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  • Emilio Ocampo admite: ‘Me dolarizo porque soy pesimista’ sobre la economía argentina

    Emilio Ocampo admite: ‘Me dolarizo porque soy pesimista’ sobre la economía argentina

    —Usted fue el arquitecto del plan de dolarización que probablemente permitió a Javier Milei llegar a la presidencia, pero el Gobierno optó luego por fortalecer el peso. ¿Qué cambió entre aquel Milei candidato, y luego electo presidente, para abandonar la idea de la dolarización?

    —Es una excelente pregunta. En realidad habría que hacérsela más a Milei que a mí. No hablé del tema con él, por lo que no puedo ofrecer una respuesta concreta y no quiero especular.

    —¿Cómo hubiera sido? Por lo menos, cuéntenos como usted lo hubiera llevado adelante en ese diciembre de 2023.

    —Para empezar, el plan que teníamos era gradual; no pensábamos en una dolarización inmediata. La población suele asociar la palabra “dolarización” con realidades muy distintas entre sí. Es un término genérico: como un sándwich, que puede ser de jamón y queso o de milanesa.

    —Hay diferentes formas de dolarizar.

    —En Ecuador no fue igual que en El Salvador; en El Salvador no fue igual que en Panamá. Y nada que ver con lo que pasó en Zimbabwe o con la adopción del euro por parte de varios países de la Unión Europea. La dolarización, en su esencia, es la adopción de una moneda extranjera como moneda de curso legal, es decir la sustitución de la moneda local por otra extranjera. Por eso el término genera confusión: existe una dolarización de jure y otra, que ya vivimos, de facto. Si uno mira las estadísticas del Indec, los argentinos tienen lo que se llama en moneda y depósito 257 mil millones de dólares. Si sumamos todos los depósitos privados en el sistema bancario argentino, hoy suman 75 mil millones de dólares, y la circulación monetaria es del orden de 18 mil millones de dólares. En conjunto, la cantidad de dólares efectiva que manejan los argentinos es varias veces la de pesos en circulación —cinco o seis veces, por dar una idea—, lo que muestra que la gente eligió al dólar como moneda, aunque no siempre esté dentro del sistema financiero formal. Esos dólares muchas veces están fuera del país, en cajas fuertes, debajo del colchón o en otro tipo de resguardos, y no integrados a la actividad productiva y comercial del país.

    Lo que proponíamos era un esquema similar al de El Salvador: un sistema financiero operando íntegramente en dólares, mientras que el peso mantendría existencia para transacciones en efectivo durante un período de transición. La implementación requería varias acciones coordinadas —incluyendo conversaciones con el gobierno de Estados Unidos, con el Fondo Monetario Internacional, etc.— y todo ello quedó explicitado en un documento de trabajo de la Ucema con el proyecto de ley y las cuestiones legales desarrolladas; es material de dominio público para quien quiera revisar los detalles. Cada país tiene sus particularidades y no existe una receta única: había que estudiar lo que funcionó en otras experiencias, adaptarlo a la realidad argentina e integrar el dólar a los flujos económicos de forma abierta y conectada al mundo.

    —Usted habrá leído seguramente que Milei recientemente, en un reportaje en Bloomberg, dijo que su estrategia consistía en tomar activos del Banco Central contra el Gobierno, para que luego esos títulos pasaran al mercado con la situación de hacernos de dólares para vender esos títulos. Pero dijo el Presidente: “Es probable que si hubiéramos hecho esta operación a los precios de mercado en aquel momento, creo que estaban a 16, 18, lo que hoy está a 50 y pico, la política hubiera dicho que había una estafa y nos hubiera acusado de algún negocio turbio y nos hubiera mandado a la cárcel”. ¿Es distinto lo que él plantea de lo que usted planteaba?

    —Sí. De hecho, le advertí al Presidente justamente eso que él menciona. Nuestra propuesta no tenía nada que ver con la operación a la que alude. Lo que queríamos evitar era malvender activos o títulos públicos que, por el solo anuncio de una reforma, podían revalorizarse; no tenía sentido venderlos a precios bajos. Cuando se manejaron valores de ese orden —20 centavos entonces, y hoy varias veces más—, nuestra alternativa buscaba una ingeniería financiera más compleja, que demandaba cierto apoyo internacional y que hubiese creado para el mercado argentino un activo seguro, un título estructurado con garantías que permitiera al sistema financiero operar con menor riesgo. Si se quiere una analogía, la idea se parecía a la de los bonos Brady de la reestructuración de fines de los 80 y principios de los 90, aunque no era idéntica. Esa vía no prosperó, y quiero dejar claro que la propuesta de mi equipo no proponía malvender activos. Cuando el Presidente habló de “vendamos”, yo le dije: “No, este no es el camino, no nos conviene”.

    Emilio Ocampo, con Jorge Fontevecchia en Periodismo Puro.
    LA DOLARIZACIÓN EN ARGENTINA. “La dolarización que nosotros vivimos, sin que el presidente Milei o ningún presidente la decida, es la dolarización que hemos hecho los argentinos. Esa es una dolarización de facto”. (FOTO MARCELO DUBINI)

    —¿Es correcto decir que también se buscaba un apoyo de fondos del interior dispuestos a desembolsar alrededor de 30 mil millones de dólares dentro de su plan?

    —No. Milei mencionó varias propuestas distintas para dolarizar; una de ellas tenía que ver con lo que usted trae, pero la que estaba en mi equipo era otra y no requería esa suma. Yo no estaba al tanto de todas las propuestas, solo de la que mi equipo venía trabajando.

    —Le preguntaba porque más allá de que no era su propuesta, los 30 mil de alguna manera resuenan con los 20 mil de Bessent y lo escuché a usted en una exposición reciente decir que a lo mejor se podría haber dolarizado cuando vino Bessent a la Argentina. Me gustaría entonces, aunque sea contrafáctico, que nos contara cómo hubiera sido en el otoño del año pasado.

    —La supuesta necesidad de dólares está sobredimensionada. Los países que han dolarizado no necesariamente lo hicieron con abundantes reservas en el Banco Central; el caso más citado es Ecuador, que dolarizó con el Fondo Monetario en contra y estando en default de su deuda externa, tras una crisis bancaria. Las magnitudes y las circunstancias varían, pero hay algo clave: los argentinos ya tienen muchos dólares. Es importante entender que la mayor parte del dinero que circula lo crea el sector privado a través del sistema financiero, no el Gobierno. Para poner números concretos: la circulación monetaria en términos de dólares son 18 mil millones, mientras que el M3 ronda los 120 mil millones de dólares. La diferencia la explica el multiplicador del sistema financiero, que expande créditos y depósitos. Técnicamente, la deuda directa del Gobierno en moneda relevante para este debate son esos 18 mil millones equivalentes; el resto son obligaciones del sistema bancario, es decir, depósitos.

    Los sistemas financieros operan con reserva fraccionaria —una reserva que puede ser del orden del 10%, 15% o 20% de los depósitos— y funcionan habitualmente bajo esa regla sin que ello conduzca al colapso. Por eso la idea de que una dolarización necesariamente provocaría una corrida bancaria es, en mi opinión, un error. Si uno fija paridades por debajo del valor de mercado, claro que se genera demanda excedente de dólares y eso puede provocar tensiones; por eso insistí hasta el cansancio en que cualquier esquema de dolarización debía reflejar los valores de mercado. Si la paridad refleja el equilibrio de oferta y demanda, no hay motivo para una corrida generalizada.

