El analista financiero Carlos Maslatón hizo un diagnóstico pormenorizado sobre la situación económica de la Argentina. En una entrevista con el equipo de Infobae en Vivo, el abogado sostuvo que el problema central está en la política monetaria y cambiaria, y advirtió que los esfuerzos oficiales en otras áreas serán insuficientes si no se corrige lo que definió como un “desastre” en el mercado de divisas.
Maslatón admitió que medidas como la reducción de impuestos —especialmente en los niveles municipal y provincial— son positivas, pero señaló que su impacto real queda limitado frente a la distorsión de los precios relativos. El analista afirmó que el “costo argentino” está directamente vinculado a un tipo de cambio que calificó de “artificial” y “sobrevaluado”. En su visión, “ninguna de las reformas de fondo que está haciendo el Gobierno va a compensar el desastre cambiario que hay en el país”, y añadió que la Argentina se volvió cara en moneda dura por la ausencia de un mercado libre.
Uno de los ejes de la crítica de Maslatón fue el mecanismo de remuneración de pesos que implementa la actual gestión. El analista sostuvo que el Gobierno envía un mensaje claro al inversor: no conviene comprar dólares porque el Estado ofrece, mediante letras y bonos, tasas de interés de entre el 40% y el 45% anual. Según él, esa dinámica asegura una rentabilidad real en moneda extranjera mientras el tipo de cambio oficial permanece contenido o con tendencia a la baja.
“El país es caro y la economía es recesiva. Te puedo mencionar 20 cosas buenas en política económica, pero la arruinan con el sistema cambiario, monetario y con la deuda pública”, afirmó. Maslatón caracterizó este escenario como una “bicicleta financiera” que favorece a un grupo reducido —alrededor de 500.000 personas vinculadas a la especulación— y perjudica al aparato productivo y a la población en general.
El abogado también señaló al Ministro de Economía, Luis Caputo, al afirmar que el esquema vigente responde a los intereses que el funcionario representa. En ese sentido denunció que la toma de dinero “cuasi fiscal” —antes concentrada en el Banco Central y ahora trasladada al Tesoro— impide el saneamiento de las cuentas nacionales.
Consultado sobre soluciones para destrabar la coyuntura económica, Maslatón fue categórico: propuso aplicar una “libertad cambiaria total”. Esa medida implicaría la eliminación inmediata de todo control de cambios y garantizaría libertad absoluta para el ingreso y egreso de capitales. Además, instó al Gobierno a retirarse de la intervención en la tasa de interés, dejando que ésta surja exclusivamente de la oferta y la demanda del sector privado.
Su plan se reduce a dos medidas drásticas: establecer la libertad total y dejar de renovar las letras de deuda. “Toda letra que vence no se renueva, se paga. En algún momento tenés que cortar”, enfatizó. Maslatón comparó esa salida con el éxito de la gestión económica durante la década de los 90, y subrayó que el gran acierto de aquel período fue, precisamente, terminar con la especulación financiera de corto plazo.
Si bien reconoció que estas medidas provocarían un salto inicial en los precios y una presión alcista sobre el dólar, defendió la necesidad de ese proceso para alcanzar un “país barato” y competitivo. “Tendría un rebote inflacionario, pero sería para bien. Lo que tenés que hacer es licuar la deuda acumulada”, explicó, priorizando la recuperación de la actividad económica por encima del control inmediato de la inflación.
Maslatón también puso en duda uno de los pilares del discurso del presidente Javier Milei: la idea de que la inflación es un fenómeno puramente monetario. El abogado señaló una contradicción entre la teoría y la praxis oficial y afirmó que desde la asunción de la actual gestión la cantidad de moneda en el país se ha multiplicado por cuatro veces y media. “Tomar plata y pagar intereses es aún peor que emitir”, sentenció, advirtiendo que cuando la demanda de dinero caiga, toda esa masa monetaria se trasladará inevitablemente a los precios.
En cuanto al equilibrio fiscal, relativizó su rol como único “ancla” de la economía. Aseguró que el problema estructural de la Argentina en los últimos cincuenta años no ha sido tanto el déficit en sí, sino los mecanismos financieros empleados por gobiernos sucesivos para intentar controlar el tipo de cambio. Para Maslatón, el efecto es el mismo si el Estado emite para financiar gasto corriente o para pagar intereses de deuda financiera.
Finalmente, el analista hizo un breve repaso histórico para contextualizar el presente: destacó que entre 2003 y 2011 la política económica se manejó correctamente hasta la implementación del cepo cambiario, que marcó el inicio del deterioro actual. En su visión, la profundización del déficit cuasi fiscal y las restricciones operativas vigentes conducen a mayor recesión, cierre de fábricas y aumento del desempleo. Concluyó que, con el tiempo, la sociedad comprenderá que “la inflación no es tan mala” comparada con la parálisis total de la economía real.
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