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  • Sube la nafta pese al traslado gradual del alza del petróleo a surtidores: premium supera $2.000 y la super u$s 1,25

    Sube la nafta pese al traslado gradual del alza del petróleo a surtidores: premium supera $2.000 y la super u$s 1,25

    De forma gradual, el aumento del barril por la guerra con Irán empezó a trasladarse a los surtidores del mercado local. Todas las marcas aplicaron subas de nafta de alrededor del 4%, que reflejan sólo en parte lo que ocurre en el mercado internacional y, al mismo tiempo, ejercen una presión, aunque marginal, sobre el índice de inflación de marzo. Es posible que se registre algún incremento adicional antes de fin de mes si, como se prevé, el barril no baja de los 80 dólares.

    En el caso de YPF, la empresa líder del mercado con más de 55% de participación en el total de ventas en surtidores, se concretaron dos incrementos: uno el sábado y otro ayer, que suman ese 4 por ciento. El resto de las empresas acompañó, aunque fuentes del sector señalaron que la decisión de subir los precios ya estaba tomada, independientemente de lo que en esta oportunidad resolviera la principal compañía del sector.

    Horacio Marín, titular de YPF, había indicado que la intención era evitar “cimbronazos en los precios de los combustibles”, agregando que “somos prudentes y estamos honrando nuestro compromiso honesto con los consumidores”. El ejecutivo recordó que la empresa trabaja con una estrategia de “micropricing” con el objetivo de analizar los precios día a día. El objetivo, afirmó en ese momento, es “atenuar picos de aumento y bajas” para darle mayor estabilidad a los valores en las estaciones de servicio.

    Como consecuencia de los últimos incrementos, la nafta de mayor octanaje superó por primera vez los 2.000 pesos. En cuanto al precio de la súper, ya se ubica en niveles de $1.800, lo que equivale aproximadamente a 1,25 dólares. Se trata de un dato relevante, teniendo en cuenta que históricamente el precio era equivalente a un dólar.

    La suba del barril Brent fue sustancialmente más alta desde que comenzó el conflicto con Irán. En apenas dos semanas saltó cerca de 20% hasta los actuales USD 91. No se toma en cuenta aquí la suba que lo llevó a casi USD 120 en la madrugada del lunes. El anuncio de los países del G-7 sobre la posibilidad de empezar a utilizar reservas petroleras para compensar el corte de tránsito de barcos petroleros por el estrecho de Ormuz ayudó a reducir el nerviosismo extremo entre los operadores.

    La baja de $15 que tuvo el dólar ayer en el mercado local, hasta los $1.420 para la cotización minorista, debería ayudar a suavizar la posibilidad de futuros aumentos en el corto plazo. Tanto el tipo de cambio como el precio del barril son insumos claves para las decisiones que adoptan las petroleras.

    Sin embargo, las perspectivas hacia adelante no son del todo tranquilizadoras. La Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) proyectó que el barril se mantendrá en la zona de los USD 95 en los próximos dos meses debido a la reducción de la oferta global. Recién para el tercer trimestre se espera que el precio caiga de los 80 dólares.

    En Estados Unidos, por ejemplo, la proyección es de un incremento de casi 15% para el precio del galón, lo que tendría claras consecuencias inflacionarias. Por eso, Donald Trump intenta frenar los embates de Irán sobre refinerías de países del Golfo Pérsico y, en simultáneo, se busca reestablecer la navegación en el estrecho de Ormuz, que representa el 20% de la comercialización mundial de petróleo.

    El aumento de la nafta en el mercado local plantea nuevas presiones para la inflación local. La estimación de los analistas es que en febrero se habría ubicado en niveles de 2,7%, pero la incógnita es qué puede suceder en marzo. Este mes tiene una fuerte estacionalidad por el inicio de clases y la proximidad de Semana Santa. A esto se agrega este factor con el precio del combustible. El piso para la inflación del mes se ubicaría en 2,5%, pero nuevamente con peligro de acercarse al 3 por ciento.

    Si el precio de la energía se mantiene elevado, esto también provocará un impacto en las tarifas de luz y de gas, con posibles nuevos incrementos en invierno, que es cuando más se gasta. En ese escenario será el Gobierno el que tendrá que decidir si traslada de manera directa los mayores costos o si opta por aumentar los subsidios para que el impacto sobre el bolsillo de las familias no sea tan grande.

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