    Hay experiencias que ilustran esto: en Ecuador, cuando se estableció el plazo para canjear sucres por dólares, existía un riesgo real de que, pasado el límite, esos sucres valieran cero, lo que incentivó el canje; aun así, un tercio de los sucres no se presentó al 30 de junio y el gobierno tuvo que extender el plazo. Ese episodio desmiente el fantasma de que la gente saldría masivamente a vaciar los bancos por el solo anuncio de la dolarización. Hoy, por ejemplo, hay alrededor de 40 mil millones de dólares en los bancos; esa cifra no se traduce automáticamente en una corrida porque la economía necesita liquidez transaccional para pagar sueldos, impuestos y proveedores: si alguien retirara esos fondos y los enviara al exterior, necesitaría traerlos de vuelta para sostener la actividad.

    —Siguiendo el planteo, tendrían que ser el encaje.

    —En la Argentina los encajes de los depositantes son relativamente altos. El Banco Central posee hoy 14 mil millones de dólares en reservas netas según los cálculos de varios analistas, y del total de depósitos en dólares —alrededor de 38 o 39 mil millones— aproximadamente 15 mil millones están comprometidos en préstamos. Por eso, pese a que parezca que no existe respaldo completo de esos depósitos, la gente no actúa como pronosticaban los apocalípticos de noviembre de 2023. Mi idea era, en todo caso, disponer de una “vitirina” y de un martillo por si alguien intentaba provocar deliberadamente una corrida; pero eso no significa que la dolarización sea inviable. En El Salvador, el proceso que propuse tomó dos años y se hizo siempre a valores de mercado. Si se respeta el precio que fija la interacción entre oferta y demanda, no hay por qué alimentar el fantasma de la corrida.

    —¿Existe todavía una ventana económica para dolarizar?

    —Por supuesto. La ventana siempre estuvo abierta. El Gobierno eligió otro camino, pero la dolarización sigue siendo posible si se adapta a las circunstancias concretas. Por ejemplo, la relación con Estados Unidos hoy es mucho mejor que la que teníamos en noviembre de 2023; entonces algunas condiciones que eran inciertas en ese momento hoy ya no lo son.

    —Hoy sería más fácil que en noviembre de 2023

    —Mucho más fácil. Además, a la administración estadounidense actual le interesa la dolarización en el marco de su Programa de Integración de las Américas y por razones económicas: con sus déficits fiscales, a Estados Unidos le conviene una mayor demanda global por dólares. Desde una mirada geopolítica y económica, a EE. UU. le resulta conveniente que más países adopten el dólar.

    —Usted sostuvo también que la viabilidad de una dolarización depende mucho más de la solidez fiscal que de las reservas del Banco Central, ¿puede ser que eso también haya contagiado a la actual administración económica respecto a que no son necesarias reservas?

    —Son dos cuestiones distintas. El debate sobre si un régimen de tipo de cambio fijo o la dolarización permiten sostener déficits fiscales se ha discutido ampliamente. La evidencia muestra que algunos países han tenido flexibilidad fiscal bajo regímenes de tipo de cambio fijo; hay muchas variables en juego y resulta difícil hacer predicciones precisas. No buscaría una relación directa entre esa afirmación mía y la política actual del Gobierno: no tengo contactos con ellos, no hablo con el equipo económico y no ejerzo ninguna injerencia sobre sus decisiones.

    —Usted pasó varios años como investigador asociado al Center for Strategic and International Studies de Washington, ¿cuánto la cuestión geopolítica es determinante para facilitar o dificultar un proceso de dolarización?

    —Es muy importante. A fines de los 90, en Estados Unidos se discutió seriamente la dolarización para las Américas: hubo un proyecto en el Senado impulsado por el senador de Florida Connie Mack que proponía compensar a países por el señoreaje perdido si adoptaban el dólar. La discusión se interrumpió con la crisis argentina y quedó en suspenso hasta tiempos recientes, cuando volvió a cobrar fuerza en parte por Milei y otras circunstancias. La geopolítica juega: la decisión debe tomarse en función de las necesidades nacionales, no de intereses externos, pero coincidir con una visión favorable de Estados Unidos puede facilitar procesos y acuerdos internacionales.

    —A ver si interpreto. El presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, afirmó que la dolarización que elimine una moneda argentina sería inconstitucional. ¿Su proyecto no eliminaría la moneda de Argentina?

    —No necesariamente. Creo que Rosatti se equivoca en su interpretación; él conoce mucho de derecho, pero menos de las distintas formas de dolarización. Como ya dije, “dolarización” es un concepto amplio. La Argentina circuló en la segunda mitad del siglo XIX con múltiples monedas extranjeras que tenían curso legal; se podían pagar impuestos con ellas y eso nunca se consideró inconstitucional. La palabra “moneda nacional” no aparece en el texto constitucional originario. Alberdi, en su proyecto de Constitución, no contempló la figura del Banco Central como emisor exclusivo. Por eso afirmar de plano la inconstitucionalidad me parece una lectura anacrónica y poco ajustada a la práctica histórica. En un artículo en mi blog respondí con mayor extensión a la opinión de Rosatti; en esencia, creo que hablamos de cosas distintas.

    —Curso legal.

    —La Constitución no define expresamente el concepto de “curso legal” ni establece que deba existir una única moneda nacional. Entre 1852 y 1900 circularon en la Argentina monedas bolivianas, peruanas, españolas, etc., con curso legal fijado por ley y paridades establecidas, sin que eso fuera cuestionado como inconstitucional. Nuestra Constitución es la de 1853 con reformas; no hay en ella una prohibición tajante a esquemas distintos de moneda.

    —Usted mencionaba la geopolítica y el contexto de fines de los 90 en que no solo la Argentina tenía convertibilidad. Brasil, la mayor economía latinoamericana, tenía una forma de convertibilidad con el Plan Real. En un contexto como usted decía, donde Estados Unidos miraba a América y que dejó de mirarla. ¿Por qué en Brasil se pudo salir de la paridad 1 a 1 con el dólar, que con sus diferencias podía tener alguna sensación de semidolarización, y en la Argentina no, y qué diferencia a los políticos brasileños que por lo menos hasta esa época eran tan o más irresponsables que los argentinos respecto del gasto público?

    —Yo no lo atribuiría tanto al gasto público como al respeto por la ley. Una característica central de la Argentina es la anomia institucional: el Estado, cuya función es hacer cumplir la ley, suele ser el principal violador de la ley de forma impune. Un ejemplo elocuente fue la ley de intangibilidad de los depósitos aprobada en agosto de 2001 y que, pocos meses después, fue vulnerada con la pesificación asimétrica y las medidas de 2002 que implicaron la confiscación de ahorros. Ese quiebre del contrato tuvo efectos devastadores. Brasil no tuvo exactamente ese tipo de rompimiento institucional. Por eso la historia cuenta: si uno arma un modelo para explicar la prima de riesgo país con variables macroeconómicas, la historia previa de cada país pesa mucho; la trayectoria importa más que un solo indicador puntual.

    —Usted recordará que era 1,40, que era el objetivo de aquella.

    —40%.

    —En Brasil fue mayor todavía porque fue a 1,85 y sin embargo resistió y luego llegó a 4.

    —No fue una devaluación del 85% de una sola vez; hubo movimientos escalonados, pero lo central es que no se destruyeron contratos como ocurrió aquí. Ese tipo de decisiones —confiscatorias o que rompen las reglas del juego— es lo que deja secuelas profundas y explica por qué la Argentina no logró repetir la trayectoria de otros países.

