atilra, denunció penalmente a la compañía por presunto lockout y advirtió sobre la crítica situación laboral en las plantas. Además, alertó que la láctea aún adeuda los salarios correspondientes a enero y febrero de 2026, así como la segunda cuota del aguinaldo que debería haberse pagado en diciembre del año pasado.

    El comienzo de la crisis

    La crisis de lácteos Verónica comenzó a escalar en abril del año pasado, cuando la compañía empezó a tener dificultades para afrontar el pago de salarios y acumuló atrasos con productores lecheros de la región. En ese momento, afectada por la caída del consumo, el aumento de los costos de producción, una cadena de valor poco competitiva y la concentración del mercado, había solicitado —sin éxito— la apertura de su Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) para desvincular a unos 200 empleados.

    Con el paso de los meses, el problema se extendió a toda la cadena de pagos. En el sector estiman que la deuda con tamberos rondaría los USD 50 millones, una situación que terminó afectando el suministro de materia prima y dejó a la empresa con una capacidad prácticamente nula para sostener su nivel habitual de procesamiento.

    En 2020, Verónica llegó a situarse entre las tres principales lácteas del país por volumen de producción, con una capacidad de procesamiento superior a 1 millón de litros diarios. Para 2025, en medio de la crisis, la empresa llegó a producir alrededor de 300.000 litros por día, un volumen que hoy se redujo a cero.

    Frente a ese escenario, en septiembre del año pasado y con la mediación del gobierno de la provincia de Santa Fe, la láctea firmó un acuerdo transitorio para sostener su actividad. Bajo ese esquema, Verónica comenzó a producir a fasón para otras compañías del sector, entre ellas Saputo y la marca Punta del Agua.

    El acuerdo permitió mantener operativas algunas líneas de producción y regularizar el pago de salarios atrasados, aunque no resolvió las obligaciones pendientes con proveedores de leche, insumos y servicios básicos.

    Según reconstruyeron fuentes del sector, durante ese período siguieron acumulándose deudas con prestadores de servicios, desde proveedores industriales hasta tareas de mantenimiento, transporte y logística vinculadas al funcionamiento de las plantas. Hoy la empresa tiene 3834 cheques rechazados, lo que representa una deuda de más de $13.400 millones, según registros del Banco Central.

    El convenio tuvo vigencia hasta el 8 de enero de este año. Una vez finalizado, la empresa volvió a enfrentar dificultades para financiar la compra de materia prima y la producción comenzó a desacelerarse de forma progresiva.

    En pocas semanas, la actividad quedó prácticamente paralizada. Las calderas se apagaron, el transporte que trasladaba a los trabajadores hacia las plantas dejó de funcionar y la compañía volvió a registrar atrasos en el pago de salarios. Hoy, la empresa permanece sin procesar leche y sin acceso al financiamiento necesario para recomponer el abastecimiento de materia prima, en medio de negociaciones para intentar destrabar una eventual venta de la compañía.

    El problema de fondo del negocio lácteo

    El año pasado, las exportaciones del sector lechero alcanzaron las 425.042 toneladas por USD 1.690 millones, el valor más alto de los últimos 12 años. Según datos de la Secretaría de Agricultura, los envíos crecieron un 11% interanual en volumen y un 20% en valor.

    El aumento de las ventas externas estuvo acompañado por una mayor producción. De acuerdo con el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el sector cerró 2025 con 11.617 millones de litros de leche cruda, un 9,7% más que el año anterior y el nivel más alto de los últimos cinco años.

    Sin embargo, la mejora en los volúmenes no se tradujo en mayor rentabilidad. El precio promedio que recibió el productor fue de $476,60 por litro, mientras que el costo de producción se ubicó en $491,66, lo que dejó márgenes negativos. Según el informe, el precio de equilibrio para cubrir costos y obtener rentabilidad debería ubicarse en torno a los $558 por litro, un valor que hoy el mercado no convalida.

    En el caso de Verónica, la exportación también había sido una fuente relevante de ingresos. Entre enero de 2020 y abril de 2025 la compañía concretó ventas externas por más de USD 102 millones, con Argelia como principal destino de sus productos. Sin embargo, en el primer cuatrimestre de 2025 los envíos –principalmente de leche en polvo– sumaron USD 3,8 millones, una cifra muy por debajo del mismo período del año anterior.