    —Permítame hacerle otro contrafáctico. El país logra hacer lo de Brasil, que distintos partidos de distinto signo mantengan un ordenamiento macroeconómico y respeto por las normas. Pasen 20 o 25 años y eso se instale y cambie la cultura. En ese punto, ¿es mejor tener una moneda como tiene Brasil y en ese caso la comparación a los 25 años sería mejor eso que la dolarización? ¿La dolarización es una ventaja en el corto plazo y una limitación a largo plazo?

    —La dolarización es una ventaja si se plantea como libertad monetaria y no como imposición. No se trata de imponer el dólar, sino de reconocer la realidad de la dolarización de facto y permitir que la gente elija la moneda con la que quiere operar. John Stuart Mill ya criticaba la idea de la moneda como un símbolo nacional impositivo. Si estuviera en un país con estabilidad monetaria comprobada, no estaría proponiendo dolarizar; la dolarización es una respuesta a un problema concreto: en la Argentina llevamos décadas sin una moneda estable. Para nosotros la prioridad es permitir que la gente pueda elegir libremente su unidad de cuenta y que los instrumentos monetarios no dependan exclusivamente del Estado.

    —Estaba planteando un contrafáctico simplemente como un análisis teórico. Si el problema no existiese, sería mejor tener moneda o adoptar la moneda de Estados Unidos. Y usted mismo me está dando la respuesta diciendo que está en contra incluso de que los Estados Unidos tenga el dólar.

    —Exacto. Y recuerde que cuando existía el patrón oro, la moneda era el oro.

    —¿Podríamos decir que la moneda es una cuestión geopolítica, y que por eso Europa tiene el euro, China tiene el renminbi y Estados Unidos el dólar?

    —No tenemos que aspirar a un Estado utópico. Si estuviera en un país con estabilidad monetaria, donde los empresarios pueden estimar la rentabilidad de sus proyectos con relativa seguridad, no hablaría de dolarización. Pero la Argentina no es ese caso: desde la creación del Banco Nacional en 1826, han pasado 200 años de historia monetaria y en alrededor del 75% de ese tiempo hemos tenido episodios de depreciación. Esa trayectoria explica por qué estamos donde estamos hoy.

    —Ahora usted pone el caso de Rivadavia, y lo escuché en una reciente conferencia suya, hablar de Ecuador, diciendo que Correa pudo hacer de todo menos traer la inflación. Ahora, desde el punto de vista de la irresponsabilidad fiscal de los políticos, podría ser lo mismo, porque pueden endeudarse, ¿no? El caso de Rivadavia.

    —Pueden endeudarse y pueden hacer default. Correa, por ejemplo, hizo un default en 2008 que no era estrictamente necesario, y Ecuador también defaulteó en 2020 en circunstancias diferentes a las nuestras. Incluso administraciones subnacionales con dólar han incumplido. La ventaja de la dolarización es separar lo fiscal de lo monetario: una mala moneda mezcla ambos problemas y genera los incentivos perversos que conocemos. Aquí, diariamente la gente chequea el valor del dólar; esa realidad habla por sí misma.

    —Hablemos entonces del sistema cambiario monetario del gobierno actual. Dejemos el revisionismo de lo que pasó. Cuénteme su propia visión de la economía argentina hoy.

    —El Gobierno está haciendo un esfuerzo importante por desmantelar el esquema proteccionista y corporativista que ha predominado durante décadas, y en líneas generales apoyo las medidas de desregulación. No obstante, existen intereses muy poderosos que buscan preservar el statu quo. Además, el calendario electoral —con plazos cortos que obligan a gobernar y a hacer campaña alternadamente— complica la implementación y la maduración de reformas profundas: muchas transformaciones requieren tiempo para mostrar resultados, y la única reforma que se siente de inmediato es la monetaria. Por eso la estabilidad monetaria es la madre de todas las reformas: sin ella es muy difícil que la inversión privada retorne en términos sostenidos. La incertidumbre sobre el tipo de cambio futuro desalienta la inversión y fomenta la búsqueda de rentas mediante privilegios, protecciones o exenciones. El Gobierno está en el rumbo correcto en términos generales, aunque bajar una inflación mensual de 25%-30% a 3% es relativamente más fácil que pasar de 3% a 0,5% mensual; queda mucho por hacer.

    —Permítame ponerlo en estos términos. Aquella idea de que el orden de los factores sí altera el producto. Por ejemplo, hay una discusión sobre que el Gobierno se equivocó al poner bandas. Así opina Arriazu por ejemplo, y que debería ir a dólar fijo. Hay quienes consideran que el Gobierno se equivocó e hizo mala praxis con un objetivo electoralista al liberar el cepo para las personas físicas y no a las jurídicas, alentando a que las personas compren mayor cantidad de dólares de lo que normalmente hubieran comprado. Le pido su evaluación técnica.

    —Desde afuera siempre es más fácil opinar. Yo tengo mi posición y la he expresado públicamente: habría hecho otras cosas. Pero en el terreno técnico uno trabaja con probabilidades, no certezas. El equipo económico consideró —y considera— que el esquema de bandas puede funcionar; hay personas técnicamente sólidas y con capacidad allí. Yo prefiero darles la oportunidad de demostrar si su enfoque es acertado o no. Tengo una opinión distinta, pero respeto el marco democrático y la libertad de expresión en la discusión pública.

    Emilio Ocampo, con Jorge Fontevecchia en Periodismo Puro.
    EL DIAGNÓSTICO MONETARIO. “Para poner los números concretos, hoy por hoy, la circulación monetaria son, en dólares equivalentes, 18 mil millones de dólares. Pero el M3 son 120 mil millones de dólares”. (FOTO MARCELO DUBINI)

    —¿Qué haría?

    —Hubiera dolarizado, sin duda.

    —Ahora, inclusive.

    —Incluso hoy, sin duda, aunque no tengo la bola de cristal. Se trata de evaluar probabilidades: hay escenarios donde este esquema puede funcionar, y la pregunta es qué probabilidad uno asigna a esos escenarios. Mis recomendaciones se basan en el estudio de la historia argentina y en la convicción de que la moneda es un elemento central para la estabilidad de largo plazo.

    —¿Con qué la compara?

    —Creo que el problema argentino es sistémico. Existen distintos modelos de capitalismo en el mundo; el nuestro es una mezcla que heredó rasgos corporativistas desde la época de Perón en 1945 y que condiciona la forma en que manejamos la economía. El intento más serio de reforma fue el de Menem en los 90 y lo que más contribuyó a su éxito fue la reforma monetaria. Milei intenta hoy algo parecido: abrir la economía e integrarla al mundo. Hay sectores que se benefician del proteccionismo y que resistirán los cambios; la cuestión es cómo reducir el costo de transición hacia una economía más abierta, teniendo en cuenta además el calendario electoral que obliga a gestos de corto plazo.

    —Quería ir al caso de Brasil, a ver si le parece plausible esta idea, que es un gobierno de un partido aún mucho más a la izquierda del peronismo, que era el Partido de los Trabajadores, que incluso tiene en su escudo reminiscencias soviéticas, colocó al frente del Banco Central cuando asumió a una persona, podríamos decir de una concepción ortodoxa, que el equivalente en la Argentina sería el día que el peronismo pueda colocar al frente del Banco Central a una persona que transmita continuidad, ¿la dolarización no sería necesaria en ese caso?

    —La anomia institucional es la otra cara de la inconsistencia temporal de la política económica. Los países tratan de resolver esto estableciendo reglas: por ejemplo, impedir la expansión monetaria para financiar déficit. Pero si las reglas se violan cuando conviene —y en la Argentina eso ha ocurrido repetidamente— la independencia formal de instituciones como el Banco Central se diluye en la práctica. Tenemos una carta orgánica del Banco Central que, aunque otorgó cierta autonomía, no ha bastado para garantizar independencia real; distintos estudios que puntúan las cartas orgánicas de bancos centrales sitúan la nuestra más cerca de un 50-60 sobre 100 en términos relativos, y de facto estamos en una situación de dependencia. Eso es anomia institucional: no respetamos nuestras propias reglas.

    Emilio Ocampo, con Jorge Fontevecchia en Periodismo Puro.

    —Permítame hacerle otro contrafáctico. El país logra hacer lo de Brasil, que distintos partidos de distinto signo mantengan un ordenamiento macroeconómico y respeto por las normas. Pasen 20 o 25 años y eso se instale y cambie la cultura. En ese punto, ¿es mejor tener una moneda como tiene Brasil y en ese caso la comparación a los 25 años sería mejor eso que la dolarización? ¿La dolarización es una ventaja en el corto plazo y una limitación a largo plazo?

    —La dolarización es una ventaja si se entiende como libertad monetaria y no como una imposición desde el Estado. Personalmente prefiero un sistema donde las personas puedan elegir su moneda. Si la Argentina llegara a consolidar durante décadas un marco institucional y macroeconómico confiable, probablemente la decisión de mantener una moneda propia sería totalmente sensata. Pero dada nuestra historia y la incapacidad recurrente de sostener reglas por largos periodos, la dolarización ofrece mayor probabilidad de estabilidad en horizontes de largo plazo.

    —Sumo argumentos. En Brasil, la dictadura era dictablanda, se mantuvieron las elecciones para gobernadores e intendentes. En Brasil no se estatizaron los medios de comunicación. O sea, en Brasil, aun en la dictadura, se mantuvieron determinadas reglas.

    —No soy el más indicado para hacer una comparación histórica detallada entre ambos países, pero sin duda esas diferencias institucionales que usted menciona influyen. No es casualidad que países como Chile o Perú hayan llegado donde están: es causalidad de décadas de políticas consistentes. Nosotros no hemos sido capaces de sostener ese camino; hay elementos institucionales y políticos que nos anquilosan y que dificultan replicar esas trayectorias.

    Producción: Sol Bacigalupo.

  • El Banco Central compró USD 146 M y ya suma USD 3.900 M en 2026; acumula 54 ruedas y reservas debajo de USD 44.000 M

    El Banco Central compró USD 146 M y ya suma USD 3.900 M en 2026; acumula 54 ruedas y reservas debajo de USD 44.000 M

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) encadenó 54 jornadas consecutivas de compras de divisas, la mayor racha positiva desde 2007. Este miércoles, la autoridad monetaria incorporó otros USD 146 millones y el acumulado en 2026 superó los USD 3.900 millones de dólares.

    Desde el inicio de la cuarta etapa del esquema monetario en enero, el Central acumuló compras por USD 3.932 millones, cifra que representa casi el 40% del objetivo anual. Para sostener ese ritmo, emitió pesos sin recurrir a la esterilización, mientras que el Tesoro absorbió parte de esos fondos mediante colocaciones de deuda en el mercado local. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía evitó expandir la cantidad de pesos en circulación para limitar el crecimiento de la base monetaria y mantener bajo control tanto la inflación como la cotización del dólar.

    Las estimaciones oficiales apuntan a que las adquisiciones netas de 2026 estaría entre USD 10.000 y 17.000 millones, dependiendo de la demanda de pesos y la disponibilidad de divisas. El titular del BCRA, Santiago Bausili, explicó que el ritmo de compras estará condicionado principalmente por la demanda de moneda local y el ingreso de dólares al mercado. Hasta ahora, lo acumulado representa el 39% de la meta anual.

    Al cierre de la última jornada, las reservas internacionales alcanzaron USD 43.832 millones, tras un incremento diario de USD 24 millones por las compras realizadas por el Central. De esta manera, la autoridad monetaria logró la segunda suba consecutiva luego de siete caídas al hilo.

    Parte de la dificultad para fortalecer las reservas pese a las compras estuvo ligada a las demandas del Tesoro, que recurrió al Central para obtener divisas y afrontar pagos de deuda, lo que frenó parte del ritmo de acumulación. Los dólares utilizados provinieron, en su mayoría, de la liquidación de exportaciones del agro y de emisiones de deuda de empresas y provincias. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de bonos y obligaciones negociables totalizaron más de USD 11.000 millones.

    De acuerdo con un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI), “el frente cambiario se mantiene firme frente al shock externo” e “incluso la apreciación del peso podría sostenerse en el corto plazo, apoyada en la inminente liquidación de la cosecha gruesa, que aportará oferta adicional de divisas”.

    El mismo informe señaló que el alza del precio internacional del petróleo podría impulsar las exportaciones de crudo hasta USD 5.000 millones más que el año pasado, siempre que el valor del Brent permanezca cerca de los USD 90,7 por barril observados en marzo.

    En cuanto a la demanda de divisas, PPI estimó que las compras externas promediaron USD 5.350 millones en los últimos cuatro meses, un nivel inferior a los USD 7.200 millones contabilizados en septiembre y octubre. Esta baja se asocia al adelanto de importaciones antes de las elecciones y a la actual desaceleración de la actividad.

    “La incógnita sobre la sostenibilidad pareciera recién perfilarse para el segundo semestre, cuando los flujos y la estacionalidad favorable cedan”, evaluó PPI respecto de la dinámica cambiaria esperada para la segunda mitad del año.

    El dólar profundiza la caída

    El volumen negociado en el Mercado Libre de Cambios (MLC), de USD 354,3 millones, no sobresalió tras dos días sin actividad. El dólar comercial retrocedió 13 pesos, equivalente a una baja de 0,9%, y cerró en 1.377,50 pesos. En lo que va de marzo, la cotización acumuló un descenso de $19,50, lo que representa una caída del 1,4 por ciento.

    Por el calendario de feriados, restan cuatro ruedas operativas hasta finalizar el mes. En 2026, el tipo de cambio oficial registra una reducción de 77,50 pesos, es decir, 5,3%, en contraste con una inflación acumulada cercana al 9% en el trimestre y un ajuste similar en la amplitud de las bandas cambiarias.

    El esquema dispuesto por el Banco Central fijó para la fecha la banda cambiaria superior en $1.646,09, con el dólar mayorista ubicado a 268,59 pesos o 19,5% por debajo de ese techo de flotación. Se trata de la mayor diferencia desde el 30 de junio del año pasado, cuando la brecha alcanzó 19,6%, hace casi nueve meses.

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  • Presupuesto y crédito: más de la mitad de las familias no llega al 20 y 9 de cada 10 tiene dificultades para pagar deudas

    Presupuesto y crédito: más de la mitad de las familias no llega al 20 y 9 de cada 10 tiene dificultades para pagar deudas

    La morosidad crediticia de las familias, que se cuadruplicó en el último año y que en enero alcanzó el 10,6%, según datos del Banco Central (BCRA), se habría agravado entre febrero y marzo.