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  • Sin industria no hay Nación”: Pablo Caruso atribuyó el “síndrome de Francella” al comunicado de la UIA en “QR!

    Sin industria no hay Nación”: Pablo Caruso atribuyó el “síndrome de Francella” al comunicado de la UIA en “QR!

    En la última emisión de “QR!”, por Canal E, el conductor Pablo Caruso inauguró el programa con un extenso análisis del comunicado publicado por la Unión Industrial Argentina (UIA), titulado “Sin industria no hay Nación”, frase atribuida a Carlos Pellegrini, fundador de la entidad.

    El texto manifiesta la “preocupación por la situación de diversos sectores industriales y de distintas provincias” y advierte que la transición hacia un nuevo esquema económico “no es homogénea ni inmediata”, especialmente para las PyMEs, que enfrentan bajo nivel de actividad, presión fiscal, dificultades de financiamiento y caída del empleo.

    No obstante, Caruso afirmó que el posicionamiento de la entidad llega tras un prolongado silencio frente a las políticas oficiales. “Le está pegando a la UIA el síndrome de Francella”, ironizó el conductor, en alusión a declaraciones recientes del actor Guillermo Francella, quien tras haber respaldado el cambio de gobierno reconoció que hoy “no hay trabajo” en el sector audiovisual.

    Según Caruso, algo parecido ocurrió con la UIA: “Venía aceptando sumisamente las descalificaciones y recién ahora sale a decir algo, obligada por sus propias bases”. En ese sentido mencionó la reunión de federaciones industriales del norte argentino —Catamarca, Chaco, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tucumán— que pidieron un pronunciamiento ante la crisis sectorial.

    Respaldo a la macro, críticas en la micro

    Uno de los ejes del análisis fue la aparente contradicción del comunicado, que reconoce “los avances logrados por el Gobierno en materia de equilibrio fiscal” y valora la baja de la inflación y las reformas estructurales, pero al mismo tiempo describe un escenario crítico para el entramado productivo.

    “Dicen que les encanta la macro, pero la macro es la que está generando la crisis en la micro”, señaló Caruso, quien criticó que la UIA deslinde responsabilidades al afirmar que el empresariado “no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones acumuladas”.

    Para el conductor, esa postura omite etapas en las que, según sostuvo, políticas públicas de protección e impulso industrial generaron crecimiento de empresas, empleo y salario real. En ese marco se presentaron datos sobre utilización de la capacidad instalada —actualmente en torno al 58%— y comparaciones históricas con niveles superiores registrados en otros momentos.

    Caruso puso además el foco en la figura de Martín Rappallini, titular de la UIA y vinculado al grupo empresario Cerámica Alberdi. Señaló que, mientras algunos sectores manufactureros reclaman medidas antidumping para protegerse de importaciones, el grupo participa en proyectos vinculados al régimen de incentivos a grandes inversiones (RIGI), especialmente en minería.

    “Hay un problema de representación”, sostuvo el conductor, al plantear la tensión entre intereses industriales tradicionales y sectores beneficiados por el nuevo esquema económico.

    Debate sobre la CGT y la movilización social

    La editorial incluyó además críticas a declaraciones recientes de Jorge Sola, uno de los dirigentes de la Confederación General del Trabajo (CGT), quien afirmó que la sociedad actual no responde de la misma manera que en otras etapas históricas del sindicalismo.

    Caruso calificó ese diagnóstico como “interesante pero problemático”. “El rol de los dirigentes no es esperar las condiciones sociales, sino generarlas”, afirmó, y recordó el primer paro general contra la dictadura en 1979, encabezado por sectores sindicales que, aun en un contexto adverso, decidieron movilizarse.

    En ese marco, el conductor planteó que el debate actual atraviesa tanto al empresariado como al sindicalismo y a la dirigencia política en general: cómo representar a una sociedad que, pese al malestar económico, mantiene niveles de apoyo electoral al oficialismo.

    “Lo que degrada a la política es acomodarse al posibilismo”, concluyó Caruso al cerrar la editorial y dar inicio formal al programa.

    LB/DCQ