    Según una encuesta privada correspondiente a ese último mes, el 56,4% de los hogares se endeuda y más de la mitad no llega al día 20 del mes.

    La situación queda en evidencia en el reciente Monitor de Opinión Pública (MOP) de la consultora Zentrix: el 26,2% de los hogares que se endeuda lo hace para cubrir gastos cotidianos, el 19,9% para poder pagar tarjetas de crédito y un 18,9% para cubrir otras deudas; el 6,6% para pagar servicios, el 5,2% para gastos de alquiler o vivienda y el 3,9% para afrontar gastos de salud. Es decir, la propia dinámica de la deuda y los rubros básicos explican más del 80% de las razones del endeudamiento, que así adquiere una dinámica propia.

    El crédito como salvavida

    “De esta manera, se reconfigura el mapa del endeudamiento familiar: de herramienta financiera a mecanismo de subsistencia”, dice el informe, para describir el escenario en que crece la desaprobación del Gobierno nacional.

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    El endeudamiento aparece como respuesta al deterioro de los ingresos. El 56,4% de los encuestados tomó crédito en los últimos seis meses y, al interior de ese grupo, casi 9 de cada 10 ya tiene dificultades para pagarlo. El 83,9% de los encuestados afirmó que su salario corre detrás de la inflación.

    La tendencia a endeudarse no es un hecho aislado sino que -señala Zentrix- “se inserta en una percepción social más amplia de fragilidad”. Más del 53% de la población se representa como clase baja “no sólo como una definición identitaria, sino como la expresión de una experiencia económica concreta, que también se refleja en la evaluación del contexto general: cerca de 6 de cada 10 consideran que la situación del país es mala o muy mala”.

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    De este modo, las decisiones económicas se reorganizan bajo una lógica defensiva: ya no se trata de mejorar la posición económica sino de sostener niveles mínimos de consumo.

    Deterioro salarial

    La deuda deja de ser algo excepcional y se vuelve un recurso recurrente para compensar la pérdida de poder adquisitivo, aportar lo que falta, al costo de acumular dificultades para pagarla.

    Según el Monitor, los problemas de repago (que están detrás del aumento de morosidad que precisan los datos del BCRA) ya no son un dato pasajero o puntual, sino que reflejan el endeudamiento como sustituto del ingreso.

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    “Los datos describen un mecanismo de ajuste a nivel de los hogares que se articula en cuatro etapas: caída del poder adquisitivo; dificultad para sostener el consumo mensual; recurso al endeudamiento para cubrir esa brecha, y creciente incapacidad para cumplir con esas obligaciones”, dice un pasaje del informe, que describe a la situación no como un circuito marginal, sino uno mayoritario y temporariamente equilibrador. “El resultado no es sólo financiero, sino también social: una economía donde la vulnerabilidad deja de ser una condición transitoria y comienza a estructurar las decisiones cotidianas de una parte significativa de la población”.

    La brecha entre situación y los datos

    La misma encuesta refleja una creciente desconfianza o dudas sobre la calidad de los datos oficiales para reflejar la evolución de la economía. Según la encuesta, en marzo, el 65,8% de la población consideró que el dato de inflación publicado por el Indec no reflejó bien la inflación que los encuestados perciben en su vida diaria.

    “No se trata sólo de una discusión técnica sobre índices, sino de una brecha cada vez más visible entre el número oficial y la economía vivida en los hogares”, De hecho, explica el informe, ”cuando el 83,9% afirma que su salario no le gana a la inflación, la percepción social tiende a contrastar de manera directa el dato oficial con el resultado concreto en su bolsillo”.

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    La encuesta de Zentrix muestra que solo 28,7% de los encuestados consideró su situación económica personal como “buena” o “muy buena” (en enero la suma daba 39%), un 31,8% la consideró “regular” y 40,1% la describió como “mala” o “muy mala” (contra 31% que elegía alguna de esas opciones en enero)

    El trabajo muestra también un claro deterioro político de la imagen del gobierno: solo 28,5% de los encuestados “aprueba” su gestión, contra 53,3% que la “desaprueba”. En cuanto a la imagen del presidente Javier Milei, las opiniones positivas cayeron de 47% en enero a 40,3% en marzo, en tanto la imagen negativa creció en el mismo período de 46 a 51 por ciento.

    El Monitor abarcó en marzo “1.198 casos válidos con cobertura nacional” y un margen de error teórico del ±2,83 por ciento.

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  • El Banco Central realizó la mayor compra del mes, adquirió USD 172 millones y suma más de USD 3.700 millones en 2026

    El Banco Central realizó la mayor compra del mes, adquirió USD 172 millones y suma más de USD 3.700 millones en 2026

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) encadenó 53 ruedas consecutivas de compras de divisas en un escenario de estabilidad cambiaria. Este viernes la entidad adquirió USD 172 millones, el mayor monto registrado en marzo, sumó USD 485 millones en la semana y acumula ya compras por más de USD 3.700 millones en lo que va de 2026.

    Desde el inicio de la cuarta etapa del programa monetario, en enero, el BCRA aumentó sus activos en USD 3.783 millones, superando un tercio del objetivo anual fijado para este año. Para sostener el ritmo de compras, el organismo optó por emitir pesos sin recurrir a la esterilización, mientras el Tesoro absorbió parte de la liquidez mediante colocaciones de deuda local. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía no inyectó pesos al mercado con el objetivo de evitar que la base monetaria se expanda y así contener tanto la inflación como posibles movimientos en el dólar.

    Las proyecciones oficiales anticipan que la acumulación neta de reservas en 2026 estará entre USD 10.000 y 17.000 millones, según la demanda de la moneda local y la disponibilidad de divisas. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, señaló que el ritmo de compras dependerá principalmente del apetito de pesos y de los ingresos de dólares al país. Hasta el momento, el volumen acumulado representa el 36% de la meta prevista para el año.

    El BCRA fijó un tope diario para la compra de dólares, que no puede exceder el 5% del volumen negociado en el Mercado Libre de Cambios. Además, cerró acuerdos con empresas y entidades para canalizar operaciones fuera del mercado mayorista, buscando evitar presiones sobre el tipo de cambio.

    Reservas: suba diaria pero caída semanal

    Al cierre de la última jornada, las reservas internacionales alcanzaron USD 43.808 millones, lo que implica una suba de USD 106 millones respecto al día anterior, impulsada principalmente por las compras diarias de la autoridad monetaria. De este modo se cortó una racha de siete ruedas a la baja, aunque en la semana cayeron USD 1.851 millones.

    A fines del mes pasado, las reservas habían escalado a USD 46.905 millones, el nivel más alto en seis años y el mayor desde el inicio de la actual gestión, cuando alcanzaron los USD 47.448 millones. Los pagos de deuda y las variaciones en la valuación de activos explican los movimientos recientes.

    El repunte de las reservas estuvo condicionado por las necesidades financieras del Tesoro, que recurrió al BCRA para hacerse de divisas y afrontar vencimientos, lo que moderó el crecimiento del stock. El flujo de dólares que posibilitó la intervención oficial provino mayormente de la liquidación de exportaciones del campo y de emisiones de deuda de empresas y gobiernos provinciales. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las colocaciones de bonos y obligaciones negociables sumaron 11.000 millones de dólares.

    Dólar a la baja

    Aunque el volumen operado en el segmento contado alcanzó USD 357,5 millones, el dólar mayorista descendió nuevamente cuatro pesos (-0,3%) y finalizó la jornada en $1.390,50, el valor más bajo del último mes.

    “El dólar mayorista volvió a niveles exhibidos en el 23 y 24 de febrero pasado”, precisó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio. El mercado retomará la actividad el miércoles de la próxima semana, debido al feriado puente del lunes 23 y el feriado nacional del martes 24.

    “En la semana recién finalizada el tipo de cambio mayorista bajó 9,50 pesos (-0,7%), algo menos que los 16 pesos de caída anotados en la semana anterior“, agregó Quintana.

    El techo del régimen cambiario fijado por el Banco Central quedó en $1.638,52, lo que llevó al tipo de cambio oficial a ubicarse 248,02 pesos o 17,8% por debajo de esa referencia, la diferencia más amplia desde el 1 de julio de 2025, cuando marcó 18 por ciento.

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  • BCRA habilitó a los bancos a girar el 60% de sus dividendos de 2025 en tres cuotas

    BCRA habilitó a los bancos a girar el 60% de sus dividendos de 2025 en tres cuotas

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) estableció que los bancos con autorización previa podrán distribuir hasta el 60% de los dividendos correspondientes al ejercicio 2025, abonándolos en tres cuotas mensuales, iguales y no acumulables.

    La nueva disposición del Central determina que, hasta el 31 de diciembre de 2026, las entidades financieras con habilitación oficial podrán transferir sus utilidades al exterior. El pago de cada cuota será efectivo a partir del tercer día hábil de mayo y de cada mes en que se realice la distribución.

    Desde el organismo monetario subrayaron que el porcentaje es el mismo que rigió el año pasado. La diferencia radica en que entonces los bancos podían repartir dividendos retenidos en hasta 10 cuotas; en cambio, en 2026 sólo se podrán transferir los resultados de 2025.

    Según el comunicado oficial del BCRA, el monto total a distribuir no podrá superar el 60% del resultado del ejercicio correspondiente al año pasado, neto de las reservas legales y estatutarias cuya constitución sea obligatoria y se encuentren registradas a la misma fecha. Esta condición busca asegurar que las entidades mantengan niveles adecuados de capitalización antes de proceder con la distribución de utilidades.

    La medida exige que toda distribución de resultados se ajuste a lo informado en el Régimen Informativo Plan de Negocios y Proyecciones, así como en el Informe de Autoevaluación del Capital. De acuerdo con el texto, “el cómputo de los conceptos previstos en las Secciones 2. a 5. de ese texto ordenado y del importe límite a distribuir deberá realizarse en moneda homogénea de la fecha de la asamblea”.

    La resolución establece que solo podrán acceder a la distribución de resultados las entidades que hayan obtenido autorización específica del Banco Central y que cumplan con los parámetros de capital y transparencia exigidos en la normativa vigente. El límite del 60% apunta a preservar la solidez del sistema financiero argentino, al tiempo que permite cierta flexibilidad para el reparto de utilidades bajo supervisión estricta.

    Noticia en desarrollo…

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  • Banco Central compró más de USD 3.600 M en 2026 pero reservas anotaron séptima caída y cayeron bajo USD 44.000 M

    Banco Central compró más de USD 3.600 M en 2026 pero reservas anotaron séptima caída y cayeron bajo USD 44.000 M

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) encadenó 52 jornadas consecutivas de compra de divisas en un contexto de estabilidad en el mercado cambiario. Este jueves la entidad incorporó USD 132 millones —el mayor monto de marzo— y acumula compras por más de USD 3.600 millones de dólares en lo que va del año; no obstante, las reservas internacionales registraron su séptima caída seguida.

    Desde el inicio de la cuarta fase del programa monetario, en enero, el BCRA aumentó sus reservas en USD 3.611 millones, superando un tercio de la meta anual establecida para 2026. Para sostener esas compras, la autoridad monetaria emitió pesos sin aplicar mecanismos de esterilización, mientras que el Tesoro absorbió parte de la liquidez mediante colocaciones de deuda interna. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía priorizó evitar un incremento de la base monetaria para contener la inflación y posibles variaciones en la cotización del dólar.

    Las previsiones oficiales sitúan la acumulación neta de reservas para 2026 entre 10.000 y 17.000 millones de dólares, según la demanda de pesos y la disponibilidad de divisas. Según el presidente del BCRA, Santiago Bausili, el ritmo de compra de dólares estará determinado principalmente por el apetito por la moneda local y la llegada de divisas al país. Hasta la fecha, el volumen adquirido en el año equivale al 36% del objetivo propuesto para el año.

    El BCRA fijó un límite diario para la compra de dólares, que no puede superar el 5% del volumen negociado en el Mercado Libre de Cambios, y formalizó acuerdos con empresas y entidades para canalizar operaciones fuera del mercado mayorista, con el objetivo de evitar presiones en el mercado de cambios.

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  • El banco central suma más de USD 3.200 M en 2026, compró USD 87 M y encadenó 46 jornadas compradoras; reservas cayeron

    El banco central suma más de USD 3.200 M en 2026, compró USD 87 M y encadenó 46 jornadas compradoras; reservas cayeron

    En el marco de la estabilidad cambiaria, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantuvo un saldo comprador durante 46 ruedas consecutivas, intensificando sus compras diarias de divisas. En la última jornada incorporó USD 86 millones y, en lo que va del año, el total supera los 3.200 millones de dólares.

    Desde la entrada en vigencia de la cuarta fase del programa monetario, en enero, la entidad acumuló USD 3.206 millones, lo que representa más del 30% de la meta de compras prevista para 2026. Solo en febrero las adquisiciones totalizaron 1.555 millones.

    Para financiar esas compras, el Central inyectó pesos sin recurrir a instrumentos de esterilización. En paralelo, el Tesoro absorbió parte de esa liquidez con colocaciones de deuda en el mercado local y, en las últimas licitaciones, optó por no aumentar la base monetaria, con el objetivo de contener eventuales presiones inflacionarias.

    Según estimaciones oficiales, la meta de acumulación neta de reservas para 2026 se ubica entre 10.000 y 17.000 millones de dólares, cifra que dependerá tanto de la demanda de pesos como de la disponibilidad de divisas. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, señaló que el ritmo de compras estará condicionado por la demanda de moneda local y el ingreso de dólares al país. Hasta ahora, el ritmo anual de acumulación supera el 32% del objetivo proyectado.

    El organismo estableció un límite diario para las compras de divisas equivalente al 5% de las operaciones del Mercado Libre de Cambios y acordó canales directos con empresas e instituciones para canalizar parte de las transacciones fuera del mercado mayorista, con el fin de suavizar la presión sobre el tipo de cambio.

    Las reservas bajaron

    Las reservas internacionales se redujeron a USD 45.771 millones, con una caída de USD 272 millones respecto del día anterior. El mercado atribuyó esa baja a variaciones en la valuación de monedas y commodities, como el oro, que forman parte de las arcas del Central.

    Al cierre del mes pasado, las reservas habían alcanzado USD 46.905 millones, el nivel más alto desde el inicio de la actual gestión y el mayor en seis años, cuando el stock llegó a 47.448 millones de dólares. Los pagos de deuda y las variaciones en la valuación de los activos que componen las reservas generan cambios en ese saldo.

    El ritmo de acumulación también se vio afectado por obligaciones del Tesoro, que acudió al Banco Central para comprar divisas destinadas al pago de vencimientos, lo que incidió en el saldo final.

    El flujo de dólares que impulsó este proceso provino sobre todo de la liquidación del sector agroexportador y de emisiones de deuda de empresas privadas y gobiernos provinciales. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las colocaciones de obligaciones negociables y bonos provinciales sumaron 11.000 millones de dólares.

    Dólar a la baja

    Con un volumen superior a USD 400 millones negociados en el Mercado Libre de Cambios (MLC), el tipo de cambio mayorista descendió cuatro pesos y cerró en 1.396 pesos. A su vez, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) fijó el límite superior de la banda cambiaria en 1.624,97 pesos, lo que sitúa al tipo de cambio mayorista 16,40% por debajo de ese techo.

    De este modo, el dólar mayorista mantiene un margen de alza de 228,97 pesos antes de que el Central tenga que intervenir para sostener la cotización dentro del rango permitido.

    En el segmento minorista, la cotización de referencia retrocedió cinco pesos en la jornada y quedó en $1.415 para la venta y $1.365 para la compra, según datos del Banco Nación. Los valores cayeron en el mercado formal, mientras los inversores siguieron de cerca el panorama internacional, con especial atención al conflicto en Medio Oriente.

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  • El Banco Central compró USD 50 millones pero las reservas cayeron por debajo de los USD 46.000 millones

    El Banco Central compró USD 50 millones pero las reservas cayeron por debajo de los USD 46.000 millones

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) completó 44 ruedas consecutivas con saldo positivo en el mercado de cambios, en su propósito de fortalecer las reservas mediante compras diarias de divisas. Este lunes incorporó USD 50 millones y acumula más de USD 3.000 millones en lo que va del año.

    En la cuarta fase del programa monetario iniciada en enero, el Central compró USD 3.053 millones, monto que representa más del 30% del objetivo de compras de divisas fijado para 2026. Durante febrero, las adquisiciones totalizaron USD 1.555 millones.

    La autoridad monetaria recurrió a la emisión directa de pesos para estas operaciones, sin aplicar mecanismos de esterilización posteriores. No obstante, el Tesoro absorbió parte de esa liquidez mediante colocaciones de deuda en el mercado local y, en las últimas licitaciones, optó por preservar la masa monetaria para evitar presiones inflacionarias.

    Proyecciones oficiales sitúan el objetivo de compra neta de divisas para 2026 entre USD 10.000 millones y USD 17.000 millones, según la demanda interna de pesos y la oferta de moneda extranjera. Según el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, la velocidad de acumulación de reservas estará determinada por el comportamiento de la demanda de pesos y la entrada de dólares. Por ahora, el avance anual supera el 25% de la meta.

    El Central fijó un límite diario para la adquisición de divisas equivalente al 5% de las operaciones en el Mercado Libre de Cambios, y estableció acuerdos directos con empresas e instituciones para canalizar operaciones fuera del mercado mayorista, con el objetivo de moderar la presión sobre el tipo de cambio.

    Al término de la primera semana de marzo, las reservas internacionales treparon a USD 45.768 millones, lo que implicó un descenso de USD 236 millones respecto al día anterior. Desde el organismo aclararon que la caída respondió a una baja de cotizaciones de monedas y commodities que integran el stock por alrededor de USD 130 millones y a pagos a organismos por algo más de USD 30 millones.

    A fines del mes anterior, la posición extranjera del Central llegó a USD 46.905 millones, el mayor nivel desde el inicio del gobierno de Javier Milei y el más alto en los últimos seis años, cuando el stock alcanzó los USD 47.448 millones. No obstante, los pagos de deuda y la variación en los precios de los activos que integran las reservas modificaron ese saldo.

    La acumulación de dólares también estuvo condicionada por los compromisos de deuda externa del Tesoro, que utilizó al Central para adquirir divisas destinadas al pago de obligaciones, lo que impactó en el resultado final.

    El flujo de divisas que permitió este ritmo de compras provino principalmente de la liquidación del complejo agroexportador y de emisiones de deuda realizadas por compañías privadas y gobiernos provinciales. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de obligaciones negociables y bonos provinciales sumaron USD 11.000 millones.

    El dólar operó estable

    En una jornada signada por la inestabilidad global por el conflicto en Medio Oriente, el dólar no mostró variaciones en los mercados mayorista y minorista. El único movimiento alcista se observó en el segmento informal, mientras que las cotizaciones financieras registraron leves retrocesos.

    El volumen negociado en el Mercado Libre de Cambios alcanzó los USD 340 millones y el tipo de cambio mayorista cerró en $1.416, sin cambios respecto a la rueda previa. El Banco Central estableció el tope superior de la banda cambiaria en $1.621,98, lo que deja al dólar mayorista un 14,6% por debajo de ese nivel. Esto significa que la divisa podría subir hasta 205,98 pesos adicionales antes de que la autoridad monetaria deba intervenir para mantenerla dentro del rango permitido.

    Por su parte, el tipo de cambio minorista cerró en $1.435 y el dólar tarjeta se ubicó en $1.865,50, ambos sin variaciones respecto a la jornada anterior. Estas cotizaciones permanecieron estables dentro del mercado formal, mientras los inversores siguieron con atención el desempeño de las opciones alternativas y la evolución del escenario internacional.

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  • El Banco Central adquirió más de USD 3.000 millones en 2026 y alcanzó el 30% de la meta anual de compra de dólares

    El Banco Central adquirió más de USD 3.000 millones en 2026 y alcanzó el 30% de la meta anual de compra de dólares

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) acumuló 43 jornadas consecutivas con saldo favorable en el mercado cambiario, reforzando su posición mediante compras sostenidas. Este viernes, la entidad intensificó la intervención y compró USD 40 millones, con lo que el acumulado anual superó los 3.000 millones de dólares.

    Desde que en enero empezó la cuarta etapa del programa monetario, el BCRA incorporó 3.003 millones de dólares, cifra que ya representa más del 30% de la meta de compras de divisas fijada para 2026. En febrero, las adquisiciones sumaron 1.555 millones de dólares.

    Para llevar a cabo esas operaciones, el Central amplió la base monetaria mediante emisión directa de pesos, sin esterilización previa. Luego, el Tesoro absorbió parte del excedente mediante emisiones de deuda en el mercado local y, en las últimas licitaciones, decidió mantener estable la circulación monetaria para evitar presiones sobre los precios.

    Las estimaciones oficiales proyectan que, durante 2026, la compra neta de divisas se ubicará entre 10.000 millones y 17.000 millones de dólares, según la demanda de pesos y la oferta de moneda extranjera. El titular del BCRA, Santiago Bausili, señaló que el ritmo de acumulación de reservas dependerá de la demanda de pesos y del ingreso de divisas. Por ahora, el objetivo anual ya fue superado en un cuarto.

    El BCRA fijó un tope diario para la compra de divisas equivalente al 5% de las operaciones en el Mercado Libre de Cambios, y habilitó acuerdos directos con empresas e instituciones para operaciones fuera del mercado mayorista, con el objetivo de reducir la presión sobre el tipo de cambio.

    Al cierre del quinto día hábil de marzo, las reservas internacionales alcanzaron USD 46.004 millones, con una suba diaria de 179 millones de dólares. Ese incremento respondió, entre otros factores, al alza de la cotización del oro: la onza superó los 5.100 dólares.

    A comienzos de semana, el Central desembolsó USD 1.004 millones por el pago de Bonos para la Reconstrucción de la Argentina Libre (Bopreal), un instrumento destinado a cancelar deudas comerciales externas mediante títulos en dólares bajo legislación argentina.

    Hacia fines del mes previo, las reservas del Central llegaron a los USD 46.905 millones, el registro más alto desde el inicio del mandato de Javier Milei y el mayor en seis años, cuando el stock era de 47.448 millones de dólares. No obstante, el pago de deuda y las variaciones en los precios del oro y de las monedas que componen las reservas afectaron el nivel total.

    La acumulación de reservas estuvo también condicionada por los pagos de deuda externa del Tesoro, que recurrió al BCRA para adquirir dólares destinados a cumplir obligaciones, lo que incidió en el saldo neto.

    La entrada de divisas que permitió al Central realizar estas compras provino mayormente de liquidaciones de exportaciones del sector agroindustrial y de emisiones de deuda de empresas y provincias. Desde las legislativas de octubre de 2025, el volumen emitido en obligaciones negociables y bonos provinciales alcanzó los 11.000 millones de dólares.

    El dólar subió por segunda semana

    El dólar registró su segunda semana consecutiva en alza y alcanzó el valor más alto de los últimos treinta días, en un contexto marcado por la volatilidad financiera internacional y con un tipo de cambio oficial que, pese a una inflación mensual cercana al 3 por ciento, continúa por debajo del cierre del año anterior.

    Con un volumen negociado de USD 425,3 millones en el segmento mayorista, la divisa subió nueve pesos (0,6%) y cerró este viernes a $1.416, el nivel más alto desde el 9 de febrero. En la primera semana de marzo, el dólar mayorista acumuló un alza de 19 pesos (1,4%). No obstante, en lo que va de 2026 todavía registra una caída de 39 pesos, equivalente al 2,7 por ciento.

    El Banco Central fijó el tope superior de la banda cambiaria en $1.617,50, lo que deja al tipo de cambio oficial 201,50 pesos (14,2%) por debajo de ese máximo permitido.

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  • Normativa del BCRA que aumenta 100% la garantía de depósitos a $50 millones reaviva tensión entre bancos y fintech

    Normativa del BCRA que aumenta 100% la garantía de depósitos a $50 millones reaviva tensión entre bancos y fintech

    El Banco Central de la República Argentina (BCRA) anunció una modificación relevante en el esquema de protección del ahorro privado. Mediante la Comunicación “A” 8407, la autoridad monetaria dispuso que, desde el 1° de abril de 2026, el monto de la garantía sobre los depósitos bancarios se duplicará: pasará de $25.000.000 a un máximo de $50.000.000. La medida, de naturaleza técnica y operativa, vuelve a colocar en el centro del debate —que ya irrumpió durante la discusión de la reforma laboral— la asimetría de seguridad jurídica entre las cuentas bancarias y las billeteras virtuales.

    Los detalles de la medida

    La resolución del BCRA fija el nuevo tope de cobertura para el capital depositado, incluyendo intereses, actualizaciones por Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) en depósitos UVA y diferencias de cotización. Según el texto oficial, este techo de $50.000.000 opera por persona y por entidad, independientemente de la cantidad de titulares que registre la cuenta.

    La normativa prevé además un período de transición para la adecuación de los soportes físicos. Las entidades financieras podrán seguir utilizando certificados de plazo fijo con la leyenda de garantía anterior hasta agotar los formularios; sin embargo, para preservar el derecho a la información del usuario, deberán aplicar un sello aclaratorio con el nuevo monto o, alternativamente, notificar por escrito al depositante en una hoja separada que será firmada en original y copia.

    A partir de la vigencia en abril de 2026, todos los documentos representativos de operaciones pasivas —como comprobantes de cajeros automáticos y resúmenes de cuenta— deberán exhibir de manera visible la leyenda actualizada que confirma la cobertura de hasta $50.000.000 en el marco de la Ley 24.485 y el Decreto 540/95.

    El sistema Sedesa como eje del conflicto

    La actualización del monto cubierto por el Sistema de Seguro de Garantía de los Depósitos, administrado por la sociedad Seguros de Depósitos S.A. (Sedesa), reabre una discusión que se creía cerrada tras la sanción de la reforma laboral. Durante ese debate, uno de los puntos más conflictivos fue la posibilidad de que los trabajadores optaran por percibir sus haberes en cuentas de pago (CVU) operadas por Proveedores de Servicios de Pago (PSP), es decir, las conocidas billeteras virtuales.

    Finalmente, la ley mantuvo la exclusividad de la acreditación de sueldos en cuentas bancarias. No obstante, el aumento de la garantía estatal fortalece el principal argumento de los bancos para frenar el avance de las fintech en ese segmento: la diferencia en la protección frente a una eventual insolvencia de la entidad.

    Fuentes del sector bancario señalan que el nuevo piso de $50.000.000 acentúa la disparidad de riesgo. Advierten que, mientras un depositante bancario tiene asegurado el recupero de sus fondos hasta ese límite en caso de dificultades de la entidad, los usuarios de billeteras virtuales no cuentan con un seguro equivalente, lo que podría dejar sus ahorros expuestos a una pérdida total si la empresa tecnológica enfrenta problemas financieros.

    Argumentos cruzados: seguridad vs libre elección

    El enfrentamiento entre ambos sectores se ha plasmado en informes técnicos y comunicados oficiales que ofrecen visiones contrapuestas sobre la estabilidad del sistema.

    Para los bancos, la ausencia del régimen de garantía de Sedesa en el ecosistema fintech no es un detalle menor. Un informe de la consultora CML&A, encargado por la Asociación de Bancos de la Argentina (ADEBA), sostiene que las cuentas de pago no sólo carecen de seguro, sino que tampoco gozan del estatus de “pasivo privilegiado” ni de los procesos de resolución especial que la Ley de Entidades Financieras prevé para las entidades bancarias en caso de quiebra.

    El sector tradicional destaca que, en las últimas tres décadas, el sistema de seguros permitió cubrir la totalidad de los depósitos en las 28 entidades financieras que cerraron en el país. En contraste, citan antecedentes internacionales y locales de fraude o default en empresas tecnológicas, y sostienen que el riesgo de pérdida de fondos para el usuario de una fintech no es marginal.

    Además, los bancos argumentan que los flujos salariales constituyen la “materia prima” esencial para el crédito productivo: si esos fondos se desviaran masivamente hacia las billeteras virtuales, se resentiría la capacidad del sistema para otorgar préstamos a pequeñas y medianas empresas (pymes).

    La Cámara Argentina Fintech, en cambio, rechaza que la seguridad sea la motivación real de la resistencia bancaria y la atribuye a la preservación de un “negocio cautivo” que lleva más de treinta años sin competencia. Como respuesta, la entidad afirma que las cuentas digitales están sujetas a la supervisión y auditoría del Banco Central.

    El argumento central de las tecnológicas es que el 100% del dinero de los usuarios no “desaparece” del sistema, sino que permanece depositado en cuentas bancarias a la vista, segregado del patrimonio de la empresa. Aseguran, además, que no se ha registrado un caso en el que un PSP regulado no haya devuelto los fondos a sus clientes.

    En materia de financiamiento, las fintech precisan que los montos depositados en sus plataformas terminan llegando a los bancos, aunque por mecanismos distintos. Asimismo, subrayan que el crédito digital permitió la inclusión financiera de más de 6 millones de personas, y que esos préstamos se financian con capital propio y no con los depósitos de los usuarios.

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